Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Problem solving’

Últimamente me he visto inmerso dentro de desafíos nuevos y diferentes. Salí de mi zona de confort al emigrar hace poco más de un año y no sólo me ha tocado una nueva escenografía con nuevos actores, sino también un nuevo idioma. Además, en mi país de origen siempre fui el experto, el terapeuta, el coach, el profesor o el facilitador, rodeado mayoritariamente de profesionales, mientras que ahora, como inmigrante analfabeta, me ha tocado lidiar con un tipo de personajes a los que no estaba acostumbrado. Y todo esto me ha puesto a prueba y ha sido una oportunidad de llevar a la práctica todo lo aprendido una vez más, pero ahora con un mayor grado de dificultad!

Quisiera hacer un alto en esta experiencia para compartir nuevamente en este Blog con mis lectores y recapitular algunos de los principales temas que he tratado en la gran mayoría de mis publicaciones, así como también desarrollar un aspecto particular relacionado con mis reflexiones actuales. Cada uno de los temas que mencionnaré a continuación, los he abordado en los artículos previos. Sin embargo, no voy a hacer referencia específica de ellos, sino en forma muy general.

Un primer tema que he tratado es que al enfrentarnos al mundo en las diferentes cosas que hacemos, hay dos resultados posibles: Un resultado posible es la vida y el otro la muerte. Hay cosas que prosperan y nos llevan a otras, mientras que hay otros caminos que no nos nos proporcionan progreso ni bienestar, sino que todo lo contrario, no nos llevan a ningún lugar o nos conducen al sufrimiento. Así que, es crucial que sepamos diferenciar un camino de otro de manera que podamos escoger solo caminos fructiferos.

Todos sabemos que estamos de paso y que lo único seguro es la muerte. Pero cuando uso este término tengo en mente una visión que va más allá de la concepción biológica tradicional. No se trata de la muerte como un fenómeno físico. Hay mucha gente que está muerta en vida, y hay mucha gente que si bien ya no está presente ha dejado un legado que todavía vive y proporciona vida a su vez.

El resultado asociado con la vida tiene que ver con todo aquello que perdura. Con todo eso que hacemos que deja una huella, que contribuye, que participa del proceso de creación de vida. Es algo que brota, que crece, que florece, que retoña y se multiplica una y otra vez. Son las buenas obras que hacemos: enseñar, escribir, ayudar, inspirar, tener hijos buenos. Es común decir que antes de “morir” hay que sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, para de esa manera trascender la muerte biológica. Es algo eterno, porque una acción conduce a la otra y a otra y a otra … formando parte del tejido vivo que conforma la vida del ser humano en este planeta.

El resultado asociado a la muerte tiene que ver con todo aquello que se frena, se estanca, se atrofia, se sale del camino, se vuelve en nuestra contra, hace daño a otros y a nosotros y termina por ser eliminado. No llega a nada. Perece y desaparece. Es algo limitado, que nació mal y termina mal. Y que por más auge y fuerza que llegue a tener, finalmente muere. Y esto pasa con algunas de nuestras cosas, trabajos, amistades, planes y relaciones. Que parecían eternas y luego las perdimos. Incluso toda una carrera profesional o hasta una misma identidad personal en la que nos basamos (Hice referencia a esto al comentar La Muerte de Ivan Ilich).

En otra perspectiva y con otra intención, Freud atisbó esta dicotomía reconociendo que existía una tendencia interna del ser humano a ir en pos de la vida (instinto de vida o eros) pero al mismo tiempo también había otra que atraía a la persona hacia la muerte (instinto de muerte o thanatos). El definió el instinto de vida como la tendencia a buscar nuevos niveles de organización de mayor complejidad y el instinto de muerte como una tendencia a la vida inorgánica, es decir, a la desorganización y la descomposición.

Este concepto de organización gradual y progresiva de lo inorgánico a lo orgánico y luego hacia formas mucho más evolucionadas, fue una idea clave en Tehilard de Chardain. Por su background religioso, se atrevió a unir Ciencia y Religión y plantear que esas formas más evolucionadas a la que aspiraba la materia apuntaban al mismísimo Absoluto, que llamó el Punto Omega. También tocó esta dicotomía Spinoza al decir que las dos emociones básicas son la felicidad y la pena. La felicidad es la emoción que sentimos cuando percibimos que estamos progresando hacia el estado de perfección (absoluta) y la pena es cuando percibimos que estamos alejándonos de ese estado.

Hobfol, en su teoría transaccional del estrés, no habla de eso, pero dice que el estrés es la tensión que sentimos cuando vemos que tenemos que usar recursos que no vamos a poder reponer. Y entonces esta pérdida nos produce una ansiedad. Mi interpretación uniéndolo a estas ideas, es que la razón por la cual nos sentimos muy tensos y nerviosos es porque la pérdida de recursos está asociada con la muerte.

Hay toda una teoría psicológica que plantea que la motivación fundamental del individuo es la de acumular recursos (Teoría COR). Por qué acumular recursos? Porque ellos nos ayudan a enfrentar las demandas del medio ambiente. Mientras más recursos tenemos, contamos con mayor fuerza para lidiar con las presiones, exigencias y demandas. Pero en la medida que tenemos menos, nos angustiamos. Primero que nada, porque el problema amenaza con eliminarnos, con neutralizarnos, con sacarnos del juego.

Este tema del camino de la vida y el camino de la muerte lo llamé en otros post “posiciones existenciales” queriendo decir, que son “estados” o “modos” de vivir. El camino de la vida lo denominé, basado en la Psicología Positiva, espirales de crecimiento. En este tema se incluyen diversos artículos relacionados con el empowerment, el engagement, el flujo, las emociones positivas, la resiliencia y el bienestar psicológico. El camino de la muerte lo denominé antes espirales decrecientes. No he dedicado artículos exclusivamente a este camino en particular. También identifiqué un estadio intermedio que deja de ser un camino de crecimiento, pero que todavía no se ha convertido en una espiral decreciente, al que llamé “Acoso”.

El segundo tema que he abordado es que en el proceso de interacción con el mundo generamos impurezas. Sea en el proceso de creación de vida o sea en el proceso de creación de muerte. En ambos caminos, creamos impurezas. Por ello, tenemos que “limpiarnos” continuamente. Es un concepto clave en la Biología. Los organismos ingieren ciertos elementos que contienen nutrientes, pero a la vez contienen sustancias no necesarias. Entonces tiene que haber un proceso de limpieza a través de la eliminación. Tanto de aquello que aun siendo esencial se encuentra en exceso, como de aquello que no es necesario. Este proceso se repite en la respiración, en la digestión y en la secreción de fluidos.

La eliminación de exceso de nutrientes, trasladado a la vida, tiene que ver con donar, voluntariar y ayudar, es decir, dar a otros cosas que nos sobran a nosotros, que pueden ser materiales o no materiales. Esto sirve para recordarnos que somos un mero instrumento a través del cual la vida ha decidido repartir a todos. Lo que recibimos como bendiciones no es debido a que somos superiores y por tanto debemos monopolizarlo para dominar y oprimir a otros, como han creído muchos en el pasado. Si hemos tenido el mérito de tener talentos y dones que nos permitan alcanzar cosas que el promedio no puede, esto es una responsabilidad realmente, porque tenemos en nuestras manos las posibilidades para que otros puedan conectarse a ese “circuito”. Quien crea que lo mucho que tiene es porque es muy “smart” y mire por rabillo del ojo a los otros, está creando muerte, lo que hará que lo logrado no perdure en el tiempo.

En el blog este tema lo he abordado en muchos post donde hablo de la importancia de dar, compartir, del comportamiento alocéntrico en contraposición al egocéntrico, de vencer la tendencia al egoismo. Por mi background organizacional dediqué también en esta línea al tema del Liderazgo Positivo.

La eliminación de las sustancias no necesarias, por su parte, tiene que ver con dejar atrás experiencias, relaciones o conductas que no nos convienen. Nos enfrentamos a una experiencia que resulta negativa para nosotros, entonces tenemos que tomar lo bueno y desechar lo malo y seguir adelante. Muchas veces las personas andan aferradas a relaciones y experiencias negativas y no terminan por dejarlas atrás. Esto lo que hace es condenarlas y limitar el flujo de la vida.

Para que pueda darse este proceso de eliminación tiene que haber previamente un procesamiento. En la digestión hay que determinar cuáles son los nutrientes para luego absorberlos. En la respiración hay que identificar al oxígeno y luego extraerlo del aire. Asimismo, en la vida hay que analizar las experiencias y extraer de allí las lecciones y lo bueno. Luego tiene que haber un proceso de eliminación de lo que no es útil y necesario.

Este tema lo he abordado en forma general en muchos artículos, pero pocas veces de forma explítica. En un momento dado hablé del perdón como mecanismo necesario para dejar atrás los resentimientos.

Un tercer tema que he tocado en mis artículos es que tenemos que afrontar los problemas que se nos presentan, no evitarlos. Hay que buscar una solución y resolverlos. Esto requiere el uso de la inteligencia para definir el problema y para identificar opciones, evaluarlas, escoger la mejor e instrumentarla. Además, mientras lo resolvemos, tenemos que ir lidiando con el estrés y las emociones que genera, de manera de que nuestra afectividad colabore y no termine por hacernos daño. El primer aspecto lo he llamado el Solving Problem (afrontamiento primario) y he dedicado menos artículos a este tema comparativamente con los otros, y el segundo es el Afrontamiento Emocional (afrontamiento secundario) al cual he dedicado muchos artículos.

Un cuarto tema que he tratado muchas veces y de variadas maneras, es que al resolver los problemas, es importante hacer una segunda reflexión para revisar qué de nosotros mismos contribuye en la definición, creación y mantenimiento del problema o es afín a él y lo ha “atraído” hacia nuestra vida. Esto lo he mencionado en muchos artículos también. Ahí está la idea del Principio de Isomorfismo Estructural planteado por Maturana. Tal como lo expuso en el Arbol de Conocimiento, el medio ambiente no es constante, sino variable. Es decir, no es igual en el tiempo y el espacio, sino que hay una especificidad. Para ilustrar esta idea: hay lugares en el mundo y momentos en la humanidad que se ha caracterizado por la pobreza y otros por la alegría, unos por el progreso y otros por el estancamiento, tiempos y lugares de paz y otros de guerra.

Por su parte, dentro de una misma especie hay diferencias individuales: cada organismo es diferente entre sí. Esta variabilidad es mayor mientras mayor es el grado evolutivo de la especie. Estas diferencias vienen dadas por su estructura. La estructura es el conjunto de rasgos estables, no circunstanciales o accidentales que vienen dadas por su genotipo y su fenotipo. En el caso del hombre, que tiene discernimiento y lenguaje, también por su sistema de significados. Esto lo han llamado el Memetipo. A modo de ejemplo, hay gente que usa a los niños en la Guerra o los consideran héroes si actúan como KamiKazis, mientras que hay otro tipo de personas que valoran la vida y protegen a los niños. Hay gente que es cruel o extingue a los animales, mientras que hay gente que los cuida y busca su preservación. Hay gente que quiere la guerra y la confrontocación mientras otros quieren la paz. Hay qente que quiere vivir de la ayuda y hay gente que quiere valerse por si misma. Hay gente que ve a la mujer como un instrumento y hay otros que la ven como una compañera. Y cada tipo de persona de estos grupos se vinculará con cierto tipo de productos, eventos y acciones de una forma estructural, es decir, predecible.

