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cerebro corazonAl enfrentarnos en nuestro día a día con noticias, situaciones, encuentros interpersonales, juicios, recuerdos o anticipación, podemos experimentar emociones de valencia negativa como miedo, sobresalto, rabia, dolor, tristeza, disgusto, vergüenza (o alguna combinación de ellas como resentimiento, odio, celos o envidia) afectando enormemente nuestro estado anímico. Este a su vez, afecta nuestra energía, nuestra atención, nuestra concentración, nuestros contenidos mentales, nuestro engagement con la situación y en nuestras relaciones, es decir, en nuestra actitud. Y nuestra actitud, a su vez, tiene un impacto en nuestro desempeño y en las realidades que construimos. Además, al probar el veneno de las emociones negativas muchas veces se activa nuestro lado oscuro y se instala una cierta inercia a permanecer allí que se hace creciente mientras más tiempo estemos bajo sus efectos. Esto no solo modifica nuestra percepción del mundo para ver todo más negro, perjudicando nuestra actuación y creando un efecto de profecía auto cumplida, sino que además nos debilita internamente; inhibe el sistema inmunológico haciéndonos más propensos a virus, bacterias, células cancerígenas, hongos y demás elementos patógenos. Además, pone al organismo a funcionar en un estado de crisis aumentando la probabilidad de deterioro de tejidos, órganos o sistemas. Es clave tener un plan de acción para salir de allí de inmediato y recuperarse lo más pronto posible de esta situación. En este artículo voy a dar algunas recomendaciones para recuperar el estado de ánimo una vez que se ha visto afectado.

1) Limitar el daño. Como expliqué en las primeras líneas, al experimentar emociones negativas liberamos ciertos aminoácidos, neurotransmisores y hormonas en nuestro organismo que tienen un efecto tóxico. Bajo los efectos de estos venenos se modifica nuestra atención y nuestra percepción, cambiando nuestras cogniciones (ideas, pensamientos, creencias, interpretaciones) y la forma como nos sentimos. Por ello, lo más perentorio es poner un límite a que esto no se propague. Estas moléculas tienen una vida finita en el organismo. Pero tienen una manera de perpetuarse. Al infiltrarse en la mente, los pensamientos y los sentimientos van a actuar como una caja de resonancia produciendo nuevas respuestas emocionales con nuevas descargas bioquímicas, generándose un círculo vicioso: emoción negativa induce pensamientos negativos, que crean sentimientos negativos, los cuales generan pensamientos negativos que intensifican las emociones negativas. Este cuadro produce rumiación y sesgo de atención. Lo que hay que hacer entonces primeramente es tomar conciencia de este proceso y limitar la rumiación. No creerse los pensamientos ni los sentimientos, al darse cuenta que estos son un subproducto de la emocionalidad negativa.

2) Salir de sí mismo. La emocionalidad negativa activa el Yoismo y los centros egocéntricos. Es necesario comprometerse con actividades orientadas al “exterior”, a la estimulación sensorial. Esto implica restar la atención proporcionada a la mente e incrementar la atención dedicada a los sentidos. Esto es, distraerse, hacer algo diferente, algo entretenido, alguna actividad física que reclame atención. Un pasatiempo, una caminata, una visita a un lugar especial, observar la naturaleza, hacer crucigramas, pintar, hacer ejercicio físico, dedicarse a los deberes del hogar o cocinar.

3) Evocar emociones positivas. Como he explicado en anteriores artículos, el estado de ánimo es el efecto acumulativo de las emociones diarias. Si las emociones negativas o perturbadoras predominan el estado de ánimo será disfuncional, pero si hay predominio de emociones positivas moderadas será funcional. Por ello ante un bombardeo de emociones negativas, es inminente contrarrestar con emociones positivas. Esto se puede lograr con pensamientos positivos, recuerdos positivos, visualizaciones positivas o con rituales (actividades tendientes a generar emociones positivas, como una baño sauna, aromaterapia o ejercicios físicos). Hay investigaciones que señalan que por cada emoción negativa hay que tener al menos tres positivas para compensar. La idea es que haya predominio de emociones positivas.

4) Compartir. Al comprometerse en actividades de servicio, de ayuda, de cuidado de otros, los centros cerebrales que se activan son los alocéntricos. Como el cerebro funciona de acuerdo con el principio de inhibición recíproca, según el cual cuando unos centros están activos otros están inhibidos, sucede que al activar los centros alocéntricos se inhiben los egocéntricos. Esto contribuye a dejar de pensar en sí mismo, en los propios problemas, en las cosas que nos faltan.

5) Procesamiento y comprensión. Para terminar de salir de estas caídas del estado de ánimo es importante entender por qué perdimos el balance. Para ello puede ser útil saber ¿en que otros momentos de nuestra vida hemos tenido sentimientos parecidos? ¿cuándo fue la primera vez? ¿Qué parecidos hay entre situaciones que han producido este mismo tipo de sentimiento? ¿cuáles son las condiciones disparadoras comunes? ¿cuál es el patrón de respuesta? ¿Qué podemos aprender de todo esto respecto a nosotros mismos? Si bien las situaciones disparadoras pueden justificar en cierta medida nuestras emociones, muy seguramente hay algo propio de nosotros que hace que las experimentemos con mayor intensidad y respondamos de una manera menos centrada. Por último, buscar otras formas de interpretación y de respuesta posibles ante las situaciones que dispararon las emociones negativas (reframing y reappraisal). Sacar lecciones de la experiencia.

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yodaEl paradigma del control y de los logros personales hace énfasis en la importancia de tener objetivos y trabajar para alcanzarlos. En la idea de que no hay que rendirse. Que hay que persistir. Aproximarse gradualmente a las metas. No limitarse. Pensar en grande. Corregir y ajustar el rumbo. Probar nuevas estrategias. Crear nuevas posibilidades. En tomar el control de nuestras vidas. ¿Pero, es esto siempre posible? ¿Qué pasaría si todo esto se viera seriamente restringido?

Considero que todas las creencias y paradigmas deben evaluarse en función de la utilidad que nos brindan en un momento dado. Al fin y al cabo, el mapa nunca es el territorio. Los modelos mentales solo sirven como una guia. No sabemos exactamente que es este Universo, que hubo antes del Big Bang, a donde va todo esto. Sirven para comprender y predecir la realidad y para actuar. Pero son una mera referencia que esta basada en construcciones sociales y culturales que cambian en el tiempo. Ahora mismo estamos en una transición historica de cambio de era, entre la etapa moderna y una nueva etapa que todavía no ha terminado de consolidarse mientras la anterior se derrumba. Mientras tanto, los parásitos pretenden “pescar en rio revuelto”.

De modo que, si determinadas creencias y paradigmas me funcionan, contribuyen a que pueda conseguir resultados, las uso. Pero si no me resultan útiles, lo más saludable es dejarlas de lado. Como se dice en Filosofía de la Ciencia: las teorías no deben juzgarse por su veracidad, sino por su utilidad.

El paradigma del control ha sido muy útil. Ha conducido a la humanidad a grandes conquistas. Sentirse como fuente de control es importante, porque proporciona empowerment, salud, auto eficacia, optimismo, entusiasmo, seguridad, motivación. Hay investigaciones que han señalado que las personas que perciben que tienen control sobre los resultados (locus de control interno) son más exitosas, tienen más salud, son más efectivas y sus países tienen mayor Producto Interno Bruto.

Sin embargo, esto podría convertirse en una debilidad para estas personas. Un grupo con poder institucional, podría usar esto en contra de sus críticos y adversarios adeptos al paradigma de control; le harían una “Guerra Psicológica” dirigida a debilitar su voluntad, con una lógica que sonaría como: “si necesitan el control para sentirse bien, se lo quitamos para que se sientan vulnerables”. Un régimen de este tipo restringiría las libertades, de manera de limitar las posibilidades de que el locus de control sea interno. Entonces, las personas que confían mucho en sus capacidad de lograr resultados podrían derrumbarse. Perderían su entusiasmo. Padecerían de un estado de ánimo bajo. Tendrían menor percepción de auto eficacia. Sentirían mayor estrés. Más emociones negativas que positivas. Su sistema inmunológico se debilitaría. Muchos enfermarían, mientras otros buscarían huir de ese lugar.

Pero mientras la papa se vuelve blanda en el agua caliente, el huevo se pone duro en esa misma condición. Esto quiere decir, que lo que sucede con el “objeto” (la papa o el huevo) no depende de la condición externa (el agua), sino de sus características, de su “ADN”. Como dijo el Biólogo Humberto Maturana: “no es propiedad de la bala penetrar la piel. Es propiedad de la piel ser penetrada por la bala”. Es decir, que el organismo es quien “dictamina” cuál es el efecto que el ambiente ejerce sobre el.

