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Posts Tagged ‘Bioquímica de las emociones’

¿Está bien complacernos? ¿Está bien disfrutar de la vida? ¿Hay restricciones en cuanto al objeto de nuestra complacencia o podemos complacernos con todo? ¿Hay restricciones de cantidad o no hay límite? ¿Basta con el efecto que produce la complacencia en su forma más primaria o es necesario enmarcar el efecto producido dentro de una intencionalidad especifica? En este artículo me propongo responder estas preguntas, como parte de esta serie que comencé dos posts atrás en Nuestro desafío fundamental. Allí indiqué que “Hay dos grandes fuerzas que buscan hacernos desconfiar de nuestra capacidad de encontrar un lugar en el mundo y prosperar. La primera por la vía de la atracción, el deseo y la tentación […] La segunda fuerza, actúa a través del ataque y el desafío.” En el artículo previo,  Ir a la Guerra si es necesario, desarrollé el segundo punto y este artículo trata sobre el primero.

Comencé a escribir este Blog como un esfuerzo de divulgación de la Psicología y una forma de compartir el resultado de mi propio viaje a través de ella, ya que estoy convencido de que comprendiendo mejor las cosas podemos tener un marco de referencia para nuestra actuación en el mundo.  Entiendo, por experiencia propia y ajena que esto no es suficiente; comprender y adoptar una posición requiere que luego tengamos el coraje y la persistencia para actuar en conformidad (1). Pero aclarar el marco de referencia propio es una condición necesaria. Así que en esta jornada pública que comencé en el año 2009 compartiendo enfoques, conceptos y hallazgos de autores con los que simpatizo, he tenido una evolución y desde muy recién que estoy incorporando  adicionalmente mis propias posiciones “meta-teóricas”, de manera de hacer explícita mi propia concepción del mundo y del hombre.

Hace poco fui invitado a cenar por una pareja joven que tiene cuatro hijos, entre ellos un bebé de meses. No los conozco mucho realmente, pero ellos saben que soy un recién llegado a Israel y han querido ser amables y ser solidarios al invitarme a la cena de los viernes que es usual en este país (cena de Shabbat). Suelen comer abundantemente como es usual localmente en este día, con un primer plato de entradas, luego un segundo plato de Pescado, luego un tercer plato de Carne, luego un cuarto plato conformado exclusivamente por alguna verdura especial condimentada como Ajo o Alcachofa, seguido de un Postre. Para finalizar, el caballero acostumbra sacar una botella de alguna bebida, que puede ser Vino, Whisky o Arak, para tomar unos tragos acompañándolos con semillas y frutos secos!

Yo no soy de mucho comer y no como carne ni postres. Tampoco como las semillas al final, que aunque me encantan, he comprobado que me hacen daño después de haber comido la cena. Ya ellos saben que soy bastante frugal, así que no se resienten con mis negativas y con mis solicitudes de ser servido con porciones menores.  Aunque no deja de sorprenderles un poco. Ellos presuponen que tengo mucha fuerza de voluntad y que hago esto para cuidar mi figura. Mis hábitos alimenticios no son muy populares quizás en muchas mesas. Incluso pueden causar críticas hacia mi o sentimiento de culpa en personas con sobrepeso. Por eso, escojo muy bien que invitaciones aceptar.

Pero aun cuando mis anfitriones en general conocen mis hábitos alimenticios, no deja de ser un tema de conversación, directo o indirecto. Sé que está rondando en sus mentes. Estos anfitriones en particular hablan Hebreo, pero como todavía yo no lo hablo fluido y el caballero sabe hablar en Inglés, a veces, con el específicamente, puedo hablar en Inglés. Ella acaba de dar a luz a un bebé hace unos ocho meses y quedó con unos kilos de más. Y me comentó de repente que había perdido dos kilos en los últimos tres meses. El caballero por su parte, es esa clase de persona que no dicen que no a ninguna comida, pero que aun así son delgados. Me dice de repente mientras come un trozo de torta parecida a la Mil Hojas con abundante nata y azúcar nevada en su superficie, después de la entrada, el pescado, la carne y la verdura: Trabajo mucho y me gusta darme mis gustos en el Shabbat. Y luego de esta introducción me pregunta: Y tú, cuando quieres comer algo que te gusta, ¿qué es lo que comes? Le contesté cualquier cosa para salir del paso, pero me quedé pensando en esa pregunta los siguientes días.

