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Posts Tagged ‘Problem solving’

La única forma de sentirnos completos es honrando nuestra chispa Esencial como seres especiales. Lo que nos da vida, no proviene del mundo material, sino de un plano sutil que da vida a todo y esta interrelacionado con todo. De hecho, los científicos han encontrado en nuestro cuerpo elementos que no proceden del Plantea Tierra, sino que provienen del Big Bang mismo. Por lo tanto, el axioma principal que tenemos que seguir es Confiar en la semilla “Divina” que reside en nosotros, protegerla, cultivarla, y seguir sus directrices en términos de a que dedicar nuestros esfuerzos.

Sin embargo, hay dos grandes fuerzas que buscan hacernos desconfiar de nuestra capacidad de encontrar un lugar en el mundo y prosperar. La primera por la vía de la atracción, el deseo y la tentación. Nos quiere conducir a encontrar alivio en cosas que si bien tienen un efecto placentero, algunas no pueden usarse y otras deben usarse con moderación, bajo condiciones específicas y con el propósito de honrar y celebrar la vida. Si una persona traspasa estos principios,  esta fuerza termina por hacerlo su esclavo. La segunda fuerza, actúa a través del ataque y el desafío. Busca rebajar y doblegar a la persona, sembrando en él el miedo, y haciendo que perciba al que lo ataca como una amenaza real a su integridad y subsistencia. Si percibe que tiene más poder, termina por aliarse con la convicción de que no hay otra salida y de que esta es la única forma de subsistir y llenar sus  sus necesidades, pero luego termina por tener una vida de prisionero, mecánica, vacía y sin propósito.

Si estas dos  fuerzas operan sobre la persona sin ser contrarrestadas, la persona termina desconfiando de sí mismo como ser especial y único capaz de ser productivo con su propio talento y que merece un lugar en el mundo con su propia identidad, separándose de y renunciando a lo que verdaderamente lo alimenta y le da vida.

Pero si ocurrió el milagro de poner a la materia inorgánica al servicio de una chispa transmaterial procedente de un plano de mas dimensiones que éste, no fue para que la persona terminara abandonada a merced de fuerzas fuera de su control,  humillada y pasando malos ratos; sino para hacerla triunfar y prosperar. Pero esto no viene en forma automática. Hay que saber honrar a la fuente original y reconocerla como la única fuente primordial y única de todo. Incluso, como la creadora misma de esas fuerzas externas que actúan para probarnos y forjar nuestro desarrollo.

En la medida que confiemos y sepamos conducirnos adecuadamente, en esa medida estaremos protegidos. El camino este implica, por un lado, auto contenernos para resistir nuestras inclinaciones a vicios: excesos en la comida, la bebida, el juego, el sexo inadecuado, los fármacos y las drogas y cualquier actividad que implique desperdicio de nuestra energía vital. Y, por otro lado, vencer nuestros temores frente a otros más poderosos. Es decir, resistirnos a la búsqueda de poder y dependencia de otros, a recibir y repartir migajas.

Para poder cultivar y honrar nuestra esencia, entonces, tenemos que contrarrestar estas fuerzas con dos fuerzas contrarias. De no hacerlo, caeremos presa de adicciones a sustancias o actividades o, al sometimiento a otros. En ambos casos, esto conllevaría a una renuncia a si mismo, al exilio de la chispa esencial, a renegar del origen transmaterial de la vida y a la dependencia de lo material. Esto conduce a la esclavitud, pues la persona termina honrando a agentes materiales como si fueran ellos los que la animan y sostienen. En ambos casos conlleva a realizar una dedicación y un Servicio a un agente material distinto del agente primordial de donde procedemos. Y eso constituye una traición que eventualmente conduciría a la destrucción.

Entonces tiene que haber dos fuerzas que contrarresten las anteriores. Una la de saber acceder al placer de manera alineada con normas de contenido, extensión, forma y propósito. Y la otra, que nos permita poner límites adecuados en las relaciones de manera de saber lidiar efectivamente con los ataques de otros que buscan doblegarnos. El ejercicio continuado de estas dos fuerzas internas, crea el terreno propicio en el que la semilla primordial nuestra, en la forma de Self, crezca y se fortalezca, indicándonos de manera más clara que acciones seguir, a que dedicar nuestros esfuerzos, como orientar nuestro Servicio de manera de honrar el Principio vivo primordial de donde procede todo.

Entonces, hay un espacio para amar y desear, y hay un espacio para limitar y separar. Las dos son acciones legítimas y necesarias. No tiene sentido una práctica basada en el amar exclusivo. Ni tiene sentido una práctica basada en el limitar exclusivo. Ambas son prácticas torcidas que conducen a la esclavitud y la desaparición.

En próximas entregas desarrollaré ambos campos de acción. Pero voy a comenzar por el segundo: cuando y por qué hay que esforzarnos en el ejercicio del Limitar hasta el punto de hacer la Guerra! Cómo es que si estamos hablando de honrar la vida quepa justificar una Guerra? Bueno, escribiré sobre eso próximamente: sobre la base psicológica de la Guerra!

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prometeoEste mes de marzo escribo muy corto para aclarar una idea clave que permite comprender mejor cómo identificar áreas de trabajo personal a las que dedicar esfuerzo para mejorar la inteligencia emocional, como extensión del artículo anterior, en el que puse en claro algunos signos que nos indican áreas de oportunidad para mejorar la gerencia afectiva.

La expresión Gerencia Afectiva no es común en la psicología, donde se suele hablar de este tema como Autoregulación Emocional o Afectiva. Pero creo que el termino auto regulación puede transmitir la idea equivocada de algo que ocurre de forma espontánea y automática. Sin embargo, una de las ideas centrales en el artículo anterior, así como en muchos de mis artículos sobre esta misma temática en este Blog, es acerca de la posibilidad de que no seamos prisioneros de nuestras emociones y de los cursos de acción iniciados al experimentarlas intensamente. Por esto me sentí identificado con una técnica desarrollada por el Dr. John Omaha, la cual he estudiado, he practicado y uso con mis clientes que lo requieran, y que él denomina Affect Management Skill Training.

Hay una diferencia muy importante entre un comportamiento reactivo o uno expresivo, y un comportamiento deliberado que es realizado conscientemente una vez evaluado diferentes cursos de acción. El término gerencia es el que más se asemeja a este segundo tipo de comportamiento que implica el uso activo de nuestra capacidad inteligente. Esta es la que nos permite aceptar lo que no podemos cambiar e identificar lo que sí. Y en nuestro ámbito de influencia, fijarnos objetivos y metas, motivarnos, ampliar nuestros recursos, buscar alianzas, integrarnos con otros y modificar la realidad. Para ello es necesario saber ver las opciones, de manera de escoger el mejor curso de acción.

Un comportamiento inteligente requiere una integración adecuada de las emociones. Si no lo hacemos, esta dimensión puede sabotear nuestros mejores intentos. Una vez bajo los efectos de las emociones nuestros procesos superiores se ven moldeados; y con ellos la percepción de las opciones, las relaciones y la ejecución.

Como decía Aristóteles, el problema no es tener emociones, sino tener la emoción adecuada a la situación, en la intensidad adecuada y expresada en la forma adecuada.

Pero cada uno de nosotros tiene una historia de aprendizaje personal que nos ha moldeado. Hay huellas en nuestra memoria emocional implícita producidas por heridas, déficits y episodios vividos, que se activan en forma espontánea, autónoma, fuera de nuestra voluntad cuando se encuentran ante ciertas condiciones ambientales específicas que las recrean. Y puede ser perturbador experimentarlas. Bajo su efecto podemos actuar de determinadas maneras dejando de lado otras opciones posibles. Y cuando sucede esto, no estamos gerenciando nuestros afectos. Lo peor de todo, es que quizás ni nos damos cuenta que haya algo que mejorar en nosotros. Para determinar si estamos en ese caso, es que idee esa lista del artículo anterior sobre signos que deben llamarnos la atención. Hay un dicho local de la sabiduría popular que recoge esta idea bajo la expresión “no aguanta dos pedidos”, queriendo decir que la persona ya tenía una predisposición a actuar que es previa a que determinada situación se presentara. Otra expresión similar que recoge también esta idea dice: “el niño que es llorón y la mamá que lo pellizca!”

Es decir que, si bien hay una situación externa disparadora que lógicamente puede activar ciertas emociones en una persona, hay que estar atentos a la frecuencia con que esto ocurre, la intensidad y los resultados, de manera de poder determinar si hay algo en la “estructura” de la persona que está empeorando la situación y que la hace repetitiva. La idea es poder “decodificar” nuestros condicionamientos de manera de poder ser menos reactivos y poder trascender las circunstancias. De lo contrario, estaríamos atrapados por el destino.

Quiero hacer notar que hay una idea muy sutil e importante aquí. Y es la idea de que el comportamiento de una persona se debe más a factores internos que a factores externos. Esta idea de trascender las circunstancias y elegir como responder fue señalada por Víctor Frankl. Pero mucho antes la planteó Spinoza quien era muy preciso al decir que el ambiente externo lo que hace es “agitar” el mundo interior de la persona, pero que su comportamiento proviene de su propia esencia. Más recientemente, esta idea la desarrolló el Biólogo Humberto Maturana. En su libro el Arbol del Conocimiento explica que los seres auto mantienen su estructura interna y encuentran además un medio ambiente acorde para lograr un acoplamiento. Este puede producir la percepción de que son los eventos externos los que explican el comportamiento. Pero enfatiza de una forma dramática que “es propiedad de la carne ser penetrada por la bala, y no propiedad de la bala penetrar la carne”.

Estas ideas llevadas a su máxima expresión nos conducen al determinismo absoluto. Sin embargo, todos estos autores, desde Spinoza en 1600, hasta Maturana en 1970, concuerdan en que hay un pequeño espacio para la libertad humana. Las sinapsis pueden cambiarse. El cambio existe. Y todo gracias al aprendizaje y el cambio (basados en el principio de la retroalimentación). Es la posibilidad de trascender la reactividad

Pero si el individuo es moldeado en sus primeras experiencias y es susceptible de heridas, déficits y episodios que cablean de una forma determinada su comportamiento, como puede ser libre? Sabemos que muchos de estos aprendizajes son resistentes a nuestros intentos de cambio. Por ello, es importante identificar donde radica nuestro auto saboteo.

Las áreas nuestras que nos bloquean nos llevan a descarrilarnos de nuestra ruta óptima de desarrollo. Todos tenemos un estado potencial que es nuestra mejor versión. Prosperar y florecer es posible a pesar de las dificultades y problemas. Hay muchos testimonios de personas que han encontrado su ruta, aun habiéndose descarrilado. Pero sabemos que la gran mayoría de las personas viven vidas alejadas de su potencial.

Para asegurarnos de estar en el camino adecuado de desarrollo y expresión es clave revisar nuestra “estructura” interna, lo cual es llamado Autoconocimiento. Es decir, conocer los “triggers” que activan triadas de pensamiento-emoción-conducta y con ellas sentimientos, impulsos, actitudes, imágenes y recuerdos.

Es normal que frente a determinadas condiciones experimentemos un determinado estado mental (mindset). La característica de un determinado mindset es que es temporal y cambiante, dependiendo de las circunstancias. Recibimos algo y nos sentimos agradecidos. Tenemos un logro y nos sentimos orgullosos. Si alguien nos traiciona, nos sentimos resentidos. Si nos rechazan o tenemos una pérdida, sentimos tristeza y desconsuelo. Si nos amenazan, sentimos miedo. Si las cosas no son como queremos experimentamos disgusto. Si no damos la talla, sentimos vergüenza. Si tenemos mucho por hacer sentimos estrés. Si no sabemos dónde vamos experimentamos ansiedad. Si anticipamos una catástrofe entramos en pánico.