Si no podemos controlar los resultados, es mejor enfocarnos en controlar nuestra acción. Rotter dio importancia al resultado y desarrolló el concepto de locus de control, que es la percepción que tengo sobre lo que origina los resultados que enfrento (factores externos o factores internos). Decy por su parte, dio importancia a la acción y desarrolló junto con Ryan el concepto de locus de causal, que es la percepción de cuál es la fuente de mi acción (yo mismo, otros o factores impersonales) . Haciendo estas distinciones entonces es posible comprender que es posible que podamos sentirnos como fuente de nuestra acción (que lo que hago dependa de mi), independientemente de los resultados logrados (de que logre lo que quiero).

Quizás esto suene un tanto extraño. Escribí sobre esto en un artículo anterior que titulé “Más allá del control y las expectativas” (http://wp.me/puWNX-qF). Cole y Pargement investigaron sobre diferentes tipos de afrontamiento espiritual. Encontraron que una de las estrategias más efectivas es la “Rendición espiritual”. Esta es una estrategia consiste en “hacer lo que creo que debo hacer”, pero “entregando el resultado a un Poder superior”. Es decir, hago lo que está en mis manos. Me mantengo motivado. Me mantengo accountable. Me mantengo responsable. Me mantengo integro. Pero acepto que el resultado sea “el que Dios o el Universo” consideren lo mejor para mí. No me aferro a lo que quiero a través de Mi voluntad. Suelto ese resultado y lo entrego (al Universo/Dios), en la convicción de que Esa Voluntad es más importante que la mía.

Según Cole y Pargement hay distintos tipos de afrontamiento espiritual, cada uno asociado a un tipo particular de Control:

  • Directivo: pretendo controlar mi acción y mis resultados.
  • Colaborativo: controlo mi acción e invoco ayuda Divina para lograr los resultados que quiero.
  • Renuncia: dejo todo en manos de Dios/Universo, tanto acción como resultados.
  • Suplica: suelto el control sobre la acción pero pido intervención Divina para unos resultados específicos.
  • Rendición espiritual: hago mi parte (control sobre mi acción) y dejo el resultado en manos de la Divinidad (Dios/Universo).

El afrontamiento directivo y el afrontamiento colaborativo están asociados a resultados exitosos y positivos. Pero el afrontamiento directivo solo tiene cabida en una sociedad donde hay mucha libertad. Es el paradigma de control, el paradigma Gerencial. Pero cuando hay muchas restricciones externas este afrontamiento no es exitoso. En estas situaciones es más efectivo el afrontamiento colaborativo. Este implica realizar el trabajo, pidiendo la ayuda Divina para conseguir esos resultados.

El afrontamiento de tipo Renuncia y tipo Súplica están asociados a disfuncionalidad. La Renuncia implica una sensación de impotencia y de estar a merced de fuerzas fuera de control que podrían llevar a la persona a la auto anulación. Es la estrategia del anacoreta que se entrega al ascetismo total. La Súplica implica aferrarse a un resultado específico que se espera sea posible de forma mágica y sobre natural. Puede ser un afrontamiento muy dañino.

La Rendición Espiritual implica que la persona hace lo que considera necesario y adecuado (control sobre la acción), pero somete los resultados a una voluntad Divina. Esta es una de las estrategias de afrontamiento de mayor efectividad y funcionalidad.

 

Notas:

1) Hay varias razones por las cuales los “resultados” pudieran no reflejar nuestros esfuerzos. La primera y más obvia, es porque la “acción” escogida debe ajustarse, modificarse o cambiarse. La segunda, es que ciertos parámetros del actor sujeto de la acción, tales como expectativas, intenciones, motivaciones y creencias, actúan de manera inadvertida y afectan el resultado de una manera inesperada.

Una tercera razón es que el “ambiente” plantea una “demora” para manifestar el resultado de la acción. Ciertas personas son capaces de soportar esta demora y mantenerse adheridos con esperanza y optimismo al resultado esperado, mientras otras personas podrían frustrarse y desfallecer antes que el resultado aparezca. Esta idea fueron explicadas en detalle en un artículo previo (http://wp.me/puWNX-fX).

Hay una cuarta razón . No es fácil encontrar el “resultado” específico de nuestra acción dentro del “ambiente” externo, porque este contiene el agregado de las acciones de todo el ecosistema que nos rodea, siendo una amalgama interactiva de factores políticos, económicos, sociales y culturales. Adicionalmente, en un momento en el tiempo, el “ambiente” está afectado a su vez por la sumatoria de efectos causados por acciones previas de los individuos y grupos sociales que nos precedieron y de la humanidad como un todo. Es decir, la “historia”, que es el devenir de los acontecimientos, puede ser vista como “un ser” con autonomía, que tiene vida propia. De manera que nuestras acciones son como granos de arena en un desierto. Nuestras acciones importan y si tienen un impacto, pero es un poco  “narcisista” y “egocéntrico” pretender que su impacto sea reconocible, visible y aislable del resto de “resultados” producidos por otros factores o individuos en este momento o en momentos precedentes. Esta idea ha sido desarrollada en varios artículos previos (http://wp.me/puWNX-gB).

2) La idea de que estamos viviendo una transición por cambio de Era y sus efectos psicológicos la he tocado también en artículos previos (http://wp.me/puWNX-nn, http://wp.me/puWNX-6Q).

3) Es tarea nosotros como seres humanos crear una Sociedad que recompense comportamientos adecuados y castigue los inadecuados. Es lo que tratamos de hacer como Padres con nuestros hijos. Es lo que tratan de hacer los Colegios e instituciones educativas. Es lo que tratan de hacer los maestros con el sistema de fichas. Es lo que ha dado cada vez mayor popularidad a la tendencia del Gaming en educación y en empresas.

Hay épocas en las que parece que nos acercamos como Sociedades a ese ideal y hay otras en las que nos alejamos. Hay países que están más cerca y otros que están muy lejos. En un ambiente determinado donde se premia la delincuencia, la mentira, la extorsión, el rentismo y el control, una persona que se comporta con probidad, rectitud, honestidad, respeto y productividad, es un “desadaptado” visto como un Don Quijote por la mayoría. Es obvio que una persona así en un medio distorsionado donde reina la injustica al mejor estilo del Chicago de los años veinte, no puede motivar sus actos en su entorno inmediato. Si una persona así espera que sus acciones modifiquen el ambiente circundante en el corto plazo o espera una retroalimentación positiva por su actuación, se sentiría muy frustrado y posiblemente desistiría de continuar comportándose de esa manera, terminando por “adaptarse” (o morir).

Pero los mejores avances de la humanidad se han logrado gracias a personas que no se “adaptan” a la realidad que los rodea, sino que son capaces de mantener sus ideales INDEPENDIENTEMENTE de los resultados de corto plazo. En ese caso, aplicaría la máxima: no es recomendable juzgar nuestro día por lo que obtenemos, sino por lo que sembramos. Esta afirmación es una variación de la frase de Ghandi que he colocado en la portada de este Blog: Be the change you want to see in the world.

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prometeoEste mes de marzo escribo muy corto para aclarar una idea clave que permite comprender mejor cómo identificar áreas de trabajo personal a las que dedicar esfuerzo para mejorar la inteligencia emocional, como extensión del artículo anterior, en el que puse en claro algunos signos que nos indican áreas de oportunidad para mejorar la gerencia afectiva.

La expresión Gerencia Afectiva no es común en la psicología, donde se suele hablar de este tema como Autoregulación Emocional o Afectiva. Pero creo que el termino auto regulación puede transmitir la idea equivocada de algo que ocurre de forma espontánea y automática. Sin embargo, una de las ideas centrales en el artículo anterior, así como en muchos de mis artículos sobre esta misma temática en este Blog, es acerca de la posibilidad de que no seamos prisioneros de nuestras emociones y de los cursos de acción iniciados al experimentarlas intensamente. Por esto me sentí identificado con una técnica desarrollada por el Dr. John Omaha, la cual he estudiado, he practicado y uso con mis clientes que lo requieran, y que él denomina Affect Management Skill Training.

Hay una diferencia muy importante entre un comportamiento reactivo o uno expresivo, y un comportamiento deliberado que es realizado conscientemente una vez evaluado diferentes cursos de acción. El término gerencia es el que más se asemeja a este segundo tipo de comportamiento que implica el uso activo de nuestra capacidad inteligente. Esta es la que nos permite aceptar lo que no podemos cambiar e identificar lo que sí. Y en nuestro ámbito de influencia, fijarnos objetivos y metas, motivarnos, ampliar nuestros recursos, buscar alianzas, integrarnos con otros y modificar la realidad. Para ello es necesario saber ver las opciones, de manera de escoger el mejor curso de acción.