En función de su estructura, cada organismo encuentra un nicho en el ambiente en donde se produzca un Acoplamiento Estructural, es decir, donde exista una similitud entre su estructura con la del medio ambiente en términos de espacio y tiempo. Por ejemplo, alguien dado a los vicios y las perversiones sexuales, acudirá a cierto tipo de lugares y conocerá a cierto tipo de personas. Es decir, que no es “casual” que a alguien esté en determinada circunstancia, sino que hay una “causalidad” que ha obrado de una manera implícita, colocando a determinada persona en determinada situación. O sea que la gente tiende a unirse entre sí y en situaciones con las que guardan una estructura similar de significados. Por eso, tiende a encontrar gente con una visión similar del mundo con la que compartir y con un estilo de vida parecido, pero asimismo, a convivir dentro de una determinada zona geográfica y cultural con ciertas características que también guardan alguna similitud con su sistema de creencias. (Nota 1)

Una persona al encontrarse ante un problema específico, primeramente debe resolverlo apelando al uso de estrategias directas de intervención. Estas son aquellos que son producto de la reflexión primaria o Aprendizaje. Consisten en probar nuevas opciones una y otra vez, tantas veces como sea necesario, hasta dar con una solución. Pero este ciclo de retroalimentación primario no basta.

También es importante que se tome otra mirada de mayor alcance para poder auto evaluarse a sí mismo en tanto Actor y ver la propia estructura de Significados desde la cuál se Observa y se Actúa y, cómo esta estructura colabora, contribuye y sostiene el Problema externo. Es decir, es necesario darse cuenta de qué creencias, percepciones, actitudes, intenciones, motivos, propósitos, paradigmas y afectos (emociones, sentimientos y estados de ánimo), están influyendo en el Problema. Esto constituye un segundo ciclo de retroalimentación denominado reflexión secundaria y es el que da lugar al Cambio.

De la Física Cuántica se han derivado ideas similares. La idea de que “colapsamos” una de las realidades posibles como producto de nuestra “observación”. De tal manera que como Observadores somos realmente unos Co-creadores de la Realidad. Y lo peor, es que muchas veces no somos conscientes de estos elementos estructurales de significado dentro de nosotros que están creando nuestras tragedias individuales y colectivas, y actuamos como el Aprendiz de Brujo del Poema de Gohete, que puso en práctica las artes mágicas antes de aprender a dominarlas produciendo eventos que se escaparon de su control (llevado a la música por Paul Dukas y a los dibujos animados a través del Film Fantasía (https://youtu.be/YAl4IAHjQCE, https://youtu.be/2DX2yVucz24)

La única forma de salir de esta tendencia a la repetición, es Cambiar. No sólo cambiar la Acción, sino también cambiar a nivel del Meme, es decir, cambiar el sistema de significación, la estructura Memetípica. Si cambiamos nuestros puntos de partida como Observadores-Actores, cambiaremos la realidad que nos rodea. A tal punto, que a lo mejor el Problema, se disuelve, desaparece. El Problema, muchas veces es un espejismo que nos está mostrando algo que debemos cambiar, tal como decía Jung.

No quiere decir esto que el Problema no “exista”. Algunos problemas son una Construcción Social y se mantienen y son alimentados por la percepción consensuada de una Comunidad que los mantiene vivos. Así que Sí Existe, de alguna manera. Pero si tomamos conciencia de los elementos de nuestra Estructura que son afines a esa situación y los Cambiamos, ahora siendo otros Organismos con otra Estructura, ya ese Ambiente no hace match con nosotros. Lo que pasará a continuación, más temprano que tarde, es que cambiemos de contexto, y así desde nuestro punto de vista (experiencia fenoménica) el problema deja de existir.

Otro quinto tema que he tratado, un tema medular dentro de todos estos temas, es el tema de la dirección de nuestras vida. Bajo este tema he dedicado posts a la que objetivos, metas y propositos perseguir y, lo más importante, que debemos fijar nuestra dirección en función de nuestro Self. Dentro de nuestra Psiquis existe una esencia central que debe distinguirse de otras entidades psiquicas, a la que debe darse un espacio de expresión y de desarrollo. Es un Ser Potencial, al que hay que dar a luz y criar para que haga aportes al mundo. Los primeros cuatro temas son temas relacionados con el Qué y el Cómo de las transacciones con el mundo. Y este quinto tema tiene que ver con el Por Qué y el Para Qué de todas esas transacciones, que finalmente conduce al “Dónde”. Es lo que le viene a dar un sentido de dirección a todo lo demás.

La razón principal por la cuál debemos de protegernos de la “muerte” y a alargar y hacer prolífica nuestra vida, no es para delitarnos en la mesa o con los amigos y familiares, sino para poder construir el espacio, el vehículo, el terreno, donde pueda prosperar nuestra esencia y desarrollarse en la dirección de su Individuación, es decir, del desarrollo y cristalización del aporte único y especial que cada Ser Humano tiene para dar en el Mundo.

Todos somos necesarios y tenemos un papel en este Mundo y tenemos un aporte especial y único para dar. Y no tenemos por qué rivalizar ni competir con nadie para obtener nuestro espacio. Sólo tenemos que luchar con todas las inclinaciones internas que atentan con acortar nuestra vida y ensombrecerla. Pero en la medida que somos exitosos en alejar la muerte y combatir todas las batallas interna en forma triunfal, tenemos más oportunidad de realizar nuestro Trabajo Personal de dar a luz nuestra Esencia y hacer nuestra Contribución en este mundo. Muchos de mis últimas publicaciones han tenido que ver con este tema.

De estos cinco temas, quisiera en esta oportunidad concentrarme en el segundo para elaborar un poco en torno a él. Me refiero, al proceso de creación de impurezas en nuestras transacciones con el mundo.

Al enfrentar problemas y desafíos, se despiertan en nosotros ciertos modos de afrontamiento que son inadecuados. Para poder afrontar los problemas con éxito tenemos que usar estrategias que sean efectivas. Pero si usamos estas otras que nos surgen en forma automática, no sólo no son las más apropiadas y efectivas para resolver el problema, sino que además, son inadecuadas porque hacen daño a nosotros y/o a otros.

En algún momento al tratar el tema que enumeré como quinto, expuse la idea de que tenemos una “doble semilla”. Lo dije de ese modo usando la terminología usada por James Hillman para dar forma a las ideas de Jung sobre el Self. Es la idea de que hay una esencia nuestra que tiene que ser desarrollada a través del proceso de Individuación. Estas ideas encuentran eco en el marco filosófico desarrollado por los Existencialistas que hablaron del Ser Real, el Ser Potencial, el Ser en el Tiempo. La idea de fondo es que hay un Ser Potencial que tenemos que dar a luz nosotros mismos, para lo cual tenemos que hacer un Trabajo Personal que permita su expresión y desarrollo.

Usando esta terminología agregué la idea de la “doble semilla” para referirme a que junto con Nuestra Esencia, también existe algo muy individual, pero inadecuado, algo que debemos de “pulir”. No solo hay una esencia con cualidades dentro de nosotros, sino que también hay algo allí con lo que hay que tener cuidado, que debemos restringir y mantener bajo control, sino eliminar o transformar.

Discrepo de Hillman cuando dice que el descarrilamiento de los personajes que analiza en The Soul´s Code, es parte de la semilla también. Por mi parte considero que son dos componentes diferentes. Lo que sucede es que cuando la persona progresa y va tomando fuerza adquiriendo dominio, habilidades y recursos, desarrolla sus potencialidades y las expresa, esta “mala hierba” también crece y toma fuerza, pudiendo volverse en contra de la persona y llevarla a la destrucción.

Lo llamé doble semilla, porque al hablar de agricultura me vino a la mente cuando compras una planta en una bolsa plástica llena de tierra y luego llegas a plantarla al lugar escogido, abres un agujero en el jardín suficientemente amplio para que quepan las raices junto con la tierra que se adhirió mientras estuvo en la bolsa. Luego en esa tierra también hay otras semillas sembradas de maleza que germinan luego en tu jardín. Pero otra metáfora que se me ocurre ahora, es que es como una cáscara o una telaraña que envuelve a la semilla del Self, de tal manera que cuando crece el Self, también crece esta envoltura queriendo robar su energía y pudiendo mantener sometida y atrapada a la persona.

Esta envoltura, siguiendo con el símil, consiste en buena medida en unos modos inadecuados de afrontamiento que usamos al ser demandados por las circunstancias. Que son diversos y muy propios. Y es muy importante identificar a estas tendencias propias que son nuestros principales enemigos. Más que el problema o desafío mismo que está “fuera”, mucho peor es este enemigo, pues es interno, no lo vemos claramente, y se alimenta de nosotros mismos.

Siempre me llamó la atención la historia que presentó Milos Forman en el Film Mozart sobre la rivalidad con Salieri y el papel que este jugó en su muerte (coincidencialemente murió por los días en que preparé este artículo). Si bien el film es una ficción que parte de un rumor de la época, la podemos usar como ejemplo para ilustrar estas ideas. La primera vez que vi este Film me enfoqué en la idea de que hay gente malvada dispuesta hacer todo para destruir a otros por mera envidia. Muchos años después volví a ver este Film. Ya me encontraba en este camino de estudio y reflexión que he compartido en este Blog. Esta vez, aprecié otro ángulo. Me llamó la atención cómo hay debilidades que tenemos que, pese a nuestros talentos, pudieran hacernos tretas y llevarnos a las calamidades, la angustia, la agonía, la enfermedad y la muerte prematura. Como los personajes famosos que analiza Hillman, así como muchos otros famosos de los cuáles sabemos que pese a todos sus talentos, han sucumbido por sus propias debilidades de carácter.(https://youtu.be/-ciFTP_KRy4)

Los problemas y desafíos nos ponen a prueba, ciertamente. Nos generan angustia y preocupación. Y un primer efecto de esto, un efecto directo que he tratado en muchos de mis artículos, es dejar que esto penetre en la persona y lo consuma, a través del debilitamiento de sus energías y de su sistema inmunológico. Un segundo efecto que también abordé en otros de mis artículos y en muchas de mis clases y cursos, es un mecanismo defensivo llamado burn out. Este mecanismo nos lleva a restarle importancia al medio externo como una forma de lidiar con la tensión que nos produce. Esto lleva a la persona a reducir su Yo y su mundo de posibilidades. Lo llamé Indolencia en algunos artículos. También comenté que esta “indolencia” puede llevar a la persona a anularse hasta aislarse, pero en otros casos puede tomar la forma de “venganza”, como una forma de recuperar el Poder y la “dignidad personal”, desde del resentimiento y la herida, a través de “pagarla con otro” o buscar chivos expiatorios sobre quienes “desviar” el odio acumulado.

Un tercer efecto del estrés serían entonces estos modos inadecuados de afrontamiento. Me gustaría comentar en este artículo cuáles son estos modos, para que todos estemos atentos a identificarlos, porque ellos suelen pasar desapercibidos. Toqué este tema en un momento dado y las llamé “Fugas energéticas”. Esta vez para abordarlo los comentaré de otro modo.