Mi primera inclinación ante esta pregunta fue decir que nada en particular, que trato de comer lo que me sienta bien y se ajusta a mí. En el pasado daba la explicación de que me cae mal la carne y en general comer en abundancia. Que me cuesta digerir los alimentos. Que luego no puedo ir a la cama. Que me hace sentir muy mal y que absorbo muy fácilmente los carbohidratos y las calorías en general. Sin embargo, esto ocasionó ataques o burlas en el pasado. Cosas como, ¿tú eres metrosexual? ¿Será que tienes ulcera? ¿Estarás enfermo? ¿Será mejor que vayas a un médico! ¿Relájate un poco de vez en cuando y daté un gusto! O, ¿Qué tiene de mal mi comida?

Por años tuve hábitos igual que todos a mi alrededor. Comía de todo aunque no más que los demás. Disfrutaba de fumar. Tomaba café negro a lo largo de todo el día junto con mis compañeros de trabajo en la época de mis comienzos. Incluso en la noche, adopté un hábito de mi ex esposa, y  me tomaba un café con leche antes de ir a dormir. Todo esto trajo como consecuencia que llegué a pesar más de 90 kilos, me sentía incómodo con la respiración, con la ropa, me sentía sin energías en las horas de la tarde después del almuerzo, iba muy tarde a la cama en la noche por la cena, fumaba cajetilla y media diaria y tomaba unos 10 cafés diarios. Además era reactivo, nervioso y acelerado. No me sentía bien. No era feliz. Así que decidí dar un vuelco a mi vida. Acepté que mi cuerpo es diferente, he aprendido que necesita realmente mi cuerpo y procuro alimentar mi cuerpo para que esté sano, de manera que Yo, pueda dedicarme a otros propósitos y no tenga que estar pendiente de que me siento mal por algo que comí, o me siento pesado, no puedo respirar o que la ropa me queda ajustada. Y esto no ha sido fácil, es una labor que no termina nunca y hace falta mucha fuerza de voluntad para ser coherente con esto. Pero cuando actúo comprometido con la realidad de mi cuerpo y me alineo a eso, me siento mucho mejor.

Compartí en las líneas precedentes mis verdaderas razones y testimonio para ilustrar mi esfuerzo de convivir con mi cuerpo. Pero ante la pregunta ¿Qué comes cuando quieres complacerte? no creo que compartiría todas las confesiones anteriores, porque en mi caso la respuesta no es sencilla y es personal y privada. Pero analizando la pregunta, vemos que parte de la suposición de que para complacernos recurrimos a la comida. Pero aunque bastante común, esto no es universal. La pregunta correcta debería de ser, ¿a que recurres tu cuando quieres complacerte?

Se de personas que cuando quieren darse un gusto recurren al alcohol. A otros les gusta el juego y la apuesta. A otros les gusta usar drogas,  y hay personas que solo están pensando en el sexo, en la pornografía. He visto publicidad sobre cruceros para solteros dispuestos a la actividad sexual libre, actividades para Swinger o disfrutar de la prostitución sabiendo que en algunos casos se trata de tráfico humano. Hay toda clase de perversiones que incluyen la pornografía infantil o el abuso sexual de niños.

Hay industrias enteras a nivel mundial que funcionan basadas en las adicciones humanas (2). Algunas son permitidas y queda a juicio de cada persona usarlas con moderación. Otras son consideradas delito y son practicadas a escondidas. Ha habido escándalos de personas famosas o poderosas que en su vida privada recurren a prácticas condenables o se aprovechan de esto.

Algunas actividades pasan desapercibidas como adicciones y son incluso promovidas y percibidas como buenas acciones, como es el caso de la adicción al trabajo, la práctica continua de deportes y los llamados deportes extremos (3).

Claro que hay una diferencia entre comer o trabajar en exceso con la adicción a las drogas, el alcoholismo o las perversiones sexuales. Pero nos guste o no, hay que estar claros en algo: independientemente de que haya aceptación social o conciencia nuestra todos estos “objetos” comparten una naturaleza común: que son adictivos!!!

¿Qué significa que son adictivos? Que son tentadores, que ejercen una atracción sobre nosotros, que producen placer y satisfacción inmediato, que este efecto positivo nos motiva a incluirlo en nuestra lista de deseos, que luego nos vemos comprometidos con esfuerzos para volver a experimentar esta experiencia, que producen cierto nivel de tolerancia en el organismo de manera que para producir el mismo efecto cada vez es necesaria una mayor cantidad y que producen efectos desagradables cuando nos abstenemos de ellos.