Un comportamiento inteligente requiere una integración adecuada de las emociones. Si no lo hacemos, esta dimensión puede sabotear nuestros mejores intentos. Una vez bajo los efectos de las emociones nuestros procesos superiores se ven moldeados; y con ellos la percepción de las opciones, las relaciones y la ejecución.

Como decía Aristóteles, el problema no es tener emociones, sino tener la emoción adecuada a la situación, en la intensidad adecuada y expresada en la forma adecuada.

Pero cada uno de nosotros tiene una historia de aprendizaje personal que nos ha moldeado. Hay huellas en nuestra memoria emocional implícita producidas por heridas, déficits y episodios vividos, que se activan en forma espontánea, autónoma, fuera de nuestra voluntad cuando se encuentran ante ciertas condiciones ambientales específicas que las recrean. Y puede ser perturbador experimentarlas. Bajo su efecto podemos actuar de determinadas maneras dejando de lado otras opciones posibles. Y cuando sucede esto, no estamos gerenciando nuestros afectos. Lo peor de todo, es que quizás ni nos damos cuenta que haya algo que mejorar en nosotros. Para determinar si estamos en ese caso, es que idee esa lista del artículo anterior sobre signos que deben llamarnos la atención. Hay un dicho local de la sabiduría popular que recoge esta idea bajo la expresión “no aguanta dos pedidos”, queriendo decir que la persona ya tenía una predisposición a actuar que es previa a que determinada situación se presentara. Otra expresión similar que recoge también esta idea dice: “el niño que es llorón y la mamá que lo pellizca!”

Es decir que, si bien hay una situación externa disparadora que lógicamente puede activar ciertas emociones en una persona, hay que estar atentos a la frecuencia con que esto ocurre, la intensidad y los resultados, de manera de poder determinar si hay algo en la “estructura” de la persona que está empeorando la situación y que la hace repetitiva. La idea es poder “decodificar” nuestros condicionamientos de manera de poder ser menos reactivos y poder trascender las circunstancias. De lo contrario, estaríamos atrapados por el destino.

Quiero hacer notar que hay una idea muy sutil e importante aquí. Y es la idea de que el comportamiento de una persona se debe más a factores internos que a factores externos. Esta idea de trascender las circunstancias y elegir como responder fue señalada por Víctor Frankl. Pero mucho antes la planteó Spinoza quien era muy preciso al decir que el ambiente externo lo que hace es “agitar” el mundo interior de la persona, pero que su comportamiento proviene de su propia esencia. Más recientemente, esta idea la desarrolló el Biólogo Humberto Maturana. En su libro el Arbol del Conocimiento explica que los seres auto mantienen su estructura interna y encuentran además un medio ambiente acorde para lograr un acoplamiento. Este puede producir la percepción de que son los eventos externos los que explican el comportamiento. Pero enfatiza de una forma dramática que “es propiedad de la carne ser penetrada por la bala, y no propiedad de la bala penetrar la carne”.

Estas ideas llevadas a su máxima expresión nos conducen al determinismo absoluto. Sin embargo, todos estos autores, desde Spinoza en 1600, hasta Maturana en 1970, concuerdan en que hay un pequeño espacio para la libertad humana. Las sinapsis pueden cambiarse. El cambio existe. Y todo gracias al aprendizaje y el cambio (basados en el principio de la retroalimentación). Es la posibilidad de trascender la reactividad

Pero si el individuo es moldeado en sus primeras experiencias y es susceptible de heridas, déficits y episodios que cablean de una forma determinada su comportamiento, como puede ser libre? Sabemos que muchos de estos aprendizajes son resistentes a nuestros intentos de cambio. Por ello, es importante identificar donde radica nuestro auto saboteo.

Las áreas nuestras que nos bloquean nos llevan a descarrilarnos de nuestra ruta óptima de desarrollo. Todos tenemos un estado potencial que es nuestra mejor versión. Prosperar y florecer es posible a pesar de las dificultades y problemas. Hay muchos testimonios de personas que han encontrado su ruta, aun habiéndose descarrilado. Pero sabemos que la gran mayoría de las personas viven vidas alejadas de su potencial.

Para asegurarnos de estar en el camino adecuado de desarrollo y expresión es clave revisar nuestra “estructura” interna, lo cual es llamado Autoconocimiento. Es decir, conocer los “triggers” que activan triadas de pensamiento-emoción-conducta y con ellas sentimientos, impulsos, actitudes, imágenes y recuerdos.

Es normal que frente a determinadas condiciones experimentemos un determinado estado mental (mindset). La característica de un determinado mindset es que es temporal y cambiante, dependiendo de las circunstancias. Recibimos algo y nos sentimos agradecidos. Tenemos un logro y nos sentimos orgullosos. Si alguien nos traiciona, nos sentimos resentidos. Si nos rechazan o tenemos una pérdida, sentimos tristeza y desconsuelo. Si nos amenazan, sentimos miedo. Si las cosas no son como queremos experimentamos disgusto. Si no damos la talla, sentimos vergüenza. Si tenemos mucho por hacer sentimos estrés. Si no sabemos dónde vamos experimentamos ansiedad. Si anticipamos una catástrofe entramos en pánico.

Pero un mindset repetido o muy intenso en un niño ocasiona que este sea engranado en su estructura interna, como lo explica el Dr. Daniel Siegel. Y este engranaje es el punto de partida para que se forme un estado del yo (ego state), el cual tiene mayor permanencia y pasa a formar parte de la estructura de la persona (Watkins y Watkins). Así que, cada uno de nosotros, al vivir ciertas experiencias repetidas o muy intensas, ha engranado dentro de sí, ciertos patrones o facetas, que al formar parte de sí, ya dejan de ser meras respuestas a una situación externa. Cuando una persona está en un particular estado del yo, revive todas las emociones, creencias y sensaciones propias del estado mental que se engrano en él.

Puede haber estados del yo sanos, basados en la confianza, en la disciplina, en la fe, en los logros. Pero también podemos tener estados del yo heridos, debido a episodios traumáticos, déficits en el desarrollo o heridas producidas por nuestros cuidadores. Estas facetas permanecen dentro de nosotros y no quedan atrás por la mera voluntad, sino que se convierten en obstáculos, en bloqueos, en síntomas, en estancamientos y obstrucciones a nuestro desarrollo, reproduciendo y recreando un destino que puede llegar a aprisionarnos y convertirnos en víctimas. Sanar estas áreas e integrarlas al resto de la personalidad es la única manera de alcanzar nuestro potencial.

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tumblr_mhkm2zqQQ41rpknyzo1_500_largeTodo momento que marca un final y/o un inicio, es oportuno para actualizar nuestros compromisos y metas. Al estar a escasos días del término del año 2014 y del inicio del 2015, comparto algunas ideas que puedan ser útiles para guiar esta reflexión. Comúnmente al hablar sobre este tema la gente tiende a pensar en las cosas que desea, como una pareja, que le vaya bien en su empleo o en sus negocios, nuevas adquisiciones materiales o viajes. Pero antes de ir al plano más tangible y concreto, es recomendable repensarnos en lo que somos y lo que buscamos.

Para que una reflexión más profunda y de mayor alcance pueda producirse es necesario crear las condiciones necesarias. Si uno anda apurado, con el tiempo contado y pretende tomar papel y lápiz y sentarse a escribir sobre esto, podría estar más bien inhibiendo o abortando este proceso. Sugiero tomarse un tiempo considerable, a solas, crear el espacio apropiado al gusto de cada quien y darse tiempo con holgura. Dejar flotar las ideas cotidianas, dejarlas ir y quedarse a gusto en el silencio. Dejar ir la emocionalidad producida en las transacciones e intercambios del día a día y buscar el centro de sí mismo. Permitirse una visión más panorámica y consciente, sin perder de vista el momento y la circunstancia. Ser testigo de si mismo, de las frustraciones, de las satisfacciones, de los temores, de las conquistas, de los fracasos. Del pasado reciente, pero también de todo el recorrido. Y de las aspiraciones y anhelos. Y dentro de todo esto, encontrarse con su propia esencia. Y desde la quietud reflexionar acerca de qué es lo que busca en la vida, cuáles son las necesidades y motivos que le impulsan, qué aspira, para qué lo quiere, cuál es su propósito, su misión.

En este respecto es importante distinguir entre el fin y los medios, entre el propósito general y la estrategia. Y en este punto cabe pensar si la forma que busco lo que quiero es la mejor. Ante nada esta reflexión es útil para aclarar con mayor precisión cual es  nuestra finalidad última, pero a la vez para reflexionar si la forma que hemos ideado para alcanzarla puede mejorarse, que opciones hay, en que se puede modificar lo que he venido haciendo para lograr lo que aspiro a final de cuentas.