Primeramente están los modos de afrontamiento inadecuados a nivel de nuestra Mente. Allí están las ideas y creencias sobre el mundo, sobre los demás y sobre nosotros, que son disfuncionales. Algunas de ellas, como el sentimiento de desvalorización personal, la minusvalía y la victimización, la idea de que nunca obtengo suficiente, la idea de que el otro es más feliz que yo, que tengo mala suerte, o que soy el mejor y superior pero nadie lo reconoce, el sentimiento de estar abandonado, o de no merecer un lugar en el mundo, la idea de no ser suficientemente competente o bueno, la idea de que todo va a ir mal, la idea de que el mundo no tiene remedio, la idea de que todos son egoístas y malvados, la idea de que las mujeres o los hombres son “así”, la idea de que todo el que le va bien es mejor, o que todo el que le va bien es malvado, o la idea de que los ricos son malos, o que los débiles son los malos, o que los de determinada raza o religión son peores. Además de cogniciones y estereotipos también están la percepción sesgada que ve sólo lo negativo, el pensamiento catastrófico, así como la tendencia a hacer Juicios de Atribución y de Causalidad equivocados. También a nivel mental se encuentra la Rumiación, que consiste en pensar excesivamente, no con un verdadero propósito de resolver el problema, sino solo para dar y dar vueltas sobre él. En fin, a este nivel encontramos todas las cogniciones, modos perceptivos y aperceptivos, así como alteraciones en los procesos de pensamiento que limitan la vida en general y el desarrollo del Self, y que impiden la restitución de la energía y la fuerza consumida en la batalla diaria.

En segundo lugar, hay forma de afrontamiento inadecuado a nivel del habla. Allí están el quejarnos, el dramatizar, el exagerar, el hablar demasiado o muy poco, el hablar mal de los demás, uso del reproche, el uso de la riña y la discusión, gritar y hablar alterado, despotricar, humillar a otros, hablar y hablar del mismo tema una y otra vez. Elevar la voz. Uso de vulgaridades. Y la Crítica a otros.

En tercer lugar, el afrontamiento inadecuado puede manifestarse a través de conductas específicas. Allí se encuentran la evitación y la negación de los problemas. Es decir, convivir con los problemas sin buscar solucionarlos y postergando su resolución (procrastinación). O desconociéndolos simplemente. Otra muy común es el uso y abuso de sustancias, entre ellas el alimento, el tabaquismo, las drogas y las bebidas alcohólicas. También aquí se encuentran las perversiones sexuales.

Entonces, para terminar, mi invitación en esta oportunidad, es que tomemos conciencia de qué estrategias de afrontamiento negativo usamos sin darnos cuenta y demos un paso adelante para desactivarlas. Toda la energía y recursos (dinero, tiempo, relaciones, dedicación) que hemos uisado en mantener a estos parasitos, al quedar libre, la podremos usar en algo nuevo, productivo, funcional y constructivo; en Estrategias de Afrontamiento Positivo y Efectivo.

Debemos tener presente que el Afrontamiento Positivo y Efectivo, tiene dos dimensiones complementarias. Una dedicada a la resolución misma del problema (Problem Solving) y otra al Afrontamiento Emocional. Esta última, a su vez, consiste de dos componentes. Por un lado, es necesario mitigar el side effect que se produce al estar sometidos a altos niveles de tensión sostenida. Esto implica desmontar el Síndrome de Sacrificio: desactivar el Sistema Simpático y activar el Para-Simpático. En segundo lugar, conectar con emociones positivas para restaurar el estrato fisicoquímico del organismo: segregar endorfinas para producir alivio, segregar serotonina para “limpiar” las sinapsis y barrer los péptidos producidos por las emociones negativas, y segregar dopamina para energizarnos nuevamente. Sin este proceso de reseteo y restauración difícilmente podremos ser exitosos en la dimensión del Problem Solving. Mientras más lúcidos estemos, vamos a estar en mejores condiciones para mirarnos a nosotros mismos y ver lo que tenemos que cambiar de nosotros. Si tenemos este insight y nos comprometemos a poner de nuestra parte, tal vez nos veamos sorprendidos y nos demos cuenta que los problemas que nos aquejaban desaparecieron y que pasamos a un nuevo Capítulo de nuestra vida.

Nota 1: No se quiere decir que todo lo que le sucede a la persona está vinculado a ella. Pueden haber eventos fortuitos, accidentales y circunstanciales. Pero habrá personas que los lamenten, los sufran y los dejen pasar apenas puedan, mientras que hay personas que se quedan “enganchadas” en esa experiencia. Si hay estabilidad del evento en el tiempo o si hay repetición del mismo tipo de eventos, esto nos lleva a hipotetizar que existe una estructura dentro de la persona que guarda cierta afinidad con esto. A modo de ejemplo: una persona puede conseguirse con una relación decepcionante y luego dejar eso atrás y aprender de ello. Pero hay personas que se quedan en esa relación para toda la vida y se mantienen quejándose, sufriendo y pidiendo al otro que cambie.

Nota adicional: El tema tratado en este post dicho en breve es el siguiente: que el estrés despierta en nosotros formas de afrontamiento inadecuadas, incluso no sanas, y por tanto no efectivas. Usando el lenguaje Jungiano, el estrés despierta en nosotros la “función inferior”. Este tema lo traté antes en otro post titulado “Estrés como desafío, no como amenaza” (https://wp.me/puWNX-aC). De acuerdo con este marco de referencia, hay 16 tipos psicológicos y cada persona encaja en uno en particular. Cada tipo implica que tengamos preferencia por usar una función predominante y una función auxiliar. Y que tengamos poca destreza en el uso de una función llamada “inferior”. Cómo no tenemos dominio en el ejercicio de esta función, solemos expresarla en su peor versión. Entonces, ante el estrés, es muy probable que surgan mecanismos de afrontamiento típicos de la peor versión de nuestra función inferior. Recomiendo que haga el test de Myerss-Briggs, identifique su tipo e investigue cuál es su función inferior, para que esto le ayude a identificar sus mecanismos de afrontamiento inadecuados.

Anuncios

Read Full Post »

Se ha encontrado que el cerebro humano tiene muchas posibilidades de formación de redes neuronales, lo que le proporciona una gran versatilidad. Personas que han sufrido de daños en el cerebro en una edad avanzada, si bien han perdido parte de lo aprendido, al cabo de un tiempo, formadas nuevas redes sinápticas, pueden recuperar nuevamente las habilidades perdidas. No sólo se han encontrado muchas evidencias de lo que se ha denominado “neuroplasticidad”, sino que también se ha demostrado que el cerebro es capaz de reproducir sus células a través de un proceso llamado neurogénesis.

Ahora bien, si el cerebro humano tiene tanto potencial por qué solo usamos una parte? Por qué vemos personas que se quedan estancadas y no siguen avanzando en la vida? Por qué hay personas que no se adaptan a las nuevas exigencias? Por qué hay personas que en lugar de avanzar, parecieran retroceder en la vida? Por qué es tan frecuente eso que llamó Freud “compulsión a la repetición”? Por qué es tan difícil dejar los vicios? Por qué es tan difícil cambiar el carácter? Por qué es casi que una ley eso que llamaron en los ochenta El Principio de Peter (referido específicamente a ejecutivos, se refiere a que todos llegan en algún momento a un punto de incompetencia).

Apartando lesiones cerebrales, malformaciones genéticas del sistema nervioso y alteraciones de la química cerebral por uso y abuso de sustancias, hay una causa de tipo psicológico que podría ayudarnos a comprender cómo puede limitarse el potencial humano a pesar de la enorme potencialidad que ofrece el cerebro.

Mi propuesta es que la respuesta a esto está asociada con el grado de “coherencia e integración” de la personalidad. Y me propongo dar una explicación lo más breve posible de qué significa esto antes de seguir adelante. Pero antes, de la explicación, veamos un ejemplo.

Javier S es un gerente de tecnología de una empresa. Casado con dos hijos en edad escolar. Siempre está ocupado y no tiene mucho tiempo libre. Generalmente se considera una persona competente y eficiente, que ha tenido más logros que el promedio, y que disfruta hacer su trabajo. Sin embargo, cuando su esposa sale con los niños un fin de semana y se queda solo en casa, le invade una tristeza envolvente y se queda bajo de energía, sin hacer nada, mirando mecánicamente la televisión. Al caer presa de este sentimiento, piensa que no vale nada, que su vida es un desperdicio, que no está haciendo nada bien. Y sufre con estas ideas, al punto que puede terminar llorando. Entonces, procura ocuparse y estar siempre haciendo algo, de manera de no dar cabida a este sentimiento. Pero inevitablemente, una que otra vez aparece esta terrible sensación.

Pareciera que estuviéramos hablando de dos personas completamente diferentes. Con dos modos de pensar, dos modos de actuar. Dos maneras de mirarse a si mismo. Dos maneras de relacionarse con el mundo. Completamente diferentes. La faceta A, es un gerente ocupado con autoestima, eficacia y satisfacción. La faceta B, es una persona con dudas y temores, auto crítica, inseguridad y tristeza. Dónde están la tristeza y la inseguridad cuando Javier se encuentra ocupado en sus logros diarios? Donde está la convicción de que es una persona que se sitúa más allá del promedio y la satisfacción personal asociada con su trabajo, cuando se encuentra divagando en su autocrítica?

El caso de Javier es muy común. Todos tenemos facetas que no necesariamente son coherentes entre sí. Todos tenemos una personalidad dividida en varias partes, facetas o sub personalidades, sin que esto quiera decir que que haya un trastorno. El trastorno de personalidad múltiple se da solo cuando no existe conciencia entre la actuación de una faceta y otra. Pero en el caso de la persona “normal”, hay conciencia. Javier sabe lo que hizo en la mañana cuando estaba trabajando en la empresa. Y hundido en su tristeza en el sillón mirando la televisión, no entiende de dónde provenía toda esa confianza y seguridad que tuvo en la junta y que ahora no está por ningún lado. Él lo sabe, solo que no hay “acceso” a la “funcionalidad” de esa otra faceta. Hay una separación entre las facetas y parecieran no poder conectarse entre sí.

En la mayoría de las personas, podemos identificar una faceta visible y destacada, que es la forma como la persona se da a conocer y es la parte de la persona que está tratando de resolver las cosas de la vida. Pero las otras partes van actuando, muchas veces sin permiso ni control, de la faceta principal. Muchas veces en direcciones diferentes u opuestas a la que intenta trazar la parte principal.

Entonces el Yo principal se puede molestar con las otras facetas y aumentar la separación con ellas. Pero paradójicamente, que mientras más se le censura a una parte, más abruptamente luego sale a relucir. En el caso de Javier, la parte que se encarga de ser gerente, intenta resolver todo de esa misma manera; en forma, organizada, secuencias, programada, desglosando las actividades en pequeñas tareas. Incluso, las relaciones con la esposa y los niños. La otra parte de él, la menos desarrollada y más vulnerable, que le hace críticas por lo que no ha hecho bien y llora por todo el potencial perdido en sí mismo y en las relaciones familiares, es justo la “experta” en sensibilidad. Pero al estar censurada por la parte más “eficiente”, las relaciones humanas en general y en particular con la familia, carecen de esta cualidad, que lamentablemente solo sale a relucir en la soledad, en la autocrítica y al ver películas.