Pero un mindset repetido o muy intenso en un niño ocasiona que este sea engranado en su estructura interna, como lo explica el Dr. Daniel Siegel. Y este engranaje es el punto de partida para que se forme un estado del yo (ego state), el cual tiene mayor permanencia y pasa a formar parte de la estructura de la persona (Watkins y Watkins). Así que, cada uno de nosotros, al vivir ciertas experiencias repetidas o muy intensas, ha engranado dentro de sí, ciertos patrones o facetas, que al formar parte de sí, ya dejan de ser meras respuestas a una situación externa. Cuando una persona está en un particular estado del yo, revive todas las emociones, creencias y sensaciones propias del estado mental que se engrano en él.

Puede haber estados del yo sanos, basados en la confianza, en la disciplina, en la fe, en los logros. Pero también podemos tener estados del yo heridos, debido a episodios traumáticos, déficits en el desarrollo o heridas producidas por nuestros cuidadores. Estas facetas permanecen dentro de nosotros y no quedan atrás por la mera voluntad, sino que se convierten en obstáculos, en bloqueos, en síntomas, en estancamientos y obstrucciones a nuestro desarrollo, reproduciendo y recreando un destino que puede llegar a aprisionarnos y convertirnos en víctimas. Sanar estas áreas e integrarlas al resto de la personalidad es la única manera de alcanzar nuestro potencial.

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corona-300x225He dictado varios cursos de Inteligencia Emocional este año en los que explico cómo funcionan las emociones, cómo se interconectan con nuestro procesamiento de información y nuestro comportamiento, y qué estrategias de auto regulación emocional podemos usar. Me parece que tener esta información es muy importante y útil, pero a la vez reconozco que si alguien no está preparado, esto le entrará por un oído y saldrá por el otro. Para lograr resultados más duraderos y efectivos en el manejo de emociones es útil estar convencidos de que lo que nos sucede en nuestra realidad exterior es consecuencia de nuestra realidad interior (pensamientos y actitudes) y que si cambiamos “por dentro”, vamos a lograr un cambio en nuestra realidad externa, ya que el Ser precede al Hacer.

A veces no vemos una clara conexión entre nuestra estructura interna (creencias, intensiones, pensamientos, sentimientos, emociones y actitudes) con lo que decimos y hacemos, así como entre estos comportamientos y las situaciones con las que nos toca lidiar en nuestra vida, es decir, los resultados. Vivir sin estas conexiones es lo que llamo vivir bajo el paradigma del Efecto, en lugar de ubicarnos como Agente de ese efecto.  En este modo de vida identificado con el Efecto, no comprendemos por qué nos ocurre lo que estamos viviendo, experimentamos lo que nos sucede con una cierta alienación o desconocimiento, y nos cuesta asumir nuestra cuota de responsabilidad. Puede ser que incluso desviemos nuestra atención hacia la critica o personalización en terceras personas.

Pongamos por caso que alguien se porta muy mal con nosotros. Tal vez hemos actuado de la mejor manera y esperamos un comportamiento similar a cambio. Pero entonces, para nuestro asombro, la otra persona se comporta de una manera inesperada, descabellada ante nuestra óptica, incluso por debajo de nuestros estándares de dignidad y respeto. Esta es una situación provocadora que muy probablemente nos devíe de nuestra posición como Agentes. Es decir, es muy fácil perder la compostura y enojarnos, tener una discusión, caer en un impasse, quejarnos o por lo menos tener un disgusto, ante una situación como esta, pasando de hecho a actuar como Resultado.

Lo mismo puede suceder en el matrimonio, en la familia o en un país. Hay muchas razones que justifican el no sentirnos la causa de lo que sucede, que hacen muy fácil perder nuestra sensacion de responsabilidad, magnificando por el contrario el poder de factores fuera de nuestro control. Pero al actuar bajo este paradigma perdemos nuestra fuerza interior, disminuye nuestro sentido de elección personal, somos parte del problema y no de la solución, nos sentimos impotentes, con poco impacto en el acontecer, perdiendo sentido la situación para nosotros.

Imagino que trae beneficios secundarios el vivir como Efecto y no como Agente; tal vez haya quien disfrute quejarse, podrá tomarlo como tema de conversación para socializar, permite evadir la responsabilidad, reproducir patrones conocidos, sentirnos confortables en un mundo predecible en nuestros propios términos, llamar la atención, martirizar a otros u obtener su “solidaridad”. Pero me parece muy triste vivir tan empobrecidos, sin hacer pleno uso de nuestro potencial, viviendo nuestra versión de vida más mediocre.

Este año en Venezuela, donde vivo, hemos experimentado una gran inflación y devaluación. Y razones hay más que suficientes para echar la culpa a otros por lo que sucede. Cualquiera que conviva bajo estas condiciones aceptaría de buen gusto que nos quejemos por andar “apretados” por la circunstancia debido a la notoriedad de los efectos del llamado “factor país”. Yo mismo me he quejado estos meses. De tener que hacer más que antes para conseguir lo mismo o menos! De tener que rondar varios supermercados para conseguir productos. De tener que pedir tiempo para pagar ciertas cuentas. De tener que esperar me paguen facturas pendientes por cobrar. De no poder adquirir ciertos bienes y servicios que pasaron a ser un lujo para mí.

No es raro que una situación como esta active en nosotros la mentalidad de Efecto y nos situemos como víctima de las circunstancias. Sin darnos cuenta entre tantas quejas uno podría terminar enajenándose de lo circundante, al punto de parecernos “extraño”, perdiendo así nuestro engagement con la vida, nuestro accountability, nuestro locus de control interno, nuestro sentido de responsabilidad, cayendo en la angustia, el desconsuelo o en una alegría negadora.

En las últimas semanas tuve mucha actividad, estuve muy apurado, metido en la rutina, bajo muchas presiones, sintiéndome en ocasiones inconforme. De pronto esta semana el ritmo de las actividades cambió. Entonces pude observar con claridad y objetividad el rio mental que traía de las semanas anteriores. Ideas y sentimientos relacionados con las dificultades que se enfrentan en el país. En el trasfondo de ese rio estaban este paradigma de efecto y no de agente, virus que se me había inoculado inadvertidamente con las contrariedades del día a día por contagio a través de esas breves conversaciones donde todo el mundo se queja. Pero con este cambio en la rutina tomé conciencia del “cauce” de este rio, de estos puntos de partida que como un fango se habían acumulado en mi estado de ánimo.

Entonces procedí a “observar” este rio Mental y a decodificar su cauce y los puntos de partida que lo conformaban (esto es, mirar mi mirada, mi Metacognicion).

Seguí la estrategia del Mindful Awarness; es decir, no tomarme “a pecho” los pensamientos, emociones y sentimientos que experimento, sino observarlos, sin juzgarlos, dejándolos pasar, sólo mirándolos con curiosidad y apertura, como un Padre paciente que mira a su hijo pequeño tener ciertas reacciones propias de su edad.

Y entonces, un cambio psicológico operó en mi, de manera inesperada y espontánea: un renovado compromiso, no con exagerado entusiasmo, pero si una Conciencia diferente, otra perspectiva, más responsable, con un sentimiento diferente, como dueño de lo que sucede. Pasé al paradigma del Agente. La consecuencia de esta toma de conciencia y de responsabilidad fue llegar a la convicción de que las cosas que nos pasan si son una consecuencia de lo que hacemos o dejamos de hacer.

Bajo el paradigma del Efecto uno se siente incómodo con su realidad, insatisfecho con lo que le sucede, uno piensa que lo que obtiene como Resultado no es lo que merece. Pensar de ese modo da un mal sabor, se experimenta una cierta amrgura, una cierta frustración, una cierta impotencia. En cambo, bajo el paradigma del Agente ahora me sentía dueño de mi mismo y de mi circunstancia, creyente del Principio: “no puedo controlar el 100% de lo que me sucede pero si soy dueño de mi forma de responder a los eventos”.

Realmente no hay manera de comprobar si esta idea es cierta o no, pero me resulta útil y me hace bien pensar así. Me sienta mucho mejor que cuando no estoy de acuerdo con lo que me pasa y pienso que lo que obtengo no es lo que merezco. Pensar de ese otro me hace sufrir. De manera que evalúo estas creencias por su utilidad más que por su veracidad.

El paradigma del Efecto puede llevar a la persona a pensar de modo revanchista (buscar culpables) o a mirar las cosas desde la impotencia y la frustración (rendirse).

Si he vivido ciertos resultados este año que no son de mi agrado, prefiero pensar que son consecuencia de mí mismo, aunque no vea claro todavía qué exactamente hice o no hice. No es que me auto-torture o culpabilice de más. Es que me hace sentir mejor considerar que hay algo en mi manera de pensar, sentir y actuar que está ocasionando este resultado que obtuve y que tengo que cambiar algo dentro de mi para lograr un cambio fuera!

Creo que no se trata de un cambio a nivel conductual o externo, sino de un cambio interno, psicológico. Un cambio en la relación con el mundo. Un cambio en como uno se percibe a si mismo, un cambio de actitud. Implica salir de esa óptica en la que me desconozco como co-autor de lo que me sucede y caigo presa de la renuncia o del revanchismo, y paso en cambio a mirar las cosas desde la paz y desde la aceptación, reconociéndome como Creador de mi circunstancia. Como el antecedente de la circunstancia que vivo. Como el causante de mi realidad. Implica pensar que lo que experimento es producto de mí, al menos del alguna parte de mí, y tiene un propósito constructivo, para mi aprendizaje y mi desarrollo. Por ello, reafirmo la importancia de tomar las riendas del liderazgo de mi vida asumiendo lo que vivo en estos momentos. Y si algo no me gusta, no tiene caso que me queje ni que me lamente, sino que produzca el cambio interno necesario.

En el vacío, en la ausencia de la rutina, sin las excusas externas, frente a frente conmigo mismo, sentí hoy varias veces el corazón dislocado, como una especie de arritmia existencial. Espectador en vivo de un caleidoscopio de imágenes y emociones, me pasee por múltiples recuerdos de diferentes momentos de mi vida. Contacté con variadas sensaciones de diversas etapas. Sentí deseos de hablar o de hacer algo que “ahogara” y encubriera esta “nausea”. Esto lo he venido sintiendo a lo largo de esta semana. Pero como una buena “prensa” que saca el aceite a las olivas o el vino de las uvas, hice ayuno de palabras, hice una dieta de comportamientos de evasión. Me encontré en esta Mesa Redonda donde están todos esos Caballeros, con sus voces, haciendo diversos reclamos y amenazando con tomar el protagonismo de mi voluntad. Los escuché y presté atención con interés a sus “planteamientos”, pero siempre haciéndoles saber que ante nada soy el Rey, de todos “ellos”, es decir, el Líder de mí mismo.

Contacté con la humildad y el sobrecogimiento frente a lo Inmenso e Incognoscible de la Vida, el agradecimiento de que todo a la final ha servido para bien, que las experiencias han tenido un sentido, que ha habido una lógica que puedo descubrir en parte, aunque en buena medida se escapa todo a mi comprensión, pero que soy capaz de respetar y admirar. Y esto me permitió transitar a través de ese mareo nauseabundo y encontrar el sosiego. Y desde la aceptación y la paz alcancé una convicción de que lo importante no es lo que nos “pasa” si no como lo vivimos y lo que hacemos con ello. Esto nos permite dejar de vivir como  “residentes” de nuestra vida y súbditos de los acontecimientos, para vivir con la majestad de un Rey en su propio reino.

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Uno se va encontrando con todo tipo de gente en la vida. Personas que son amables y humanas, que son agradecidas y desinteresadas, personas que siempre están dispuestas a dar una mano o a compartir sus experiencias y aprendizajes. Pero también uno se encuentra con personas centradas en si mismas, que no pierden oportunidad para sacar ventaja, que actúan con resentimiento y hasta crueldad, que experimentan placer actuando de verdugos.