Esta reflexión más estratégica es importante para repensarnos porque muchas veces hemos hecho nuestros, objetivos que tal vez no tienen que ver tanto con nuestra esencia sino que tienen más que ver con las expectativas de nuestro medio; nuestra familia, allegados, grupos de pertenencia, expectativas que provienen del género o de los roles. Pero cada uno de nosotros tiene un sello personal, un perfil propio, una semilla que se desarrolla en el tiempo y que tiene una finalidad propia y óptima. Cada quien corre su propia carrera. Por ello, tenemos que preguntarnos: ¿Estamos yendo hacia el desarrollo de nuestra finalidad?

Ahora bien, para saber si estamos realizando nuestro potencial primero tenemos que saber cuál es ese potencial, cual es nuestra versión óptima, para lo cual es útil conocer cuáles son nuestras cualidades, esto incluye talentos, fortalezas y valores. También conocer las actividades que nos hacen sentir bien, que nos resultan satisfactorias y estimulantes, que nos energizan, que nos hacen fluir.

Por otra parte, conocer nuestras preferencias en formas de trabajar, intereses, formas de relacionarnos. También identificar nuestros motivos y necesidades. La visión integral de todos estos aspectos puede ayudarnos a hacer esta reflexión sobre lo que somos y a dónde vamos. Contrariamente a la visión transaccional del éxito como algo que se logra a través de las conquistas y adquisiciones materiales, prefiero las definiciones del éxito que resaltan la importancia de hacer nuestro mejor esfuerzo para ser lo mejor que podemos ser.

De manera que para poder tener éxito, tengo que saber primero cuál es la versión potencial de mí mismo. ¿Cómo soy, que hago y de que estoy rodeado en mi versión potencial? En este orden de ideas hay un aspecto que he tocado en artículos recientes, que es el tema de la aceptación. A veces, se nos presentan situaciones que nos impone el “destino” y que “restringen” nuestras posibilidades. Le leí a Víctor Frankl en alguno de sus libros que el éxito suele pensarse en términos de conquistas. El propuso en cambio que también el éxito sea visto en términos del “cumplimiento” de las exigencias impuestas por el “destino”. Según él, el propósito personal no sólo debe ser pensado en términos de gustos y deseos, sino también a través de mirar lo que la “vida” ha querido “decirnos”.

Muchas veces nos empeñamos en tomar una dirección que no está alineada a lo que estamos llamados a ser. Esto influye en que veamos situaciones que nos toca experimentar como tragedias, cuando en el fondo son oportunidades para hacernos florecer en la dirección correcta. Me gusta pensar que lo que nos toca vivir es justo lo que necesitamos para sacar lo mejor de nosotros.

Habiendo reflexionado sobre estos aspectos de orden más estratégico, que llamo Plan Maestro, podemos pasar a un plano más transaccional, tangible, operacional, a fin de establecer los objetivos del año. Para ello sugiero identificar lo que debemos dejar atrás. Quizás sean patrones de comportamiento propio, quizás sean sentimientos, apegos, personas, situaciones, experiencias. Para que cosas buenas y mejores formen parte de nuestra vida, tenemos que hacerle espacio. Esto lo llamo Objetivos de Cambio. ¿Qué no ha estado funcionando en nuestras vidas? ¿Qué relaciones, actividades, o formas de comportamiento han llegado a su fin? Si no se lo que tengo que cambiar, dentro o fuera de mí, me mantendré en el mismo lugar. Así que es importante este reconocimiento, para luego tener la voluntad de hacer los cambios necesarios. Es decir, las acciones que sean necesarias para eliminar, desaparecer o archivar eso de mi campo de atención y acción. Esto puede implicar el procesamiento de experiencias vividas. Mientras no aprenda las lecciones, esto estará vivo allí ocupando un espacio que necesito para dar cabida a nuevas experiencias. También puede implicar el compromiso con programas de cambio de conducta.

Por último, establecer los objetivos del año. Sugiero poner en claro nuestras Aspiraciones, es decir, las cosas que queremos. Pero luego repensar esto en términos de lo que puedo hacer yo efectivamente. No hay que perder de vista que tenemos un ámbito de influencia. Así que es más práctico y realista usar las aspiraciones como un vehículo para pensar sobre los objetivos que sea factibles para mi realizar. Para realizar esta tarea sugiero pensar por una parte, en lo que quiero mantener y mejorar en mi vida. ¿Cuáles son esas cosas, experiencias, personas, situaciones, actividades que quiero se repitan, que quiero se potencien, que quiero que crezcan en mi vida?

Por otra parte, hacer una lista de las cosas nuevas que quiero. Identificar qué cosas que no he hecho debo hacer para lograr lo que quiero. Esto me va a dar luces acerca de lo que debo emprender. Para cada objetivo sería bueno identificar las actividades específicas que pueden ser necesarias para lograrlo. Es útil ponerse metas progresivas e identificar los indicadores de progreso.

Al pensar en objetivos para el año también puede ser útil diferenciar entre objetivos para producir mejoras internas y externas. Es decir, un objetivo de mejora externa puede ser mejorar la facturación, mientras que uno de mejora interna puede ser mejorar mi estado de ánimo.

No he pretendido dar acá un método paso a paso, sino sólo compartir con Uds. mis reflexiones sobre este tema. Algunas de estas ideas las compartí en un programa de televisión llamado Soluciones.

 

Nota 1: Este tema lo trate antes en el siguiente articulo https://excelenciapersonal.wordpress.com/2009/06/09/claridad-de-proposito-para-persistir-en-nuestras-acciones/

Nota 2: Les dejo este enlace a un articulo sobre emprendimiento de nuevas oportunidades de negocio para los que quieran profundizar en esta area https://www.toptal.com/business-intelligence/bootstrapped-construyendo-una-compa%C3%B1%C3%ADa-a-distancia/es

 

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SiegeEn el artículo de este mes voy a tratar un tema que dejé abierto meses atrás cuando publiqué la serie Transacciones Energéticas. Allí introduje la idea de que hay tres posiciones existenciales básicas en nuestra relación con el mundo: 1) Espirales Crecientes, 2) Espirales Decrecientes y, 3) un estado intermedio al que no coloqué nombre en aquel momento pero que ahora acuñaré como Estado de Asedio. Además de esta visión “macro” de nuestro intercambio con el mundo, también traté el tema desde una perspectiva “micro”, pero sólo desarrollé las principales Fugas Energéticas.  En esta entrega quiero concentrarme en cómo reponer las pérdidas. Cuando hablo de ganancia o pérdida me estoy refiriendo a lo que definí en esas anteriores entregas como Recursos. Si bien, la ganancia o pérdida de recursos puede suceder en cualquier de las tres posiciones existenciales, en este artículo me concentraré especialmente en Cómo reponer la perdida de recursos cuando estamos en Asedio.

Desde el punto de vista bélico, un asedio o sitio tiene lugar cuando una entidad (ciudad o fortaleza) rechaza la rendición ante un atacante que no puede tomarla por un asalto definitivo y en su lugar recurre a la conquista mediante su desgaste. Trasladado a nuestra vida es cuando estamos en esas épocas en que nos esforzamos mucho para avanzar un paso. Luego, nos esforzamos casi hasta el desgaste para lograr otro más que nos permita asegurar nuestro avance. Pero luego viene la vida y nos hace retroceder tres escalones de un sólo golpe. Así que en el saldo de la cuenta quedamos peor de cómo comenzamos. Entonces nos reponemos y volvemos a comenzar otra vez y avanzamos el paso que nos faltaba para igualar. Descansamos un minutito y cuando comenzamos a avanzar el siguiente paso, viene otra vez la vida y nos retrocede otros dos o tres. Y así vamos! como se dice en criollo: guapeando, dando la pelea, no rindiéndonos!

En nuestra vida hemos tenido épocas de crecimiento. Esas épocas en las que Prosperamos, es decir, aprendemos, nos sentimos energizados, aportamos recursos y también aumentamos nuestros recursos. Nos casamos (o emparejamos), hacemos nuevas amistades, tenemos buenos empleos, buenos beneficios, quizás nuestra propia empresa, quizás socios, adquirimos bienes, nuevas habilidades, nuevos idiomas, nuevos conocimientos, nuevas experiencias. Es característico también en estas etapas el estado psicológico conocido como Empowerment. Nos sentimos eficaces, con auto determinación, con control y con significado. Nos sentimos dueños del mundo. Volamos. Contribuimos. Y recibimos! Este tema lo traté en artículos anteriores como en “Resiliencia: la entrada a espirales crecientes”, así como en “Querer, querer!” y en “Empowerment: un remedio contra la impotencia”.