Entonces ¿quién es Javier? El cree que es la faceta A. Y la gran mayoría de los recursos que Javier trata de añadirse para su enriquecimiento, parten del paradigma de la faceta A. Es decir, invierte en cursos para ser más eficiente, tener más control, ser “exitoso”, tener más dinero, y sobre cuáles son los símbolos de estatus distintivos que le harán sentir “exitoso”: como fumar puros, comer en buenos restaurantes, viajar en primera clase, beber buenas bebidas añejas y tener ciertas posesiones. Pero nada para el desarrollo de la faceta B, que sigue subdesarrollada.

Cuando a Javier le toca el Principio de Peter, la faceta B no maduró y no logró congeniar con la faceta A. No hubo una integración que permitiera a Javier ser una mejor y más completa persona. Sino que Javier solo fortaleció un brazo y el otro no tiene fuerza. Entonces, al enfrentarse con la crisis de la edad adulta, recurre al alcohol, como una manera de lidiar con el dolor y la vulnerabilidad. Y el destino de esa parte sensible de la faceta B, en lugar de ser explotado y potenciado, corre grave peligro de caer en la auto victimización y la auto destrucción.

En un momento de la vida, muchos de nosotros desarrollamos una faceta, separada de las demás, que ha pretendido convertirse en el centro de la personalidad. Pero muchas veces esta faceta nació a partir de una o varias heridas. Y para lidiar con esta(s) herida(s), se formó esta subpersonalidad dominante, que ha pretendido hacerse cargo de todo y ha querido ignorar, silenciar, censurar, reprimir o sepultar otras áreas de nosotros que también existen. Pero es necesario desarrollar todos los “músculos” por igual en forma armoniosa. Porque de lo contrario vamos a crear un desarrollo desbalanceado. Se trata de superar al “falso yo” y salir al encuentro del “Self”.

Cuando nos relacionamos con el mundo a través de una faceta de nuestra personalidad, que no parte de nuestro centro, corremos el riesgo de que todos los progresos hechos a través de esa faceta se vengan abajo. Que no seamos capaces de sostener las conquistas logradas, que nos encontremos con un “tope” difícil de superar, que revierte todo el avance logrado. Esto sucede por dos razones principalmente.

Una primera, porque no somos capaces “desde allí” de aprender nuevas formas de respuesta y de relación con el mundo. (Porque no podemos encontrar la solución a un problema desde la perspectiva que “creo” ese problema). Y al enfrentar ciertos desafíos, nos quedamos cortos en versatilidad y continuamos con “más de lo mismo”. Este proceso, identificado ya hace unos veinte años, se ha llamado “sobre utilización” de competencias. Consiste en dar las mismas respuestas una y otra vez a pesar de que ha ocurrido un cambio fundamental en el “ambiente” que exige una respuesta novedosa.

Una segunda razón, es el auto saboteo. Esto consiste en que no solo no somos capaces de responder diferente y acorde a la situación, sino que además, recurrimos a comportamientos contraindicados en la situación desafiante, incluso a los ojos del sentido común, pero que por algún tipo de motivación auto destructiva, nos empeñamos en manifestar. Como por ejemplo, ante un gran desafío, cometer excesos que afecten la salud o hacer una explosión emocional que altere de manera irreversible las relaciones con los jugadores con los que nos toca atender el desafío que tenemos delante.

Esta fragmentación psicológica se correlaciona a su vez con una fragmentación en las redes neuronales. Las redes neuronales que están asociadas a percepciones, imagenes, sentimientos, emociones, creencias, juicios, intenciones, recuerdos y comportamientos, se encuentrasn interconectadas entre sí, pero separadas de las redes respectivas que conforman otras subpersonalidades. Puede que haya subpersonalidades que “colaboran” entre sí, es decir, que se pueden interconectar sus redes facilmente, aunque mantengan una distinción entre ellas. Pero hay ciertas subpersonalidades, que están separadas del resto, o que están en conflicto, o que están reprimidas, y esto lo que quiere decir es que hay poca interconexión con las redes respectivas que conforman a esas áreas.

Pero el “arbol” sináptico, tiene que crecer de una forma organizada, integrada y armoniosa. Esto quiere decir, que una vez que todas las áreas deben interconectarse. Que al “experimentar” las vivencias propias de una subpersonalidad, seamos capaces de poder accesar el resto de todos nuestros contenidos mentales.

Entonces, si sientes que las cosas te superan y no sabes cómo resolverlas, esto es un signo de que estás partiendo de una isla y no del continente de tu personalidad.

Lo primero, es conectar con el sentimiento de que no hay nada imposible de superar. Tal vez no encontremos una manera inmediata de resolver “la situación”. Pero si podemos modificar nuestra Actitud. Salir de cualquier sentimiento de “baja energía” como miedo, rabia, tristeza, auto critica o critica a otros, quejas, etc. y conectar con la paz y la serenidad. Todos los otros sentimientos son parte del “show” de vivir a través de la faceta y no a través del Self. El Self posee cualidades trascendentes que le permiten ver la vida como una experiencia con sentido y significado que le va a permitir explorar nuevas dimensiones de la existencia y le va a permitir rectificar sus cualidades y domar su naturaleza, para elevarse en un escalón más de la evolución y alcanzar un nuevo nivel de comprensión, de funcionamiento y de relación con el mundo.

Y al hacer este cambio perceptivo mirar la perspectiva de la faceta, y la identidad que a partir de ella nos formamos, y dejarlas ir. Puede que hayamos vivido años a través de una identidad que se formó a partir de una herida. Pero la herida no se cura cubriéndola de ese modo. Hay que quitar esa identidad, dejarla a un lado, dejarla partir. Y quedarnos tranquilos en el silencio, manteniendo la conexión con la paz y la serenidad. Permitiendo que aflore la confianza de apoyarnos ahora sobre nuestro centro. Abrazándonos a nuestra herida y permitiendo que sane. Y desde allí comenzar a contemplar cuál es exactamente nuestra esencia, nuestro aporte distintivo y la labor con la que queremos comprometernos.

Interesados en profundizar en este tema, les sugiero leer los siguientes artículos previos:
https://excelenciapersonal.wordpress.com/2015/03/31/faceta-o-respuesta/
https://excelenciapersonal.wordpress.com/2016/03/16/liderazgo-personal-la-conquista-de-si-mismo/
https://excelenciapersonal.wordpress.com/2016/04/26/al-encuentro-de-nuestra-propia-alma/
https://excelenciapersonal.wordpress.com/2016/10/10/un-punto-de-partida-verdadero/
https://excelenciapersonal.wordpress.com/2017/10/27/aprendiendo-a-respirar-por-la-herida/

Read Full Post »

La única forma de sentirnos completos es honrando nuestra chispa Esencial como seres especiales. Lo que nos da vida, no proviene del mundo material, sino de un plano sutil que da vida a todo y esta interrelacionado con todo. De hecho, los científicos han encontrado en nuestro cuerpo elementos que no proceden del Planeta Tierra, sino que provienen del Big Bang mismo. Por lo tanto, el axioma principal que tenemos que seguir es Confiar en la semilla “Divina” que reside en nosotros, protegerla, cultivarla, y seguir sus directrices en términos de a que dedicar nuestros esfuerzos.

Sin embargo, hay dos grandes fuerzas que buscan hacernos desconfiar de nuestra capacidad de encontrar un lugar en el mundo y prosperar. La primera por la vía de la atracción, el deseo y la tentación. Nos quiere conducir a encontrar alivio en cosas que si bien tienen un efecto placentero, algunas no pueden usarse y otras deben usarse con moderación, bajo condiciones específicas y con el propósito de honrar y celebrar la vida. Si una persona traspasa estos principios,  esta fuerza termina por hacerlo su esclavo. La segunda fuerza, actúa a través del ataque y el desafío. Busca rebajar y doblegar a la persona, sembrando en él el miedo, y haciendo que perciba al que lo ataca como una amenaza real a su integridad y subsistencia. Si percibe que tiene más poder, termina por aliarse con la convicción de que no hay otra salida y de que esta es la única forma de subsistir y llenar sus  sus necesidades, pero luego termina por tener una vida de prisionero, mecánica, vacía y sin propósito.

Si estas dos  fuerzas operan sobre la persona sin ser contrarrestadas, la persona termina desconfiando de sí mismo como ser especial y único capaz de ser productivo con su propio talento y que merece un lugar en el mundo con su propia identidad, separándose de y renunciando a lo que verdaderamente lo alimenta y le da vida.

Pero si ocurrió el milagro de poner a la materia inorgánica al servicio de una chispa transmaterial procedente de un plano de mas dimensiones que éste, no fue para que la persona terminara abandonada a merced de fuerzas fuera de su control,  humillada y pasando malos ratos; sino para hacerla triunfar y prosperar. Pero esto no viene en forma automática. Hay que saber honrar a la fuente original y reconocerla como la única fuente primordial y única de todo. Incluso, como la creadora misma de esas fuerzas externas que actúan para probarnos y forjar nuestro desarrollo.

En la medida que confiemos y sepamos conducirnos adecuadamente, en esa medida estaremos protegidos. El camino este implica, por un lado, auto contenernos para resistir nuestras inclinaciones a vicios: excesos en la comida, la bebida, el juego, el sexo inadecuado, los fármacos y las drogas y cualquier actividad que implique desperdicio de nuestra energía vital. Y, por otro lado, vencer nuestros temores frente a otros más poderosos. Es decir, resistirnos a la búsqueda de poder y dependencia de otros, a recibir y repartir migajas.

Para poder cultivar y honrar nuestra esencia, entonces, tenemos que contrarrestar estas fuerzas con dos fuerzas contrarias. De no hacerlo, caeremos presa de adicciones a sustancias o actividades o, al sometimiento a otros. En ambos casos, esto conllevaría a una renuncia a si mismo, al exilio de la chispa esencial, a renegar del origen transmaterial de la vida y a la dependencia de lo material. Esto conduce a la esclavitud, pues la persona termina honrando a agentes materiales como si fueran ellos los que la animan y sostienen. En ambos casos conlleva a realizar una dedicación y un Servicio a un agente material distinto del agente primordial de donde procedemos. Y eso constituye una traición que eventualmente conduciría a la destrucción.

Entonces tiene que haber dos fuerzas que contrarresten las anteriores. Una la de saber acceder al placer de manera alineada con normas de contenido, extensión, forma y propósito. Y la otra, que nos permita poner límites adecuados en las relaciones de manera de saber lidiar efectivamente con los ataques de otros que buscan doblegarnos. El ejercicio continuado de estas dos fuerzas internas, crea el terreno propicio en el que la semilla primordial nuestra, en la forma de Self, crezca y se fortalezca, indicándonos de manera más clara que acciones seguir, a que dedicar nuestros esfuerzos, como orientar nuestro Servicio de manera de honrar el Principio vivo primordial de donde procede todo.

Entonces, hay un espacio para amar y desear, y hay un espacio para limitar y separar. Las dos son acciones legítimas y necesarias. No tiene sentido una práctica basada en el amar exclusivo. Ni tiene sentido una práctica basada en el limitar exclusivo. Ambas son prácticas torcidas que conducen a la esclavitud y la desaparición.