Me causó mucha impresión el desconsuelo que sintió el protagonista de la primera versión de un film llamado El Planeta de los Simios, un astronauta de una nave espacial que confrontó problemas en su viaje estelar y cayó en un planeta gobernado por simios. Estos actuaban de una forma grotesca y cruel, sin ningún amor o respeto por otras especies. Eran unos villanos que reinaban sobre una especie inferior: la humana, a la que trataban sin ninguna consideración. El astronauta se sentía indignado por semejante mundo al revés. Por ello, se esforzo para conseguir  su nave y reparala,con la ilusión de volver a su planeta de origen. Pero lloró amargamente cuando se dio cuenta que no había ningún lugar donde volver, que estaba en el mismo planeta Tierra, pero en un momento futuro respecto al que conoció.

No hay que llegar al extremo de los simios para pensar en algo similar: dentro de la misma raza humana podemos encontrar personas radicalmente diferentes. A los que preferimos un modo de vida fundamentado en el respeto, la consideración y la unión no nos gustaría que el mundo entero terminara siendo dominado por el modelo contrario. Consideramos que moralmente el paradigma altruista es superior al paradigma egoísta. Sin embargo, la vida presenta de continuo pruebas para determinar la fortaleza de nuestras convicciones, para dejar en claro si son solo de la “boca para afuera” o sin son premisas auténticas de un modo de ser con las que somos coherentes en nuestro modo de vida.

A veces lo que vemos a nuestro alrededor es que el arribista, el que toma ventaja, el que divide, el que predica el odio, el que margina, es el que parece surgir, el que parece tener éxito, el que parece contar con el favor de los tiempos. Y si pese a los esfuerzos esto no logra cambiarse, es altamente probable que se opte por “tirar la toalla”, por “cerrar la santamaria”. Incluso, muchos que no compartan en principio ese modo de ser, pueden concluir que es ingenuo pensar en lo contrario y que “el mundo” es de los más “vivos” y que van a tener que “montarse en ese barco” si quiere sobrevivir.   O que se “lo llevó quien lo trajo” y entonces hundirse en la depresión y el aislamiento.

Pero dejarse llevar por esta ideas sería el verdadero éxito de ese paradigma. La única garantía que tiene la civilización entera de perdurar es que no nos dejemos contaminar por este virus, que como explicaré es la fuente de la indolencia.

En Teoría de Juegos ya se ha demostrado que cuando en un sistema de varias partes, cada parte se ve amenazada por la otra, entonces apuestan a que el otro dará lo peor de si y por tanto, dan también lo peor de si, es decir, que adoptan medidas extremas para salir airosos del “juego” sin importar el otro, lo que se conoce como paradigma “ganar-perder”, que consiste en que escojo soluciones para mi parte gane y la otra pierda. Entonces al jugar así, ha quedado demostrado que cómo la otra parte también lo hace, el valor total del sistema se reduce y tiende al exterminio, es decir, termina en un juego “perder-perder”, es decir, en el que ambos pierden. Este modelo es conocido como Dilema del Prisionero.

La única forma de salir de ese juego, o mejor dicho, de esa trampa, es que cada uno de nosotros, en forma individual, pueda actuar con una Supra Racionalidad que nos permita actuar no en función del otro, sino basados en unos Principios. Pero, ¿cómo mantener la confianza en el Universo, en la Vida y en la Humanidad, en un medio donde impera el “sálvese quien pueda”?

A inicios de año conocí a una hermosa persona, sobreviviente del Holocausto. Me obsequió muy amablemente su Biografía llamada “Luz y Sombra de mi Vida”, que leí con mucho interés. La verdad este tema siempre me ha causado mucha curiosidad, pero preferí dejarlo donde pertenece, en el pasado. No sabía mucho más allá de lo que vi en diversos Films como El Escape de Sorbibor, Portero de Noche, La Lista de Schindler, La Vida es Bella, El Pianista, Campos de Esperanza o La Lista Negra. Pero leer este testimonio de esta sobreviviente ejerció sobre mi una profunda influencia sobre este tema que ya me parecía haber dejado atrás.

Meses después, en un intercambio de libros usados “rescaté” una novela llamada Holocausto, escrita en los años setenta. La leí con mucho interés. Es fascinante porque presenta una visión panorámica de todo ese proceso y de los diferentes hechos, en las diferentes localidades y su evolución. Supe que llevaron esta historia a la Televisión a principio de los ochenta y la pude ubicar en  YouTube y, trabaja allí por cierto Meryl Strip muy joven. A raíz de su lectura, me hice un mapa de Europa y comencé a ubicar con mayor conciencia los diferentes lugares donde se desarrollaron estos hechos. Un incidente que me llamó poderosamente la atención fue una atrocidad entre muchas, cometida en Kiev, Ukrania, en un barranco llamado Babi Yar.

Se me ocurrió teclear en YouTube, en mi “tercer turno de trabajo” esas palabras fatídicas. No quiero contar la trasnochada que me eché viendo videos en alemán y hasta en ruso, no sólo sobre esa situación sino sobre otros videos documentales que se han hecho para denunciar y registrar este crimen organizado que cometió la Humanidad en un momento dado.

Lo que mas llama la atención de estas escenas, algunos de ellos videos que intentan recrear la situación y otros más testimoniales, es la Indolencia de la que es capaz el ser humano, no hablemos de su crueldad. La indolencia está definida como la incapacidad de conexión con el mundo, con las cosas o con las personas. Comprende al menos dos elementos. Uno es la desidia, que implica dejar que todo se te venga encima, dejar que todo se desplome y se venga abajo. La persona que se encierra en “su concha” a esperar que todo a su alrededor se derrumbe. Es cuando se siente que ya no se tienen fuerzas para cambiar nada. El otro elemento es la incapacidad de sentir a los demás, de conmoverse por otros, de sentirse afectado por los otros, la incapacidad de sentir que somos parte de un grupo más amplio llamado Humanidad. Ambos elementos tienen que ver entre sí, porque la insensibilidad se puede ver como la pereza para “mover un dedo por otro”. Y la pereza a su vez, como la insensibilidad respecto a lo que te rodea y a hacer algo para cambiarlo.

La indolencia es un componente esencial de los cambios cognitivos y afectivos que caracterizan el Burnout, sindrome producido por el estrés continuado. Podemos ver lo contrario de la indolencia, en el mismo Holocausto, en el extraordinario civismo que imperó en el Ghetto de Varsovia: aun sometidos al estrés de saber que estaban en la antesala de la muerte antes de conducirlos a los campos de exterminio, se organizaron y hacían una vida lo más normal posible en esa circunstancia, con escuelas y coros. Otro ejemplo contrario a la indolencia en ese contexto de alto y continuado estrés, fue el Movimiento de La Resistencia en toda Europa y en particular en los últimos tiempos de este Ghetto; no dejaron que se le viniera todo encima, sino que actuaron en lo que estaba en sus manos.

Lo contrario de la indolencia es la pasión y el engagement, a los cuales me he dedicado extensamente en otros artículos. Estos estados psicoafectivos implican una especial sensibilidad por el mundo, por las cosas, por los demás, porque en ellos uno ama la Vida y es capaz de hacer lo necesario para salvaguardarla de ser necesario. En la indolencia, por el contrario, hay un desprecio por la Vida: conducir gente a un barranco y acribillarla a sangre fría o mandarla a cámaras de “desinfección” para someterlas a un gas mortal demuestra una significativa insensibilidad hacia el ser humano y al ser vivo en general.

Afortunadamente, el triunfalismo insensible de los Depredadores Sociales, como el Imperio Romano, el Imperio Griego o  los Babilonios y los Persas en el mundo antiguo, del Imperio Español en la Epoca Medieval o del Nacionalsocialismo en la Epoca Contemporanea, demuestra que este modelo no está llamado a prevalecer, pues son manifestaciones que han venido, han destruido y han desaparecido, dejando a su paso escombros. Muy a su pesar, y milagrosamente, la Civilización ha retoñado.

Pero hay que tener mucho cuidado con el Virus de la Indolencia. Su actuación no solo opera a través de la adhesión por simpatía o por interés instrumental. Sino que muchas veces opera de una forma muy sutil. Por ejemplo, cuando una persona recibe un Daño, tiene una alta probabilidad de deformarse ante ese Daño. Esta idea la he desarrollado previamente cuando he hablado de la Resiliencia, que es la capacidad de no deformarse. Pero no todo el mundo tiene la misma capacidad de recuperarse. Sabemos de sobrevivientes de abusos que ya no pueden recuperar su condición inicial, se contaminan del Virus y quedan afectados.

El Virus de la Indolencia va ganando más adeptos a través del dolor y el sufrimiento. Cuando enfrentamos el Lado Flaco de la vida, cuando recibimos una aparente  “injusticia”, cuando no surten efecto nuestras buenas intenciones y buen comportamiento, cuando somos objeto de frialdad, de crueldad, de discriminación, de marginación. En esos momentos de vulnerabilidad, es cuando el Virus de la Indolencia aprovecha para inyectar su veneno en nuestro Corazón, sino estamos alerta.

Es mucho mejor encarar el Dolor y la Perdida como un Entrenamiento. Prefiero pensar que todo lo que he perdido o lo que he dejado de ganar, es de “utilería”, esas cosas que usan en los Films para ambientar la trama. Que la verdadera esencia de la vida no son las cosas que gano o pierdo externamente, sino lo que gano o pierdo por dentro. Es decir, continuando con la metáfora, que el Guión de la película es lo importante, más que su producción.

Siguiendo el legado de Spinoza, a quien admiro y le dediqué un artículo llamado las Coordenadas del Bienestar, y en palabras del Neurobiólogo Antonio Damasio que lo trae a colación en su excelente libro En Busca de Spinoza, cito: “La solución de Spinoza pasa porque el individuo intente una ruptura entre los estímulos desencadenantes de emociones negativas y los mecanismos que desencadenan la emoción”. Esto es a mi modo de ver, exactamente lo mismo que dice Victor Fankl en Man In Search for Meaning: “la única libertad que no nos puedan arrebatar, es la capacidad de Elegir la forma de responder ante una situación”. Stephen Covey, quien fue discípulo de Frankl, intentó transmitir la misma idea con su popular Principio 90/10 y su concepto de Ámbito de Influencia.

Esto suena bien al hablarlo, lo difícil es convertirlo en un verdadero principio de conducta, sobre todo cuando se recibe el Daño o cuando las cosas no salen como queremos. Porque el problema es que el dolor o la simple frustración, pueden producir una deformación, decíamos antes, de la forma de Ser previa. Esta deformación consiste en anularse en la tristeza o enrojecerse en la revancha. Pero ambas manifestaciones conducen a la indolencia. La tristeza y la desesperanza llevan a la indolencia en el sentido de insensibilidad hacia el mundo que te rodea. Y la revancha triunfalista conduce a la indolencia en el sentido de insensibilidad humana.

El comportamiento de Alemania ilustra esta idea. Alemania se sentía triste después de la Primera Guerra Mundial y corría el riesgo de pasar a la indolencia en el sentido de desidia. Pero vino Hitler a proponer una suerte de Reactancia a ese estado proponiendo la Revancha del Resentido que terminó expresándose fundamentalmente como insensibilidad hacia un grupo social de la raza humana. Pero ambas tendencias son una forma Pasiva o una forma Activa del mismo Virus.

Es una vieja fórmula de éxito de líderes oportunistas que sacan ventaja del sentimiento de impotencia de un grupo social y lo capitalizan encendiendo una revancha que los revitalice, sacando fuerzas a punta de culpar a otros y avivando el odio y el triunfalismo.  Inevitablemente esos procesos, tarde o temprano, crean tempestades que aniquilan a su creadores y todos los que tomaron parte. Sencillamente porque eso va contra La Vida, va contra La Humanidad.

El riesgo entonces, al recibir Daño o Frustración, es a contaminarse y deformarse. Ya sea por mutismo, catatonia y repliegue, o por el contrario, a actuar guiados por el resentimiento y la ira.