Pero también, algunos hemos vivido experiencias en las que nos caen las diez plagas de Egipto (son diez y no siete como muchos creen). Entonces perdemos el empleo, los socios, la empresa, los amigos, la pareja, miembros de la familia, se reducen nuestros bienes y nuestras relaciones.  Desde el punto de vista de los afectos, nos sentimos desanimados, sin energía, menos optimistas, menos entusiastas. Pero lo peor de las espirales de decrecimiento es que  afectan y dañan los recursos internos estructurales: nuestra esencia, nuestro Ser interno.

Una pregunta clave aquí es: ¿en que se diferencia el Decrecimiento del Asedio? Para responder esta pregunta tenemos que tener presente que la mera pérdida de recursos externos no basta para entrar en una Espiral Decreciente. Entre los recursos hay distintas clases: materiales, energéticos, relacionales. Estos se pueden clasificar en externos e internos. Desde otro punto de vista también se pueden clasificar en Consumibles, es decir, que se gastan y se reponen fácilmente y Estructurales, que son de mayor permanencia. Hechas estas distinciones, podemos aclarar que en el Asedio hay pérdida de recursos en general, pero sobre todo externos, de tipo material y relacional, mientras que los recursos internos estructurales no tienen porque verse afectados. De forma diferente, en las Espirales Decrecientes hay perdidas de todo tipo de recursos, incluyendo los recursos internos estructurales.

Esto quiere decir que mientras estemos perdiendo recursos pero mantengamos protegidos nuestros recursos internos estructurales, nos protegemos de caer en Espirales Decrecientes, nos mantenemos en Asedio,  guapeando, dando la pelea. Pero el que se amarga pierde! O sea, cualquier descuido y nos enojamos sin darnos cuenta. Entonces ya estamos abriendo un boquete en la fortaleza protectora que mantiene a raya el asedio. Y por ese boquete comienza el desgaste. Digo el enojo como un ejemplo, pero en el artículo que dediqué a Fugas Energéticas, podemos ver un listado más exhaustivo de todas las pequeñas aperturas que tenemos que Cerrar convenientemente para asegurar unas Fronteras adecuadas.

Un desenlace posible en un asedio, es cuando los atacantes logran destruir o capturar a los defensores del sitio. Eso es equivalente a caer en una Espiral Decreciente. Lo contrario implica salir victorioso, sea por acabar con el sitio por si mismo, consiguiendo ayuda externa o simplemente evacuando la ciudad para estar a salvo.

La Afectividad (emociones, sentimientos y estado de ánimo) es un elemento clave para proteger las Fronteras que mantengan en resguardo nuestra esencia interna. Si nos descuidamos y nos permitimos bajar el estado de ánimo en forma sostenida, se abre un boquete a la Fortaleza. Al abrirse una apertura se libra una batalla aún más intensa. Si esta no es resistida, el “enemigo” puede afectar nuestro interior, es decir, nuestra esencia. Las investigaciones sobre burnout han demostrado que el estrés continuado produce cambios cognitivos y afectivos permanentes. En esas condiciones entra el “enemigo” y nos toma por asalto. Entonces, “perdemos el espíritu”. Perdemos la “gracia”. Somos “capturados” y quedamos “prisioneros”.

No hay que perder de vista que no importa cuanto perdamos externamente; si nos mantenemos erguidos por dentro nunca seremos prisioneros, nos mantendremos como “el capitán de nuestra alma, de nuestro Destino”. Podrán apresarnos por fuera, pero nunca internamente. Pero si permitimos sea franqueada la fortaleza, la situación dejará en nosotros una marca más indeleble y las posibilidades de recuperación serán más difíciles. La posibilidad de recuperarnos con posterioridad, es decir, nuestra Resiliencia, depende de cuánto mantenemos protegido nuestro núcleo interno. Un bien material puede recuperarse más fácilmente que la autoestima, la fe o la salud mental. Hay dos clases de sobrevivientes: el que lo perdió todo pero además perdió la fe en el mundo y el que solo perdió cosas externas que luego puede reponer.

De manera que la principal recomendación que quiero dar en este artículo es que durante un Asedio los recursos  sean organizados en “anillos de seguridad”. Es decir, nuestra esencia, que es lo más preciado, debe mantenerse lo más protegido posible, ya que los recursos estructurales internos de tipo cualitativo son los más difíciles de reponer. En la parte más externa deben ir recursos que se consumen pero que pueden reponerse con mayor facilidad.

Fuera de nuestros límites están nuestros recursos materiales y relacionales. A nivel de los recursos materiales es donde comienzan a ocurrir pérdidas. Las pérdidas, la anticipación de su escasa reposición y la amenaza de perder aún más, generan Tensión (Estrés). Esta tensión genera emociones negativas por una parte y por otra activa el sistema motivacional para evitar, recuperar o reponer las pérdidas. Si nada de esto es posible se va a generar mayor tensión. Además de los efectos fisiológicos y psicológicos del Estrés analizados en muchos artículos de este Blog, esta tensión puede afectar nuestros recursos relacionales: pareja, hijos, familiares, amigos. En condiciones de asedio el estrés puede llevarnos a descuidar la calidad de nuestras relaciones. Las más íntimas, así como las más sociales. En buena medida porque el estrés nos hace egocéntricos y poco considerados. Por ello, es importante hacer un especial esfuerzo por estar muy atentos a asegurar nuestra conexión humana, nuestra compasión, el respeto y la consideración con los otros. También es buena idea rodearnos en la medida de lo posible de personas con “buena energía” y de personas con conocimientos o habilidades especiales que sean relevantes para el asedio, tales como expertos, maestros, guías, asesores y profesionales de ayuda.

En la línea de fuego está el Cuerpo Físico. Allí están operando aminoácidos, neurotransmisores, hormonas, macrófagos, inmunoglobulina, células nK, oxigeno, hidróxido de carbono, agua, calorías, vitaminas, oxidantes y antioxidantes, electrolitos, y todas las sustancias fundamentales de la vida. Un termómetro importante a este nivel viene dado por la Vitalidad, la cual puede variar del desánimo al vigor. Aunque la “Actitud” a nivel molecular, celular y bioquímico, depende mucho de la alimentación y la calidad del sueño, también depende de la motivación y la afectividad, que provienen de los siguientes anillos. Para recuperarnos a este nivel, además de alimentarnos y dormir bien, puede ser útil investigar sobre nutrición y salud y acompañarnos de profesionales que puedan enseñarnos más sobre estos tópicos.

En situaciones de asedio es natural tener fatiga, dolores musculares y diversas manifestaciones de la inervación del sistema simpático (gastritis, colitis, arritmias, ansiedad y similares). Si bien es importante conectar con el cuerpo, escucharlo y atenderlo, también hay que mantenerse claro respecto a que el hecho de que uno esté “hecho polvo” no quiere decir que haya algo “malo” con uno. Es decir, el cuerpo es muy importante, pero no hay que olvidar que sólo es nuestro “avatar” biológico. Pero en realidad: Yo no Soy mi Cuerpo. Es importante mantener esta conciencia para “observar” nuestras sensaciones y estar “separado” de ellas.

En el segundo anillo está la Afectividad. Esto incluye nuestras emociones positivas y negativas, nuestro ratio emocional diario, nuestros sentimientos y nuestro estado de ánimo. Esta es la parte nuestra que se ve más afectada situacionalmente en el día a día. Para proteger este anillo deben tomarse en consideración todas la medidas necesarias para procesar la emoción negativa y producir emociones positivas. Es importante que al experimentar los afectos negativos no nos identifiquemos con ellos: “yo no soy mis emociones”.  Para recuperarnos a este nivel puede ser muy útil una asesoría y el entrenamiento por parte de un profesional en cuanto a bienestar psicológico y manejo de la afectividad.

En el tercer anillo está la macro-auto-regulación. Esto se refiere al balance adecuado de los tres sistemas biocomportamentales: ataque-defensa, adquisición y calma. En situaciones de asedio es típico que se conforme un desbalance en el que nos quedamos “pegados” del sistema de defensa y ataque. Sin embargo, debemos saber tener un tiempo para todo: tiempo para proteger, tiempo para reposar y tiempo para emprender. Este balance es el que nos va a permitir, por una parte,  producir la calma necesaria para descansar, restaurarnos y experimentar intimidad y conexión en nuestras relaciones. Pero además, también nos va a permitir que en pleno asedio podamos desplegar nuestro sistema motivacional, que es una organización mental orientada a la consecución de metas (goal setting mindset), para enfocarnos en identificar recursos que pueden ser adquiridos y a desplegar conductas para conseguirlo, lo cual implica emprendimientos.