En próximas entregas desarrollaré ambos campos de acción. Pero voy a comenzar por el segundo: cuando y por qué hay que esforzarnos en el ejercicio del Limitar hasta el punto de hacer la Guerra! Cómo es que si estamos hablando de honrar la vida quepa justificar una Guerra? Bueno, escribiré sobre eso próximamente: sobre la base psicológica de la Guerra!

Read Full Post »

En este artículo podemos encontrar inspiración y recomendaciones para un nuevo comienzo!

Excelencia Personal

Reboot¿Cómo comenzar un nuevo ciclo cuando no nos sentimos del todo satisfechos con los frutos que esperábamos obtener del ciclo anterior y vemos por delante unas condiciones más difíciles o inciertas? ¿Podemos comenzar sin un plan e ir improvisando en el camino? ¿Podemos correr el riesgo de ir a la deriva, sin mucho ánimo ni motivación?

Hay muchas razones por las que podemos sentirnos de esa manera. Desde la perspectiva de la teoría de motivación COR que expuse en los últimos artículos previos, nos sentimos así por haber formado parte de situaciones a las que dedicamos mucha energía y recursos comparado con lo que obtuvimos de retorno, quedando en un saldo negativo. Al final algunos ejemplos (*)

Difícilmente podríamos crecer como personas y aumentar nuestra percepción de bienestar subjetivo si nos dejamos llevar por el desconsuelo, la frustración, la desesperanza y no articulamos un plan factible que satisfaga nuestras necesidades…

Ver la entrada original 5.490 palabras más

Read Full Post »

prometeoEste mes de marzo escribo muy corto para aclarar una idea clave que permite comprender mejor cómo identificar áreas de trabajo personal a las que dedicar esfuerzo para mejorar la inteligencia emocional, como extensión del artículo anterior, en el que puse en claro algunos signos que nos indican áreas de oportunidad para mejorar la gerencia afectiva.

La expresión Gerencia Afectiva no es común en la psicología, donde se suele hablar de este tema como Autoregulación Emocional o Afectiva. Pero creo que el termino auto regulación puede transmitir la idea equivocada de algo que ocurre de forma espontánea y automática. Sin embargo, una de las ideas centrales en el artículo anterior, así como en muchos de mis artículos sobre esta misma temática en este Blog, es acerca de la posibilidad de que no seamos prisioneros de nuestras emociones y de los cursos de acción iniciados al experimentarlas intensamente. Por esto me sentí identificado con una técnica desarrollada por el Dr. John Omaha, la cual he estudiado, he practicado y uso con mis clientes que lo requieran, y que él denomina Affect Management Skill Training.

Hay una diferencia muy importante entre un comportamiento reactivo o uno expresivo, y un comportamiento deliberado que es realizado conscientemente una vez evaluado diferentes cursos de acción. El término gerencia es el que más se asemeja a este segundo tipo de comportamiento que implica el uso activo de nuestra capacidad inteligente. Esta es la que nos permite aceptar lo que no podemos cambiar e identificar lo que sí. Y en nuestro ámbito de influencia, fijarnos objetivos y metas, motivarnos, ampliar nuestros recursos, buscar alianzas, integrarnos con otros y modificar la realidad. Para ello es necesario saber ver las opciones, de manera de escoger el mejor curso de acción.

Un comportamiento inteligente requiere una integración adecuada de las emociones. Si no lo hacemos, esta dimensión puede sabotear nuestros mejores intentos. Una vez bajo los efectos de las emociones nuestros procesos superiores se ven moldeados; y con ellos la percepción de las opciones, las relaciones y la ejecución.

Como decía Aristóteles, el problema no es tener emociones, sino tener la emoción adecuada a la situación, en la intensidad adecuada y expresada en la forma adecuada.

Pero cada uno de nosotros tiene una historia de aprendizaje personal que nos ha moldeado. Hay huellas en nuestra memoria emocional implícita producidas por heridas, déficits y episodios vividos, que se activan en forma espontánea, autónoma, fuera de nuestra voluntad cuando se encuentran ante ciertas condiciones ambientales específicas que las recrean. Y puede ser perturbador experimentarlas. Bajo su efecto podemos actuar de determinadas maneras dejando de lado otras opciones posibles. Y cuando sucede esto, no estamos gerenciando nuestros afectos. Lo peor de todo, es que quizás ni nos damos cuenta que haya algo que mejorar en nosotros. Para determinar si estamos en ese caso, es que idee esa lista del artículo anterior sobre signos que deben llamarnos la atención. Hay un dicho local de la sabiduría popular que recoge esta idea bajo la expresión “no aguanta dos pedidos”, queriendo decir que la persona ya tenía una predisposición a actuar que es previa a que determinada situación se presentara. Otra expresión similar que recoge también esta idea dice: “el niño que es llorón y la mamá que lo pellizca!”

Es decir que, si bien hay una situación externa disparadora que lógicamente puede activar ciertas emociones en una persona, hay que estar atentos a la frecuencia con que esto ocurre, la intensidad y los resultados, de manera de poder determinar si hay algo en la “estructura” de la persona que está empeorando la situación y que la hace repetitiva. La idea es poder “decodificar” nuestros condicionamientos de manera de poder ser menos reactivos y poder trascender las circunstancias. De lo contrario, estaríamos atrapados por el destino.

Quiero hacer notar que hay una idea muy sutil e importante aquí. Y es la idea de que el comportamiento de una persona se debe más a factores internos que a factores externos. Esta idea de trascender las circunstancias y elegir como responder fue señalada por Víctor Frankl. Pero mucho antes la planteó Spinoza quien era muy preciso al decir que el ambiente externo lo que hace es “agitar” el mundo interior de la persona, pero que su comportamiento proviene de su propia esencia. Más recientemente, esta idea la desarrolló el Biólogo Humberto Maturana. En su libro el Arbol del Conocimiento explica que los seres auto mantienen su estructura interna y encuentran además un medio ambiente acorde para lograr un acoplamiento. Este puede producir la percepción de que son los eventos externos los que explican el comportamiento. Pero enfatiza de una forma dramática que “es propiedad de la carne ser penetrada por la bala, y no propiedad de la bala penetrar la carne”.

Estas ideas llevadas a su máxima expresión nos conducen al determinismo absoluto. Sin embargo, todos estos autores, desde Spinoza en 1600, hasta Maturana en 1970, concuerdan en que hay un pequeño espacio para la libertad humana. Las sinapsis pueden cambiarse. El cambio existe. Y todo gracias al aprendizaje y el cambio (basados en el principio de la retroalimentación). Es la posibilidad de trascender la reactividad

Pero si el individuo es moldeado en sus primeras experiencias y es susceptible de heridas, déficits y episodios que cablean de una forma determinada su comportamiento, como puede ser libre? Sabemos que muchos de estos aprendizajes son resistentes a nuestros intentos de cambio. Por ello, es importante identificar donde radica nuestro auto saboteo.

Las áreas nuestras que nos bloquean nos llevan a descarrilarnos de nuestra ruta óptima de desarrollo. Todos tenemos un estado potencial que es nuestra mejor versión. Prosperar y florecer es posible a pesar de las dificultades y problemas. Hay muchos testimonios de personas que han encontrado su ruta, aun habiéndose descarrilado. Pero sabemos que la gran mayoría de las personas viven vidas alejadas de su potencial.

Para asegurarnos de estar en el camino adecuado de desarrollo y expresión es clave revisar nuestra “estructura” interna, lo cual es llamado Autoconocimiento. Es decir, conocer los “triggers” que activan triadas de pensamiento-emoción-conducta y con ellas sentimientos, impulsos, actitudes, imágenes y recuerdos.

Es normal que frente a determinadas condiciones experimentemos un determinado estado mental (mindset). La característica de un determinado mindset es que es temporal y cambiante, dependiendo de las circunstancias. Recibimos algo y nos sentimos agradecidos. Tenemos un logro y nos sentimos orgullosos. Si alguien nos traiciona, nos sentimos resentidos. Si nos rechazan o tenemos una pérdida, sentimos tristeza y desconsuelo. Si nos amenazan, sentimos miedo. Si las cosas no son como queremos experimentamos disgusto. Si no damos la talla, sentimos vergüenza. Si tenemos mucho por hacer sentimos estrés. Si no sabemos dónde vamos experimentamos ansiedad. Si anticipamos una catástrofe entramos en pánico.

Pero un mindset repetido o muy intenso en un niño ocasiona que este sea engranado en su estructura interna, como lo explica el Dr. Daniel Siegel. Y este engranaje es el punto de partida para que se forme un estado del yo (ego state), el cual tiene mayor permanencia y pasa a formar parte de la estructura de la persona (Watkins y Watkins). Así que, cada uno de nosotros, al vivir ciertas experiencias repetidas o muy intensas, ha engranado dentro de sí, ciertos patrones o facetas, que al formar parte de sí, ya dejan de ser meras respuestas a una situación externa. Cuando una persona está en un particular estado del yo, revive todas las emociones, creencias y sensaciones propias del estado mental que se engrano en él.

Puede haber estados del yo sanos, basados en la confianza, en la disciplina, en la fe, en los logros. Pero también podemos tener estados del yo heridos, debido a episodios traumáticos, déficits en el desarrollo o heridas producidas por nuestros cuidadores. Estas facetas permanecen dentro de nosotros y no quedan atrás por la mera voluntad, sino que se convierten en obstáculos, en bloqueos, en síntomas, en estancamientos y obstrucciones a nuestro desarrollo, reproduciendo y recreando un destino que puede llegar a aprisionarnos y convertirnos en víctimas. Sanar estas áreas e integrarlas al resto de la personalidad es la única manera de alcanzar nuestro potencial.

Read Full Post »

corona-300x225He dictado varios cursos de Inteligencia Emocional este año en los que explico cómo funcionan las emociones, cómo se interconectan con nuestro procesamiento de información y nuestro comportamiento, y qué estrategias de auto regulación emocional podemos usar. Me parece que tener esta información es muy importante y útil, pero a la vez reconozco que si alguien no está preparado, esto le entrará por un oído y saldrá por el otro. Para lograr resultados más duraderos y efectivos en el manejo de emociones es útil estar convencidos de que lo que nos sucede en nuestra realidad exterior es consecuencia de nuestra realidad interior (pensamientos y actitudes) y que si cambiamos “por dentro”, vamos a lograr un cambio en nuestra realidad externa, ya que el Ser precede al Hacer.

A veces no vemos una clara conexión entre nuestra estructura interna (creencias, intensiones, pensamientos, sentimientos, emociones y actitudes) con lo que decimos y hacemos, así como entre estos comportamientos y las situaciones con las que nos toca lidiar en nuestra vida, es decir, los resultados. Vivir sin estas conexiones es lo que llamo vivir bajo el paradigma del Efecto, en lugar de ubicarnos como Agente de ese efecto.  En este modo de vida identificado con el Efecto, no comprendemos por qué nos ocurre lo que estamos viviendo, experimentamos lo que nos sucede con una cierta alienación o desconocimiento, y nos cuesta asumir nuestra cuota de responsabilidad. Puede ser que incluso desviemos nuestra atención hacia la critica o personalización en terceras personas.