La relación con estas sustancias o actividades de naturaleza adictiva cumplen cierto patrón común. Al inicio aumentamos rápidamente la frecuencia de consumo y éste produce una sensación de control, de cierto alivio del sufrimiento de la vida, de entretenimiento y de placer. Y en ese periodo, la persona desea relacionarse con la sustancia o actividad a fin de obtener estas sensaciones. La persona tiene la sensación de que está en control y que usa esta relación para aumentar su control sobre el mundo. Pero llega un momento, en el cual la resaca física o moral puede llegar a ser más desagradable que el efecto placentero momentáneo. Pero aún así, la persona continúa. Incluso, puede suceder que una parte de la persona ya no quisiera mantener esta relación, pero no puede dejar de hacerlo, pues ya tiene una carácter casi autónomo, de tipo compulsivo. Ya el control lo tiene la sustancia, la actividad o relación.

¿Que pueden tener en común el comer, el consumo de drogas, el sexo y el trabajo o incluso, la práctica de deportes extremos? Se ha encontrado que las emociones mismas son adictivas. Y así encontramos personas que son adictas a la tristeza o a la rabia. Y esto nos da la clave para entender mejor como es que cosas tan variadas pueden producir un mismo problema. A la final no importa tanto si es una sustancia o si es una actividad. El punto es que la ingesta de la sustancia o la experiencia de la actividad particular, produce la segregación interna de sustancias químicas que son liberadas dentro del organismo a través del torrente sanguíneo llegando a toda las células. Nuestras células tienen una membrana semipermeable. Es decir, que lo que puede entrar dentro de ella no lo hace libremente, sino a través de receptáculos de la membrana. Es como ese juego de bebes que es una casita que tiene tres ventanas; una en forma de triángulo, otra en forma de circulo y otra en forma de cuadrado. Y por otra parte, hay tres  bloques adecuados en tamaño, uno en forma de pirámide, otro en forma de esfera y otro en forma de cubo. Y el cuidador le muestra al bebé que se pueden introducir las figuras dentro de la casita. Y cuando el bebé trata de imitarlo no lo logra al inicio, porque intenta meter la pirámide por la ventana cuadrada, o la esfera por la ventana triangular. Hasta que se da cuenta que tienen que pueden entrar si se mantiene su correspondencia.

Así mismo, sucede que la membrana celular tiene un receptor para el oxígeno, y otro para proteínas y así sucesivamente. Pero resulta que también tiene uno para las moléculas adictivas. Y en la medida que la persona recurre más a aquello que las produce internamente, al reproducirse la célula, ella se modifica para aumentar el número de receptores del placer. Esto quiere decir que a la final el comportamiento a nivel bioquímico es común independientemente del “objeto” y que su proceso es similar. Conclusión: tenemos que cuidarnos por igual de todo aquello de naturaleza adictiva. No solo abstenernos de no incurrir en las que son prohibidas por la Sociedad, legal o moralmente, sino también incluso por las que son aceptadas socialmente o que son incluso promovidas en ciertos círculos, como es el caso de los que rinden culto a la comida, la bebida, el trabajo o el deporte extremo.

Todos estos “objetos” aceptables o no, acarrean el mismo resultado final: la persona comienza a girar su vida alrededor de eso. Estudié en una fuente de Sabiduría a la que recurro que la definición de Idolatría no tiene que ver necesariamente con postrarse ante ídolos o estatuas, sino con toda actividad en la que la persona desconoce la fuente verdadera de su Creación y permite que su vida sea controlada por una fuerza intermediaria.

Hay un razonamiento que se atribuye a un autor teológico medieval, pero que encontré en mis investigaciones personales que es muy anterior y su origen se remonta a un protagonista residente a la Babilonia de la Edad Antigua. El razonamiento parte del reconocimiento que existen diversas fuerzas en la Naturaleza que pueden gobernar ciertos acontecimientos. Y que por tanto, el recurrir a esta fuerza y disfrutar de su beneficio, así como dedicar nuestra energía para procurárnosla, es entendible.  Pero que esta fuerza debe haber sido creada, formada y mantenida por otra a su vez de un carácter precursor. Entonces, por qué en lugar de dedicarnos a procúranos de esta fuerza y recibir su beneficio, no recurrimos a su causa? Y si seguimos este razonamiento varias veces, nos encontraríamos que hay una causa y fuerza primordial, y que si a esa reconocemos como nuestra fuente y origen, y a esa dedicamos nuestro Servicio, recibiremos un beneficio de ella que es perdurable y verdadero. Recurrir a las fuerzas intermediarias es un desperdicio de energía si podemos recurrir a esa fuerza primordial.

Entonces, en lugar de practicar el culto y servicio a las fuerzas intermediarias, es preferible dirigir nuestra atención a la fuerza primordial que es causa de todo. Esa misma que ha dado luz a nuestra chispa esencial y que se encuentra en otro plano no material y que sustenta y da vida a todo. ¿Y como poder llevar esto a la práctica cuando parece tan abstracto?

