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Posts Tagged ‘Desarrollo psicológico’

¿Está bien complacernos? ¿Está bien disfrutar de la vida? ¿Hay restricciones en cuanto al objeto de nuestra complacencia o podemos complacernos con todo? ¿Hay restricciones de cantidad o no hay límite? ¿Basta con el efecto que produce la complacencia en su forma más primaria o es necesario enmarcar el efecto producido dentro de una intencionalidad especifica? En este artículo me propongo responder estas preguntas, como parte de esta serie que comencé dos posts atrás en Nuestro desafío fundamental. Allí indiqué que “Hay dos grandes fuerzas que buscan hacernos desconfiar de nuestra capacidad de encontrar un lugar en el mundo y prosperar. La primera por la vía de la atracción, el deseo y la tentación […] La segunda fuerza, actúa a través del ataque y el desafío.” En el artículo previo,  Ir a la Guerra si es necesario, desarrollé el segundo punto y este artículo trata sobre el primero.

Comencé a escribir este Blog como un esfuerzo de divulgación de la Psicología y una forma de compartir el resultado de mi propio viaje a través de ella, ya que estoy convencido de que comprendiendo mejor las cosas podemos tener un marco de referencia para nuestra actuación en el mundo.  Entiendo, por experiencia propia y ajena que esto no es suficiente; comprender y adoptar una posición requiere que luego tengamos el coraje y la persistencia para actuar en conformidad (1). Pero aclarar el marco de referencia propio es una condición necesaria. Así que en esta jornada pública que comencé en el año 2009 compartiendo enfoques, conceptos y hallazgos de autores con los que simpatizo, he tenido una evolución y desde muy recién que estoy incorporando  adicionalmente mis propias posiciones “meta-teóricas”, de manera de hacer explícita mi propia concepción del mundo y del hombre.

Hace poco fui invitado a cenar por una pareja joven que tiene cuatro hijos, entre ellos un bebé de meses. No los conozco mucho realmente, pero ellos saben que soy un recién llegado a Israel y han querido ser amables y ser solidarios al invitarme a la cena de los viernes que es usual en este país (cena de Shabbat). Suelen comer abundantemente como es usual localmente en este día, con un primer plato de entradas, luego un segundo plato de Pescado, luego un tercer plato de Carne, luego un cuarto plato conformado exclusivamente por alguna verdura especial condimentada como Ajo o Alcachofa, seguido de un Postre. Para finalizar, el caballero acostumbra sacar una botella de alguna bebida, que puede ser Vino, Whisky o Arak, para tomar unos tragos acompañándolos con semillas y frutos secos!

Yo no soy de mucho comer y no como carne ni postres. Tampoco como las semillas al final, que aunque me encantan, he comprobado que me hacen daño después de haber comido la cena. Ya ellos saben que soy bastante frugal, así que no se resienten con mis negativas y con mis solicitudes de ser servido con porciones menores.  Aunque no deja de sorprenderles un poco. Ellos presuponen que tengo mucha fuerza de voluntad y que hago esto para cuidar mi figura. Mis hábitos alimenticios no son muy populares quizás en muchas mesas. Incluso pueden causar críticas hacia mi o sentimiento de culpa en personas con sobrepeso. Por eso, escojo muy bien que invitaciones aceptar.

Pero aun cuando mis anfitriones en general conocen mis hábitos alimenticios, no deja de ser un tema de conversación, directo o indirecto. Sé que está rondando en sus mentes. Estos anfitriones en particular hablan Hebreo, pero como todavía yo no lo hablo fluido y el caballero sabe hablar en Inglés, a veces, con el específicamente, puedo hablar en Inglés. Ella acaba de dar a luz a un bebé hace unos ocho meses y quedó con unos kilos de más. Y me comentó de repente que había perdido dos kilos en los últimos tres meses. El caballero por su parte, es esa clase de persona que no dicen que no a ninguna comida, pero que aun así son delgados. Me dice de repente mientras come un trozo de torta parecida a la Mil Hojas con abundante nata y azúcar nevada en su superficie, después de la entrada, el pescado, la carne y la verdura: Trabajo mucho y me gusta darme mis gustos en el Shabbat. Y luego de esta introducción me pregunta: Y tú, cuando quieres comer algo que te gusta, ¿qué es lo que comes? Le contesté cualquier cosa para salir del paso, pero me quedé pensando en esa pregunta los siguientes días.

Mi primera inclinación ante esta pregunta fue decir que nada en particular, que trato de comer lo que me sienta bien y se ajusta a mí. En el pasado daba la explicación de que me cae mal la carne y en general comer en abundancia. Que me cuesta digerir los alimentos. Que luego no puedo ir a la cama. Que me hace sentir muy mal y que absorbo muy fácilmente los carbohidratos y las calorías en general. Sin embargo, esto ocasionó ataques o burlas en el pasado. Cosas como, ¿tú eres metrosexual? ¿Será que tienes ulcera? ¿Estarás enfermo? ¿Será mejor que vayas a un médico! ¿Relájate un poco de vez en cuando y daté un gusto! O, ¿Qué tiene de mal mi comida?

Por años tuve hábitos igual que todos a mi alrededor. Comía de todo aunque no más que los demás. Disfrutaba de fumar. Tomaba café negro a lo largo de todo el día junto con mis compañeros de trabajo en la época de mis comienzos. Incluso en la noche, adopté un hábito de mi ex esposa, y  me tomaba un café con leche antes de ir a dormir. Todo esto trajo como consecuencia que llegué a pesar más de 90 kilos, me sentía incómodo con la respiración, con la ropa, me sentía sin energías en las horas de la tarde después del almuerzo, iba muy tarde a la cama en la noche por la cena, fumaba cajetilla y media diaria y tomaba unos 10 cafés diarios. Además era reactivo, nervioso y acelerado. No me sentía bien. No era feliz. Así que decidí dar un vuelco a mi vida. Acepté que mi cuerpo es diferente, he aprendido que necesita realmente mi cuerpo y procuro alimentar mi cuerpo para que esté sano, de manera que Yo, pueda dedicarme a otros propósitos y no tenga que estar pendiente de que me siento mal por algo que comí, o me siento pesado, no puedo respirar o que la ropa me queda ajustada. Y esto no ha sido fácil, es una labor que no termina nunca y hace falta mucha fuerza de voluntad para ser coherente con esto. Pero cuando actúo comprometido con la realidad de mi cuerpo y me alineo a eso, me siento mucho mejor.

Compartí en las líneas precedentes mis verdaderas razones y testimonio para ilustrar mi esfuerzo de convivir con mi cuerpo. Pero ante la pregunta ¿Qué comes cuando quieres complacerte? no creo que compartiría todas las confesiones anteriores, porque en mi caso la respuesta no es sencilla y es personal y privada. Pero analizando la pregunta, vemos que parte de la suposición de que para complacernos recurrimos a la comida. Pero aunque bastante común, esto no es universal. La pregunta correcta debería de ser, ¿a que recurres tu cuando quieres complacerte?

Se de personas que cuando quieren darse un gusto recurren al alcohol. A otros les gusta el juego y la apuesta. A otros les gusta usar drogas,  y hay personas que solo están pensando en el sexo, en la pornografía. He visto publicidad sobre cruceros para solteros dispuestos a la actividad sexual libre, actividades para Swinger o disfrutar de la prostitución sabiendo que en algunos casos se trata de tráfico humano. Hay toda clase de perversiones que incluyen la pornografía infantil o el abuso sexual de niños.

Hay industrias enteras a nivel mundial que funcionan basadas en las adicciones humanas (2). Algunas son permitidas y queda a juicio de cada persona usarlas con moderación. Otras son consideradas delito y son practicadas a escondidas. Ha habido escándalos de personas famosas o poderosas que en su vida privada recurren a prácticas condenables o se aprovechan de esto.

Algunas actividades pasan desapercibidas como adicciones y son incluso promovidas y percibidas como buenas acciones, como es el caso de la adicción al trabajo, la práctica continua de deportes y los llamados deportes extremos (3).

Claro que hay una diferencia entre comer o trabajar en exceso con la adicción a las drogas, el alcoholismo o las perversiones sexuales. Pero nos guste o no, hay que estar claros en algo: independientemente de que haya aceptación social o conciencia nuestra todos estos “objetos” comparten una naturaleza común: que son adictivos!!!

¿Qué significa que son adictivos? Que son tentadores, que ejercen una atracción sobre nosotros, que producen placer y satisfacción inmediato, que este efecto positivo nos motiva a incluirlo en nuestra lista de deseos, que luego nos vemos comprometidos con esfuerzos para volver a experimentar esta experiencia, que producen cierto nivel de tolerancia en el organismo de manera que para producir el mismo efecto cada vez es necesaria una mayor cantidad y que producen efectos desagradables cuando nos abstenemos de ellos.

La relación con estas sustancias o actividades de naturaleza adictiva cumplen cierto patrón común. Al inicio aumentamos rápidamente la frecuencia de consumo y éste produce una sensación de control, de cierto alivio del sufrimiento de la vida, de entretenimiento y de placer. Y en ese periodo, la persona desea relacionarse con la sustancia o actividad a fin de obtener estas sensaciones. La persona tiene la sensación de que está en control y que usa esta relación para aumentar su control sobre el mundo. Pero llega un momento, en el cual la resaca física o moral puede llegar a ser más desagradable que el efecto placentero momentáneo. Pero aún así, la persona continúa. Incluso, puede suceder que una parte de la persona ya no quisiera mantener esta relación, pero no puede dejar de hacerlo, pues ya tiene una carácter casi autónomo, de tipo compulsivo. Ya el control lo tiene la sustancia, la actividad o relación.

¿Que pueden tener en común el comer, el consumo de drogas, el sexo y el trabajo o incluso, la práctica de deportes extremos? Se ha encontrado que las emociones mismas son adictivas. Y así encontramos personas que son adictas a la tristeza o a la rabia. Y esto nos da la clave para entender mejor como es que cosas tan variadas pueden producir un mismo problema. A la final no importa tanto si es una sustancia o si es una actividad. El punto es que la ingesta de la sustancia o la experiencia de la actividad particular, produce la segregación interna de sustancias químicas que son liberadas dentro del organismo a través del torrente sanguíneo llegando a toda las células. Nuestras células tienen una membrana semipermeable. Es decir, que lo que puede entrar dentro de ella no lo hace libremente, sino a través de receptáculos de la membrana. Es como ese juego de bebes que es una casita que tiene tres ventanas; una en forma de triángulo, otra en forma de circulo y otra en forma de cuadrado. Y por otra parte, hay tres  bloques adecuados en tamaño, uno en forma de pirámide, otro en forma de esfera y otro en forma de cubo. Y el cuidador le muestra al bebé que se pueden introducir las figuras dentro de la casita. Y cuando el bebé trata de imitarlo no lo logra al inicio, porque intenta meter la pirámide por la ventana cuadrada, o la esfera por la ventana triangular. Hasta que se da cuenta que tienen que pueden entrar si se mantiene su correspondencia.

Así mismo, sucede que la membrana celular tiene un receptor para el oxígeno, y otro para proteínas y así sucesivamente. Pero resulta que también tiene uno para las moléculas adictivas. Y en la medida que la persona recurre más a aquello que las produce internamente, al reproducirse la célula, ella se modifica para aumentar el número de receptores del placer. Esto quiere decir que a la final el comportamiento a nivel bioquímico es común independientemente del “objeto” y que su proceso es similar. Conclusión: tenemos que cuidarnos por igual de todo aquello de naturaleza adictiva. No solo abstenernos de no incurrir en las que son prohibidas por la Sociedad, legal o moralmente, sino también incluso por las que son aceptadas socialmente o que son incluso promovidas en ciertos círculos, como es el caso de los que rinden culto a la comida, la bebida, el trabajo o el deporte extremo.

Todos estos “objetos” aceptables o no, acarrean el mismo resultado final: la persona comienza a girar su vida alrededor de eso. Estudié en una fuente de Sabiduría a la que recurro que la definición de Idolatría no tiene que ver necesariamente con postrarse ante ídolos o estatuas, sino con toda actividad en la que la persona desconoce la fuente verdadera de su Creación y permite que su vida sea controlada por una fuerza intermediaria.