Pongamos por caso que alguien se porta muy mal con nosotros. Tal vez hemos actuado de la mejor manera y esperamos un comportamiento similar a cambio. Pero entonces, para nuestro asombro, la otra persona se comporta de una manera inesperada, descabellada ante nuestra óptica, incluso por debajo de nuestros estándares de dignidad y respeto. Esta es una situación provocadora que muy probablemente nos devíe de nuestra posición como Agentes. Es decir, es muy fácil perder la compostura y enojarnos, tener una discusión, caer en un impasse, quejarnos o por lo menos tener un disgusto, ante una situación como esta, pasando de hecho a actuar como Resultado.

Lo mismo puede suceder en el matrimonio, en la familia o en un país. Hay muchas razones que justifican el no sentirnos la causa de lo que sucede, que hacen muy fácil perder nuestra sensacion de responsabilidad, magnificando por el contrario el poder de factores fuera de nuestro control. Pero al actuar bajo este paradigma perdemos nuestra fuerza interior, disminuye nuestro sentido de elección personal, somos parte del problema y no de la solución, nos sentimos impotentes, con poco impacto en el acontecer, perdiendo sentido la situación para nosotros.

Imagino que trae beneficios secundarios el vivir como Efecto y no como Agente; tal vez haya quien disfrute quejarse, podrá tomarlo como tema de conversación para socializar, permite evadir la responsabilidad, reproducir patrones conocidos, sentirnos confortables en un mundo predecible en nuestros propios términos, llamar la atención, martirizar a otros u obtener su “solidaridad”. Pero me parece muy triste vivir tan empobrecidos, sin hacer pleno uso de nuestro potencial, viviendo nuestra versión de vida más mediocre.

Este año en Venezuela, donde vivo, hemos experimentado una gran inflación y devaluación. Y razones hay más que suficientes para echar la culpa a otros por lo que sucede. Cualquiera que conviva bajo estas condiciones aceptaría de buen gusto que nos quejemos por andar “apretados” por la circunstancia debido a la notoriedad de los efectos del llamado “factor país”. Yo mismo me he quejado estos meses. De tener que hacer más que antes para conseguir lo mismo o menos! De tener que rondar varios supermercados para conseguir productos. De tener que pedir tiempo para pagar ciertas cuentas. De tener que esperar me paguen facturas pendientes por cobrar. De no poder adquirir ciertos bienes y servicios que pasaron a ser un lujo para mí.

No es raro que una situación como esta active en nosotros la mentalidad de Efecto y nos situemos como víctima de las circunstancias. Sin darnos cuenta entre tantas quejas uno podría terminar enajenándose de lo circundante, al punto de parecernos “extraño”, perdiendo así nuestro engagement con la vida, nuestro accountability, nuestro locus de control interno, nuestro sentido de responsabilidad, cayendo en la angustia, el desconsuelo o en una alegría negadora.

En las últimas semanas tuve mucha actividad, estuve muy apurado, metido en la rutina, bajo muchas presiones, sintiéndome en ocasiones inconforme. De pronto esta semana el ritmo de las actividades cambió. Entonces pude observar con claridad y objetividad el rio mental que traía de las semanas anteriores. Ideas y sentimientos relacionados con las dificultades que se enfrentan en el país. En el trasfondo de ese rio estaban este paradigma de efecto y no de agente, virus que se me había inoculado inadvertidamente con las contrariedades del día a día por contagio a través de esas breves conversaciones donde todo el mundo se queja. Pero con este cambio en la rutina tomé conciencia del “cauce” de este rio, de estos puntos de partida que como un fango se habían acumulado en mi estado de ánimo.

Entonces procedí a “observar” este rio Mental y a decodificar su cauce y los puntos de partida que lo conformaban (esto es, mirar mi mirada, mi Metacognicion).

Seguí la estrategia del Mindful Awarness; es decir, no tomarme “a pecho” los pensamientos, emociones y sentimientos que experimento, sino observarlos, sin juzgarlos, dejándolos pasar, sólo mirándolos con curiosidad y apertura, como un Padre paciente que mira a su hijo pequeño tener ciertas reacciones propias de su edad.

Y entonces, un cambio psicológico operó en mi, de manera inesperada y espontánea: un renovado compromiso, no con exagerado entusiasmo, pero si una Conciencia diferente, otra perspectiva, más responsable, con un sentimiento diferente, como dueño de lo que sucede. Pasé al paradigma del Agente. La consecuencia de esta toma de conciencia y de responsabilidad fue llegar a la convicción de que las cosas que nos pasan si son una consecuencia de lo que hacemos o dejamos de hacer.

Bajo el paradigma del Efecto uno se siente incómodo con su realidad, insatisfecho con lo que le sucede, uno piensa que lo que obtiene como Resultado no es lo que merece. Pensar de ese modo da un mal sabor, se experimenta una cierta amrgura, una cierta frustración, una cierta impotencia. En cambo, bajo el paradigma del Agente ahora me sentía dueño de mi mismo y de mi circunstancia, creyente del Principio: “no puedo controlar el 100% de lo que me sucede pero si soy dueño de mi forma de responder a los eventos”.

Realmente no hay manera de comprobar si esta idea es cierta o no, pero me resulta útil y me hace bien pensar así. Me sienta mucho mejor que cuando no estoy de acuerdo con lo que me pasa y pienso que lo que obtengo no es lo que merezco. Pensar de ese otro me hace sufrir. De manera que evalúo estas creencias por su utilidad más que por su veracidad.

El paradigma del Efecto puede llevar a la persona a pensar de modo revanchista (buscar culpables) o a mirar las cosas desde la impotencia y la frustración (rendirse).

Si he vivido ciertos resultados este año que no son de mi agrado, prefiero pensar que son consecuencia de mí mismo, aunque no vea claro todavía qué exactamente hice o no hice. No es que me auto-torture o culpabilice de más. Es que me hace sentir mejor considerar que hay algo en mi manera de pensar, sentir y actuar que está ocasionando este resultado que obtuve y que tengo que cambiar algo dentro de mi para lograr un cambio fuera!

Creo que no se trata de un cambio a nivel conductual o externo, sino de un cambio interno, psicológico. Un cambio en la relación con el mundo. Un cambio en como uno se percibe a si mismo, un cambio de actitud. Implica salir de esa óptica en la que me desconozco como co-autor de lo que me sucede y caigo presa de la renuncia o del revanchismo, y paso en cambio a mirar las cosas desde la paz y desde la aceptación, reconociéndome como Creador de mi circunstancia. Como el antecedente de la circunstancia que vivo. Como el causante de mi realidad. Implica pensar que lo que experimento es producto de mí, al menos del alguna parte de mí, y tiene un propósito constructivo, para mi aprendizaje y mi desarrollo. Por ello, reafirmo la importancia de tomar las riendas del liderazgo de mi vida asumiendo lo que vivo en estos momentos. Y si algo no me gusta, no tiene caso que me queje ni que me lamente, sino que produzca el cambio interno necesario.

En el vacío, en la ausencia de la rutina, sin las excusas externas, frente a frente conmigo mismo, sentí hoy varias veces el corazón dislocado, como una especie de arritmia existencial. Espectador en vivo de un caleidoscopio de imágenes y emociones, me pasee por múltiples recuerdos de diferentes momentos de mi vida. Contacté con variadas sensaciones de diversas etapas. Sentí deseos de hablar o de hacer algo que “ahogara” y encubriera esta “nausea”. Esto lo he venido sintiendo a lo largo de esta semana. Pero como una buena “prensa” que saca el aceite a las olivas o el vino de las uvas, hice ayuno de palabras, hice una dieta de comportamientos de evasión. Me encontré en esta Mesa Redonda donde están todos esos Caballeros, con sus voces, haciendo diversos reclamos y amenazando con tomar el protagonismo de mi voluntad. Los escuché y presté atención con interés a sus “planteamientos”, pero siempre haciéndoles saber que ante nada soy el Rey, de todos “ellos”, es decir, el Líder de mí mismo.

Contacté con la humildad y el sobrecogimiento frente a lo Inmenso e Incognoscible de la Vida, el agradecimiento de que todo a la final ha servido para bien, que las experiencias han tenido un sentido, que ha habido una lógica que puedo descubrir en parte, aunque en buena medida se escapa todo a mi comprensión, pero que soy capaz de respetar y admirar. Y esto me permitió transitar a través de ese mareo nauseabundo y encontrar el sosiego. Y desde la aceptación y la paz alcancé una convicción de que lo importante no es lo que nos “pasa” si no como lo vivimos y lo que hacemos con ello. Esto nos permite dejar de vivir como  “residentes” de nuestra vida y súbditos de los acontecimientos, para vivir con la majestad de un Rey en su propio reino.

Read Full Post »

Uno se va encontrando con todo tipo de gente en la vida. Personas que son amables y humanas, que son agradecidas y desinteresadas, personas que siempre están dispuestas a dar una mano o a compartir sus experiencias y aprendizajes. Pero también uno se encuentra con personas centradas en si mismas, que no pierden oportunidad para sacar ventaja, que actúan con resentimiento y hasta crueldad, que experimentan placer actuando de verdugos.

Me causó mucha impresión el desconsuelo que sintió el protagonista de la primera versión de un film llamado El Planeta de los Simios, un astronauta de una nave espacial que confrontó problemas en su viaje estelar y cayó en un planeta gobernado por simios. Estos actuaban de una forma grotesca y cruel, sin ningún amor o respeto por otras especies. Eran unos villanos que reinaban sobre una especie inferior: la humana, a la que trataban sin ninguna consideración. El astronauta se sentía indignado por semejante mundo al revés. Por ello, se esforzo para conseguir  su nave y reparala,con la ilusión de volver a su planeta de origen. Pero lloró amargamente cuando se dio cuenta que no había ningún lugar donde volver, que estaba en el mismo planeta Tierra, pero en un momento futuro respecto al que conoció.

No hay que llegar al extremo de los simios para pensar en algo similar: dentro de la misma raza humana podemos encontrar personas radicalmente diferentes. A los que preferimos un modo de vida fundamentado en el respeto, la consideración y la unión no nos gustaría que el mundo entero terminara siendo dominado por el modelo contrario. Consideramos que moralmente el paradigma altruista es superior al paradigma egoísta. Sin embargo, la vida presenta de continuo pruebas para determinar la fortaleza de nuestras convicciones, para dejar en claro si son solo de la “boca para afuera” o sin son premisas auténticas de un modo de ser con las que somos coherentes en nuestro modo de vida.

A veces lo que vemos a nuestro alrededor es que el arribista, el que toma ventaja, el que divide, el que predica el odio, el que margina, es el que parece surgir, el que parece tener éxito, el que parece contar con el favor de los tiempos. Y si pese a los esfuerzos esto no logra cambiarse, es altamente probable que se opte por “tirar la toalla”, por “cerrar la santamaria”. Incluso, muchos que no compartan en principio ese modo de ser, pueden concluir que es ingenuo pensar en lo contrario y que “el mundo” es de los más “vivos” y que van a tener que “montarse en ese barco” si quiere sobrevivir.   O que se “lo llevó quien lo trajo” y entonces hundirse en la depresión y el aislamiento.

Pero dejarse llevar por esta ideas sería el verdadero éxito de ese paradigma. La única garantía que tiene la civilización entera de perdurar es que no nos dejemos contaminar por este virus, que como explicaré es la fuente de la indolencia.