Aunque la tendencia lógica al perder los recursos materiales es que estos se quieran recuperar o reponer, quizás lo más inteligente sea resignarnos transitoriamente a no hacerlo por lo pronto y minimizar la tensión que esto produce recurriendo a estrategias cognitivas. Hay que tener presente que en situaciones de emergencia algunos recursos materiales puede que pasen a un segundo plano y quizás sea más conveniente que su reposición sea por la vía de la adquisición de recursos de tipo cualitativo que sean más relevantes durante el asedio; tales como alianzas, intensificar vínculos y conexión con otros, nuevos conocimientos, conocimientos que conduzcan a una mejor comprensión de la situación o del funcionamiento interno, la adquisición de nuevas habilidades para lidiar con la situación o para cambiarse a si mismo.

En suma, la situación de Asedio puede afectar nuestra motivación, ya que aumentan los obstáculos para reponer los recursos perdidos y puede que no veamos claro cómo salir de esa situación o cuanto va a durar. El reto consiste en motivarnos a adquirir los recursos que si estén a nuestro alcance, en lugar de fijarnos en los que perdemos o los que no podemos reponer o adquirir.  Esto implica pasarnos el “switch”, identificar los recursos verdaderamente disponibles en términos de relaciones y aprendizajes, y ponernos en modo “goal setting” para adquirirlos.

En el cuarto anillo están las cogniciones. Aquí está lo que pensamos sobre lo que sucede y sobre nosotros mismos. De estas ideas se conforma nuestro optimismo y nuestro empowerment. En situaciones de asedio es común que baje nuestra percepción de auto eficacia, sentirnos a merced de fuerzas fuera de nuestra determinación, que pensemos que hagamos lo que hagamos vamos a tener poco impacto en el estatus quo y que tendamos a ver la situación que vivimos sin ningún sentido. Igualmente, cuando el “enemigo” entra a este anillo afecta nuestra percepción de los demás, de la naturaleza humana, distorsionamos sus intenciones y les atribuimos responsabilidades sin mayor base. Otro tanto hacemos hacia nosotros mismos, muchas veces cayendo presa de la auto critica excesiva, la auto tortura y el auto reproche. Es importante cuidarse también de la rumiación, de los pensamientos distorsionados y de otras alteraciones del pensamiento. Para trabajar este anillo es útil la practica del mindfulness y tener una dosis diaria de pensamientos agradables. Y, sobre todo, no olvidar que “Yo no soy mis pensamientos”. Es clave mantener el empowerment, disminuir los juicios y hacer uso de un pensamiento más benevolente.

En el quinto anillo están las metacogniciones. Estos son los paradigmas y nuestras creencias implícitas. Nuestra visión del mundo y de la vida, la filosofía “en uso” implícita en nuestra actuación real. Cuando el “enemigo” entra hasta este anillo puede dejarnos marcas y heridas permanentes que pueden afectarnos de una manera inadvertida. Es importante tomar conciencia de estos daños de manera de tomar las medidas necesarias para sanar y recuperar nuestros parámetros iniciales. Aunque a través de la introspección y el auto análisis podemos darnos cuenta de nuestras premisas a este nivel, la retroalimentación de los otros es clave en el proceso de crecimiento. Para ello puede ser útil la psicoterapia y otras formas de relación de ayuda que nos ayuden a guiarnos en esta revisión y curación interna, para recuperar nuestros “parámetros de fábrica”.

En el sexto anillo está nuestro núcleo interior. Aquí están incluido nuestro Self, nuestra misión, nuestra identidad, nuestras cualidades, talentos y competencias, nuestra autoestima, nuestras fortalezas de carácter, virtudes, valores y principios. El “enemigo” no debería entrar nunca aquí. Si lo hace se producen heridas profundas difíciles de sanar y retrotraer. Podemos llegar a olvidar quienes somos, para que vivimos, que buscamos, cuál es nuestro sello personal, cuál es el sentido de la vida. Podemos caer presa del desánimo, de la desesperanza, de la falta de fe, del vacío existencial, de la misantropía. En las formas más extremas la persona puede hacerse indolente, insensible, cínico, convirtiéndose en un tirano. Para reparar este nivel pueden ser necesarias intervenciones a varios niveles en forma simultanea, incluyendo la psicoterapia. Además, puede ser necesario volver a comenzar. Considero que buscar la espiritualidad puede ser muy útil siempre, pero máxime para recuperarse a este nivel. Dediqué un artículo llamado Cambiando el Juego a los daños que se producen en este último anillo.

Recapitulando. Durante el asedio tendemos a continuar comportándonos como si todo fuera como siempre. En condiciones normales cuando hay perdida de recursos esto genera una tensión (estrés) que se alivia cuando buscamos  la manera de reponerlos. Esto implica que se hiperactiva el sistema de ataque-defensa y el sistema motivacional, y se inhibe el sistema de calma. Por otra parte, los niveles de tensión afectan la calidad de las relaciones mientras tanto, pudiendo producir perdidas también a este nivel.

Al no poder disminuir la condición estresante ni reponer las perdidas, podemos entrar en niveles de estrés muy altos que traspasan nuestras fronteras de inmediato y vemos afectados los recursos nucleares. El estrés disfuncional produce emociones negativas y desgaste energético, además que reduce la creatividad y la efectividad para solucionar problemas. Esto puede activar una respuesta defensiva reactiva que busca el disengagement con la situación, la externalización de las responsabilidades, la evasión y la búsqueda de placer inmediato de tipo compensatorio.

Así que lo primero que hay que hacer durante el asedio es saber lidiar con el estrés, usar mecanismos de afrontamiento adecuado que permitan disminuir sus efectos inadecuados en el organismo y a nivel psicológico y permitan usar esta tensión como una energía que conduzca al crecimiento personal. Para ello es importante, ante nada, dar un significado al asedio que nos permita su aceptación y vincularnos con el de manera proactiva y positiva, y no a regañadientes, indispuestos o enojados.

En segundo lugar, en condiciones de asedio tenemos que funcionar de un modo diferente a como lo hacemos en condiciones normales. Tenemos que entender que estamos en una situación de crisis sin que ello signifique entrar en un estado de pánico. En esta situación es conveniente dejar ir recursos materiales sin preocuparnos mucho por su reposición inmediata. En su lugar adquirir recursos cualitativos de tipo relacional y de know how que sean relevantes. Es importante inhibir el sistema de ataque defensa que puede funcionar en forma excesiva y balancearlo con nuestra motivación y nuestro sistema de calma y reposo necesario para restaurarnos. Además, debemos tener especial cuidado en atender nuestros recursos relacionales, tener empatía con ellos, tenerles paciencia, darles apoyo y soporte, mantener la conexión con ellos y asistirles en cuanto sea necesario.

En tercer lugar, no podemos darnos el lujo de mantener al descubierto nuestros recursos internos y permitir que se vean desgastados, consumidos, afectados o dañados. Para ello puede ser importante mantenerlos en una jerarquía que los exponga en orden asegurando que si los más externos son debilitados, ello no implique el debilitamiento de los más internos. Si tengo un mal día y baja mi estado de ánimo, no debo permitir que ello no me deje dormir, que anticipe una catástrofe, que cambie mi percepción del mundo y se afecte mi auto estima, todo en un solo acto. En cambio, es importante tomar conciencia que no soy mis sensaciones, emociones, sentimientos o pensamientos, y que puedo realizar alguna práctica voluntaria que me permita modificar mi humor, descansar y reponerme, que “mañana será otro día”.

A lo largo del artículo se ha ido identificando como reponer las fuerzas perdidas. A nivel físico es importante cuidar la calidad del sueño y de la alimentación. A nivel afectivo cuidar nuestro ratio emocional. A nivel de auto regulación, mantener un balance entre defender, emprender y reposar. A nivel de cogniciones cuidar nuestro empowerment y nuestras atribuciones y juicios hacia otros y hacia nosotros mismos. A nivel de metacogniciones asegurarnos de volver a nuestros parámetros originales. A nivel nuclear cuidar nuestra esencia.

Admiro mucho a Ortega y Gasset. Lo he estudiado y he comentado sus ideas en mi Blog. Y es cierto que como el dice, no podemos desconocer las Circunstancias que le tocan vivir a un Hombre. Pero en la medida de lo posible, lograremos una mayor resiliencia si durante el Asedio somos capaces de mantener una cierta “distancia” de las circunstancias manteniendo en resguardo nuestros recursos internos, sobre todo los más nucleares. Es importante mantenerse vinculado a la situación (engaged), pero manteniendo una cierta “distancia” y des-identificación de nuestras sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos, de manera de poder trascender todos estos eventos externos e internos, colocándonos como unos observadores y testigos muy concientes de todo.  Para ello tenemos que adoptar un comportamiento especial adaptado a esta condición tan particular y ayudarnos con alimentación, sueño, recreación, lecturas, maestros, consejeros, coaching, psicoterapia y espiritualidad, que nos permitan estar continuamente Reponiendo fuerzas!