Hay un razonamiento que se atribuye a un autor teológico medieval, pero que encontré en mis investigaciones personales que es muy anterior y su origen se remonta a un protagonista residente a la Babilonia de la Edad Antigua. El razonamiento parte del reconocimiento que existen diversas fuerzas en la Naturaleza que pueden gobernar ciertos acontecimientos. Y que por tanto, el recurrir a esta fuerza y disfrutar de su beneficio, así como dedicar nuestra energía para procurárnosla, es entendible.  Pero que esta fuerza debe haber sido creada, formada y mantenida por otra a su vez de un carácter precursor. Entonces, por qué en lugar de dedicarnos a procúranos de esta fuerza y recibir su beneficio, no recurrimos a su causa? Y si seguimos este razonamiento varias veces, nos encontraríamos que hay una causa y fuerza primordial, y que si a esa reconocemos como nuestra fuente y origen, y a esa dedicamos nuestro Servicio, recibiremos un beneficio de ella que es perdurable y verdadero. Recurrir a las fuerzas intermediarias es un desperdicio de energía si podemos recurrir a esa fuerza primordial.

Entonces, en lugar de practicar el culto y servicio a las fuerzas intermediarias, es preferible dirigir nuestra atención a la fuerza primordial que es causa de todo. Esa misma que ha dado luz a nuestra chispa esencial y que se encuentra en otro plano no material y que sustenta y da vida a todo. ¿Y como poder llevar esto a la práctica cuando parece tan abstracto?

Usando el lenguaje de la Psicología encuentro que hay un camino para llevar esto a la práctica y es el de la auto realización personal. Al encontrar nuestro camino propio, que expliqué en el primer artículo de esta serie, al reconocer nuestra individualidad, definir nuestras fronteras, reconocer nuestro núcleo singular y único y dentro de este, distinguir entre la parte que nos quiere llevar al sometimiento a las fuerzas intermediarias, sea por la vía del ataque o sea por la vía de la seducción, de la parte que nos conduce al desarrollo personal, al florecimiento como el ser humano único con un aporte único que hacer al mundo para dejar un legado que tiene un sello personal.

En la serie transacciones energéticas identifiqué este camino como uno que nos hace sentir Vigor, engagement y satisfacción. Esta satisfacción es mucho mejor que el placer momentáneo, es más perdurable, es la Felicidad que hablaba Espinoza (Buscar en este blog Geometría del bienestar). Es un camino que produce un efecto espiral en nuestra vida (buscar en este blog Resiliencia). Su punto de partida es la convicción de que si vamos a poder lidiar con los obstáculos y sortear las amenazas (Ver en este Blog Empowerment).

Entonces, ¿por qué contentarnos con poco si podemos obtener más? No en vano todas las civilizaciones antiguas definieron lo que era Tabú para ellas: es decir, aquellas cosas que bajo ningún concepto sus miembros podían darse el lujo de hacer.

Esta claro que las insatisfacciones y las frustraciones de la vida afectan nuestro estado de ánimo y nuestra auto estima. Y en el carrousel de la vida a veces nos sentimos “arriba” y otras veces “abajo”. Y cuando nos sentimos “abajo” quisiéramos un alivio a esto. Incluso pudiéramos aceptar “teóricamente” que el camino del florecimiento personal, y el convertirnos en la mejor versión de nosotros es la verdadera fuente de la felicidad y la satisfacción perdurable. Pero este camino es arduo y muchas veces las pruebas son largas y difíciles. Sólo un porcentaje muy bajo de la población logra mantenerse hasta el final. La gran mayoría renuncia a esto, no insiste más. Racionaliza su fracaso con la idea de que “así es la vida”, “esto es lo que hay”, es mejor un poco de placer inmediato que un tesoro detrás del arco iris. O a lo mejor ya desde muy temprano en su vida tomó la via de los atajos y nunca se dedicó a “trabajar” en pro de realizar su potencial y todo esto le suena a “ilusiones” e “idealismo”.

La vida si es dura. El trabajo de realizar nuestro potencial puede estar lleno de espinas o no ser muy claro o ser muy largo. Y no nos podemos privar del placer del todo.  Necesitamos un poco de placer. No podemos abstenernos por completo de él. Pero, siempre y cuando, 1) sea con los “objetos” adecuados, es decir, con una buena comida, una buena bebida y actividades gratificantes saludables como escuchar música, hacer ejercicio, apreciar la naturaleza, estudiar, meditar, reflexionar o ayudar a otros. 2) Sin perder de vista que aunque sean objetos adecuados, hay que usarlos con moderación y manteniendo un equilibrio. 3) Tener una intencionalidad, hacerlo dentro del marco de que es un disfrute momentáneo en aras de uno mayor: nuestro crecimiento y desarrollo. Es solo un alto para celebrar y honrar a la vida, para agradecer a la causa primordial, para alimentar nuestra chispa Divina.

De manera que es importante entonces distinguir que en el mundo hay tres tipos de cosas con las que nos relacionamos. En primer lugar, cosas de primera necesidad que podemos usar ad libitum. Que son necesarias para vivir y que usamos de manera instintiva y con límite natural. Son actividades y sustancias que no son adictivas. Como el agua, el aire o las obligaciones diarias. En segundo lugar, hay cosas que son adictivas pero que son permitidas. Con estas cosas tenemos que tener mucho cuidado, porque al ser permitidas podemos caer presa de ellas fácilmente y sin tomar conciencia de que estamos en problemas. Y por último, hay cosas que son adictivas y que son prohibidas. Estas cosas son muy peligrosas, perjudiciales, denigrantes y condenables. Y tenemos que alejarnos de ellas y de quienes las practican.

Hay una línea muy delgada que no voy a abordar sobre lo permitido y lo no permitido. La pregunta de fondo aquí es quién lo permite. Nadie está completamente facultado y es completamente competente para dictaminar lo que “es permitido”. Ni las leyes de un país, ni el código de actuación de un grupo, ni la ideología personal de alguien en particular. En materias como estas me remito a la sabiduría universal del acervo histórico de la humanidad, la sabiduría perenne. La sociedad, en resumidas cuentas, no es un referente válido para esto necesariamente.

Entonces, los invito a dejar a un lado el auto engaño, la negación o la justificación. Y ver con ojos más críticos que sustancias o actividades, o incluso emociones, los están esclavizando, están controlando su conducta, están haciendo que su vida gire alrededor de ellas, les hacen sentir ansias y deseos, que les dediquen sus pensamientos, que usen su tiempo, dinero y otros recursos en ellas. El reconocimiento es un primer paso muy importante. Escríbalo para que no lo olvide.

Una vez reconocido, decida un objeto del deseo del cual independizarse.  Es obvio que las cosas prohibidas hay que dejarlas de inmediato. Pero con aquellas que son permitidas, tal vez puede ser útil primero clasificarlas de acuerdo al nivel de dependencia. De algunas cosas dependemos más que de otras, así que un enfoque posible puede ser comenzar por lo más sencillo, lo que tiene menor nivel de dependencia. Otro abordaje puede ser comenzar por algo muy dañino y perjudicial. Cada quien debe decidir que escoger.

Tercer paso, que estrategia usar. Dejarlo del todo y prohibírselo? Solo disminuirlo? Está claro que las cosas no permitidas hay que dejarlas por completo. Pero con las cosas que son permitidas, ¿como hacer? Hacerlo progresivamente? mantener una cantidad de consumo? Eso tiene que determinarse en función de cada caso.

Solo resta intentarlo una y otra vez e ir aprendiendo en el camino. No hay soluciones mágicas ni universales. Solo la voluntad y la persistencia. Podemos inspirarnos en los pasos que recomienda la AA. Lo más importante es convertir esto en un objetivo personal. Tal vez parte de nuestra misión personal sea aprender a independizarnos de uno o varios de estos objetos.

 

 

Nota 1

No hay que olvidar un famoso dicho que dice: Si no actúo como pienso, término actuando como actúo. Esta frase de la Sabiduría Popular encaja perfectamente con los descubrimientos que hizo el Psicólogo Leon Festinger que le llevaron a postular su teoría de la Disonancia Cognitiva. Esta teoría plantea que las personas no pueden albergar dentro de sí una incongrencia. Entonces si actúan de una manera incongruente con sus principios van a experimentar una tensión que no ls va a dejar tranquilos hasta que hagan alguna de dos cosas posibles. Una, lamentarse de su comportamiento y tomar las medidas necesarias para corregirlo y asegurarse de que no vuelva a ocurrir. O, dos, dejar el principio que tenía a un lado, descartarlo, y en su lugar asumir, no necesariamente en forma explícita, otro principio que justifica su comportamiento.

Nota 2

He sabido de grupos ideológicos y de poder que usan las adicciones como una manera de debilitar las sociedades con la finalidad de quebrarlas. Algunos solo para obtener un beneficio. A estos les conviene mantenerlos como esclavos. Pero hay otros más radicales y racistas que lo hacen con la finalidad de destruir a las sociedades e imponerse en el mundo como la única ideología válida.

Nota 3

Hay adicciones más disimuladas, incluso para la persona misma, quien no sabe que padece de la adicción. Como es el caso de las adiciones asociadas a las relaciones con otras personas o con el mundo en general. Por ejemplo, personas “co-dependientes” que mantienen relaciones tóxicas, personas que siempre atraen el mismo tipo de pareja, sea que las engaña, sea que abusa de ellas, sea que las maltrata de alguna manera o que necesita ser salvada. También hay personas adictas a jugar ciertos roles en el mundo como “ser un perdedor”, “ser un incompetente”, “ser desdichado” o experimentar en forma crónica ciertos sentimientos, como el de victimizarse, quejarse, encolerizarse, decepcionarse o desesperanzarse. Estas adicciones son más sutiles porque las personas no se dan cuenta de su propio patrón y de cómo es que “atraen” hacia sí el tipo de situaciones que las hacen sentir de cierta forma que es típica a lo largo del tiempo.

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imagesEn los últimos años he bajado la frecuencia de mis publicaciones. Sigo con mi compromiso con la divulgación, pero me ha tomado más tiempo escribir. En primer lugar, porque ahora estoy orientado a compartir más reflexión que información. Además porque estoy formando un punto de vista mucho más amplio a partir de mis propias experiencias y las experiencias con mis clientes. Así que por ahora, comparto muy corto sobre algunas ideas que me han venido rondando en la cabeza. Pero voy muy directo al grano con una especie de apunte muy esquemático.

Lo que necesitamos para cambiar es un verdadero punto de partida.  Quiero decir, un punto de partida que sea verdadero, autentico, real, que tenga que ver con lo que realmente somos en la realidad, no con lo que pretendemos ser o con la imagen que queremos dar.

Es propio de la cultura actual la idea de la “imagen”. Que si tú eres un producto y tienes que dar una imagen para que te “compren”, y que todos te observan y tienes que dar una idea de coherencia, que tienes que ser razonable, íntegro o confiable. Y ¿tu vida personal? Pues, que quede escondida en la medida de lo posible, a menos que haya trofeos que mostrar, sea una pareja, o un viaje, o posesiones materiales, siempre que contribuyan apuntalar esa imagen. Y lo que antes ocurría en el terreno social de fiestas, celebraciones, encuentros y clubes, ahora en buena medida ha pasado a las redes. Y vemos a mucha gente posteando frases o imágenes deslumbrantes, o fotografías sonrientes y de celebración continua, con la idea de marcar un terreno, de dar una apariencia, o de formar un liderazgo.

No tiene nada de malo todo esa cultura del mercadeo personal y de que “el producto eres tu”. Pero quiero llamar la atención sobre el hecho de que si bien eso puede ser parte de una estrategia para vender un producto, o vender su propia imagen para que lo contraten para algo,  no tiene nada que ver ni sustituye a el verdadero y auténtico desarrollo personal.

Entiendo, que hay que ganarse la vida. Hay que idear un trabajo, un mecanismo beneficioso, transacciones de intercambio social y económico. Pero, insisto, también tenemos que desarrollarnos. Y de esto se trata este Blog que inicié en el año 2009 y que llamé Excelencia Personal. No tiene que ver con venderse mejor o dar una mejor imagen, o con persuadir o influir sobre los demás. Tiene que ver con el proceso de mejora personal dentro de una ruta más íntima y privada de desarrollo, más asociada con lo que Covey llamó la Victoria Personal.

El éxito visto desde este punto de vista no consiste en aumentar los activos, sino en ser lo mejor que puedo llegar a ser.

Este trabajo personal de desarrollo tiene como propósito hacer florecer las cualidades potenciales con las que hemos sido dotados y materializarlas de manera de ser un aportante en nuestro medio que contribuya con los procesos dadores de vida.

Pero en mi experiencia personal, con mis clientes y como observador, me he dado cuenta que así como tenemos cualidades muy peculiares en la forma de  talentos, fortalezas y valores muy específicos, también tenemos tendencias descarriladoras, disfuncionales e incluso ruinosas.