En Teoría de Juegos ya se ha demostrado que cuando en un sistema de varias partes, cada parte se ve amenazada por la otra, entonces apuestan a que el otro dará lo peor de si y por tanto, dan también lo peor de si, es decir, que adoptan medidas extremas para salir airosos del “juego” sin importar el otro, lo que se conoce como paradigma “ganar-perder”, que consiste en que escojo soluciones para mi parte gane y la otra pierda. Entonces al jugar así, ha quedado demostrado que cómo la otra parte también lo hace, el valor total del sistema se reduce y tiende al exterminio, es decir, termina en un juego “perder-perder”, es decir, en el que ambos pierden. Este modelo es conocido como Dilema del Prisionero.

La única forma de salir de ese juego, o mejor dicho, de esa trampa, es que cada uno de nosotros, en forma individual, pueda actuar con una Supra Racionalidad que nos permita actuar no en función del otro, sino basados en unos Principios. Pero, ¿cómo mantener la confianza en el Universo, en la Vida y en la Humanidad, en un medio donde impera el “sálvese quien pueda”?

A inicios de año conocí a una hermosa persona, sobreviviente del Holocausto. Me obsequió muy amablemente su Biografía llamada “Luz y Sombra de mi Vida”, que leí con mucho interés. La verdad este tema siempre me ha causado mucha curiosidad, pero preferí dejarlo donde pertenece, en el pasado. No sabía mucho más allá de lo que vi en diversos Films como El Escape de Sorbibor, Portero de Noche, La Lista de Schindler, La Vida es Bella, El Pianista, Campos de Esperanza o La Lista Negra. Pero leer este testimonio de esta sobreviviente ejerció sobre mi una profunda influencia sobre este tema que ya me parecía haber dejado atrás.

Meses después, en un intercambio de libros usados “rescaté” una novela llamada Holocausto, escrita en los años setenta. La leí con mucho interés. Es fascinante porque presenta una visión panorámica de todo ese proceso y de los diferentes hechos, en las diferentes localidades y su evolución. Supe que llevaron esta historia a la Televisión a principio de los ochenta y la pude ubicar en  YouTube y, trabaja allí por cierto Meryl Strip muy joven. A raíz de su lectura, me hice un mapa de Europa y comencé a ubicar con mayor conciencia los diferentes lugares donde se desarrollaron estos hechos. Un incidente que me llamó poderosamente la atención fue una atrocidad entre muchas, cometida en Kiev, Ukrania, en un barranco llamado Babi Yar.

Se me ocurrió teclear en YouTube, en mi “tercer turno de trabajo” esas palabras fatídicas. No quiero contar la trasnochada que me eché viendo videos en alemán y hasta en ruso, no sólo sobre esa situación sino sobre otros videos documentales que se han hecho para denunciar y registrar este crimen organizado que cometió la Humanidad en un momento dado.

Lo que mas llama la atención de estas escenas, algunos de ellos videos que intentan recrear la situación y otros más testimoniales, es la Indolencia de la que es capaz el ser humano, no hablemos de su crueldad. La indolencia está definida como la incapacidad de conexión con el mundo, con las cosas o con las personas. Comprende al menos dos elementos. Uno es la desidia, que implica dejar que todo se te venga encima, dejar que todo se desplome y se venga abajo. La persona que se encierra en “su concha” a esperar que todo a su alrededor se derrumbe. Es cuando se siente que ya no se tienen fuerzas para cambiar nada. El otro elemento es la incapacidad de sentir a los demás, de conmoverse por otros, de sentirse afectado por los otros, la incapacidad de sentir que somos parte de un grupo más amplio llamado Humanidad. Ambos elementos tienen que ver entre sí, porque la insensibilidad se puede ver como la pereza para “mover un dedo por otro”. Y la pereza a su vez, como la insensibilidad respecto a lo que te rodea y a hacer algo para cambiarlo.

La indolencia es un componente esencial de los cambios cognitivos y afectivos que caracterizan el Burnout, sindrome producido por el estrés continuado. Podemos ver lo contrario de la indolencia, en el mismo Holocausto, en el extraordinario civismo que imperó en el Ghetto de Varsovia: aun sometidos al estrés de saber que estaban en la antesala de la muerte antes de conducirlos a los campos de exterminio, se organizaron y hacían una vida lo más normal posible en esa circunstancia, con escuelas y coros. Otro ejemplo contrario a la indolencia en ese contexto de alto y continuado estrés, fue el Movimiento de La Resistencia en toda Europa y en particular en los últimos tiempos de este Ghetto; no dejaron que se le viniera todo encima, sino que actuaron en lo que estaba en sus manos.

Lo contrario de la indolencia es la pasión y el engagement, a los cuales me he dedicado extensamente en otros artículos. Estos estados psicoafectivos implican una especial sensibilidad por el mundo, por las cosas, por los demás, porque en ellos uno ama la Vida y es capaz de hacer lo necesario para salvaguardarla de ser necesario. En la indolencia, por el contrario, hay un desprecio por la Vida: conducir gente a un barranco y acribillarla a sangre fría o mandarla a cámaras de “desinfección” para someterlas a un gas mortal demuestra una significativa insensibilidad hacia el ser humano y al ser vivo en general.

Afortunadamente, el triunfalismo insensible de los Depredadores Sociales, como el Imperio Romano, el Imperio Griego o  los Babilonios y los Persas en el mundo antiguo, del Imperio Español en la Epoca Medieval o del Nacionalsocialismo en la Epoca Contemporanea, demuestra que este modelo no está llamado a prevalecer, pues son manifestaciones que han venido, han destruido y han desaparecido, dejando a su paso escombros. Muy a su pesar, y milagrosamente, la Civilización ha retoñado.

Pero hay que tener mucho cuidado con el Virus de la Indolencia. Su actuación no solo opera a través de la adhesión por simpatía o por interés instrumental. Sino que muchas veces opera de una forma muy sutil. Por ejemplo, cuando una persona recibe un Daño, tiene una alta probabilidad de deformarse ante ese Daño. Esta idea la he desarrollado previamente cuando he hablado de la Resiliencia, que es la capacidad de no deformarse. Pero no todo el mundo tiene la misma capacidad de recuperarse. Sabemos de sobrevivientes de abusos que ya no pueden recuperar su condición inicial, se contaminan del Virus y quedan afectados.

El Virus de la Indolencia va ganando más adeptos a través del dolor y el sufrimiento. Cuando enfrentamos el Lado Flaco de la vida, cuando recibimos una aparente  “injusticia”, cuando no surten efecto nuestras buenas intenciones y buen comportamiento, cuando somos objeto de frialdad, de crueldad, de discriminación, de marginación. En esos momentos de vulnerabilidad, es cuando el Virus de la Indolencia aprovecha para inyectar su veneno en nuestro Corazón, sino estamos alerta.

Es mucho mejor encarar el Dolor y la Perdida como un Entrenamiento. Prefiero pensar que todo lo que he perdido o lo que he dejado de ganar, es de “utilería”, esas cosas que usan en los Films para ambientar la trama. Que la verdadera esencia de la vida no son las cosas que gano o pierdo externamente, sino lo que gano o pierdo por dentro. Es decir, continuando con la metáfora, que el Guión de la película es lo importante, más que su producción.

Siguiendo el legado de Spinoza, a quien admiro y le dediqué un artículo llamado las Coordenadas del Bienestar, y en palabras del Neurobiólogo Antonio Damasio que lo trae a colación en su excelente libro En Busca de Spinoza, cito: “La solución de Spinoza pasa porque el individuo intente una ruptura entre los estímulos desencadenantes de emociones negativas y los mecanismos que desencadenan la emoción”. Esto es a mi modo de ver, exactamente lo mismo que dice Victor Fankl en Man In Search for Meaning: “la única libertad que no nos puedan arrebatar, es la capacidad de Elegir la forma de responder ante una situación”. Stephen Covey, quien fue discípulo de Frankl, intentó transmitir la misma idea con su popular Principio 90/10 y su concepto de Ámbito de Influencia.

Esto suena bien al hablarlo, lo difícil es convertirlo en un verdadero principio de conducta, sobre todo cuando se recibe el Daño o cuando las cosas no salen como queremos. Porque el problema es que el dolor o la simple frustración, pueden producir una deformación, decíamos antes, de la forma de Ser previa. Esta deformación consiste en anularse en la tristeza o enrojecerse en la revancha. Pero ambas manifestaciones conducen a la indolencia. La tristeza y la desesperanza llevan a la indolencia en el sentido de insensibilidad hacia el mundo que te rodea. Y la revancha triunfalista conduce a la indolencia en el sentido de insensibilidad humana.

El comportamiento de Alemania ilustra esta idea. Alemania se sentía triste después de la Primera Guerra Mundial y corría el riesgo de pasar a la indolencia en el sentido de desidia. Pero vino Hitler a proponer una suerte de Reactancia a ese estado proponiendo la Revancha del Resentido que terminó expresándose fundamentalmente como insensibilidad hacia un grupo social de la raza humana. Pero ambas tendencias son una forma Pasiva o una forma Activa del mismo Virus.

Es una vieja fórmula de éxito de líderes oportunistas que sacan ventaja del sentimiento de impotencia de un grupo social y lo capitalizan encendiendo una revancha que los revitalice, sacando fuerzas a punta de culpar a otros y avivando el odio y el triunfalismo.  Inevitablemente esos procesos, tarde o temprano, crean tempestades que aniquilan a su creadores y todos los que tomaron parte. Sencillamente porque eso va contra La Vida, va contra La Humanidad.

El riesgo entonces, al recibir Daño o Frustración, es a contaminarse y deformarse. Ya sea por mutismo, catatonia y repliegue, o por el contrario, a actuar guiados por el resentimiento y la ira.

Cuando el niño siente estas emociones intensas en su época neonatal, siente miedo por el hambre, el frío y la soledad, pero llora con mucha ira para ser atendido. En un artículo anterior llamado Siendo nuestros propios Padres, señalé la importancia de haber tenido unos padres que crearan unas condiciones estables, de amor y seguridad, porque eso favorece en el niño el desarrollo de la resiliencia, o sea la capacidad de pasar las tormentas con seguridad, sin caer en los extremos del miedo y la ira intensos. La convicción de que después de la tormenta viene la calma, más que un dicho, se traduce en términos neurológicos, en densidad cerebral en el área prefrontal de la corteza cerebral.

El porcentaje de la población que recibió seguridad y desarrolló las capas prefrontales está haciendo filantropía y buscando soluciones en sus familias y comunidades. Pero más del 50% por ciento de la Sociedad no vivió unas condiciones de seguridad, estabilidad y amor en su primera infancia. Y este grupo tiene una inclinación muy grande al polo de la pasividad o al polo de la agresión. Pero dentro de este grupo, hay un subgrupo que intenta superarse, que quizás no es totalmente resiliente, pero que quiere desarrollarse y ser cada vez más inmune al dolor. Que está trabajando por ser una mejor persona, que está investigando y leyendo, instruyéndose para ver como superar los obstáculos, muchos de los cuales están leyendo un artículo como este.