Cuando el niño siente estas emociones intensas en su época neonatal, siente miedo por el hambre, el frío y la soledad, pero llora con mucha ira para ser atendido. En un artículo anterior llamado Siendo nuestros propios Padres, señalé la importancia de haber tenido unos padres que crearan unas condiciones estables, de amor y seguridad, porque eso favorece en el niño el desarrollo de la resiliencia, o sea la capacidad de pasar las tormentas con seguridad, sin caer en los extremos del miedo y la ira intensos. La convicción de que después de la tormenta viene la calma, más que un dicho, se traduce en términos neurológicos, en densidad cerebral en el área prefrontal de la corteza cerebral.

El porcentaje de la población que recibió seguridad y desarrolló las capas prefrontales está haciendo filantropía y buscando soluciones en sus familias y comunidades. Pero más del 50% por ciento de la Sociedad no vivió unas condiciones de seguridad, estabilidad y amor en su primera infancia. Y este grupo tiene una inclinación muy grande al polo de la pasividad o al polo de la agresión. Pero dentro de este grupo, hay un subgrupo que intenta superarse, que quizás no es totalmente resiliente, pero que quiere desarrollarse y ser cada vez más inmune al dolor. Que está trabajando por ser una mejor persona, que está investigando y leyendo, instruyéndose para ver como superar los obstáculos, muchos de los cuales están leyendo un artículo como este.

Este subgrupo es el que más tiene que cuidarse del Virus de la Indolencia. Tiene que cuidarse de como reacciona al dolor, la frustración y la desesperanza. No puede perder de vista su entrenamiento personal. Para ello puede ayudarnos la técnica que propone Spinoza: crear una tolerancia hacia las situaciones negativas sin que despierten emociones negativas y adquirir gradualmente la habilidad para generar emociones positivas en su lugar. Eso si es “caminar sobre el agua”.

Es cuestión de ver la situación como un entrenamiento personal. No hay que olvidar que “Aguas tranquilas no producen buenos marineros”. Explica Damasio que “la solución de Spinoza se basa en el Poder de la Mente sobre el proceso emocional”. Esto es posible gracias a un descubrimiento de la mecánica de la emoción que permita lograr una autonomía respecto de la circunstancia. Para ver como funciona esto en la vida cotidiana, comparto una experiencia personal.

Hace algunos años me descuidé con el pago de un determinado servicio por un motivo de viaje y acumulé un par de meses. Otro mes me devolvieron un cheque y no me di cuenta. Confiado en que solo tenía dos meses de retraso, fui sorprendido cuando pasaron mi caso a un escritorio legal. Siempre estuve al día año tras año, excepto en esa oportunidad. Me sentí avergonzado, abochornado. Injustamente tratado. Intenté hablar con ellos, pero no tuvieron ninguna consideración. Todos los “empleados” hacían su trabajo en forma mecánica sin ninguna consideración. Así como Eichmann, quien dijo en el juicio que le hicieron en Jerusalen, que su trabajo era simplemente manejar eficientemente un problema logístico de transporte, y así como otros funcionarios de la SS en el Juicio de Nuremberg. La gente necesita sus trabajos y tienen lo que en Venezuela llaman un “bozal de arepa”. Entonces se va dando un proceso de banalización de lo humano, en el que la indolencia se hace costumbre solo para ganarse la vida y salir adelante. Y si le dice que va a pagar, que todo fue un error, que por favor no es necesario que pasen el caso al “departamento de extralegal”, que eso va a ser peor porque ahora va a tener que pagar unos honorarios legales que empeoran el asunto, el funcionario le mira como un sinvergüenza y con una ceja más alta dice que se enviaron notificaciones y no les hizo caso, y cuidado si no llama a seguridad, porque está alterando el orden.

En aquella época me enteré que el escritorio de abogados, estaba conformado por unos familiares del dueño de la empresa. De manera que todo quedaba en familia. Eso alimentó mi resentimiento y mi frustración. No tuvieron que llamar a seguridad. Pero ni les cuento todos los pensamientos que tuve y las frases que se me escapaban espontáneamente. A nivel interno, la fisiología de la destrucción, que tanto he explicado en otros artículos previos, entre ellos, en El Antídoto de la Muerte. Tal segregación de emociones tóxicas, aumentadas por afirmaciones y expresiones de molestia y frustración, alimentan toda una ideología, una forma de vida, una visión.

En mi caso, esa ideología del mal no he permitido que prospere, porque ha entrado en profundo conflicto con mis otras convicciones, lo que me ha llevado a profundizar en mi entrenamiento, en el desarrollo de mi Músculo Emocional, para no dejarme llevar por las circunstancias, por más frustrantes que pudieran ser, y así aumentar mi Coherencia.

Bueno, esa vez fue hace unos años. Yo no tenía el “entrenamiento” espiritual Spinoziano que he tenido la oportunidad de “recibir”  junto con un significativo subgrupo de la Sociedad Venezolana en los últimos diez años.

Esta mañana me volvió a suceder un incidente similar. No pensé que tuviera que pasar otra vez por estas cosas. Asumo mi responsabilidad por supuesto, me descuidé, pasó el mes de octubre como un relámpago. Una serie de cuentas por cobrar demoradas por diversas razones. Además, me devolvieron una factura por error. Luego no había quien me hiciera el favor de depositarme el pago en cuenta porque era en otra ciudad. Eso que llaman cariñosamente “el infierno venezolano” en referencia a un famoso chiste sobre ausencia de baldes y personas que viertan su contenido. Por fin me depositaron, tuve que esperar a que se hiciera efectivo, tiempo que me pareció eterno. Se hizo efectivo hoy 1ero de Noviembre. Fui de inmediato a pagar la cuenta pendiente. –“Eso se pasó a extrajudicial” me dice el empleado fríamente. –“Que? Pero si hoy apenas es primero!”, le digo sorprendido. –”El primer día de cada mes se factura, Ud. debe saber que se factura por mes adelantado”, me dice como a sus anchas. –”Dime con quien puedo hablar, eso debe estar todavía aquí, aquí traigo el pago”.  Pero era mediodía y no había quien me atendiera. Me dieron una tarjetita de un abogado para que me entendiera directamente con el.

Comencé a conectarme con la experiencia pasada. Vi como a fantasmas, los pensamientos y emociones que me tentaban con diversas reacciones. Desfilaron por mi mente las reacciones que tuve hace algunos años. Me devolví a casa un poco mareado por toda esta sintomatología. Ya no me provocaba salir a hacer las otras actividades que tenía pensado hacer. Me quedaría “enconchado” en casa, pensé.

Pero busqué la tranquilidad y la paz interna. No me identifiqué con los pensamientos y emociones que aparecieron. Así como menciono en los artículos previos que he dedicado al tema de la Conciencia, del Mindful Awareness, me convertí en un observador de mi mismo, desdoblándome del efecto que pretendía producir la circunstancia sobre mi. Y en esta mirada de Testigo Observador, sentí aceptación por mi, una compasión sana, un entendimiento de cómo me sentía en ese momento. Y brotó dentro de mi una paz interior. Y vi en mi mente al joven que me atendió con otros ojos diferentes a los que estuve tentado de tener cuando estaba frente a el. Y pensé diferente de esa organización y de sus dirigentes. Pensé diferente del Abogado. Pensé que tenía todo su derecho de ganar sus honorarios. Pensé que tal vez había en esa situación una justicia que yo no lograba entender del todo, pero justicia al fin. Sentí con convicción que Si hay un orden en el mundo. No tuve que esforzarme por aceptar esta situación. Y en darle legitimidad, que era lo que mas me costaba al principio, cuando apareció tentadoramente en mi mente la idea: “y por un día, esta gente está esperando que uno se resbale para darle la zancadilla”, pero la deje ir y no me hice su cómplice.

La opción de “no hacer nada” y dejar que todo se me viniera encima, no me pareció la solución. Tampoco la de “actuar como un resentido” que va a hacer un reclamo. Así que fui de nuevo con un actitud honesta, de respeto, de defender mi posición humana con autenticidad. ¿Es mucho pedir que lo traten a uno con algo de sensibilidad humana de vez en cuando? No debo renunciar a esa expectativa, me dije. Porque eso también es perder la esperanza en el mundo, en los demás.

Así que me dirigí nuevamente a la oficina. Hablé con algunos empleados y les expliqué la situación, pidiendo me indicaran con quien debía hablar. En esos casos, parece que estas personas están entrenadas o ellas piensan que su trabajo consiste en defender la racionalidad de la institución mecánicamente sin consideración de casos particulares y ocultar a toda costa cualquier posibilidad de que haya alguien que pueda tomar una decisión diferente. O es que instintivamente procuran que no sea posible, para racionalizar y justificar el papel que les toca jugar. Relamente son personas que generalmente tienen un vocación para ser empleados y cumplir con su trabajo.

Entonces me dijeron que no había nadie con quien hablar. Pero yo mantuve mi calma y mi dignidad, y mientras planteaba respetuosamente el caso a un empleado, justo en ese momento entró una persona que si podía tomar una decisión al respecto. Y escuchó mi caso e hizo una excepción. No me conoce, ni lo hizo por ningún interés o compromiso. Solo por solidaridad humana. No fue indolente. Se sensibilizó con el caso. Así como el Nazi que se conectó con el Pianista en las ruinas de Varsovia. Llamaron al abogado y le explicaron. Eso implicaba que ahora el Abogado no se iba a ganar esos honorarios, que es su trabajo y su medio de vida, a lo mejor los esperaba legítimamente para pagar alguna deuda, como yo. Pero el abogado, en este caso una dama, renunció a su interés personal y  habló conmigo y me pidió un compromiso de ponerme al día.

No me hundí en el resentimiento y el aislamiento en mi casa, pero tampoco fui a esa oficina indignado a pelear. Fui sereno a enfrentar una batalla conmigo mismo, para exorcizar mis tendencias aprendidas y desensibilizarme de mis condicionamientos, dispuesto a Cambiar el juego.

El resultado, es que al cambiar el juego yo, también me pude encontrar con alguien que tuvo el valor de cambiarlo a su vez. Que se salió del marco pre-establecido y decidió atender Un caso. No digo acá en público su nombre para que no vaya todo el mundo a pedirle una consideración especial! Pero de verdad que su gesto no solo lo agradezco por lo que significó para mi en la práctica, sino por la enseñanza que me parece que encierra de fondo. A veces las personas nos pueden sorprender positivamente, pero primero que nada tenemos que quitar las condenas que les hacemos a priori.

Esta persona actuó de forma humilde y desinteresada, como un caballero. Un acto como ese es la esencia del verdadero liderazgo. Ese tipo de comportamiento, basado en la consideración y la escucha, es un ejemplo para sus empleados. Implica dejar la rutina, el poder y la arrogancia a un lado para actuar con humildad y escuchar el planteamiento del otro. Actos como esos, se denominan en Psicología actos de Desviación Positiva. Se trata de conductas pro-humanas, desviadas de la norma hacia el lado positivo. La norma consiste en actuar según lo esperado. La desviación negativa es actuar por debajo de lo esperado. La desviación positiva implica romper con la norma y demostrar un comportamiento virtuoso. Es la supra-racionalidad que nos va a permitir salir del Dilema del Prisionero*.

Insisto en la idea que desarrollé en mi artículo “Como enamorado sin novia”. Tenemos que actuar en función de un modelo de mundo ideal que esta en nuestras mentes, en lugar de hacerlo en función del mundo imperfecto que tenemos aparentemente delante; ver lo bello, lo verdadero, lo perdurable en el mundo. Ese “buen ojo” puede despertar “desviaciones positivas” en los demás. Mantener el buen ojo es la única indicación de que no hemos sido víctimas del Virus de la Indolencia y la banalización de lo humano. Es la única de manera de mantenernos en forma para Cambiar el juego.