Las personas varían no sólo en función de la dotación natural que tienen de sus cualidades, sino también en el nivel de dotación que tienen de sus tendencias descarriladoras. Esto es muy obvio en todos esos casos públicos de estrellas y famosos, que emergen como la espuma y alcanzan límites de realización muy altos, pero que a la par, de una manera menos pública al inicio, también han experimentado, algunos más, otros menos, la expresión de su “otro” lado menos luminoso. Y sobran ejemplos, de casos en los que el lado menos luminoso llevo todo al colapso y en muchos otros a la misma destrucción.

Es cierto que la psicología se dedicó por muchos años a estudiar el lado disfuncional y patológico.  Y tiene razón la psicología positiva de insistir en estudiar con la misma dedicación a la realización personal y al florecimiento, así como a sus factores coadyudantes. Pero ambos esfuerzos tienen sentido sin que uno anule o sustituya al otro, porque ambos aspectos están presentes en la naturaleza humana.

Esta es la idea que estoy madurando, y que llamo la teoría de las dos semillas (1), teoría dual o de la Doble Ruta. Sin embargo, no pretendo desarrollar esta idea en profundidad en este momento, sino solo como marco de referencia para poder comprender que el desarrollo personal precisa de dos esfuerzos o trabajos diferentes  ninguno de los cuales debe descuidarse.

El primer trabajo, lo llamaré Trabajo de Expresión, consiste en desarrollar nuestras cualidades (2). Y esto implica, conocer nuestro perfil de talentos, nuestro tipo de personalidad, las actividades que amamos hacer, las fortalezas, valores y virtudes y, sobre todo, como todas estas cosas se combinan en una esencia única que debemos hacer florecer. El proceso clave de este trabajo es la Activación.

Pero hay otro trabajo paralelo tan importante como el anterior, que llamaré Trabajo de Transformación, que consiste en refrenar nuestras características con tendencia al descarrilamiento y ponerles un límite por una parte. Pero no se trata de reprimirlas y contenerlas, sino de encauzarlas y refinarlas, hasta que integren un todo con el trabajo de expresión. El proceso clave de este trabajo es la Auto-retricción.

No es que haya personas con buena semilla y otras con mala semilla, o personas con cualidades y personas con defectos. Mi opinión es que todos tenemos las dos semillas. Lo que pasa es algunos tienen una semilla expresiva más grande, otros tienen más grande es a su semilla de transformación. Además, algunos tienen la semilla de transformación por “encima” y otros tienen por “encima” a la semilla de expresión. Una persona puede tener muchas cualidades positivas, y a la vez, tener un trabajo importante que hacer con ciertas características. Si no hacemos el trabajo de transformación personal, puede ser que lo que hacemos con la derecha lo destruyamos con la izquierda.

Sobre la “segunda semilla” Freud y Jung tenían fuertes divergencias. Mientras el primero pensaba que en el Inconciente había todo un volcán peligroso, Jung consideraba que había que dejar salir lo que estaba guardado y no temerle para ver el tesoro que estaba detrás.

Acerca de este trabajo de transformación en particular, o Alquimia Interior como le gustaba llamarlo a Jung, es sobre lo que quería hablar en este artículo muy brevemente. En particular, quiero destacar la importancia de tener claro cuáles son nuestros descarriladores (3) y a donde nos llevarían de darles rienda suelta. Algunos descarriladores típicos son; las adicciones a sustancias, la adicción sexual, la celotipia, ser peleón y argumentativo, la furia, ser llorón y quejarse por todo, la envidia, la juicio, la crítica y el reproche a otros, la auto tortura, la soberbia, perder el tiempo y andar a la deriva, etc.

Uno de los principales obstáculos en el trabajo personal de transformación es la negación y la falta de conciencia. Es decir, no tener conciencia de que tenemos un área de nuestra vida en la que tenemos que poner un límite y buscar la transformación. Me he dado cuenta que muchas personas les cuesta mucho ir a consulta. Piden la consulta y luego la cancelan, y la vuelven a pedir, y la vuelven a cancelar. Muchos piensan: bueno, esto no es un problema serio realmente. Mejor me ahorro este dinero.

Lo que hace que un problema sea serio es el hecho de no hacer nada para mejorarlo. O sea que puede ser que su característica no sea muy grave en este momento al compararla con otros. Pero lo importante no son los otros ni la comparación estadística. Cada quien tiene sus propia carrera y su propio desafío de mejora a la medida. Y la única forma de asumir nuestro trabajo de transformación es conocer nuestra carrera de auto mejoramiento, nuestra “carrera privada” y nuestro punto de partida real en ese carril. No la imagen que damos a los demás, ni la imagen que pretendemos darnos a nosotros mismos. Hay que tener mucho coraje para enfrentar la dura realidad de ver nuestro lado menos luminoso, cara a cara, sin deprimirnos, sin molestarnos, sin negarlo, sin proyectarlo. Verlo con madurez. Ver nuestra sombra. Y ponernos a trabajar para refinar esa parte nuestra desde un punto de partida que sea cierto, verdadero y auténtico.

 

 

Notas:

(1) Tome la idea de la semilla de la Teoría de la Bellota de James Hillman. Sin embargo, Hillman habla de una sola semilla. Es su forma de elaborar la idea de Jung de la Individuación. La idea es que cada quien tiene una esencia que es incluso previa a su ser biológico. Esa esencia debe ser desarrollada a lo largo de al vida. Pero para ello, la persona debe poner su vida al servicio de esta esencia primordial, y no a otras motivaciones más “accidentales”. Esta idea de la Bellota de Hillman, la ejemplifica usando como metáfora el mito de Er, planteado por Platón en La República.

(2) La Psicología Positiva, especialmente Seligman, ha planteado la idea del Florecimiento, como un proceso que permite la materialización de las potencialidades positivas de la persona.

(3) La idea de que existen factores descarriladores la tomé del Center for Creative Leadership, quien planteó en los Noventa que los Talentos, Fortalezas y Competencias usados excesivamente conllevan al descarrilamiento de la carrera. La idea que yo planteo es diferente, pues la fuente del descarrilamiento según mi punto de vista no son las cualidades positivas, sino ciertas características que la persona debe poner bajo control .

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Saliendo de la matrixPuede que tengamos partes nuestras que no están adecuadamente integradas dentro de nosotros, lo que hace que no las reconozcamos como nuestras y que las veamos fuera sin darnos cuenta.  Esas partes que no reconocemos como nuestras suelen hacernos “acoplar” con cierto tipo de situaciones y personas que encarnan nuestro Drama interno, haciendo aún más difícil reconocer lo que es nuestro.

¿Quiere decir esto que la envidia que vemos en los demás, la rabia que nos dirigen injustamente, los abusos o engaños a los que somos sometidos, las injusticias que padecemos, los intentos de ser controlados y usados, los conflictos y malentendidos a nuestro alrededor, la indolencia, el desorden y la irresponsabilidad que vemos fuera, están dentro de nosotros también?

Eso suena muy duro y a cualquiera le podría espantar la idea de hurgar en sus miserias. Pareciera sugerir que hay algo negativo, malo o perverso dentro de nosotros. De que somos responsables de todo los que nos ocurre. Tal vez por eso muchas personas le sacan el cuerpo a revisarse por sí mismos o a través de un proceso de ayuda. ¿Para que enfocarse en lo negativo? Y aun, si esto tuviera algún sentido ¿podré hacerlo y salir airoso?

Un cliente me decía: si me abro y hablo de las cosas que pasan por mi cabeza y mis sentimientos más íntimos, creo que no voy a poder parar de llorar, que me voy a hundir y no me voy a levantar más. Por eso he preferido hasta ahora no enfrentar esto.

Sincerarse y reconocer nuestras partes más oscuras implica mucho coraje, mucha sinceridad y mucha humildad. Pero la idea no es hurgar en nuestras miserias para bajarnos la autoestima. La idea no es descubrir que no somos tan virtuosos o que tenemos partes de las que no nos sentimos muy orgullosos. Claro que hay algo de cierto en todo eso de que mucho de lo que vemos fuera está dentro de nosotros. Pero la buena noticia es que eso no nos define aunque está dentro de nosotros. Tenemos que reconocerlo, sí. Y con la mayor precisión posible. Pero sólo para poder dejarlo a un lado!

Nuestras partes fragmentadas, desde las más instrumentales hasta las más vergonzosas, se formaron y actúan para  proteger algo. En sus propios términos, a su manera, a veces de formas muy inadecuadas y problemáticas, en el fondo están tratando de proteger nuestro mayor Tesoro: nuestro Self.

No somos ninguna de nuestras partes, ninguna de nuestras “facetas” como las llamé en un artículo anterior. No somos ese Yo dividido del cual han hablado algunos Psicólogos. No somos nuestros Yoes, tanto como no somos nuestro cuerpo o nuestra mente, ni nuestras propiedades, ni nuestros roles, ni nuestras relaciones. Si algo verdaderamente somos, en el sentido de Ser con una realidad ontológica, es el Self, el Sí mismo, o lo que en la psicología transpersonal, en las religiones y en las tradiciones espirituales llaman el Alma.

Así que la idea de penetrar las capas de nuestra personalidad  no es por lujo, ni por placer, mucho menos por un morbo de enfocarse en lo negativo, sino para poder lograr cambios profundos.  Reflejamos, copiamos, introyectamos, replicamos, internalizamos y repetimos lo que vivimos en nuestro proceso de desarrollo  temprano. Y así conformamos nuestro carácter, con rasgos positivos, funcionales y adaptativos, pero otras veces también con aspectos inadecuados. Y muy al fondo, enterrado detrás de las capas de nuestra personalidad, en algunos casos más inaccesible, en otros menos, está nuestro núcleo, nuestra esencia, nuestro verdadero Self. De tanto protegerlo, estas estructuras a veces ocupan su lugar y en algunos casos han tomado vida propia. Y así sucede que muchas veces ya perdemos contacto con nuestra Alma, perdiendo así nuestra identidad y nuestro camino.

Al grabarse en nuestro disco duro la experiencia temprana pudo haber mucha o poca fragmentación. A mayor fragmentación, mayor autonomía de las partes entre sí y con respecto al Self.

Las situaciones que vivimos muchas veces reflejan nuestro propio drama interno. Pareciera que “atraemos” ciertas situaciones y personas con las cuales re-creamos este “acoplamiento estructural”, como lo acuñó el Biólogo Maturana.  Esto tiene una implicación positiva: detrás de nuestras crisis y problemas tenemos la oportunidad de reconocer estas partes nuestras que intentando proteger nuestro Self, más bien han terminado impidiendo su desarrollo.

La vida realmente está llena de posibilidades. No tenemos por qué repetir una y otra vez nuestros dramas. Si en lugar de enfocamos en las situaciones disparadoras, nos enfocamos en nuestra estructura, podremos hacer un Craking a nuestro programa y salir de nuestra propia Matrix, liberándonos de nuestro Destino. Al cambiar la forma que interpretamos ciertos acontecimientos y actuamos frente a ellos, aumentaremos nuestra Flexibilidad Psicológica y nuestra Conciencia, de manera de estar en mejores condiciones para Responder en lugar de Reaccionar y así hacerle espacio a nuestro verdadero Ser.

Nuestro verdadero Ser estuvo allí desde nuestro nacimiento, pero en forma potencial. Esto quiere decir que necesita desarrollarse, actuar, construir obras, dejar un legado, influir en su entorno y dejar su propia huella. Pero mientras no se desarrolle está débil y no lo escuchamos. Para poder actuar tiene que dirigir a un organismo biopsicofísico que no es neutro, sino que tiene una determinada carga genética y ha sido sometido a un conjunto de experiencias particulares que lo han moldeado y le han esculpido ciertos patrones de funcionamiento, algunos de los cuales ayudan a su proyecto de desarrollo, mientras que otros lo sabotean.

En el proceso de maduración del avatar biopsicofísico se forman identidades y formas de actuación que luego se confunden con el Self y que pueden llegar a tomar el protagonismo de la vida para hacernos vivir confinados dentro de un plan limitado, basado en herencias y cargas, y no en nuestras potencialidades. El Self tiene el desafío de tomar el liderazgo del sistema biopsicofísico. Pero esto puede ser más fácil o más complicado según el caso. Neurotransmisores, péptidos y hormonas pueden enturbiar la conducción de este avatar y hacer poco claro el panorama.