Nota 1: Algunas de las ideas que he compartido en este artículo fueron parte de una clase que dicté en el curso Psicología Organizacional Positiva del Diplomado de Psicología Positiva Aplicada organizado por la unidad de formación gerencial de la Universidad Metropolitana en el trimestre Octubre-Diciembre de 2014.

Nota 2: Un caso particular de Asedio es el Mobbing. Consultar el siguiente enlace: http://www.atusaludenlinea.com/Salud/Noticias/Noticias/%C2%BFComo-hacer-frente-al-mobbing-.aspx

Nota 3: Les invito a leer un artículo relacionado a éste que escribí para Inspirulina (http://ow.ly/FS9B0)

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mas-que-sembrarReconozco que unas de las ideas que más me han resultado difíciles de comprender son las de rendición, renuncia y aceptación. Desde joven fui voluntarioso, orientado a ponerme metas, con mucha energía, concentración y persistencia. Me comportaba de un modo ambicioso y competitivo. Me rodee de personas que pensaban parecido en este respecto al menos. Luchaba duramente para no dejarme arrastrar por la negligencia, el conformismo o la autocomplacencia. Esto me llevó a cultivar logros y a formarme una identidad alrededor de estas ideas.

Pasé por encima de muchas personas y obstáculos en aras de los objetivos y me encargué de hacerme una ideología basada en estas ideas que justificaba mis rasgos y comportamientos, buscando asociarme a gremios y grupos afines.

Considero que no tiene nada de malo buscar la efectividad, la eficacia y la eficiencia. Pero reconozco que en mi caso, así como en el caso de muchos otros con un perfil similar, esto esconde otros asuntos de la personalidad.

Había ciertos temas y áreas de mi vida donde estas competencias no bastaban. Incluso, estaban contraindicadas. La tendencia humana típica cuando una persona tiene ciertas competencias destacadas y se enfrenta con situaciones que requieren de otras que están insuficientemente desarrolladas, según lo demostró el Center for Creative Leadership en sus investigaciones sobre descarrilamiento ejecutivo (al final coloco otros artículos en los que he abordado este tema antes), es la sobre-utilización de las competencias más desarrolladas. En solución de problemas esto es equivalente a usar la respuesta correcta para otro problema. O usar una respuesta que dio resultados ante un problema ordinario ante un problema extraordinario que requiere de innovación. También es lo que en otras comunidades de ideas llaman un Quiebre.

Es un terrible dolor a nuestro Yo (Ego), que luego de progresar, crecer y prosperar en un proceso determinado, de pronto este se ve coartado, no se dan los resultados que esperamos, no comprendemos que es lo que sucede.

Así que una reacción posible es la que en criollo podríamos llamar: “derecho al pataleo”. En psicología infantil han llamado a algo similar Reactancia. Es decir, no darse por vencido. Dar la pelea. Luchar. Insistir.

Creo que esa idea es egosintónica. Es decir, se le hace fácil a nuestro Yo identificarse con ella. Y dentro del contexto gerencial y de ventas, en el ambiente deportivo, y en cualquier contexto competitivo suele insistirse mucho en la idea de la esperanza y la persistencia.

Así que, ¿a qué viene esta idea de que rendirse sea bueno?

Por este contrasentido es que me costó entender mucho esta idea de la rendición y la aceptación. Mientras algunos autores insisten en ponernos metas y luchar por ellas, otros hablan de aceptar la realidad y renunciar a nuestras expectativas (esto, según se ha encontrado, es un factor común en muchos casos de depresión y en trastornos de ansiedad).

Así que hay cierta contradicción aquí que creo debe ser aclarada.

Este tema lo saco a relucir, porque vengo escribiendo en los últimos artículos acerca de la serenidad. En “La serenidad como Actitud ante la vida” mencioné nueve componentes que ciertos autores encontraron asociados con la serenidad que definieron como un “constructo multidimensional”.

Algunos de los componentes justo tienen que ver con este tema que estoy tratando ahora en este artículo: por una parte, reconocer lo que no se puede cambiar y aceptarlo, y por otra, tomar acciones en lo que si puede ser cambiado. Y allí justo es donde se resuelve esta aparente contradicción. Es importante tener expectativas, ponernos metas y actuar para lograrlas. Pero no podemos perder de vista que hay un espacio que no depende de nuestra intervención.

Ciertamente que hay áreas y temas que podemos cambiar y otros que no. Pero incluso, en una misma área hay una parte o etapa en la que podemos intervenir, pero hay otra en la que no. Un jardinero puede arar la tierra, limpiarla, colocarle abono y sembrar una semilla. Pero luego tiene que esperar. Colocarle agua, protegerla. Y esperar. La vida tiene que brotar de la semilla por si misma.

Igual sucede con todos los procesos vivos y en la vida en general. A nivel social, organizacional, en las relaciones, con los proyectos, con la prosperidad, con la familia, incluso con la historia, según escribí en otros artículos. Uno siembra ciertas cosas. Hay un proceso. Luego cosechamos ciertos resultados.

No tiene caso disgustarse o impacientarse porque el proceso no va al ritmo que queremos. Tampoco tiene caso enojarse o entristecer por no estar conforme con lo que cosechamos.

Entonces, rendirse, renunciar y aceptar, implica comprender estos procesos. Comprender qué es lo que si podemos hacer, cuál es nuestro margen de maniobra, que queremos sembrar, que anticipamos cosechar, que cuidados tendremos para asegurarlo. Pero luego de lanzado el boomerang, tenemos que esperar lo que viene de vuelta con sabiduría. Una estrategia de afrontamiento espiritual positivo consiste en hacer lo que se pueda hacer, pero luego “entregar” el resultado.

El problema es que a veces se siembran otras semillas que se colaron inadvertidamente. O nuestras intenciones fueron unas, pero nuestras acciones otras. De manera que muchas veces no nos gustan los resultados que obtenemos. ¿Entonces? ¿Nos quejamos? ¿Desconocemos nuestras creaciones? ¿Nos salimos del juego y dejamos ese terreno? ¿Culpamos a los otros? ¿Nos justificamos? ¿Buscamos fans a quienes convencer de no ser responsables de nuestras creaciones, sino que algún otro no entendió, no coopero o no se hizo solidario con las ideas que querríamos sembrar?

Me costó mucho comprender esto por la tendencia aprendida de mi personalidad a afanarse y aferrarse a ciertos resultados, a querer siempre la victoria y el éxito, a huir del fracaso, y de lo que pareciera a mediocridad, estancamiento, retroceso u obstáculos.

Pero en el camino, a través de los reveses, de las decepciones, del sufrimiento y de los fracasos, he descubierto algo que pudiera llamarse Fe. Y aquí hago referencia a otro componente de la serenidad. Poco a poco he aprendido a confiar en la vida. Si se ha producido todo este fenómeno llamado Vida, junto con la naturaleza, el Universo, las células, la reproducción, las galaxias y los agujeros negros, en forma completamente independiente de mi Yo, es porque debe de haber un sentido, una “inteligencia” superior, una realidad trascendental e intangible, que escapa a mi comprensión, a mi condicionamiento social, al instrumental perceptivo proporcionado por la cultura y las ideologías sociales del momento en que vivo, las interpretaciones y cogniciones de los grupos sociales de los que he formado parte.

Se ha desarrollado en mi un sentimiento de confianza de que si hay un proceso, que tiene una lógica, que siembro y cosecho. Que si no estoy muy conforme con algunos “Frankenstein” que he producido, es cuestión de mirar con sabiduría, con mucha atención, para aprender cómo funciona este proceso para ir mejorando como “Aprendiz de Brujo” y hacer creaciones cada vez más acordes con mis ideales y valores.

Esta confianza implica que me miro como un elemento dentro de un contexto más amplio, donde mis procesos deben de encajar con los procesos globales, porque a la final hay un “macro rompecabezas” que está siendo armado por la Humanidad. A la final, hay fuerzas ocultas que operan facilitando ciertos procesos y obstaculizando otros, porque todos tienen que alinearse dentro de un proceso global. De manera que a la final al contemplar con asombro esta grandeza, conecto con el sentimiento de que todo es para bien.

Esta conexión descrita me permite tener nuevos recursos cuando me encuentro abatido por la tristeza, cuando me siento ansioso, cuando siento que he sido tratado injustamente, cuando me siento fuera de lugar y separado de lo que me rodea. Puedo remontar esos momentos al salir de mi mismo, aceptar el dolor, crecer en mi humildad y agradecer más bien por todos las bendiciones inesperadas que he recibido y sigo recibiendo.