 

P.D.: Llamé a la Sra. Klara Ostfeld, la sobreviviente del Holocausto que me obsequió su biografía, para agradecerle por este y comentarle de la profunda influencia que había ejercido sobre mi su lectura. Incluso le conté de la trasnochada que me di investigando sobre Babi Yar. Me dijo que había una “sincronicidad” porque estaba a punto en los próximos días de bautizar un nuevo libro “Bajo la Sombra”, en el que dedica un capítulo a este trágico episodio en Kiev. Mis respetos para ella, así como para el Director Corporativo de la empresa de la anécdota y la Abogado que me atendió por teléfono.

 

(*) El dilema del

Nota: se pueden encontrar recomendaciones prácticas para Combatir la Indolencia en mi artículo publicado en Inspirulina: http://www.inspirulina.com/combatiendo-la-indolencia.html

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Sería ideal tener un “emocionómetro” que nos permitiera monitorear momento a momento nuestro ratio emocional. Eso nos permitiría al menos poder hacer algo para incidir sobre este importante indicador. Así como para un vehículo es importante tener en buenas condiciones el indicador de gasolina para poder reponerla a tiempo, sería importante para nosotros poder aumentar este índice a tiempo. Tuve varias experiencias en mi juventud de “quedarme varado” a media noche por falta de gasolina o de un gato hidráulico y, créanlo, no fue nada agradable. Sin embargo, nos quedamos sin “gasolina” a nivel emocional más de lo que pueden creer, y muchas veces no nos damos cuenta ni de esta situación, ni de sus implicaciones.

El ratio emocional se calcula como el cociente entre las emociones positivas y negativas experimentadas en un día. Las emociones juegan un papel importante como modulador del procesamiento de información y de nuestra relación con el mundo. Si predominan las emociones positivas, somos receptivos, creativos, flexibles, dispuestos a buscar soluciones y con disposición a escuchar y tender una mano. Pero cuando predominan las emociones negativas, nos encerramos más en nosotros mismos, vemos más lo que nos falta, nos volvemos menos tolerantes con los demás y menos dispuestos a colaborar.

La psicóloga Barbara Fredrickson elaboró un sencillo cuestionario para medir este indicador donde se colocan 10 emociones positivas y 10 emociones negativas, para que la persona evalúe si experimentó algunas de estas y, en caso afirmativo, de cuenta de la intensidad en una escala del 1 al 4. Las emociones positivas sólo se toman en consideración si tuvieron una intensidad mayor igual a dos, mientras que las negativas, sólo basta con una intensidad mayor a uno para ser contadas. Luego se calcula el ratio emocional, llamado índice de positividad. La autora encontró que el número mágico para considerar bajo o alto a este indicador es 3. Es decir, un ratio inferior a 3 es considerado bajo y superior a 3 alto. Para la autora, cuando este indicador es superior a 6 está asociado a “florecimiento”, un concepto que en Psicología quiere decir que la persona saca a relucir sus facultades de una manera óptima y funciona en su máxima expresión. (Aqui tienen el enlace para tomar el inventario de emociones: http://www.positivityratio.com/single.php)

Hice una investigación con los trabajadores de una empresa cliente y poco más de la mitad de ellos obtuvo un índice inferior  3. Encontré que el índice de positividad es un importante mediador en la percepción de la empresa. Se midió un indicador de clima organizacional basado en percepción de apoyo y percepción de recompensas y se encontró que las personas con alto ratio emocional tenían mejor percepción de la empresa que aquellas que tenían un ratio bajo. Es la misma empresa, pero las personas con un ratio emocional superior a 3 ven a la empresa “mejor” que los que tienen un ratio inferior. Además. Hubo esta medida correlacionó con una medida del desempeño general de los trabajadores, es decir, las personas con índice de positividad alto, perciben mejor a la empresa y, además, exhiben un mejor desempeño en términos de cooperación con la empresa y los compañeros.

En otra empresa cliente (de unos setenta trabajadores) he hecho entrevistas con cada uno de ellos y esto me ha dado la oportunidad de conocer las “historias” y la “personalidad” detrás de este ratio. Me he llevado algunas sorpresas, pero en general es relativamente fácil de reconocer a la persona que tiene un ratio bajo al que tiene un ratio alto. Esta experiencia me permite sacar algunas conclusiones cualitativamente sobre los que tienen un ratio bajo.

Ante nada, hay dos razones por las cuales se tiene un ratio bajo: por tener pocas emociones positivas o por tener muchas emociones negativas. En mi experiencia, la razón más típica de tener un ratio bajo es por tener muchas emociones negativas. Una persona promedio puede tener fácilmente dos emociones negativas en un día. Para tener un índice mayor a 3 es necesario que experimente seis emociones positivas en ese día! No todo el mundo tiene esas seis emociones positivas. Además, si no se trata de un buen día, pueden sumarse una o dos emociones negativas adicionales. Esto exigiría tener un total de doce emociones positivas para poder compensar!

Vamos a ver de donde provienen las emociones negativas de un día cualquiera. Una razón para ello, es el temperamento. Definitivamente hay personas más emocionales que otras. Las personas más emocionales viven las emociones a flor de piel y lo que les suceda lo va a experimentar de una forma emocional. Hay otras personas que son más “flemáticas” y experimentan emociones con menos frecuencia o con menor intensidad. Si bien los factores constitucionales, genéticos y predisposicionales de este tipo no se modifican, la persona “emotiva” puede aprender técnicas para manejar su emocionalidad (y debe hacerlo más que la persona promedio).

Un segundo factor, es la personalidad, es decir, una pauta de pensamiento-sentimiento-acción que ha sido aprendido. Es decir, un hábito. Sobre esto escribí en un artículo el año pasado que llamé desarrollando-el-musculo-emocional/ e hice referencia al “tristezocólico” (con inclinación a la depresión) o al “rabiocólico” (con fuerte inclinación al enojo). Esto tiene que ver con el “carácter”, es decir, con la parte de nuestra forma de ser que ha sido aprendida por primeras experiencias, por observación de modelos y por repetición de conductas. Detrás de estas emociones hay creencias implícitas, de manera que una forma de intervenir sobre esto es decodificando estas creencias y demostrando su irracionalidad. En esto se basa la terapia racional emotiva de Albert Ellis, la versión posterior que desarrollo Beck para el caso específico de la depresión y la fórmula más general de la “restructuración cognitiva” que usan los psicólogos cognitivos y que ha demostrado una alta efectividad. El coaching bien llevado también puede ser muy útil para modificar estos patrones.

Un tercer factor es situacional. No podemos negar que hay situaciones de situaciones. Dificultades, retrocesos, problemas imprevistos, diferencias, reclamos recibidos, necesidad de tener que hace un reclamo, desaciertos, fallos, fracasos, pérdidas, son incidentes con diferentes grados de “adversidad” que no resultan cómodos. Por supuesto, la forma de vivirlos y experimentarlos depende de la madurez, de las herramientas y de la actitud de la persona en un momento dado. En el extremo del dominio personal hayamos la posibilidad que ni siquiera un evento de este tipo sea capaz de sacarnos de quicio, por aquello de que “no lo puedo controlar, pero si puedo controlar mi reacción” (como dijo Victor Frankl y luego su seguidor Covey). Pero la persona promedio no está en ese nivel de maestría. Ni yo que me la paso usando técnicas e investigando me pierdo de sentir malestar por ciertos incidentes desagradables.

Un cuarto factor, extensión del situacional, es el contextual, es decir, el entorno en el que uno se desenvuelve. Esto tiene varias capas. Por un lado está el “zeitgeist”, es decir, el “espíritu de los tiempos”. Esto es el momento histórico de la humanidad en general y del Continente y del país en particular en que uno vive. También está la “onda” de los eventos que están sucediendo en la localidad que uno vive. Todo esto incluye, las noticias, las esperanzas o desesperanzas, las opiniones, la prensa, las conversaciones de los amigos sobre cuan optimistas ser sobre el futuro, los comentarios en las redes sociales.

(En Venezuela acaba de haber una elección presidencial, por cierto, que no puedo dejar de comentar, sin vincular este artículo o el blog a la política. Sólo me limito a decir que si bien los resultados electorales pudieron haber sido del agrado de un XX% por ciento de la población, dejaron enmudecidos a una significativa proporción). [A este respecto me permito hacer referencia al análisissobre la importancia de la Paciencia que hice en un artículo llamado, las-dos-caras-de-la-victoria/]

Un quinto factor, es el “karma” de cada quien. En las entrevistas me di cuenta que esta variable es determinante, pues constituye una fuente continua de emociones negativas. Lo que llamo “karma” es la situación que vive la persona y como se siente con su vida. En general, las personas que entrevisté con un ratio bajo, sufren en su situación actual: se sienten solos, tal vez tuvieron una separación, la familia fragmentada, no están con sus hijos, la familia vive en otro lugar y no se ven con frecuencia, problemas de infidelidad, conflictos de pareja, mucha responsabilidad y mucho trabajo con poca posibilidad de disfrutar, único sostén económico, con un familiar enfermo que exige mucha atención o recursos. Estas situaciones incluso pueden haber ocurrido en el pasado, pero siguen muy “presentes” en la vida de la persona. Y déjenme decirles que en la gran mayoría de los casos no se trata de traumas muy serios, sino de las experiencias comunes de la vida.

Tal vez este factor es el más difícil de “tratar”, pero el que brinda mayor impacto en el caso que lo sea. Las personas que sufren no ven otra manera de vivir. El sufrimiento se hace parte de una forma de ser. A la final se trata de una percepción o interpretación unida a emociones intensas. Esto puede variar entre culparse a si mismo, o culpar a factores externos, situaciones o personas. Las emociones que se producen en este caso, forman parte de un “estado de ánimo” generalizado del que la persona no se da cuenta, pero que si es visible para los demás. Hay algunas personas que son capaces de disimular muy bien su estado de ánimo. Generalmente he visto que lo más frecuente es que algunos muestran un humor negro o un poco agresivo, una tendencia a hacer chistes y aparecer como de buen humor, atacando a los demás o incluso burlándose. Otros simplemente se muestran “antipáticos” o simplemente “ausentes”.

En estos casos son muy comunes los pensamientos automáticos. Es decir, la aparición de pensamientos “negativos” en la conciencia, sin que la persona desee realmente pensar en ellos. Se muestran con autonomía de la voluntad de la persona y, lo peor, la persona se los cree. Estos pensamientos disparan emociones negativas. Es una especie de tortura mental en la que vivimos unos más que otros. Cualquier que haya pasado por un problema o una dificultad lo ha vivido. El punto es que la vida va presentando oportunidades de errar y de experimentar las imperfecciones propias y de los demás. Y a partir de estas experiencias,  se activa esta auto tortura, que consiste en mirar estos pensamientos, darles crédito, permitir que echen raíces en la mente y que descarguen toda la serie de péptidos y hormonas que crean un caldo de cultivoa muy tóxico y toda una fisiología de la destrucción. Considero que en estos casos, más que en el resto, es importante buscar un especialista, que pueda ayudar a procesar la experiencia pasada o a afrontar la experiencia presente, que están alimentando este sufrimiento.

En la investigación que cité al inicio del artículo encontré que existe una fuerte relación negativa entre pensamientos automáticos y ratio emocional. Es decir, que las personas con alto índice de pensamientos automáticos, tiene un ratio emocional bajo. Y como ya comenté, en mi experiencia en las entrevistas individuales, la gran mayoría de los casos trata sobre asuntos normales de la vida que mantienen a la persona “anclado” en algún lugar de su vida, restándole vitalidad y entusiasmo. No se trata de una persona con traumas severos encerrados en su casa o en una institución, sino de personas que trabajan y hace bien su trabajo, personas “normales”.

Cualquiera de nosotros puede estar en una situación como esta. Se trata de “los problemas de la vida”, ya sean presentes o pasados. Este factor produce al menos una emoción negativa al día, proveniente de estas situaciones personales “en procesamiento”. Si a ello le sumamos una contextual, más una situacional, ya llevamos tres emociones negativas!! Para compensar estas emociones negativas hacen falta unas nueve emociones positivas. En mi experiencia casi nadie tiene todos los días nueve emociones positivas. Por ellos, es que la probabilidad de un ratio inferior a 3 es muy alta! Esto sin contar que en un “mal día” uno está indispuesto y contrariado y saca a relucir una mala actitud que empeora las cosas!