Para que el Self tome el liderazgo de este avatar es necesario un Trabajo Personal que permita desmontar los códigos de programación. Esto es lo que hará posible poner el sistema biopsicofísico al servicio de una Misión: el desarrollo del Self, es decir, proporcionarle las experiencias necesarias para que éste pueda expresar al máximo su potencial. Si logramos esto superaremos nuestro Destino, viviremos nuestra Vida no Vivida, recorreremos el camino menos transitado, lograremos dar a luz a nuestro Yo Potencial, a nuestro Ser no nacido, encontraremos nuestro espacio único y especial en el mundo, nos habremos encontrado con nuestra propia Alma.

Saludos,

Víctor Calzadilla

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lenteNos desarrollamos por el lado más radiante de nuestra personalidad; alrededor de nuestras fortalezas, competencias, talentos y mejores cualidades. Sabemos que no somos perfectos, pero ¿para qué ver la otra área nuestra menos afortunada? Tal vez, pensamos, si no le damos suficiente atención puede que podamos suavizar estos aspectos o incluso desaparecerlos! O tal vez podamos disimularlos en nuestra vida pública y sólo mostrarlos en nuestro círculo íntimo: a lo mejor terminen por aceptarnos tal como somos.

Pero tarde o temprano, para todos, nuestro lado por trabajar aparece. Aunque nos hagamos los locos, la vida lo presenta. Y si no lo atendemos, seguirá presentándose una y otra vez.

Muchas personas con una buena parte sana logran salir adelante; crecen en sus actividades comerciales o profesionales, desarrollan una familia y se hacen parte de la comunidad. Pero en un momento dado aparece el “Destino” mostrando el “otro lado”.

Silenciosamente se había presentado antes, pero no se le hizo caso. Muchas veces proyectamos estos aspectos nuestros fuera de nosotros. Es una parte de nosotros que no definimos como nuestra. Lo que Jung llamó la Sombra. Una parte que no reconocemos y, por tanto, no le inyectamos la energía del “Yo”.

Al quedar “huérfana” y no reconocerla como nuestra, esta parte se infiltra disimuladamente en nuestras percepciones de los otros y de las situaciones. Y estas nos parecen reales. Entonces consideramos que están fuera de nosotros. Y no captamos la diferencia sutil de lo que es nuestro y lo que no.

Es posible que al leer esto algunos intuyan a que me refiero, aquellos que hayan comenzado a tomar conciencia de su Sombra.

Lamentablemente no hay mucho tiempo para que las cosas se repitan muchas veces. Pasa una vez y le echamos la culpa a la situación. A la empresa, al jefe, al cónyuge, al vecino o al desconocido. Y hubo consecuencias y allí se invirtieron varios años. Y resulta que después que dejas la empresa, el jefe, el cónyuge o te mudas, se vuelve a presentar lo mismo con diferente escenografía!

Entonces poco a poco, algunas veces dolorosamente, nos vamos dando cuenta que hemos construido “Yoes” a nuestro gusto a lo largo de nuestras etapas. Con cierta base real, pero no del todo. Y nos identificamos con eso que Jung llamó la Persona. Nos identificamos con nuestros roles, con nuestros cargos y nuestra imagen. Jugamos al Adulto, al Padre, al Esposo(a), al Ejecutivo, al Comerciante o al Experto. Al fin y al cabo debemos dar una buena imagen a nuestros clientes, a nuestras amistades, a nuestros colegas, a nuestra familia! Y así vamos armando un Álbum con todos esos momentos que dan cuenta de lo que pretendemos ser.  Hasta que todo comienza a desmoronarse!

Nos esmeramos en disimular u ocultar la otra parte. A Mr. Hide. Como si fuera algo vergonzoso o enfermo. Los más “razonables” tal vez vayamos al Psicólogo para “corregir” y poner remedio a eso.

No creo que sea cuestión de sanar, corregir o arreglar, pero sí sé que es algo que hay encarar. Algo que, ante nada, hay que admitir. Algo que tenemos que comenzar a ver que forma parte de nosotros.

El Significado que damos a las cosas está dentro de nosotros y es nuestro. Es el sello que colocamos a los eventos y que los influye de una manera tal que incluso logramos hacer Profecías Auto Cumplidas. Luego decimos: viste que está allí afuera y no lo estoy inventando! Pero no nos damos cuenta que de alguna manera fuimos Co-Creadores y que amañamos las cosas como unos Demiurgos.

Una cliente que estuve atendiendo me “juraba” que su pareja le era infiel. Pero cuando revisamos los “hechos” realmente no había nada que lo comprobara. Pero ella estaba convencida de eso y por cualquier cosa ya le armaba toda una escena al Marido. Como las cosas sigan ese rumbo no sería descabellado que él terminara buscando un “respiro” en otra relación.

Originalmente, él fue quien asistió a la consulta confundido por las reacciones de ella. Y logró convencerla de que fuera a consulta conmigo. Ella fue un poco para “complacerlo”. Así que su posición era muy firme con respecto a sus percepciones. Me impresionó la forma como se refería a él, en términos peyorativos y expresiones emocionales muy cargadas que no cuadraban mucho con la situación objetiva. Así que emplee una técnica llamada “Affect Bridge” (algo así como puenteo afectivo). Y le pregunté: ¿Cuándo experimentaste algo similar a esto en algún momento de tu vida, incluso tu niñez? De inmediato su cara y su mirada se transformaron. Me contó los detalles de sus experiencias infantiles donde claramente ella identificó los mismos sentimientos y percepciones que ahora sentía.

Su padre había traicionado a su madre con otra. De vez en cuando, el volvía y lograba ganar su confianza nuevamente, para luego dejarla nuevamente. Esto sucedió repetidamente y ella presenció con mucho dolor todo el sufrimiento de su madre. Su hermana mayor –solo por parte de madre- solía reprender a la madre por confiar en él y una vez lo corrió de la casa. La pequeña se sentía muy identificada con su hermana mayor y se sentía muy enojaba con su madre por considerarla tan confiada. Una vez estaba la pequeña con su madre y su padre en la calle haciendo algunos trámites, mientras la madre aprovechaba de reclamarle a él por su abandono. Entonces el la golpeó en la calle frente a todos. Ella odió a su padre, pero también a su madre. Se prometió de alguna manera nunca tener que pasar por eso.

Ahora de adulta en su relación de pareja “descubrió” ciertas cosas de su marido que le habían hecho sospechar de él y mirarlo con desconfianza. Esto activó en ella toda esta memoria emocional grabada en la niñez. Comenzó a ver todo en su Marido a través de este cristal. A partir de allí, ya ella no sabe exactamente que está añadiendo de su propia cosecha y que es propio de la realidad actual. Ella revive el mismo significado de antes, los mismos sentimientos, las mismas emociones y percepciones.

Otra paciente que tuve estaba sufriendo de Ataque de Pánico. Había ido al Cardiólogo porque le aumentaba la presión arterial, le dolía el pecho, el brazo, se mareaba y temía por un Infarto o por un ACV. Había desarrollado una Fobia a salir de su casa por temor a que le pasara alguna de estas cosas y no estuviera cerca de un Hospital o le sucediera lejos de su familia. Se duchaba con su pequeño hijo de seis años en el baño con el teléfono en la mano por si acaso ella se desmayaba él llamara a los familiares.

Esta chica fue al Cardiólogo y éste luego de los exámenes de rutina le dijo que estaba en perfectas condiciones físicas, que todo era “Psicológico”. Ella pensó que se burlaba de ella. Todo esto era real! De hecho, en las siguientes semanas entró en un gran estado de ansiedad y pensaba que le podría suceder algo. Se sintió muy acalorada, con frío, con mareos y debilidad. Se fue a medir la tensión de emergencia y la tenía muy alta. Pensó que el Cardiólogo se había equivocado. Entonces fue a otro, pero luego de hacerle todos los exámenes nuevamente le dijo que físicamente estaba bien, que fuera a un Psicólogo!

Finalmente la chica fue a verse conmigo a regañadientes. De entrada me dijo que ella no estaba loca. Me habló de toda su historia y ya se había consumido todo el tiempo de la sesión. Así que le hablé de las citas, de mis honorarios y de mis técnicas. Pero le vi cara de que quizás no iba a venir más. Así que decidí ir más profundo de una vez: ¿y cuando fue la primera vez que sentiste algo similar a esto? De inmediato, cambió su rostro y su mirada. Recordó que cuando era pequeña, alrededor de cinco años quizás, su padre llegaba ebrio a casa de noche. Su madre le reclamaba y comenzaban a pelear. Para que ella y su hermanito menor no presenciaran la discusión los encerraban con llave en su habitación. La pobre niña entraba en pánico pensando que su padre se podía poner violento y que todo podría terminar en un hecho sangriento que los dejaría huérfanos. Se desbordaba en la angustia cuando ya no escuchaba más las voces de ellos. Pero allí los dejaban encerrados hasta que ya quedaba dormida del cansancio, para darse cuenta al día siguiente que no había pasado nada.

Esta chica tuvo que enfrentar una ansiedad muy grande cuando no sabía calmarse a sí misma, ni contaba con nadie que la tranquilizara. Daba rienda suelta a pensamientos catastróficos que aumentaban su ansiedad entrando en una espiral de pánico. Esto se quedó allí como parte de ella, oculto, encapsulado. Al enfrentar condiciones estresantes, su memoria emocional era activada de inmediato y volvía a revivir aquella experiencia en la que no sabía auto regular sus emociones y controlar su pensamiento.

Entonces, hay una parte nuestra que está en el “fondo del ojo” y no vemos, porque nosotros como Observadores parciales que somos, partimos de un conjunto de paradigmas, creencias, historias y emociones que son parte nuestra desde antes que hayamos decidido lo que queríamos ser. Ya antes de decidir el Yo que queríamos ser resulta que teníamos un Ser que la vida se encargó de sembrarnos en  nuestro Cerebro. Y luego de adultos, cuando tratamos pulcramente de vivir coherentemente nuestro proyecto del Yo, resulta que aparecen estas cosas molestas en nuestra vida que “nos pasan” y que parecieran sabotear nuestros planes.

¡Pero creo que eso es justo la vida! ¡Recoger estos pedazos y hacerlos propios! Reconstruir nuestra individualidad, quién en verdad somos. Ese es el verdadero Plan que deberíamos tener para nuestra vida. Cada uno de nosotros tiene una individualidad que es única y, por tanto, una Misión única y exclusiva en este mundo: descubrir quién es, identificar su individualidad, integrar las partes no reconocidas como propias y desarrollarse desde esta integración.

Para este proceso puede ser de mucha utilidad y ahorrarnos mucho tiempo contar con una relación de ayuda, con alguien externo que nos acompañe y guie. Alguien que, a su vez, esté el mismo inmerso en este proceso de crecimiento, primero que todo. Que sepa de lo que se trata todo esto en carne propia. Pero que además, sea alguien preparado para lidiar con casos así, porque cuando uno “destapa esa olla” no sabe con lo que se va a conseguir y hay que estar entrenado para poder enfrentarlo y cerrarlo. No todos los casos son iguales. A cada quien se le “destapa” algo diferente, en diferentes tamaños, intensidades y riesgos, con particularidades únicas. De manera que es necesario contar con profesionales que estén entrenados en muchas técnicas, no en una sola.

Un joven gerente me pidió Coaching exclusivamente. Yo no necesito un Psicólogo, me dijo. Tenía muchas dificultades con su Jefe a cargo de la operación local. Antes había tenido un Jefe funcional que actuaba como su Mentor y protector y se sentía resguardado. Pero hubo un cambio y el nuevo Jefe funcional era más distante y lo dejaba más expuesto en su rivalidad con el jefe local. El resultado es que esto le estaba trayendo problemas en la empresa.

Dentro de su lógica, esta persona parecía que me estaba buscando para que yo lo ayudara a pelear mejor con su Jefe. El no se daba cuenta que estaba en una relación de rivalidad. Y que la interpretación de amenaza y de combate la estaba poniendo el. Era él quien interpretaba las exigencias y demandas de su Jefe como una Amenaza ante la cual había que Atacar. Claro que al atacar al Jefe local este se comenzó a defender y a atacarlo a él a su vez. Pero él tenía todas las de perder. Máxime ahora que no tenía el apoyo del Jefe funcional.