Este subgrupo es el que más tiene que cuidarse del Virus de la Indolencia. Tiene que cuidarse de como reacciona al dolor, la frustración y la desesperanza. No puede perder de vista su entrenamiento personal. Para ello puede ayudarnos la técnica que propone Spinoza: crear una tolerancia hacia las situaciones negativas sin que despierten emociones negativas y adquirir gradualmente la habilidad para generar emociones positivas en su lugar. Eso si es “caminar sobre el agua”.

Es cuestión de ver la situación como un entrenamiento personal. No hay que olvidar que “Aguas tranquilas no producen buenos marineros”. Explica Damasio que “la solución de Spinoza se basa en el Poder de la Mente sobre el proceso emocional”. Esto es posible gracias a un descubrimiento de la mecánica de la emoción que permita lograr una autonomía respecto de la circunstancia. Para ver como funciona esto en la vida cotidiana, comparto una experiencia personal.

Hace algunos años me descuidé con el pago de un determinado servicio por un motivo de viaje y acumulé un par de meses. Otro mes me devolvieron un cheque y no me di cuenta. Confiado en que solo tenía dos meses de retraso, fui sorprendido cuando pasaron mi caso a un escritorio legal. Siempre estuve al día año tras año, excepto en esa oportunidad. Me sentí avergonzado, abochornado. Injustamente tratado. Intenté hablar con ellos, pero no tuvieron ninguna consideración. Todos los “empleados” hacían su trabajo en forma mecánica sin ninguna consideración. Así como Eichmann, quien dijo en el juicio que le hicieron en Jerusalen, que su trabajo era simplemente manejar eficientemente un problema logístico de transporte, y así como otros funcionarios de la SS en el Juicio de Nuremberg. La gente necesita sus trabajos y tienen lo que en Venezuela llaman un “bozal de arepa”. Entonces se va dando un proceso de banalización de lo humano, en el que la indolencia se hace costumbre solo para ganarse la vida y salir adelante. Y si le dice que va a pagar, que todo fue un error, que por favor no es necesario que pasen el caso al “departamento de extralegal”, que eso va a ser peor porque ahora va a tener que pagar unos honorarios legales que empeoran el asunto, el funcionario le mira como un sinvergüenza y con una ceja más alta dice que se enviaron notificaciones y no les hizo caso, y cuidado si no llama a seguridad, porque está alterando el orden.

En aquella época me enteré que el escritorio de abogados, estaba conformado por unos familiares del dueño de la empresa. De manera que todo quedaba en familia. Eso alimentó mi resentimiento y mi frustración. No tuvieron que llamar a seguridad. Pero ni les cuento todos los pensamientos que tuve y las frases que se me escapaban espontáneamente. A nivel interno, la fisiología de la destrucción, que tanto he explicado en otros artículos previos, entre ellos, en El Antídoto de la Muerte. Tal segregación de emociones tóxicas, aumentadas por afirmaciones y expresiones de molestia y frustración, alimentan toda una ideología, una forma de vida, una visión.

En mi caso, esa ideología del mal no he permitido que prospere, porque ha entrado en profundo conflicto con mis otras convicciones, lo que me ha llevado a profundizar en mi entrenamiento, en el desarrollo de mi Músculo Emocional, para no dejarme llevar por las circunstancias, por más frustrantes que pudieran ser, y así aumentar mi Coherencia.

Bueno, esa vez fue hace unos años. Yo no tenía el “entrenamiento” espiritual Spinoziano que he tenido la oportunidad de “recibir”  junto con un significativo subgrupo de la Sociedad Venezolana en los últimos diez años.

Esta mañana me volvió a suceder un incidente similar. No pensé que tuviera que pasar otra vez por estas cosas. Asumo mi responsabilidad por supuesto, me descuidé, pasó el mes de octubre como un relámpago. Una serie de cuentas por cobrar demoradas por diversas razones. Además, me devolvieron una factura por error. Luego no había quien me hiciera el favor de depositarme el pago en cuenta porque era en otra ciudad. Eso que llaman cariñosamente “el infierno venezolano” en referencia a un famoso chiste sobre ausencia de baldes y personas que viertan su contenido. Por fin me depositaron, tuve que esperar a que se hiciera efectivo, tiempo que me pareció eterno. Se hizo efectivo hoy 1ero de Noviembre. Fui de inmediato a pagar la cuenta pendiente. –“Eso se pasó a extrajudicial” me dice el empleado fríamente. –“Que? Pero si hoy apenas es primero!”, le digo sorprendido. –”El primer día de cada mes se factura, Ud. debe saber que se factura por mes adelantado”, me dice como a sus anchas. –”Dime con quien puedo hablar, eso debe estar todavía aquí, aquí traigo el pago”.  Pero era mediodía y no había quien me atendiera. Me dieron una tarjetita de un abogado para que me entendiera directamente con el.

Comencé a conectarme con la experiencia pasada. Vi como a fantasmas, los pensamientos y emociones que me tentaban con diversas reacciones. Desfilaron por mi mente las reacciones que tuve hace algunos años. Me devolví a casa un poco mareado por toda esta sintomatología. Ya no me provocaba salir a hacer las otras actividades que tenía pensado hacer. Me quedaría “enconchado” en casa, pensé.

Pero busqué la tranquilidad y la paz interna. No me identifiqué con los pensamientos y emociones que aparecieron. Así como menciono en los artículos previos que he dedicado al tema de la Conciencia, del Mindful Awareness, me convertí en un observador de mi mismo, desdoblándome del efecto que pretendía producir la circunstancia sobre mi. Y en esta mirada de Testigo Observador, sentí aceptación por mi, una compasión sana, un entendimiento de cómo me sentía en ese momento. Y brotó dentro de mi una paz interior. Y vi en mi mente al joven que me atendió con otros ojos diferentes a los que estuve tentado de tener cuando estaba frente a el. Y pensé diferente de esa organización y de sus dirigentes. Pensé diferente del Abogado. Pensé que tenía todo su derecho de ganar sus honorarios. Pensé que tal vez había en esa situación una justicia que yo no lograba entender del todo, pero justicia al fin. Sentí con convicción que Si hay un orden en el mundo. No tuve que esforzarme por aceptar esta situación. Y en darle legitimidad, que era lo que mas me costaba al principio, cuando apareció tentadoramente en mi mente la idea: “y por un día, esta gente está esperando que uno se resbale para darle la zancadilla”, pero la deje ir y no me hice su cómplice.

La opción de “no hacer nada” y dejar que todo se me viniera encima, no me pareció la solución. Tampoco la de “actuar como un resentido” que va a hacer un reclamo. Así que fui de nuevo con un actitud honesta, de respeto, de defender mi posición humana con autenticidad. ¿Es mucho pedir que lo traten a uno con algo de sensibilidad humana de vez en cuando? No debo renunciar a esa expectativa, me dije. Porque eso también es perder la esperanza en el mundo, en los demás.

Así que me dirigí nuevamente a la oficina. Hablé con algunos empleados y les expliqué la situación, pidiendo me indicaran con quien debía hablar. En esos casos, parece que estas personas están entrenadas o ellas piensan que su trabajo consiste en defender la racionalidad de la institución mecánicamente sin consideración de casos particulares y ocultar a toda costa cualquier posibilidad de que haya alguien que pueda tomar una decisión diferente. O es que instintivamente procuran que no sea posible, para racionalizar y justificar el papel que les toca jugar. Relamente son personas que generalmente tienen un vocación para ser empleados y cumplir con su trabajo.

Entonces me dijeron que no había nadie con quien hablar. Pero yo mantuve mi calma y mi dignidad, y mientras planteaba respetuosamente el caso a un empleado, justo en ese momento entró una persona que si podía tomar una decisión al respecto. Y escuchó mi caso e hizo una excepción. No me conoce, ni lo hizo por ningún interés o compromiso. Solo por solidaridad humana. No fue indolente. Se sensibilizó con el caso. Así como el Nazi que se conectó con el Pianista en las ruinas de Varsovia. Llamaron al abogado y le explicaron. Eso implicaba que ahora el Abogado no se iba a ganar esos honorarios, que es su trabajo y su medio de vida, a lo mejor los esperaba legítimamente para pagar alguna deuda, como yo. Pero el abogado, en este caso una dama, renunció a su interés personal y  habló conmigo y me pidió un compromiso de ponerme al día.

No me hundí en el resentimiento y el aislamiento en mi casa, pero tampoco fui a esa oficina indignado a pelear. Fui sereno a enfrentar una batalla conmigo mismo, para exorcizar mis tendencias aprendidas y desensibilizarme de mis condicionamientos, dispuesto a Cambiar el juego.

El resultado, es que al cambiar el juego yo, también me pude encontrar con alguien que tuvo el valor de cambiarlo a su vez. Que se salió del marco pre-establecido y decidió atender Un caso. No digo acá en público su nombre para que no vaya todo el mundo a pedirle una consideración especial! Pero de verdad que su gesto no solo lo agradezco por lo que significó para mi en la práctica, sino por la enseñanza que me parece que encierra de fondo. A veces las personas nos pueden sorprender positivamente, pero primero que nada tenemos que quitar las condenas que les hacemos a priori.

Esta persona actuó de forma humilde y desinteresada, como un caballero. Un acto como ese es la esencia del verdadero liderazgo. Ese tipo de comportamiento, basado en la consideración y la escucha, es un ejemplo para sus empleados. Implica dejar la rutina, el poder y la arrogancia a un lado para actuar con humildad y escuchar el planteamiento del otro. Actos como esos, se denominan en Psicología actos de Desviación Positiva. Se trata de conductas pro-humanas, desviadas de la norma hacia el lado positivo. La norma consiste en actuar según lo esperado. La desviación negativa es actuar por debajo de lo esperado. La desviación positiva implica romper con la norma y demostrar un comportamiento virtuoso. Es la supra-racionalidad que nos va a permitir salir del Dilema del Prisionero*.

Insisto en la idea que desarrollé en mi artículo “Como enamorado sin novia”. Tenemos que actuar en función de un modelo de mundo ideal que esta en nuestras mentes, en lugar de hacerlo en función del mundo imperfecto que tenemos aparentemente delante; ver lo bello, lo verdadero, lo perdurable en el mundo. Ese “buen ojo” puede despertar “desviaciones positivas” en los demás. Mantener el buen ojo es la única indicación de que no hemos sido víctimas del Virus de la Indolencia y la banalización de lo humano. Es la única de manera de mantenernos en forma para Cambiar el juego.

 

P.D.: Llamé a la Sra. Klara Ostfeld, la sobreviviente del Holocausto que me obsequió su biografía, para agradecerle por este y comentarle de la profunda influencia que había ejercido sobre mi su lectura. Incluso le conté de la trasnochada que me di investigando sobre Babi Yar. Me dijo que había una “sincronicidad” porque estaba a punto en los próximos días de bautizar un nuevo libro “Bajo la Sombra”, en el que dedica un capítulo a este trágico episodio en Kiev. Mis respetos para ella, así como para el Director Corporativo de la empresa de la anécdota y la Abogado que me atendió por teléfono.

 

(*) El dilema del

Nota: se pueden encontrar recomendaciones prácticas para Combatir la Indolencia en mi artículo publicado en Inspirulina: http://www.inspirulina.com/combatiendo-la-indolencia.html

Read Full Post »

Older Posts »