Creo que vale la pena tener en cuenta las investigaciones que se han hecho en lo que se conoce como síndrome de “burnout”. Seguro ya han oído hablar de él. Se trata de un síndrome que se produce a nivel profesional y que produce agotamiento. La persona que es sobrepasada en sus recursos desarrolla un mecanismo de defensa para alejarse de la situación y no involucrar su autoconcepto. Esto se manifiesta como “disengagement”, desinterés y desconexión emocional. Lo mismo sucede con la persona que tiene un ratio emocional bajo. Se retrae a su propio mundo y se vuelve más crítico de lo que le rodea.

El problema serio del “burnout” es que cuando la situación se vuelve crónica, se modifican de forma permanente las cogniciones y sentimientos de la persona. Y algo similar sucede por extensión con la persona con ratio emocional bajo; que a la larga, de tanto padecer este bajo índice, termina por acostumbrarse y a tomar para si las creencias, opiniones y actitudes que dispararon esas emociones, permitiendo que se vea afectado su ser interior, su autoconcepto, su autoestima, su relación con el mundo, su percepción del futuro, disminuyendo su vitalidad interna y su deseo de vivir.

Por todo esto, es muy importante mantener un continuo monitoreo de nuestro ratio emocional. Si bien no contamos con el “emocionómetro”, podemos usar la auto observación y estar muy pendientes de nuestros pensamientos y reacciones, pues estos son un indicador del estado del ratio emocional. Si el ratio es bajo, es muy probable que pensemos con menor dignidad hacia los otros, que nos encontremos incómodos con la situación que tenemos delante, que veamos drenada nuestra energía. En ese caso, es recomendable tomarse las cosas con calma y hacer algo para modificarlo.

En otros artículos he dado sugerencias y recomendaciones concretas de acciones que podemos iniciar en esos casos. A mi en particular me ha funcionado muy bien la meditación, el “reframing”, la decodificación de creencias implícitas y la visualización. Un ejemplo de “reframing” cuando las cosas no salen como queremos, es pensar que tal como están es como deben serlo para nuestro mejor desarrollo y crecimiento.

En momentos difíciles, cuando estoy ansioso, molesto, triste, impotente o confundido, me ayuda mucho hacer meditación sencilla basada en la respiración, seguida de una visualización. En esta última imagino que puedo mirar a la escala de Plank y visualizo un tejido sub atómico que comprende  todo el Universo como una Unidad de la cual formo parte (he sabido que esto lo llaman “espuma cuantica”). Entonces pierde para mi todo sentido la problematización que estaba haciendo y me doy cuenta que mi aparato cognitivo es un obstáculo a la verdadera comprensión. Merodeando el llamado campo akásico, de pronto puedo obtener ráfagas de entendimiento. Entonces me libero de la emocionalidad que estaba experimentando y me suelto entregándome por un momento a la quietud. Con esa visualización logro eliminar las emociones negativas y producir una muy importante, llamada Paz Interior.

Bueno, eso lo comparto a modo ilustrativo. Pero considero que cada quien tiene que desarrollar sus propias estrategias y tener a mano iniciativas adaptadas a su propio perfil y creencias personales para poder mantener el “tanque” emocional en un nivel saludable.

Babara Fredrickson, es una autoridad en esta materia, asi que dejo que hable en sus propias palabras:

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Cada quien está separado de los demás por capas densas de incredulidad, escepticismo, duda, criticismo, ironía, suspicacia y cinismo, en el mejor de los casos, si no de resentimientos, decepciones, desilusiones y fracasos. Penetrar todas esas capas y accesar al self más interno de las personas, es todo un arte muy apreciado para las ventas, para la gerencia, tanto como para comunicarnos efectivamente en cualquier otro contexto como la familia, las comunidades, los amigos y la pareja. ¿Cómo llamar la atención del otro, cómo “hacer un punto”, cómo ganar el entusiasmo y el deseo del otro de unirse a un plan conjunto, cómo ser un energizador positivo, crear significado y claridad?

El Liderazgo Positivo (Kim Cameron) se propone como un paradigma nuevo que viene a remplazar el paradigma clásico del liderazgo muy centrado en el líder, sus atributos y deseos. Varias tecnologías gerenciales vienen desde hace algunas décadas preparando el camino para esta nueva versión del liderazgo. Tal es el caso del Empowerment, el Liderazgo Transformacional, el Líder Coach y el Liderazgo de Servicio (Servant Leadership, Liderazgo de V nivel). Tienen en común estas tecnologías para conducir gente y procesos el papel protagónico de los “seguidores”, el apalancamiento en fortalezas y virtudes, y el hecho que la conducta emerge desde dentro de cada quien y no como algo exigido desde fuera. El líder dentro del paradigma emergente es cualquiera que logra activar y conducir una fuerza social que atrapa, reúne, consolida y materializa nuevas realidades.

Si bien el liderazgo es un proceso social que aplica a colectividades, también usamos por extensión el término cuando queremos referirnos al mismo proceso pero a nivel interpersonal. La pareja que influye sobre su contraparte, o el progenitor que moviliza a su familia, el terapeuta, coach o gurú que lo hace con su paciente, cliente o seguidor. En fin, sea a nivel colectivo o a nivel interpersonal, en esencia, el proceso de cambio positivo es el mismo. Y en todos hace falta la energización y la inspiración, que encienda una chispa e inicie un proceso.

En nuestra relación con el mundo se presentan obstáculos y dificultades. Pero las oportunidades y las soluciones siempre están presentes. Se encuentran en el mundo III (Karl Popper). Lo que tenemos es que conectar con ellas y “bajarlas”.  Y nuestra antena para conectar con las soluciones es nuestro “campo de atención”. Su correlato físico está en una zona de la corteza cerebral situada en el área prefrontal, denominada Corteza Prefrontal Dorsolateral, donde opera lo que se denomina la “memoria de trabajo”. Puede verse como la mesa donde colocamos todos los ítems de información para nuestra actuación diaria. También puede verse como un ducto o chimenea por donde circulan kilobytes-por-segundo de información de nuestra Mente y de la representación que nos hacemos del Mundo (https://excelenciapersonal.wordpress.com/2011/08/18/el-poder-de-la-mente/).

Pero este “ducto” que nos relaciona con el mundo pudiera estar saturado de ideas y sentimientos del pasado y del futuro. Preocupaciones, dudas, ansiedades y temores, deseos y ambiciones personales, fracasos y expectativas.

Los líderes y los agentes de cambio están llamados a depurar estos ductos tapiados, para llamar la atención y concentrar los recursos en una dirección, logrando atención, concentración y movilización de recursos.

Y una persona en particular pudiera resistirse y decirse para sí: muy bien, pero lo que para mi es importante es diferente de lo que para Ud es importante. Y la clave del éxito del agente de cambio es conectar cómo siguiendo determinado camino se va a alzanzar un fin. Y esto a veces es más sencillo, a veces más complicado. Todo va a depender del grado de severidad de la “desconcentración” de la persona (dispersión o entropía) del “aquí y el ahora”. Puede que solo sea debido a una emoción momentánea o un estado de ánimo reciente, a creencias muy arraigadas o prejuicios, o puede incluso que se deba a algún tipo de estancamiento en el proceso de Desarrollo Psicológico.

La persona a lo largo de su existencia vive un proceso de Desarrollo Psicológico que parte de un inicio en el que se confunde con lo que le rodea y poco a poco va logrando una mayor diferenciación del medio y una mayor identificación consigo mismo, pero a la par y paradójicamente, cada vez va logrando una nueva y renovada conexión con lo que le rodea y un menor énfasis en si mismo. Logra una diferenciación que le permite tomar conciencia de su sello particular y su forma de contribución especial, a la vez que logra una visión y conexión con el sistema completo.

En este proceso ontogenético, existen dificultades y las personas se quedan fijadas o no resuelven convenientemente los desafíos que se le plantean. Puede darse el caso que la persona no tenga éxito en superar una etapa y se quede estancada allí por toda una vida. O puede ser que la persona, logre superarla parcialmente y pueda avanzar una o hasta dos etapas más sin superarlas exitosamente. Es decir, que una persona puede vivir en una etapa y tener “deudas” de etapas anteriores encapsuladas. De manera que las disfuncionalidades de una etapa aparentemente superada podrían surgir en una crisis que ocurre en una etapa posterior.

No hay consenso sobre cuales son las etapas aun. Gordon Allport, Erick Erikson y Robert Kegan identificaron 8 etapas, mientras que Jane Loevinger habla de 9. Estas etapas requieren que se den ciertos procesos de maduración biológica para que puedan ocurrir, pero el mero desarrollo biológico no garantiza su superación. De hecho Loevinger dice que el 70 por ciento de los americanos está en las etapas 4, 5 y 6, mientras solo un 1% alcanza la etapa 9.

Entonces para movilizar a las personas hace falta un liderazgo positivo. Pero si están estancadas en alguna etapa, es necesario usar técnicas especiales por los agentes de cambio también muy especializados, para poder destrabarlos.

Del Psiquiatra   Breuer surgió la idea en el s. XIX (dicen que de Nietzche también) de usar la conversación como método para purgar ese ancho de banda (deshollinar la chimenea), método que perfeccionaron luego Freud y Jung.  Y desde entonces se han ideado distintas técnicas conversacionales, para intervenir en los estancamientos producidos en los distintos niveles.

En los dos artículos anteriores escribí sobre un tipo particular de estancamiento que afecta el lifework balance, en el que la persona se sobreidentifica con sus cualidades o el rol que le toca jugar. Hay otros trastornos de rol posibles, que cada uno merecería un artículo por si mismo, pero que solo me conformo con mencionar brevemente por ahora. Uno consiste en jugar pobremente un rol. Es cuando una persona no se siente full alineado con un rol porque partes del mismo chocan con otros roles o su Self Narrativo (ego). Entonces la persona da mensajes cruzados, no es autentico, falla en llegar a los demás, se autosabotea o transgrede las normas sociales esperadas para el rol. Las técnicas para tratar estos trastornos fueron desarrolladas por los Psicólogos de la comunicación (Watzlavick, Satir, Erikson y Bandler) así como por la Gestalt (Perls). Otro trastorno de rol es jugar un rol sin darse cuenta. Como por ejemplo, jugar al salvador, la víctima, el maltratador o el fracasado. Aquí aplica el enfoque desarrollado por Erick Berne.

Para comprender mejor las dificultades que ocurren en el proceso de desarrollo es necesario recurrir a dos conceptos. En primer lugar está el Yo Esencial, yo interior, o sí mismo, que ha sido tratado por todos los psicólogos humanistas. Se trata del Yo trascendental que habla Victor Frankl, que va más allá de las circunstancias. Podríamos decir que se trata de lo esencial de la persona, de su Alma misma. Este concepto ha sido retomado nuevamente recientemente por Lutz, Dunne y Davidson en el campo de la psicología y la psiquiatría.

Ahora bien, en el proceso de desarrollo psicológico, el Yo Esencial necesita de unos Yo Auxiliares que actúan como unos andamiajes para poder operar con el mundo. Y a partir de ello se conforma un Yo Referencial, autobiográfico o narrativo (Legrand), que se cuenta a si mismo una historia de quién es y es la base de la conversación interna.

El fracaso en el proceso de desarrollo psicológico ocurre cuando el Yo Referencial reemplaza o contamina al Yo Esencial. El Yo Referencial toma un protagonismo exagerado y la persona pierde contacto con Quién es realmente en su interior

Esto se puede dar por traumas, es decir, por eventos personales, familiares o colectivos que ocurren en forma dramática durante su desarrollo psicológico y lo dejan marcado.  Pero también puede ocurrir porque no existen agentes de cambio alrededor que modelen el paso de un estadio del desarrollo al siguiente. Obvio que en el caso de traumas hacen falta agentes de cambio muy especializados.