En este caso yo no fui al Pasado para descifrar por qué se sentía atacado cuando le hacían exigencias, primero porque el cliente me pidió centrarnos en el Presente, pero en segundo lugar –mucho más importante aún- porque no hizo falta. Bastó que le reflejara todo esto al joven y acompañarlo a definir sus objetivos. El rápidamente se dio cuenta que no tenía sentido distraerse en la rivalidad con su Jefe cuando su objetivo era superar la crisis por la que pasaba la empresa y lograr su transferencia a otro país. Una vez aclarado su objetivo lo ayudé a definir un plan de acción y  le enseñé técnicas para lidiar con su defensividad y construir confianza. A partir de allí este joven avanzó mucho y la relación con su jefe dio un vuelco, así como su rendimiento. A la final logró el objetivo que se planteó.

Pero cada caso es diferente. Depende de los recursos personales y de su situación en ese momento de su vida. Una chica me pidió ayuda porque estaba procrastinando respecto de un proyecto profesional importante. Era traductora de textos y quería pasar a traductor simultáneo. Hizo el curso y se ganó un certificado. Pero en su primera experiencia falló y luego perdió la confianza y lo abandonó. Buscó ayuda conmigo para que le ayudara a retomar este proyecto y obligarse a progresar en esto. Me dijo que no quería nada de Psicoterapia, sino Coaching.

Cuando comenzamos a trabajar nos dimos cuenta que las razones por las que no se dedicaba a su proyecto era porque tenía mucha ansiedad, porque era muy perfeccionista y porque tenía ataques de ira con colaboradores y allegados quedando completamente drenada. Es una persona normal que había progresado en su carrera y familia, pero había llegado al punto de la verdad en su vida, donde todo se desmoronó. En esa transición, sus conflictos internos salieron a flote y comenzaron a proyectarse en las situaciones externas. Así que no quedó otro remedio que ir a la profundidad y procesar varios eventos infantiles.

Todo esto que vemos como desgracias y problemas, no lo son realmente. Más bien pienso que es una gran bendición poder ver lo que somos realmente. Detrás de nuestros fracasos, nuestras rupturas, nuestras decepciones, nuestras angustias y preocupaciones, hay una parte importante de nosotros expropiada que reclama la integremos a nuestro núcleo. La definición de nosotros debe cambiar para poder seguir creciendo.

Sabemos en buena medida lo que somos. Quizás haya algo que creíamos nuestro a lo que debemos renunciar. No todo lo creemos ser forma parte de nosotros, aunque le hayamos hecho creer eso a otros. Pero además de eso, también somos algo que no decidimos, algo que se hizo nuestro en algún momento sin nuestro consentimiento, sin advertirlo, algo que se injertó en nosotros de alguna manera a través de nuestras experiencias y que quizás no nos haga sentir muy orgullosos o que no comprendamos muy bien. Algo que no vemos claramente aunque siempre ha estado allí.

No tiene nada de malo tener un proyecto de vida o que queramos ser de alguna manera. Pero no vamos a llegar muy lejos mientras no comencemos por aceptar lo que en realidad somos. Ese es el verdadero punto de partida. Si no hemos partido de allí, podremos avanzar en lo exterior, pero no en nuestro interior.

¿Piensas que la vida es solo para ganar dinero, pagar las cuentas, tener propiedades y bienes, un seguro, familia y amigos? Y si pierdes algunas de estas cosas, ¿Cómo te sientes? Te duele, no! Pues nos deberíamos sentir muy mal también si no avanzamos internamente, sino no encontramos nuestra verdadera esencia, sino vivimos desde nuestro Self más que desde nuestro Yo, sino reconocemos nuestra Sombra y la asumimos e integramos con orgullo. Hay que trabajar con el Oro que tenemos dentro, pero también lo tenemos que hacer con nuestro Plomo, y como buen alquimista, convertirlo en Oro.

Saludos,

Víctor Calzadilla

“El que domina su espíritu es mejor que el que conquista una Ciudad”. Provervios (Mishle)

 

Nota 1: La Sombra es un concepto de Carl Jung de principios del siglo pasado. Desde entonces ha habido una evolución de la teoría de la psique que derivó en lo que se conoce como Ego States Theory. Escribí un artículo que trató sobre los Ego States llamado Faceta o Respuesta.

Nota 2: Este artículo trata sobre el límite o frontera de la personalidad, y de lo que es ego-catextizado u objeto-catextizado. Objeto-catextizamos cosas que son verdaderamente nuestras, como es el caso de percepciones que proyectamos; en ese caso estamos desconociéndonos y, por tanto, reduciendo nuestro Self falsamente. El desarrollo sano de la personalidad exige que nos descubramos en esas cosas. Por otra parte, ego-catextizamos cosas que no son nuestras, como cuando hacemos nuestras y nos definimos en función de cosas verdaderamente externas como roles, personas o propiedades, expandiendo nuestro Self falsamente.  En ese caso, el desarrollo sano de la personalidad exige que nos desterremos de esas cosas. Así que al descubrir nuestra presencia en ciertos ámbitos y desterrarnos de otros, vamos re-definiendo nuevos límites, logrando una mayor precisión de nuestro Self y con ello un mejor uso de la energía psíquica.

Nota 3: Un Introyecto es una percepción mía de otro que fue investida de objeto-catexia. Las neuronas espejo reproducen el comportamiento, emociones y pensamientos del Otro dentro de mi. Pero si me parece reprobable ese comportamiento, emoción o pensamiento, y por tanto no me identifico con el y no quiero que sea parte de mi, entonces lo condeno y aparto. Pero como está dentro de mi, porque se reproduce por su intensidad o repetición, al condenarlo y apartarlo, lo desconozco. Entonces lo que sucede es que esa es una parte mía que actúa y tiene energía y puede ser activada y responder, pero que no reconozco como propia y no puedo ver en mi. Entonces puede suceder que esa parte me tome por asalto y tome el protagonismo interactuando en el mundo en un momento dado sin que yo sea totalmente consciente de haber actuado de esa manera, no necesariamente en una suerte de amnesia o disociación, sino incluso como un mero auto engaño. O puede ser que esa parte de mi interactúe con otras partes de mi mismo, estando yo consciente solo de la parte afectada.

Nota 4: Ciertas respuestas emocionales pueden ser producto de la interacción de partes psíquicas y no una respuesta frente a un estímulo externo. Específicamente, una parte ego-catextizada, puede experimentar culpabilidad, tristeza o enojo y no saber por qué. Pero esta emoción es una respuesta a otra parte dentro de la psique que está actuando solapada y sigilosamente, desprovista de ego-catexia, un introyecto de un acusador, mal tratador o crítico implacable, que somete continuamente a la otra parte ego-catextizada indefensa. El punto es que es la persona misma quien se está torturando, lo que es fácil de ver “desde fuera”, pero la persona misma no lo “sabe”. No tiene caso “explicarlo” a la persona (a la parte afectada), que sería la lógica común. La intervención especializada busca ayudar a la persona a digerir e integrar esta parte de sí que fue objeto-catextizada.

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prometeoEste mes de marzo escribo muy corto para aclarar una idea clave que permite comprender mejor cómo identificar áreas de trabajo personal a las que dedicar esfuerzo para mejorar la inteligencia emocional, como extensión del artículo anterior, en el que puse en claro algunos signos que nos indican áreas de oportunidad para mejorar la gerencia afectiva.

La expresión Gerencia Afectiva no es común en la psicología, donde se suele hablar de este tema como Autoregulación Emocional o Afectiva. Pero creo que el termino auto regulación puede transmitir la idea equivocada de algo que ocurre de forma espontánea y automática. Sin embargo, una de las ideas centrales en el artículo anterior, así como en muchos de mis artículos sobre esta misma temática en este Blog, es acerca de la posibilidad de que no seamos prisioneros de nuestras emociones y de los cursos de acción iniciados al experimentarlas intensamente. Por esto me sentí identificado con una técnica desarrollada por el Dr. John Omaha, la cual he estudiado, he practicado y uso con mis clientes que lo requieran, y que él denomina Affect Management Skill Training.

Hay una diferencia muy importante entre un comportamiento reactivo o uno expresivo, y un comportamiento deliberado que es realizado conscientemente una vez evaluado diferentes cursos de acción. El término gerencia es el que más se asemeja a este segundo tipo de comportamiento que implica el uso activo de nuestra capacidad inteligente. Esta es la que nos permite aceptar lo que no podemos cambiar e identificar lo que sí. Y en nuestro ámbito de influencia, fijarnos objetivos y metas, motivarnos, ampliar nuestros recursos, buscar alianzas, integrarnos con otros y modificar la realidad. Para ello es necesario saber ver las opciones, de manera de escoger el mejor curso de acción.

Un comportamiento inteligente requiere una integración adecuada de las emociones. Si no lo hacemos, esta dimensión puede sabotear nuestros mejores intentos. Una vez bajo los efectos de las emociones nuestros procesos superiores se ven moldeados; y con ellos la percepción de las opciones, las relaciones y la ejecución.

Como decía Aristóteles, el problema no es tener emociones, sino tener la emoción adecuada a la situación, en la intensidad adecuada y expresada en la forma adecuada.

Pero cada uno de nosotros tiene una historia de aprendizaje personal que nos ha moldeado. Hay huellas en nuestra memoria emocional implícita producidas por heridas, déficits y episodios vividos, que se activan en forma espontánea, autónoma, fuera de nuestra voluntad cuando se encuentran ante ciertas condiciones ambientales específicas que las recrean. Y puede ser perturbador experimentarlas. Bajo su efecto podemos actuar de determinadas maneras dejando de lado otras opciones posibles. Y cuando sucede esto, no estamos gerenciando nuestros afectos. Lo peor de todo, es que quizás ni nos damos cuenta que haya algo que mejorar en nosotros. Para determinar si estamos en ese caso, es que idee esa lista del artículo anterior sobre signos que deben llamarnos la atención. Hay un dicho local de la sabiduría popular que recoge esta idea bajo la expresión “no aguanta dos pedidos”, queriendo decir que la persona ya tenía una predisposición a actuar que es previa a que determinada situación se presentara. Otra expresión similar que recoge también esta idea dice: “el niño que es llorón y la mamá que lo pellizca!”

Es decir que, si bien hay una situación externa disparadora que lógicamente puede activar ciertas emociones en una persona, hay que estar atentos a la frecuencia con que esto ocurre, la intensidad y los resultados, de manera de poder determinar si hay algo en la “estructura” de la persona que está empeorando la situación y que la hace repetitiva. La idea es poder “decodificar” nuestros condicionamientos de manera de poder ser menos reactivos y poder trascender las circunstancias. De lo contrario, estaríamos atrapados por el destino.

Quiero hacer notar que hay una idea muy sutil e importante aquí. Y es la idea de que el comportamiento de una persona se debe más a factores internos que a factores externos. Esta idea de trascender las circunstancias y elegir como responder fue señalada por Víctor Frankl. Pero mucho antes la planteó Spinoza quien era muy preciso al decir que el ambiente externo lo que hace es “agitar” el mundo interior de la persona, pero que su comportamiento proviene de su propia esencia. Más recientemente, esta idea la desarrolló el Biólogo Humberto Maturana. En su libro el Arbol del Conocimiento explica que los seres auto mantienen su estructura interna y encuentran además un medio ambiente acorde para lograr un acoplamiento. Este puede producir la percepción de que son los eventos externos los que explican el comportamiento. Pero enfatiza de una forma dramática que “es propiedad de la carne ser penetrada por la bala, y no propiedad de la bala penetrar la carne”.

Estas ideas llevadas a su máxima expresión nos conducen al determinismo absoluto. Sin embargo, todos estos autores, desde Spinoza en 1600, hasta Maturana en 1970, concuerdan en que hay un pequeño espacio para la libertad humana. Las sinapsis pueden cambiarse. El cambio existe. Y todo gracias al aprendizaje y el cambio (basados en el principio de la retroalimentación). Es la posibilidad de trascender la reactividad

Pero si el individuo es moldeado en sus primeras experiencias y es susceptible de heridas, déficits y episodios que cablean de una forma determinada su comportamiento, como puede ser libre? Sabemos que muchos de estos aprendizajes son resistentes a nuestros intentos de cambio. Por ello, es importante identificar donde radica nuestro auto saboteo.

Las áreas nuestras que nos bloquean nos llevan a descarrilarnos de nuestra ruta óptima de desarrollo. Todos tenemos un estado potencial que es nuestra mejor versión. Prosperar y florecer es posible a pesar de las dificultades y problemas. Hay muchos testimonios de personas que han encontrado su ruta, aun habiéndose descarrilado. Pero sabemos que la gran mayoría de las personas viven vidas alejadas de su potencial.

Para asegurarnos de estar en el camino adecuado de desarrollo y expresión es clave revisar nuestra “estructura” interna, lo cual es llamado Autoconocimiento. Es decir, conocer los “triggers” que activan triadas de pensamiento-emoción-conducta y con ellas sentimientos, impulsos, actitudes, imágenes y recuerdos.