Debo decir, que no he encontrado en la Psicología algo que me haya ayudado a desarrollar estos puntos (que abarcan los componentes 2, 3 4 y 5 de la Serenidad). Lo he encontrado en cambio, en mi propia Experiencia Espiritual. La religión y la religiosidad, han sido puntos de apoyo importantes en la medida que han proporcionado una base sólida sobre la cual he desarrollado mi Espiritualidad. Pero creo que estas bases no han actuado por sí mismas, sino motorizadas por mi Deseo de mejorar y mi Intención de abrazarme a la Vida y a lo Vivo. Esto me ha permitido cabalgar por los altibajos de la vida y tomar un Camino basado en la Serenidad, la Alegría y el Amor.

A continuación dejo el enlace para artículos previos que tratan alguno de los temas tratados en este artículo, para quien quiera profundizar:

Respecto al tema de la sobre-utilización de competencias destacadas:

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2012/05/08/gajes-del-oficio/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2012/04/17/un-riesgo-profesional-del-que-se-destaca/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2010/08/01/obsesion-o-pasion/

Por que a veces no obtenemos los resultados que queremos, sobre todo a nivel social:

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2011/05/20/estado-del-tiempo%e2%80%9d/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2013/03/29/haciendo-nuestra-parte/

Respecto a la difícil lucha en la que nos colocan los desaciertos y reveses, y de la necesidad de preservar nuestro nucleo sano:

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2013/04/30/philotropismo-positivo/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2012/11/02/cambiando-el-juego/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2012/07/24/buscando-la-raiz-sana-para-volver-a-comenzar/

Sobre lo que vemos y lo que no vemos con los ojos físicos:

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2011/09/28/la-vision-interior/

Sobre el principio “activo” y el principio “pasivo”:

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2010/11/23/las-dos-caras-de-la-victoria/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2012/09/16/en-la-zona-positiva/

https://excelenciapersonal.wordpress.com/2011/10/31/objetivos-claros/

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Heavens-Rays---1600x1200---ID-23771Seguro que han escuchado que cada quien entiende lo que quiere, lo que puede o lo que le conviene. Eso hace muy difícil el trabajo de enseñar. Muchas veces las personas van a charlas y cursos con la idea de que ya lo saben todo y solo asisten por demostrar lo que saben, compararse con otros o validar su experiencia. Máxime en temas de psicología, en los que todos se sienten expertos. Son pocos los que van con una actitud abierta realmente a aprender. Sin embargo, si los he visto en estas actividades con mis empresas clientes. Pero es más probable encontrar esta actitud en las sesiones de coaching o en las sesiones de psicoterapia, donde la persona suele estar más comprometida a cambiar.

Esto tiene que ver, en parte, con la “enfermedad de la certeza”. Las personas con cierto éxito, piensan que este es debido a toda su forma de pensar y actuar. Asi que no ven razón para cambiar nada (esto se llama Conducta Supersticiosa en Condicionamiento Operante). En cambio, el que ha tenido ciertos fallos, está más dispuesto a aprender. Esto no solo sucede a nivel individual, sino tambien a nivel organizacional. Se han hecho estudios de empresas muy exitosas en una década, que luego en la siguiente colapsaron. Una de las razones del fracaso es la “paradoja de Icaro”: lo mismo que las hizo subir, las hizo caer. Es decir, la repetición exagerada de ciertos patrones de comportamiento, impiden el aprendizaje (aquello de la definición de locura de Einstein).

De cualquier modo, cada quien entiende la nueva experiencia de acuerdo con sus propia “construcción de la realidad”, con sus propios paradigmas, su metacognición, sus valores, sus aprendizajes previos, los explícitos y los implícitos (inconscientes). Aquellos que usan más el “juicio” como modo de relación con el mundo, tienen aproximaciones preconcebidas para asimilar todo lo nuevo, acoplándolo a su experiencia previa. (Esto es así cuando el tipo de procesamiento preferente usado en el cerebro es top-down proccesing- explicado en artículos previos sobre Conciencia y Neurobiología).

Por esto se dice que cada quien vive en su propia burbuja, lo que se refleja en nuestras conversaciones diarias. Porque el apuro en el que vivimos, el “todo es para ayer”, la presión por producir resultados, muchas veces nos roba la serenidad. Entonces al perderla, no escuchamos al otro en sus propios términos, sino en lo que significa para nosotros. Esto nos impide crecer, ampliar nuestras perspectivas, reafirmando nuestra “lectura” de la vida y las situaciones. Y ello nos puede conducir a una comunicación combativa, alejada del dialogo.

Pero pocos son sensibles a esto y más bien quieren aprender a convencer a los demás o a lograr sus objetivos a costa de los demás, sin aprender las lecciones que nos ofrece la diversidad y a las que nos obliga el verdadero respeto por las diferencias. Y si a una de estas personas “competitivas” y muy apuradas, que entra y sale de un curso porque siempre tiene asuntos urgentes que atender, se le habla de serenidad, lo más probable es que lo malinterprete y lo confunda con irresponsabilidad o lentitud (se han visto casos).

Tal vez un sinónimo de serenidad que no se vincula con esa idea de “andar en la luna” con la que la asocian algunos, es la palabra Ecuanimidad.

Algunos autores de psicología tratan la serenidad como una emoción positiva relacionada con la quietud o calma interior. Sin embargo, hay psicólogos que plantean la Serenidad como una experiencia más completa e integral, que si bien incluye la capacidad de producir quietud y calma interior en momentos de dificultad, también incluye otros elementos. Un importante estudio sobre este “constructo” multidimensional, identificó nueve componentes diferentes:

1) Habilidad para contactar con un refugio interno de paz y seguridad.
2) Habilidad para reconocer lo que no se puede cambiar y aceptarlo.
3) Habilidad para conectar con un todo mayor que permita superar sentimientos de aislamiento y soledad.
4) Habilidad para confiar en que todo en la vida encaja para bien en un plan global.
5) Habilidad para tomar acciones en lo que sí puede ser cambiado.
6) Habilidad para sentir satisfacción con la vida
7) Habilidad para mantenerse centrado en el presente
8) Habilidad para comportarse con benevolencia
9) Habilidad para reflexionar sobre el impacto de sí mismo en los desafíos y problemas.

En este sentido amplio la Serenidad es una experiencia humana que comprende una forma de pensar, un estado de ánimo y un sentimiento positivo, así como un estado de ser o nivel de conciencia. Este modo de vida se asocia con la espiritualidad y se considera un predictor importante de salud física y emocional. Tuve la oportunidad de compartir recientemente sobre este tema en el VIII Congreso del Colegio Venezolano de Psicofarmacología y la IV Jornada de Psicología Cognitiva Conductual bajo el título de Psicoterapia y Espiritualidad. Las investigaciones señalan que las personas que experimentan la serenidad como un modo de vida, tienen salud fisica y psicológica, así como buenas relaciones y productividad. Por ello, el cultivo de la serenidad debería ocupar un lugar primordial en nuestras agendas, sin que ello signifique rebajar nuestras expectativas, estándares, o resultados.

En los próximos artículos abundaré sobre cada una de las habilidades que la componen. Por ahora, en relación a la primera, recomiendo haga el siguiente ejercicio de visualización. Luego repitalo con periodicidad por el resto de su vida:

Tome asiento cómodamente en algún lugar seguro donde no lo puedan molestar. Si lo desea, coloque una música agradable y suave, preferiblemente de tipo instrumental. Dedique unos minutos a relajarse. Luego proceda a imaginar un lugar que le inspire confianza y seguridad. Que evoque una respuesta de calma y serenidad. Un lugar que Usted pueda considerar como su santuario privado. Imagínelo en todo lujo de detalles. Detalles visuales, sonoros, táctiles y olfativos. Puede ser de playa o montaña. Al aire libre o con algún tipo de edificación. Con o sin mobiliario. Imaginelo a su gusto.

Este será de ahora en adelante su refugio personal. Será más poderoso en la medida que le dedique tiempo periodico para visualizarlo con lujo de detalles y producir internamente una respuesta de calma que quede asociada a el. Una vez que haya dedicado tiempo en “construirlo” lo podrá usar para combatir momentos difíciles. Entonces, cuando se sienta desgastado, molesto, estresado, triste o apremiado, podrá dedicar unos minutos a tomar contacto con su refugio personal, logrando evocar sentimientos de calma, tranquilidad y seguridad que le serviran para resetear su organismo de los efectos perjudiciales del exceso de Cortisol y fortalecerlo a nivel inmunológico, produciendo resultados saludables y favorables.

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