Fuera de los casos que presentan un estancamiento franco y declarado, las personas a nuestro alrededor pueden estar bloqueadas, inundadas de pensamientos y emociones que le restan energía para apreciar el aquí y el ahora y poder resolver los problemas que tienen delante. En este contexto “normal” en que no hay una disfuncionalidad declarada, es donde funciona el “liderazgo positivo”. Al ser un energizador que impulsa a la persona a salir de su “burbuja”.

El funcionamiento neurobiológico de este bloqueo actúa de la siguiente manera: la corteza cerebral tiene 6 capas y está organizada por módulos verticales. La información que proviene de la realidad externa a través de los sentidos alcanza primeramente la última capa, la capa VI. Mientras la información asciende por las diferentes capas va elaborándose más, hasta llegar hasta la última capa de la corteza, la capa más externa, la capa I, que es la capa de la abstracción y de las conceptualizaciones. Si esto sucediera de este modo siempre, nosotros estaríamos procesando realmente la información proveniente del medio ambiente de una forma viva.

Sin embargo, esto no ocurre así la gran mayoría de las veces. Cuando la información va ascendiendo por las capas cerebrales, ocurre también una comunicación lateral que va a buscar por toda la corteza antiguos “engramas”, esquemas, paradigmas, conceptos, modelos, creencias, imágenes, arquetipos, juegos, patrones, que calcen, que se parezcan a la información que está “ascendiendo”. Esa información viaja a nivel lateral y asciende por otras áreas de la corteza para encontrar los modelos y finalmente se da un proceso de descenso de información, ya encontrado el “engrama” que acople a la información ascendente, de manera que al encontrar esta ruta el impulso nervioso se desvía por ese camino ya recorrido y llega “arriba” a acoplarse dentro de un modelo pre establecido.

Doy la siguiente metáfora. Las capas de la corteza son cielos y los módulos son sectores del firmamento. El impulso nervioso es un  ángel blanco que viaja por un sector del firmamento a través de los cielos para alcanzar al cielo superior por ese mismo sector. Pero entonces viene los ángeles azules del primer cielo que van a buscar modelos parecidos viajando lateralmente y luego ascendiendo a los cielos superiores por otros sectores. Al encontrar un modelo que calce va al encuentro del ángel blanco con el modelo y le disuade de “abrir” esa nueva ruta, convenciéndole de seguirlo por un camino “ya hecho”. De manera que cada vez que viene un ángel blanco con una información novedosa y pretende penetrar los cielos, hay una gran provocación de los ángeles azules de “ahorrarle” el trabajo, de manera que en lugar de producir una nueva conceptualización, se tome una prestablecida. Por eso es que no terminamos de usar más allá del 10 % de nuestra capacidad sináptica.

O sea, la información sensorial no es apreciada objetivamente, sino que por economía calza dentro de paradigmas prexistentes. En lugar de darse un bottom-up processing, se da un proceso de top-down processing. Es por eso que en lugar de vivir la vida que se nos presenta en toda su potencialidad, recreamos una que tenemos en mente, cayendo presa de un determinismo ilusorio. Es muy probable que no se vivan a full capacidad las experiencias del día a día, sino que sean reabsorbidas como algo repetido y crónico. Ahorramos tanto en el proceso de codificación que terminamos por vivir una vida drenada, aburrida y sin entusiasmo, como si todo fuera igual, como si ya lo supieramos todo de antemano. Entonces ya nada nos sorprende, no vemos las señales! Habituados de esta manera las personas no distinguen entre la experiencia sensorial primaria y los procesos cognitivo-emocionales secundarios (Siegel).

Para colmo de males, en paralelo al proceso que acabo de describir en el que la información pretende abrirse una ruta en un sector nuevo de la corteza y producir una nueva realidad, algunos milisegundos antes la amigdala ya había diagnosticado la información muy brevemente y en caso de haber visto alguna razón para atacar o huir, ya se ha encargado de actuar sobre el sistema nervioso autónomo produciendo todo un torrentes de reacciones bioquímicas (LeDoux), que en la forma de emociones se traducen en actitudes hacia el mundo que ya, a su vez, condicionan el procesamiento de la información, dando más fuerza de convencimiento a “los angeles azules”, para llevar a “los angeles blancos” por un camino previamente construido bajo el principio de firing-togheter-wiring-together (Webb).

Este hábito se forma a partir de un acoplamiento de la experiencia sensorial, con la experiencia interoceptiva (visceral) y con la información archivada en la memoria. Estos son tres anillos independientes que rodean la conciencia, pero que se amalgaman y fusionan entre sí (Siegel). Esto produce un entrampamiento que impide el contacto directo con la experiencia y nos lleva a reacciones y conceptualizaciones automáticas.

Pareciera que las técnicas conversacionales son útiles para incidir en otros. Pero cómo incidir sobre nosotros mismos? Y que sucede si nosotros somos el agente de cambio? Freud inventó para esto un sistema de supervisión en el que los especialistas a su vez recibieran ayuda de otros colegas más experimentados, lo que se sigue haciendo hoy día con técnicas conversacionales. Otra opción, son las técnicas no conversacionales. Claro, esto sería tan “barato” que podría echar por tierra toda una red económica social.

Podríamos usar técnicas no conversacionales para salir de esta prisión creada por el avatar que ocupamos para conseguir el desarrollo de la Conciencia Plena (Mindfull Awareness). Esto incluye diversas disciplinas contemplativas y meditativas antiguas, o los protocolos modernos desarrollados por Kabat-Zinn y Santorelli, o la iniciativa cognitiva de Segal, Williams y Teasdale, entre otros. Para poder liderar a otros y poder ser agentes de cambio, tenemos que ser capaces de discernir entre nuestro Yo Esencial y nuestro Yo referencial. Implica Despertar del condicionamiento y Desacoplar los anillos colapsados de la experiencia y darnos cuenta que las ideas preconcebidas y las reacciones emocionales están arraigadas en nuestro pensamiento. Distinguir al verdadero Self entre las nubes de pensamientos y emociones que se forman como cortinas de humo que oscurecen y nos distraen de la experiencia. Impidiéndonos ver lo novedoso, la verdad y la belleza.

Si lo logramos, seremos como unos Monjes Guerreros Urbanos, capaces de ver lo Divino en lo Profano, separando entre las palabras y las emociones la nueva realidad que nos trae cada amanecer. Esto nos permitiría vivir a todo dar, con Pasión, jugándonos el todo por el todo, usando nuestros recursos a todo su potencial. Atrevernos a lucir como tontos o incluso a hacer el ridículo, a demostrar que no estamos dispuestos a refugiarnos detrás de lo ya creado, sino a vivir la vida con entrega y autenticidad para construir nuevas realidades.

Nota 1: Un ejercicio práctico poderoso que les recomiendo. Haga un paseo sin palabras. Dedíquese a concentrarse en la experiencia sonora y visual al 100 por cien, sin entretenerse en su conversación interna. Repita esto como un entrenamiento.

Otro ejercicio: haga un descanso de redes sociales y aparatos electronicos con cierta frecuencia para darse oportunidad de entregarse a la experiencia “directa”. Aca les dejo una reflexión al respecto.

Nota 2: La semana próxima, 8 y 9 de Junio, en el II Congreso de Psicología Positiva, tendremos a Vallerant hablando sobre la Pasión.

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Las situaciones que se nos van presentando en todas las áreas de nuestra vida siempre están en constante cambio. Sabemos en teoría que el río nunca es el mismo. Sin embargo, nuestra mirada tarda en ajustarse a la realidad de los acontecimientos. Esto se debe a que hay una inercia en los modelos mentales que tanto nos ha costado construir y que buscamos confirmar continuamente, al punto de confundir el mapa con el territorio. Es humano, está bien; en periodos de estabilidad es relativamente aceptable, pero en periodos de cambio puede ser un lujo que no nos podemos costear.

Nuestros paradigmas, creencias y juicios sólo permiten ver un conjunto selectivo de asuntos, interpretarlos de cierto modo y proceder de cierta manera. Si los tenemos y conservamos es porque nos han resultado en el pasado. Sin embargo, ellos mismos contienen los puntos ciegos que impiden ver las pequeñas variaciones que ha sufrido el mundo con cada amanecer. Las interpretaciones automáticas e implícitas de siempre no nos permitirán evolucionar para desarrollar las áreas intactas de nuestro potencial. El conjunto finito de opciones de acción al que nos circunscribimos no está a tono con la innovación necesaria para lidiar y superar las continuas demandas del día a día.

Ya dediqué un artículo al Estado del Tiempo actual. Sin recurrir al Calendario Maya, a la resonancia de Shuman y el cinturón de fotones, a una alineación intra galáctica, o a agujeros de gusano y otras alteraciones espacio-tiempo producidas por el acelerador de Hadrones del CERN, todos sabemos que estamos muy cercanos a un punto de inflexión, a punto de Cruzar el Rubicom como diría Julio Cesar, de superar el punto de no retorno para usar una metáfora de navegación aérea o de alcanzar una Singularidad como dicen los Físicos y los profetas tecnológicos como Kurzweil.

Presencié el parto de mis hijos, y cualquiera que haya asistido a uno sabe cómo es ese estrés que se siente cuando ya se pasa cierto umbral en el que no se puede dar marcha atrás. La única opción es seguir adelante con lo que se tiene y lo que hay. Ya no valen reproches, ni quejas, ni lamentos. Es una cuestión de vida o muerte. Uno de mis hijos resultó ser más grande con relación a la pelvis de su madre, que las estimaciones hechas por el médico. Si él lo hubiese sabido habría recomendado la cesárea. Pero se estaba dando cuenta cuando ya el prospecto había “coronado” su cabecita, y llegados a este punto no había otra opción que continuar con el parto natural.

Todo salió bien afortunadamente! Pero si yo estaba estresado como espectador, apenas puedo imaginar lo que representa para un bebé pasar por ese canal tan estrecho y perder su comodidad conocida para ir a parar quien sabe donde. Todos pasamos por allí y aquí estamos. Pero esa experiencia sin duda la llevamos grabada en nuestro interior. Para algunos más intensamente que para otros.

Y no es descabellado que nos dediquemos a buscar seguridad a lo largo de nuestras vidas. A buscar algo estable de lo cual arraigarnos. Buscamos arraigarnos muy sana y humanamente a las pertenencias, las inversiones y las cuentas bancarias, a la comunidad o al país, a la familia, a la profesión, a la pareja, a las relaciones. Por ello, cuando algunos de estos asuntos se ve afectado, lo vivimos como una tragedia, con pena y pesar, con miedo y ansiedad, con disgusto o ira.

No es descabellado que vivamos los acontecimientos que los puedan afectar con cierta aprehensión. Que incluso sobre reaccionemos ante los desafíos, como los juguetes de la película Toy Story III que les toca pasar a otra etapa cuando su dueño dejaba la casa para ir a la universidad. No concebían una vida sin él y se resignaban humildemente a quedar confinados en el ático, condenando así todo su potencial de horas-juego disponibles para algún otro niño. De hecho, su forma de ver los acontecimientos los dirigieron a estar muy al borde de la muerte misma en el basurero municipal.

No es descabellado que nos apeguemos a lo conocido entonces, incluso en forma inconciente. Y parte de aquello a lo que nos aferramos es a nuestra estructura mental como resquicio de nuestra búsqueda de arraigo. Pero si la realidad fluye y estamos al borde de una singularidad técnica, social, psicológica y quien sabe si física también, nos conviene menos que nunca en este momento ser presa de cualquier apego, ni siquiera de éste, el más sutil de todos, donde verdaderamente reside el núcleo de lo que debemos cambiar al ser el más subjetivo y caprichoso.