Es normal que frente a determinadas condiciones experimentemos un determinado estado mental (mindset). La característica de un determinado mindset es que es temporal y cambiante, dependiendo de las circunstancias. Recibimos algo y nos sentimos agradecidos. Tenemos un logro y nos sentimos orgullosos. Si alguien nos traiciona, nos sentimos resentidos. Si nos rechazan o tenemos una pérdida, sentimos tristeza y desconsuelo. Si nos amenazan, sentimos miedo. Si las cosas no son como queremos experimentamos disgusto. Si no damos la talla, sentimos vergüenza. Si tenemos mucho por hacer sentimos estrés. Si no sabemos dónde vamos experimentamos ansiedad. Si anticipamos una catástrofe entramos en pánico.

Pero un mindset repetido o muy intenso en un niño ocasiona que este sea engranado en su estructura interna, como lo explica el Dr. Daniel Siegel. Y este engranaje es el punto de partida para que se forme un estado del yo (ego state), el cual tiene mayor permanencia y pasa a formar parte de la estructura de la persona (Watkins y Watkins). Así que, cada uno de nosotros, al vivir ciertas experiencias repetidas o muy intensas, ha engranado dentro de sí, ciertos patrones o facetas, que al formar parte de sí, ya dejan de ser meras respuestas a una situación externa. Cuando una persona está en un particular estado del yo, revive todas las emociones, creencias y sensaciones propias del estado mental que se engrano en él.

Puede haber estados del yo sanos, basados en la confianza, en la disciplina, en la fe, en los logros. Pero también podemos tener estados del yo heridos, debido a episodios traumáticos, déficits en el desarrollo o heridas producidas por nuestros cuidadores. Estas facetas permanecen dentro de nosotros y no quedan atrás por la mera voluntad, sino que se convierten en obstáculos, en bloqueos, en síntomas, en estancamientos y obstrucciones a nuestro desarrollo, reproduciendo y recreando un destino que puede llegar a aprisionarnos y convertirnos en víctimas. Sanar estas áreas e integrarlas al resto de la personalidad es la única manera de alcanzar nuestro potencial.

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corazon y cerebroMe ha parecido útil compartir en esta oportunidad información básica sobre los Afectos, al igual que suelo hacerlo en mis charlas, talleres, cursos y seminarios, así como también en mi consulta privada, ya que me parece clave para conocernos más a nosotros mismos y a los demás. Esto lo hago como parte de la labor de divulgación que he venido realizando en los últimos cinco años a través de este Blog, como expresión de mi interés por hacer una contribución positiva que redunde en la calidad de vida de las personas desde la psicología.

En la Psicología se entiende por Afecto, a las emociones y estados de ánimo que expresa una persona en su relación con el mundo. Así como en una pieza musical podemos distinguir entre la melodía, la armonía y el ritmo, en nuestra relación con el mundo podemos distinguir entre nuestros comportamientos, nuestros pensamientos y nuestros afectos. A modo de ejemplo, podría decirse que está lo que hacemos, el por qué o para qué lo hacemos, y el cómo lo hacemos, con que actitud lo hacemos. Un mismo acto puede ser muy diferente dependiendo de las intenciones con que se haga, es decir, dependiendo del “pensamiento”. Igualmente, podemos hacer algo con esmero o de mala gana. Y esto último viene a hablarnos de lo afectivo.

De manera que entendiendo esto ya podemos ver como es el afecto nuestro en estos momentos ¿Estamos contentos? ¿Agradados? O más bien ¿Tristes? ¿Animados y energizados? ¿o más bien aletargados? ¿Y qué podemos ver en los demás? Podemos ver la expresión de su rostro, podemos ver la forma como hablan, como gesticulan. Y a partir de allí formarnos una idea de cómo anda su afectividad en ese momento.

En los afectos es posible distinguir dos cualidades, que son la Intensidad y la Valencia. Hay afectos más intensos y otros más leves, lo cual es fácil de entender. Por otra parte, los afectos pueden diferenciarse por su valencia. Y en este sentido se les llama Positivos o Negativos, en función de cuan agradables o placenteros resultan. Pero esto no quiere decir que sean buenos o malos, o que hay unos que vale la pena tener y otros que hay que evitar. Todos son parte de la vida y cada uno tiene una función que jugar, de una manera funcional y balanceada claro está.

Si bien la afectividad está bastante ligada a las situaciones que vivimos, el hecho de que experimentemos ciertos afectos en determinada intensidad también depende de nuestra personalidad. Es decir, hay factores situacionales y otros más permanentes de carácter más estructural. A su vez, en la personalidad podemos distinguir entre lo que es el carácter, que es la parte aprendida y moldeada, desde las primeras experiencias y a lo largo de la vida. Y el temperamento, que es el componente más constitucional y genético. Por ejemplo, el ser temeroso o tímido, o el ser arriesgado y seguro, en general es algo aprendido. Pero el ser activo o más tranquilo es algo más temperamental. La tipología de Hipócrates es la más antigua para clasificar los tipos temperamentales. Hoy en día es bastante popular en el mundo empresarial usar un test llamado DICS para medir temperamento. También es común el MBTI o más conocido como Myerss-Briggs, que es un test basado en buen parte en un modelo del Psicólogo Suizo Carl Jung.

Sea por factores constitucionales y biológicos, o sea por aprendizaje, tenemos todos lo que se conoce como Disposición Afectiva, de la cual hablé en otro artículo de este Blog. Y en ella es posible distinguir la Disposición Afectiva Positiva y Negativa. La DAP es la tendencia de una persona a experimentar afectos positivos, la cual puede ser baja o alta. Por otra parte y en forma independiente, la DAN es la tendencia a experimentar afectos negativos, que también puede ser baja o alta. De manera que aquí tenemos otra tipología de cuatro cuadrantes.

La Afectividad de una persona en un momento dado puede calificarse de acuerdo a la variedad e intensidad de los afectos mostrados. Lo que llamamos afectividad “normal”, se ubica en un amplio rango de posibilidades. Desde la persona más pausada y serena hasta la persona más apasionada. Sin embargo, aparte de las diferencias individuales, vale la pena distinguir algunos casos específicos. Por un lado está la afectividad aplanada, la cual se caracteriza por su monotonía, neutralidad y lentitud. Puede ser una manera de ser, pero también pudiera indicar melancolía, que la persona está usando alguna medicación psicotrópica o que tiene alguna alteración de sus afectos. En el otro extremo encontraríamos a la afectividad lábil, caracterizada por variaciones rápidas con intensidades extremas. Como en el caso anterior puede ser simplemente una forma de ser, que la persona está expuesta a situaciones novedosas y fuera de lo común, o un signo de inestabilidad causada por una transición de vida o asuntos no resueltos. También está la afectividad inapropiada o bizarra, la cual se caracteriza por falta de adecuación con la situación ya sea en intensidad o valencia. Como en el caso anterior puede indicarnos que la persona está afectada de alguna manera.

Por otra parte está lo que se conoce como afectividad restringida, que se circunscribe a mostrar poca variedad y baja intensidad. Esto puede ser deliberado o espontáneo. Es deliberado cuando las Reglas Emocionales (Display rules) del contexto exigen de la persona un control voluntario de ciertas emociones para moderar u ocultar su expresión. Esto puede ser porque la persona actúa en representación de una institución o de un rol específico. En ese caso, nos damos cuenta que la persona es muy “formal”, “distante”, “artificial”. Puede parecernos que no es natural e incluso puede causar cierta desconfianza.

La afectividad restringida también puede tener un carácter espontáneo como consecuencia de las situaciones vividas recientemente. Es decir, una persona que ha estado muy presionada, con muchas emociones intensas, con estrés, ha dormido pocas horas y se ha enfrentado a situaciones muy apremiantes, exigentes o duras. Y ¿cómo lo encontramos al final del día? Si somos cercanos lo más seguro es que nos cuente pero si no lo somos y asistimos a una reunión y está a nuestro lado, observamos que es una persona ausente, que habla lo mínimo necesario y de una forma bastante neutra. Esta afectividad también se denomina afectividad embotada.

En el lenguaje clínico se suele usar la raíz latina Timia para referirse a la afectividad. Clínicamente es importante distinguir en un paciente si lo que nos dice nos Resuena. Por ejemplo, nos habla de su pesar y entonces se entristece y llora, de manera que sentimos que si nos pasara eso nos sentiríamos más o menos igual. Si nos toca así, entonces a esto se le llama Ecotimia. O sea que la afectividad de la persona se contagia fácilmente. Y eso es un buen signo. Por otra parte, lo contrario es la Anecotimia, es decir, no nos resuena la afectividad de la persona. El término Resonancia ha salido del entorno clínico. Es un sinónimo de contagio. El psicólogo Richard Boyatzis escribió un libro El Líder Resonante, para referirse a la importancia que tiene esta cualidad en el liderazgo. Por otra parte, está lo que se conoce como Alexitimia, que viene a ser como una desconexión de la persona de su emocionalidad, de manera que no sabe reconocer sus emociones.

Aunque el término Inteligencia Emocional se asocia con Daniel Goleman, el modelo más robusto fue desarrollado por Peter Salovey y John Mayer en los ochenta. Goleman popularizó este tema en los noventa y fue un best-seller con su libro del mismo nombre. A finales de esa década propuso su modelo en Emotional inteligence at work. También hay otro modelo conocido que es el de Baron. Aunque hay diferencias entre los modelos, todos coinciden en que se trata de un constructo multifactorial, es decir, que se compone de varias “habilidades”. Todos están de acuerdo en que incluye la capacidad de reconocer, comprender, expresar y regular las emociones.

Las psicopatologías pueden verse en buena medida como dificultades para manejar ciertos afectos. Si bien reconozco que hay psicopatologías delimitadas y definidas por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en mi experiencia eso que llamamos “normal” no existe del todo. Mucha gente que se considera o es considerada “normal” o “saludable psicológicamente”, puede beneficiarse de la psicología mejorando su “inteligencia emocional”, sin padecer necesariamente de un trastorno psicológico. Por otra parte, muchas personas que padecen de algún trastorno psicológico son “normales” en muchos ámbitos de su vida. Se suelen estigmatizar a las personas que requieren de ayuda psicológica. La gente rehúye de beneficiarse de un psicólogo. Muchos piensan que no van al psicólogo por que no están “locos”. No es el objetivo de este artículo, pero he visto que hay muchos prejuicios sobre este tema, y que sería útil liberarlos para mejorar la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional tiene varios frentes. Es decir, caminos para desarrollarla, aspectos para mejorar. Pero uno crucial es la regulación afectiva. Muchos de nosotros, y me incluyo porque soy un ser humano que sufre y padece como cualquier otro, siempre podemos mejorar en nuestra regulación afectiva. Su mejora puede ayudarnos a aumentar nuestro bienestar emocional, que es un componente clave del bienestar subjetivo y este, a su vez, de la felicidad.

En material de regulación afectiva hay mucho que se puede lograr a través de la educación. Es lo que se conoce como psicoeducación. Lo hago en mis talleres, charlas y conversatorios en empresas. Lo hago en mis cursos en universidades y centros de formación gerencial. Lo hago en este blog al escribir muchos de mis artículos. También lo hago en parte y a veces con mis consultantes de coaching o psicoterapia. El mero conocimiento puede ser de mucha ayuda. Pero, hay un Pero aquí. Esto puede no ser suficiente.

Sé que hay muchas personas que cuando reciben esta información pueden cambiar su actitud y comenzar a experimentar la vida de una forma diferente. Pero también sé que en ciertos casos, pasado un tiempo puede que la persona experimente emociones muy intensas, tenga reacciones inesperadas, se sienta abrumada por sus emociones o sea presa de un estado de ánimo “bajo”.

En algunos artículos publicados con anterioridad he advertido de los riesgos que representa no tener una regulación adecuada de nuestra afectividad. Además de los efectos en la salud, en el bienestar emocional, en las relaciones y en nuestro desempeño, el más grave riesgo es que puede afectar nuestro Self (nuestro yo interior, nuestra esencia, el sí mismo). He desarrollado la idea antes de que debemos aprender a separar “lo-que-somos”, del “como-estamos”, es decir, el Self de los “yo-circunstanciales”. Es decir, que el Self puede quedar secuestrado por la vida afectiva. Esto es, que la persona “tomada” por ciertas emociones o estados de ánimo, pudiera actuar en contra de su misión de vida, de su propósito. O hacer desperdicio de sus cualidades y talentos. Sin tener una psicopatología en particular y aun siendo “normal”.

A pesar de lo importante de la afectividad en nuestra vida y de la comprobación que estoy seguro muchos han hecho de que algunas veces no se cambia la inteligencia emocional solo tomando un curso o leyendo un libro, son muy pocas las personas que se atreven y se comprometen a ir a la consulta psicológica con la intención de mejorar su regulación afectiva. Es lamentable que muchas personas prefieran ir a otros profesionales que por muchas cualidades y buenas intenciones que puedan tener no están preparados para trabajar esto de una manera adecuada. Yo he invertido años de mi vida a estudiar y practicar estas cosas y considero que soy una mejor opción para quien quiera realmente producir cambios en su vida. Por ello, este año me he comprometido a orientar sobre esta necesidad en mis escritos y presentaciones públicas de una forma más directa. Porque estoy convencido de que si se pueden lograr cambios efectivos en el consultorio.

Quiero dejar claro en este artículo que el hecho que podamos mejorar nuestra regulación afectiva no quiere decir que tengamos un “problema” psicológico necesariamente. Si se siente identificado con algunas de las situaciones que enumero a continuación, le invito a tomar unas sesiones conmigo para un entrenamiento personalizado en Gerencia de los Afectos.

Signos que indican que debe mejorarse la Gerencia Afectiva:

  • Experimentar cierto afecto en forma recurrente con una intensidad elevada
  • Al tener ciertos episodios emocionales queda turbado, desorientado y confundido
  • Dificultad para recuperarse de los “bajones”
  • Dificultad para detener ciertos afectos una vez que se experimentan
  • Al experimentar ciertos afectos se “mete en problemas”
  • Se siente continuamente culpable, avergonzado, se odia a si mismo
  • Continuamente resentido
  • Hace daño a otros sin querer
  • Problemas recurrentes con el estado de ánimo
  • Se ha hecho solidario con vivir intensamente ciertos afectos
  • Un afecto ha pasado a formar parte de un estilo de vida
  • Dificultad para experimentar ciertos afectos
  • Dificultad en el reconocimiento o en la expresión de ciertos afectos
  • Ingesta de alimentos o alcohol para regular los afectos
  • Uso de fármacos o drogas para regular los afectos
  • Problemas de auto control e impulsividad
  • Hipersensibilidad, reactividad

A continuación voy a dejar una lista de los Afectos Primarios, para que pueda guiar su auto evaluación. Es importante tener en cuenta que hay que saber regular tanto los afectos positivos como los negativos. Se puede tener dificultad para regular ciertos afectos positivos y esto puede pasar inadvertido. En artículos anteriores he tratado el tema de la Adicción al Trabajo (Workhalism). Esto sucede en buena medida por el placer que produce el uso de ciertos atributos o cualidades personales y la satisfacción que acarrea obtener logros con ellas. Muchas de estas personas experimentan alegría e interés al realizar su trabajo. Pero tienen dificultades para detener esto (interrumpir): trabajan muchas horas, se llevan trabajo a casa y descuidan otros aspectos de su vida.

Catálogo de Afectos Primarios

  • Interés, excitación
  • Disfrute, gozo, alegría
  • Anhelo, “amor”
  • Serenidad (algunos la consideran como un estado que aparece cuando no hay miedo)
  • Sorpresa, alarma
  • Tristeza (algunos la consideran como un estado que aparece cuando no hay alegría)
  • Miedo, terror
  • Rabia, ira
  • Angustia, desespero, pena, dolor, aflicción
  • Disgusto, desprecio, rechazo, indignación
  • Vergüenza

El entrenamiento personalizado para la Gerencia Afectiva primero comienza por identificar en que afectos la persona requiere desarrollar su auto regulación. Las personas pueden tener dificultades para regular los afectos tanto  “por exceso”, como también “por defecto”. Es decir, es necesario identificar afectos que se experimentan muy intensamente y que hay que aprender a disminuir y expresar de un modo adecuado, así como afectos con los que se tienen dificultad para evocarlos y que mas bien hay que permitir su aparición.

Algunas ideas para ilustrar esto. En el film Anger management, el personaje principal tenía dificultades para experimentar la rabia de una forma apropiada. Hay que sentir una mezcla de rabia y disgusto para atreverse a hacer cambios en la vida de uno y tener iniciativas. El empowerment implica tener una “rabia sana” que le ayude a uno a enfrentar y superar obstáculos. Por otra parte, los afectos Interés y Alegría, son claves para poder tener comportamientos de exploración y emprendimiento. De manera que la falta de iniciativa, o lo que se dice en criollo “estar achantado”, no progresar o estar estancado puede estar relacionado en el fondo con una dificultad de la persona para experimentar Interés y Alegría . En general la motivación depende de una adecuada regulación afectiva y de hecho, Goleman incluyó la capacidad de auto motivarse como un componente de la inteligencia emocional.

Luego de que se identifican las áreas de trabajo, el entrenamiento se centra en desarrollar habilidades que permitan  reconocer, comprender, tolerar, evocar si es el caso y regular el afecto target. Además, se desarrollan otras habilidades claves para la regulación afectiva, como lo son el manejo de los pensamientos y el mindfulness, que es una práctica muy útil que vale la pena incorporar como hábito de vida. El marco de referencia en el que me baso para trabajar esta área a nivel individual proviene de la Psicología Cognitivo-Conductual, de la Terapia Centrada en el Afecto, del Reprocesamiento de Traumas y de la Ego States Therapy and Theory. Mi enfoque es Multi-Modal, es decir, trabajo con todo el ensamblaje psicológico que incluye: Conducta, Afecto, Sensación, Imaginación, Cognición y Fisiología.

Con estas líneas he querido invitar a la reflexión de que muchas de las dificultades que tenemos en nuestras vidas, pueden ser vistas desde un punto de vista de regulación afectiva. Espero que esta información básica puede ayudarle a reconocer sus “área de oportunidad de mejora” y que pueda ver al Psicólogo como un profesional que pueda ayudarle en este cometido más allá de la visión tradicional enfocada en los trastornos psicopatológicos.

Nota (1):

El término emoción, técnicamente hablando, está reservado para la respuesta afectiva que ocurre ante un estímulo externo. Sin embargo, suele usarse como sinónimo de afecto en el lenguaje común. El sentimiento por su parte, es la vivencia psicológica de un afecto. Es decir, las ideas, pensamientos y percepción de la vida que tiene una persona bajo los efectos de un afecto en particular. Por otra parte, el estado de ánimo es el efecto acumulado de los afectos en un periodo de tiempo.

Nota (2):

Escribí un artículo sobre este tema para el Blog Inspirulina: http://www.inspirulina.com/es-necesaria-la-ayuda-profesional-para-mejorar-nuestro-bienestar-emocional.HTML

 

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20130308Es ampliamente conocido que ciertas experiencias pueden suscitar reacciones emocionales intensas que pueden sacarnos del carril habitual de nuestro pensar, sentir y actuar. Situaciones que percibimos amenazantes, que rompen con nuestras expectativas y estándares, que violan nuestros espacios, que contravienen nuestros valores, que oscurecen nuestras esperanzas, que traicionan nuestra confianza. Son experiencias que nos “movilizan”, que nos “remueven”.

Bajo los efectos de experiencias de Shock, perdemos el libreto, salen a relucir reacciones diferentes a las acostumbradas, incluso incongruentes y atípicas, de las cuales luego podremos sentirnos orgullosos o avergonzados.

Estas situaciones pueden variar en cuanto a la intensidad emocional que despiertan en nosotros, desde pequeños disgustos y contrariedades hasta la completa pérdida del control; pueden producirse en situaciones sociales, en contextos profesionales, en situaciones interpersonales y hasta familiares; pueden ser producidas por eventos de la naturaleza, por eventos sociales o incluso por la voluntad específica y deliberada de otros que deseen producir conmoción para el logro de sus objetivos particulares.

Cualquier persona sana mentalmente hace un esfuerzo deliberado por producir una imagen de sí mismo que se ajuste lo más posible a sus propios estándares manteniendo un grado aceptable de coherencia en diversas situaciones y de cierta consistencia en el tiempo. Es común oír a la gente decir cosas como “yo soy de esta manera”, “a mí no me veras haciendo tal cosa”, “yo soy de los que se comporta de tal forma”. Pues es lógico que todos deseemos tener una identidad definida con la cual nos podamos sentir lo más cómodos posible, tener un sentimiento de valor propio adecuado y gozar de una cierta “popularidad” o aceptación entre los que nos rodean.

Pero cuando enfrentamos situaciones donde no podemos ejercer mucho ese control deliberado por comportarnos de una manera, se muestran facetas de nosotros menos desarrolladas y refinadas.

El Psicólogo Chrys Argyrys y el Sociólogo Donald Schon trabajaron como Consultores en contextos organizacionales en Estados Unidos y se  encontraron con que la mayoría de los gerentes manifestaban que era importante el respeto a los que piensan diferente, se consideraban a sí mismos como personas tolerantes, abiertas y receptivas a las opiniones diferentes y a las críticas, las cuales veían con buenos ojos porque les permitían crecer y mejorar. Sin embargo, cuando estos mismos gerentes estaban sometidos a una situación de crisis, eran poco tolerantes a las críticas e ideas diferentes, se ponían a la defensiva, usaban tácticas para deslegitimar a los que se les oponían, desconocían la responsabilidad de lo que se les criticaba y señalaban a otros como los culpables.

La conclusión a la que llegaron estos autores es que las personas tienen dos sistemas de creencias diferentes e independientes entre si.  Por un lado, las personas tienen una Teoría Desposada que reúne las creencias y expectativas del mundo y de las relaciones con las que la persona se siente identificadas. Es la teoría con la que la persona se desposa porque le gusta y le parece apropiada.

Pero a partir de la observación del comportamiento real en las situaciones de crisis es posible inferir una teoría diferente a la desposada, y esta la llamaron Teoría Implícita. Esta reúne las creencias y valores, las expectativas y estándares de conducta que es posible inferir del comportamiento real de la persona enfrentada a una situación de crisis.

Según estos autores la incongruencia entre ambas “teorías” no es consciente, ni deliberada. No es que la persona sea un farsante, sino que reacciona a la situación vivida como amenazante en una forma completamente diferente a lo que él esperaba debiera haberse comportado. Esta Teoría Implícita, independientemente de lo que la persona DICE que es el DEBER SER, es lo que realmente expresa a través de su COMPORTAMIENTO.

Carl Gustav Jung por su parte, dijo unas décadas antes, que aquella parte nuestra que reúne las características deseadas y que deseamos mostrar, se llama la Persona. Pero que ante ciertas situaciones, fuerzas inconscientes se rebelan y secuestran la conciencia para dar aparición a lo que dio en llamar la Sombra, que es la parte que reúne todo aquello que deploramos de nosotros y que no nos parece aceptable a nosotros o a la Sociedad. Y mientras lo mantengamos como algo inadmisible, pasa a un lugar fuera de la atencion conciente, permaneciendo sin madurar.

Las personas tienen el desafío de desarrollarse a lo largo de su vida en un continuo de perfeccionamiento. Alguien dijo, creo que Aldous Huxley, que el Hombre está en algún punto entre el Animal y Dios. Pero cada persona particular puede estar un poco más adelantado o retrasado de ese punto representativo de la especie.

De acuerdo con la Psicología, para desarrollarnos plenamente como personas, es necesario pasar por un proceso que contempla etapas sucesivas que plantean desafíos que deben resolverse. En este proceso las personas pueden presentar dificultades. Puede ser que no se logre superar un desafío clave o que se logre parcialmente. En el peor de los casos se produce un estancamiento en las etapas preliminares. En la gran mayoría de los casos lo que sucede es que la persona pasa las etapas preliminares con ciertas dificultades que pasan desapercibidas, pero que tienen un efecto acumulativo etapa tras etapa hasta que finalmente, el común de la gente se queda atorada en alguna etapa posterior. Como la gran mayoría de las personas, numéricamente hablando, se quedan estancadas en los mismos niveles, pues esta condición de atascamiento pasa a la vista de todos como estándar de normalidad.

En los artículos de mayo y junio del año pasado mencioné este tema de las etapas y comenté que según Loevinger hay 9 etapas de desarrollo. Estas etapas son clasificadas por Ken Wilber en pre-personales (I, II, III), personales (IV, V y VI) y transpersonales (VII, VIII y IX).  Loevinger afirmó que el 70 por ciento de los americanos se quedaron estancados en las etapas llamadas Personales. De manera que lo “normal”, estadísticamente hablando, y el estándar ampliamente aceptado, proviene del comportmaiento típico de esas etapas.