Entiendo que es mucho más fácil leer sobre esto que ponerlo en práctica, pero me propongo descifrar algunos elementos que nos puedan ayudar a renovar nuestros votos con esta misión en este nuevo inicio de año.

De que se trata entonces esta aventura? En que consiste esta tarea de cambio y desarrollo personal? Por supuesto que no vamos a abandonar nuestras competencias y fortalezas, pues son las que nos dan de comer y constituyen nuestra moneda de intercambio. Tampoco se trata de convertirnos en anacoretas o dedicarnos a la caridad. Tiene que haber cierto grado de desapego, pero no demasiado.

En mis talleres de inteligencia emocional insisto mucho en la importancia de disminuir el comportamiento reactivo y desarrollar una conciencia de auto observación, para fortalecer la capacidad de elegir, “crakear” nuestro sistema operativo y poder reprogramarnos. Pero para poder hacerlo, hacen falta los acontecimientos disparadores de nuestros patrones. De manera de poder cincelar otro repertorio interpretativo y de respuesta.

El retiro de los acontecimientos como un anacoreta no ofrece el laboratorio ideal para ejercitar el cambio de paradigmas, no es la opción acertada. El terreno ideal lo proporciona nuestra vida tal cual es, con todos sus sinsabores, amenazas y frustraciones. Ese es el terreno donde va a tener sentido nuestro esfuerzo de transformación personal.

Pero tampoco se trata de lidiar con los acontecimientos enmascarando las emociones y sentimientos que evocan. Es una opción que he visto ha sido tomada por muchos que tampoco me parece conveniente, que mantienen una pose de “niños(as) buenos(as)”. Esta corriente muy actual la he visto en dos vertientes.

En una de ellas, la persona mantiene igual su vida interna, sus ideas, emociones y sentimientos, pero adopta comportamientos externos amables, bondadosos, de cooperación, de caridad, de acercamiento y de ayuda hacia los demás. Algo así como un cambio sólo en lo externo, pero no en lo profundo de su interior.

Esto representa un logro creo, pero no es suficiente. Una persona que tiene muchos juicios y resentimientos y que además se comporta de un modo egoísta, sin duda está en una escala evolutiva mucho menor que aquél que al menos intenta comportarse de un modo diferente, aunque en su interior mantenga las mismas interpretaciones y sentimientos previos. Es un buen comienzo, digamos, pero no es suficiente, pues no produce un cambio de la estructura mental.

La variación que he visto en ciertas personas, consiste en desapegarse de los propios sentimientos y emociones, aplacándolos o incluso desconociéndolos, desatendiéndolos, ignorándolos, tratándolos como si no existieran, no daándoles crédito, de manera de disminuir su intensisdad y así sufrir menos, un poco al estilo de los antiguos estoicos. Incluso, en algunas versiones implica evocar deliberadamente sentimientos positivos como en un intento de auto “inception”.

Considero que para gente muy apasionada, de temperamento fuerte, muy emocionales o muy hiper sensibles emocionalmente, ciertamente que es importante un entrenamiento que permita tolerar eventos desencadenantes para experiementarlos en una forma menos intensa.

Pero hay que tener cuidado con esta solución. No debe tomarse como un camino seguro para toda la vida o algo así porque pudiera confundirse muy facilmente con represión emocional. Esta “técnica” usada como estilo de vida pudiera representar un riesgo de enviar al inconciente las emociones sin trabajarlas. Y esto tiene dos problemas. Primero, puede alimentar un volcán que en cualquier momento puede entrar en erupción. Segundo, puede disminuir la inteligencia práctica necesaria para tomar decisiones y vivir la vida.

Antonio Damasio, neurobiólogo de mucha reputación en la actualidad que he referido en otros de mis artículos, cita el caso de “Elliot” en su libro El Error de Descartes. Como este caso hay otros, con una deficiencia producida quirúrgicamente en la corteza cerebral de los lóbulos frontales, que demuestran que las emociones deben vincularse con los procesos intelectuales superiores para poder arrojar una anticipación razonable de los acontecimientos que permita una toma de decisiones acertada.

Me parece más interesante ver la inteligencia emocional desde esta perspectiva -aunque Damasio no lo propone en forma explícita- que la definición convencional dada por Salovey y Mayers, los fundadores de este campo de estudio. Según esta perspectiva, la inteligencia emocional sería la capacidad de poder conectar con las emociones y sentimientos finales a los que me conducirían diversos cursos de acción posibles, de cómo me voy a sentir en el futuro si tomo esta o esta otra decisión.

En la medida que mi “simulador” funciona mejor, en esa medida seré capaz de producir mi felicidad y mi bienestar en el futuro. Como esos chicos del famoso experimento del Marshmellow: los que fueron capaces de aguantarse las ganas de comer uno en ausencia del experimentador, recibieron uno adicional como recompensa. Y esos chicos cuando crecieron y pasaron por diferentes etapas de la adultez reportaron mejores indicadores de bienestar, según un estudio logitudinal que se realizó.

Así que no se trata de aplanar, sepultar, ignorar o desconocer las emociones. Los niños que aguantaron las ganas de comerse la golosina, aplacaron la sensación de corto plazo inminente y tangible, pero maximizaron a su vez,  la sensación asociada a la expectativa futura de recibir una mayor recompensa. Fueron capaces de modelar esta situación y anticiparse. Resultado no. 1 con un solo marsmellow, Resultado no. 2 con dos marshmellow. Evalúaron las dos opciones y escogieron la segunda. Compararon ese placer de dos potenciales marshmelow contra el placer de uno de inmediato, y se decidireron por el resultado no. 2, que implicó renunciar a la ganancia inmediata.

En términos económicos y financieros es como evaluar un negocio sólo por el flujo de ganancia que proporciona hoy sin tomar en cuenta los flujos futuros. Obviamente que un análisis que contempla el “valor presente neto” obtendrá una mejor valoración de la inversión.

Pero obsérvese que no se trata de enmascarar, anular o desconocer las sensaciones y emociones, sino de ecualizarlas en función, no sólo de lo inmediato, sino también de unas operaciones de orden superior que consideran otras opciones. En otras palabras, mi decisión me permite aproximarme a la frontera de Pareto, tomando como referencia un bocado de mi disfrute del bienestar futuro asociado con cierta opción versus un mejor bienestar o un mayor pesar de otras alternativas. En otras palabras, la calibración del mayor bienestar de largo plazo es posible a través de un recorrido por mis sensaciones internas en diferentes escenarios.

El caso de Elliot, estudiado por Damasio y su esposa Hanna, aprobó todas las pruebas de inteligencia y salió excelente en todas las evaluaciones que el y su equipo le realizaron. Elliot quería reclamar indemnizaciones al seguro por secuelas de la intervención quirúrgica que le afectó la corteza de los lóbulos frontales. Aunque todas las evaluaciones demostraron que “estaba bien”, Damasio descubrió que ahora Elliot era una persona aplanada, que no estaba considerando las emociones asociadas con las opciones disponibles como input para la toma de decisiones por la perdida de conexiones sinápticas que aseguran este tipo de data dentro del proceso. Conclusión: Elliot sistemáticamente tomaba malas decisiones en su vida porque no era capaz de conectar con lo que sentiría de tomar tal o cual curso de acción.

Entonces retomando, ni tan calvo ni con dos pelucas: es cierto que hay que suavizar las emociones y disminuir nuestra reactividad, pero no al punto de reprimirlas o desconocerlas. Mucho menos pensar que son una ilusión o algo así (cosa que he escuchado por cierto). Las emociones nos están proporcionando información. Lo importante es procesarlas adecuadamente. Tomarlas como signos que nos traen un mensaje. Pero es importante decodificarlas adecuadamente. Para ello, es importante armar todo un laboratorio personal de trabajo. En el que puede que no nos bastemos a nosotros mismos. Puede ser necesaria la ayuda de un profesional que nos acompañe en el proceso.

Considero que ante nada es importante poder comprender en detalle como funciona en nosotros todo el andamiaje de la percepción personal, nuestro sistema de creencias, las emociones y la conducta. Esto lo he trabajado muy bien con talleres que proporcionan algo de información, pero que sobre todo desarrollan una actitud hacia el tema.

Pero esto no basta. A nivel individual es necesario acompañarse en este proceso con un profesional que esté comprometido a nivel personal con el mismo camino. Hasta el momento mi práctica del coaching ha sido positiva y enriquecedora, y considero que ello se debe tanto o más a la experiencia que he adquirido en mi propio proceso de desarrollo personal, que a conocimientos o técnicas específicas.

Hay una tendencia inercial muy fuerte de nuestras estructuras mentales a retornar a los patrones de siempre. No hay que olvidar que estos patrones son un reflejo de asociaciones sinápticas que se han activado por años conformando ciertas redes de asociación a partir de vínculos basados en el potencial eléctrico y en reacciones bioquímicas muy específicas, que han conformado unos caminos muy definido; el río de nuestra experiencia puede que cambie, pero siempre dentro del mismo cauce.

Si el cauce del río de nuestra experiencia permanece invariante, así también los eventos psicológicos de nuestra vida mental. Y la permanencia de estos eventos mentales tenderá a buscar eventos externos que los convaliden. Pero como la realidad externa cambia cada día sin ninguna lealtad a nuestros modelos, lo que logramos es confinarnos cada vez más a un sector estrecho de la retaguardia, manteniéndonos en una burbuja. Si queremos que nuestra vida cambie, tenemos que cambiar nosotros, cambiar aquello a lo que le prestamos atención, la forma como lo interpretamos, las elecciones que hacemos y la forma como nos comportamos.

Estamos existiendo meramente o estamos realmente viviendo nuestra vida? Puede que durante los primeros treinta o cuarenta años solo ordeñemos nuestro destino. Pero pocos pueden darse el lujo de ello pasado cierto punto. Además, porque contentarse a tener una vida reducida como en el Show de Truman?

Pero para reinventarse hacen falta más que buenas intenciones. Hace falta forjarse a pulso una vida ganada y no quedarse sólo con una dada;  enfrentarnos a cada nuevo día con la disposición de ver que hay de diferente; ver con esperanza la posibilidad de obtener el máximo resultado y; reconocer de forma conciente nuestras pautas de siempre, sin reprimirlas, sin molestarnos con nosotros, verlas con humildad y aceptación, pero con la firmeza y determinación necesarias para poder transformarlas.

Las circunstancias disparadoras se presentarán una y otra vez. Pero ello no debe desanimarnos ni hacernos desmayar en el intento. Son la oportunidad de “hacer músculo”, de descondicionarnos de la asociación estímulo-respuesta de la que somos objeto. No hay que mirar su repetición como un signo de que no estamos evolucionando. Es más, puede ser que al intentar nuestro cambio, aumente la frecuencia e intensidad de los eventos disparadores de nuestras pautas habituales, como en una suerte de conspiración (como la que presenta el film Los Agentes del Destino).

Cada evento disparador es una oportunidad de probar nuestra nueva pauta y realizar el trabajo emocional que nos corresponde. El evento disparador agita en nuestro interior emociones y sentimientos con sus respectivas interpretaciones y creencias implícitas. Esta es la materia prima para que hagamos la Gran Obra de transformación. No es gratis, no está dado, tenemos que completar el trabajo de crearnos a nosotros mismos, es una oportunidad de que ante el mismo tipo de evento, podamos producir una nueva conciencia, una nueva actitud, un nuevo estado emocional, un nuevo significado y, en consecuencia, una nueva forma de actuar.

Pero esto implica que día a día tengamos que ejercitarnos sin perder el norte. Puede ser importante contar con alguien en el proceso, como testigo,  que nos recuerde el foco, que nos confronte a salir de nuestra inercia, que nos acompañe en nuestro proceso de empoderamiento. Más allá de las buenas intenciones hay un trabajo diario de desprogramación  y reprogramación que permita un nuevo cableado en nuestro cerebro, que facilite la creación de nuevas redes sinapticas asociativas, que nos dirija hacia una nueva zona de nuestro potencial.

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