El objetivo del ciclo completo de desarrollo es conformar un Self diferenciado de los apetitos, de las necesidades, de los roles, de los cargos, de los bienes, de las relaciones, del cuerpo y de la mente, de la Sociedad y de la Cultura, capaz de ver la persona particular como parte de un todo llamado Humanidad, y esta a su vez como parte de un Todo más amplio.

En las Etapas Personales, la persona se queda fijada en la identificación con las realizaciones, los logros, las ambiciones y los roles, atrapada entre el papel de la voluntad y la libertad frente a las fuerzas que están fuera de su control. Una vez que la persona supere estas fases personales, pasaría a las últimas fases de desarrollo, las etapas transpersonales. En ellas la persona aprende a comprender su lugar en la Sociedad, en la Historia, en el Planeta y en el Universo, y, con humildad y amor, aprendiendo a fortalecerse como un grano de arena que parece separado pero forma parte del algo más amplio, alcanzando la Felicidad  Verdadera. En la etapa transpersonal (Más allá de lo personal) la persona aprende a captar las sutilezas de la vida, a desarrollar un sentido metafísico (más allá de lo físico), a comprender el papel que juega dentro de un Todo, a identificar la Humanidad como entidad y la Historia como proceso con autonomía, a conectar con el mundo de las ideas para generar soluciones, comprensiones e inspiraciones, que estén al servicio de otros, a doblegar sus inclinaciones y ponerlas al servicio de lo más elevado. Esto le permitirá obtener las comprensiones que le permitan inspirarse y dar significado a los acontecimientos, sin culpar, forzar o violentar a otros.

Pero en este ciclo de desarrollo, decía, la mayoría de los mortales queda atrapado a medio camino. Y peor aún, con deudas de etapas previas, que esconden conflictos no solucionados. Conflictos intrapersonales que son llevados al plano interpersonal. Sentimientos de celos, envidia y odio muy intensos que son trasladados “irresponsablemente” a cualquiera que se convierta en un “blanco adecuado” para sus proyecciones.

De manera que, retomando las ideas preliminares, los hechos intensos y fuera de lo usual sacan a la persona de su carril habitual, desplazan sus teorías desposadas y sacan a relucir sus teorías implícitas, le impiden la posibilidad de mostrar deliberadamente su Persona, poniendo en evidencia su Sombra, poniendo al descubierto los asuntos no resueltos en su desarrollo psicológico.

Si actuamos de un modo desenfrenado y nos entregamos a la expresión desbocada de emociones, no le estamos haciendo un favor a la Humanidad. Año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, seres humanos reaccionando en formas descontroladas, trasladando al mundo externo sus reacciones más inmaduras, han influido en el curso de los acontecimientos colectivos de tal manera que han impregnado a la Historia misma una desviación de su curso, de forma que cada vez es más difícil restaurarla a su condición original.

El Filósofo Hegel dio a los fenómenos sociales el mismo estatus de los fenómenos de la naturaleza.  En la Ontología Hegeliana, al preguntar cuáles son las cosas que tienen un Ser viviente, él respondió; los hechos sociales tienen un Ser, al igual que los fenómenos naturales. Es decir, que desde Hegel se dice que los fenómenos sociales tienen un Ser propio, que funciona con su propia dinámica, con sus propias reglas, con su propia Lógica que es posible estudiar. Arnold Toynbee, por su parte, dió un paso más allá al identificar la Historia como la unidad de análisis propia del Ser, con su propia identidad y autonomía.

En la actualidad la Teoría de la Historia no es vista con los ojos del personalismo. La perspectiva Personalista da una importancia desproporcionada al papel de los individuos en los hechos históricos. Como si fuesen ellos los que marcaran el curso de los acontecimientos. El que ve los acontecimientos como obra de los individuos es porque no sabe ni comprende qué esos individuos son realmente un producto de la Historia que los antecedió y que el contexto mismo es el que permite que sus ideas y acciones se insertaran dentro de los acontecimientos. La Teoría de la Historia predominante en los pensadores modernos es la Naturalista, es decir, la que ve en ella un proceso con vida propia, como se deriva de Hegel y plantea Toynbee.

Según esta perspectiva es la Historia la que lleva un flujo de predisposiciones que preparan las circunstancias específicas que moldearan a los individuos que luego actuaran como sus agentes, como los medios a través de los cuales las fuerzas colectivas se expresan. Por supuesto que hay una persona concreta, con un sistema nervioso muy particular, que actúa de una cierta manera y protagoniza de los acontecimientos. Pero ese individuo es un producto de una época que lo gestó; sus dichos y acciones no tendrían mayor resonancia a menos que el Zeitgeist estuviera preparado. En otras palabras, una persona como Hitler en otro lugar y/o momento hubiese pasado desapercibido o encerrado en una carcel o manicomio.

Mucha pretensión pensar que son los individuos los que controlan o gobiernan a ese Leviatán. Esto no quiere decir tampoco que debamos resignarnos o dejarnos llevar por su juego. La Historia mezcla en su torrente muchos errores y entuertos. Dejarnos llevar por los acontecimientos es actuar como una rama llevada por la corriente del rio, significa convertirnos en meras piezas de un ajedrez jugado por una maquinaria anónima, implica someternos a las leyes del Determinismo.

¿Qué puede hacer el Individuo frente a esta Tormenta Perfecta orquestada por los procesos históricos de la Humanidad? ¿Cómo expresar el Libre Albedrìo y responder como Ser Inteligente? Lo menos que podemos hacer es parar de actuar como un mero ente reactivo estímulo-respuesta y poner en funcionamiento nuestro lóbulo pre-frontal. Si nos dejamos arrastrar por el influjo del Shock y nos dejamos llevar por las emociones y las impulsiones actuaremos como meros mecanismos de relojería.

De manera que primero que todo es necesario Detener la reacción que produce la agitación de los acontecimientos externos en nuestro interior al mejor estilo Zen. Saber callar para saber obrar; convertirnos en un observador del océano profundo de nuestro psiquismo donde se debaten fuerzas ancestrales; conectar con la serenidad y la confianza para dar tiempo de anteponer nuestra Voluntad y nuestra Razón a nuestra emoción y nuestra reacción, para actuar en pleno ejercicio de nuestro libre albedrío, dejando que se exploten como burbujas de jabón los juicios que produce nuestra percepción y nuestro condicionamiento socio cultural, y así poder Trascender el momento, estableciendo contacto con la Unicidad y poder tener acceso a la Sabiduría que nos proporcione las soluciones sobre cómo obrar y que camino seguir.

Pero sobre todo es importante no perder la Alegría de Vivir. En situaciones de alta incertidumbre e intensidad emocional es común caer presa de las emociones negativas, de la rumiación, de los juicios, perder la paz, desenfocarse de las prioridades, dejarse absorber por obsesiones y preocupaciones o de alteraciones emocionales y cambios emocionales, descuidando las relaciones, las amistades, el sosiego, el equilibrio, la ecuanimidad y el respeto por lo humano.

Me encantó un experimento que hicimos en el Colegio cuando era chico para mostrarnos lo que era el Fototropismo Positivo. Al colocar un obstáculo que bloquea la Luz Solar a una Planta sus tallos crecen de tal manera que el obstáculo sea rodeado, alcanzando finalmente la fuente de Luz. Me impresionó la extraordinaria “inteligencia” presente en el reino vegetal. Nos explicaron que las celulas que recibían la luz se inhibían de crecer mucho, mientras que las que estaban en la oscuridad se reproducían más rapidamente. El resultado: el tallo tomaba curvas y retortijones para apuntar hacia la Luz.

Así que hago un símil de este comportamiento vegetal respecto a cómo comportarnos ante la adversidad que amenaza con robarnos nuestras mejores actitudes y sentimientos. Que la adversidad lo logre o no, va a depender de nosotros, y se la tenemos que poner difícil! Las circunstancias nos pueden doblegar por fuera, pero no por dentro.  En la adversidad es importante mantenerse como Seres amantes de la Vida; no dejar de enfocarnos en cuidar las relaciones, atender a nuestros seres queridos, hacer contacto humano, ser respetuoso y servicial, dar apoyo a otros, jugar y divertirnos, reír y compartir. Como decía Gandhi: Ser el cambio que queremos ver en el mundo. Es la mejor arma que tenemos para combatir la adversidad. Si dejamos que ésta nos robe la paz, la alegría y la confianza, no habrá otro responsable sino nosotros mismos. Como decía Freud, la batalla que libramos es entre Eros y Thanatos, entre el Institnto por la Vida y el Instinto por la Muerte.

A veces no es el momento para ver materializado lo que deseamos, por más justo y merecido que sea, y que consideremos haber hecho lo necesario. Porque no todo el estado de cosas depende de nosotros. Como vimos los acontecimientos sociales tiene su propia autonomía.  Nosotros hacemos nuestra parte, pero hay una parte fuera de nuestro control. Pero si nos enojamos, entristecemos o desesperamos  porque no logramos ver reflejadas en el mundo nuestras aspiraciones más elevadas ¿cómo vamos a incidir de una manera favorable en nuestro entorno para retornar a la salud y el orden perdidos, si lo hemos perdido dentro de nosotros mismos?

Una crisis puede hacer que la gente intente aferrarse a los patrones de comportamiento característicos de sus estados de desarrollo conocidos, o incluso sucumbir y retrotraerse a niveles inferiores. Pero también es una oportunidad  de evolucionar hacia nuevos estadios de desarrollo antes desconocidos; es la oportunidad de pasar de los Niveles Personales a los Niveles Transpersonales. Pero esto implica dejar ciertos paradigmas y pautas de comportamiento, para adoptar nuevas formas de ver, comprender y lidiar con el mundo.

Esta claro que hay un margen en el estado de las cosas que no podemos controlar. Lo que sí está en nuestro ámbito de control es la forma cómo respondemos a los acontecimientos, la capacidad de elegir cómo queremos sentirnos y cómo vamos a encarar los sucesos que nos rodean. Si nos apegamos a la vida y la vitalidad e insistimos en restaurar la salud psicológica y espiritual en nuestras vidas y nuestro entorno íntimo, al menos impediremos que la descomposición que pueda existir en el estado de cosas externo nos contamine. Y así podrar preservar nuestro Nucleo no Herido. Es la única garantía de que el Amor por la Vida sea lo que a final de cuentas prevalezca.

Nota:

Me tomé la libertad de titular este artículo con un neologismo (palabra nueva). Este es un término que inventé tomando en cuenta el fenómeno del fototropismo (foto=luz, tropismo=movimiento) por todos conocido.

Por una parte, quería incluir la idea de la importancia de buscar el amor. Para la palabra Amor hay varias posibilidades en el Griego. Está Eros por una parte, está Philus por otra. Y también Agape. Entre estas tres preferí tomar Philus. Freud prefirió tomar Eros para referirse a la misma idea. Tomé Philus, porque me parece que también es importante la noción de Amor al Prójimo contenida en ella, de donde también proviene el término Filantropía, que tiene que ver con el amor y la promoción de lo humano, y que es contrario al odio hacia lo humano, que es la Misantropia.

Por eso me contenté con llamarlo Philotropismo. Sin embargo, la idea que he querido transmitir en el artículo va más allá del Amor e incluye lo que es el movimiento hacia la Vida.  He debido llamarlo entonces Biotropismo positivo, pero a la final me senti más cómodo con el primero.

Quizas dentro de la Ciencia, son los Biólogos y Palentólogos, los que tienen una especial sensibilidad para comprender lo que significa la VIDA. Un pensador llamado Theilard De Chardain, le causó mucho asombro la progresión sucesiva de complejidad creciente que existe entre la materia inorgánica y la materia orgánica y luego en el abanico de todos los Philum (especies vivas), ocupando todo un espectro que va desde las Amibas hasta el Ser Humano. Entonces el veía un sentido detrás de esto y decía que era posible deducir una tendencia hacia una dirección que llamó Omega. Este proceso le pareció a Chardain mostraba una gradaciòn entre un mundo fìsico y un mundo metafísico, donde este vector llamado Vida, estaba apuntando hacia la espiritualización de la materia.

Toqué este tema tangencialmente en un artículo que dediqué al filósofo Spinoza, quien planteaba un modo de vida basado en la Felicidad parecido al recomendado por el Estoicismo, que se caracteriza por mantener un estado de paz poco apegado al vaiven de los eventos. (https://excelenciapersonal.wordpress.com/2010/09/23/geometria-del-bienestar/)

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