Usando el lenguaje de la Psicología encuentro que hay un camino para llevar esto a la práctica y es el de la auto realización personal. Al encontrar nuestro camino propio, que expliqué en el primer artículo de esta serie, al reconocer nuestra individualidad, definir nuestras fronteras, reconocer nuestro núcleo singular y único y dentro de este, distinguir entre la parte que nos quiere llevar al sometimiento a las fuerzas intermediarias, sea por la vía del ataque o sea por la vía de la seducción, de la parte que nos conduce al desarrollo personal, al florecimiento como el ser humano único con un aporte único que hacer al mundo para dejar un legado que tiene un sello personal.

En la serie transacciones energéticas identifiqué este camino como uno que nos hace sentir Vigor, engagement y satisfacción. Esta satisfacción es mucho mejor que el placer momentáneo, es más perdurable, es la Felicidad que hablaba Espinoza (Buscar en este blog Geometría del bienestar). Es un camino que produce un efecto espiral en nuestra vida (buscar en este blog Resiliencia). Su punto de partida es la convicción de que si vamos a poder lidiar con los obstáculos y sortear las amenazas (Ver en este Blog Empowerment).

Entonces, ¿por qué contentarnos con poco si podemos obtener más? No en vano todas las civilizaciones antiguas definieron lo que era Tabú para ellas: es decir, aquellas cosas que bajo ningún concepto sus miembros podían darse el lujo de hacer.

Esta claro que las insatisfacciones y las frustraciones de la vida afectan nuestro estado de ánimo y nuestra auto estima. Y en el carrousel de la vida a veces nos sentimos “arriba” y otras veces “abajo”. Y cuando nos sentimos “abajo” quisiéramos un alivio a esto. Incluso pudiéramos aceptar “teóricamente” que el camino del florecimiento personal, y el convertirnos en la mejor versión de nosotros es la verdadera fuente de la felicidad y la satisfacción perdurable. Pero este camino es arduo y muchas veces las pruebas son largas y difíciles. Sólo un porcentaje muy bajo de la población logra mantenerse hasta el final. La gran mayoría renuncia a esto, no insiste más. Racionaliza su fracaso con la idea de que “así es la vida”, “esto es lo que hay”, es mejor un poco de placer inmediato que un tesoro detrás del arco iris. O a lo mejor ya desde muy temprano en su vida tomó la via de los atajos y nunca se dedicó a “trabajar” en pro de realizar su potencial y todo esto le suena a “ilusiones” e “idealismo”.

La vida si es dura. El trabajo de realizar nuestro potencial puede estar lleno de espinas o no ser muy claro o ser muy largo. Y no nos podemos privar del placer del todo.  Necesitamos un poco de placer. No podemos abstenernos por completo de él. Pero, siempre y cuando, 1) sea con los “objetos” adecuados, es decir, con una buena comida, una buena bebida y actividades gratificantes saludables como escuchar música, hacer ejercicio, apreciar la naturaleza, estudiar, meditar, reflexionar o ayudar a otros. 2) Sin perder de vista que aunque sean objetos adecuados, hay que usarlos con moderación y manteniendo un equilibrio. 3) Tener una intencionalidad, hacerlo dentro del marco de que es un disfrute momentáneo en aras de uno mayor: nuestro crecimiento y desarrollo. Es solo un alto para celebrar y honrar a la vida, para agradecer a la causa primordial, para alimentar nuestra chispa Divina.

De manera que es importante entonces distinguir que en el mundo hay tres tipos de cosas con las que nos relacionamos. En primer lugar, cosas de primera necesidad que podemos usar ad libitum. Que son necesarias para vivir y que usamos de manera instintiva y con límite natural. Son actividades y sustancias que no son adictivas. Como el agua, el aire o las obligaciones diarias. En segundo lugar, hay cosas que son adictivas pero que son permitidas. Con estas cosas tenemos que tener mucho cuidado, porque al ser permitidas podemos caer presa de ellas fácilmente y sin tomar conciencia de que estamos en problemas. Y por último, hay cosas que son adictivas y que son prohibidas. Estas cosas son muy peligrosas, perjudiciales, denigrantes y condenables. Y tenemos que alejarnos de ellas y de quienes las practican.

Hay una línea muy delgada que no voy a abordar sobre lo permitido y lo no permitido. La pregunta de fondo aquí es quién lo permite. Nadie está completamente facultado y es completamente competente para dictaminar lo que “es permitido”. Ni las leyes de un país, ni el código de actuación de un grupo, ni la ideología personal de alguien en particular. En materias como estas me remito a la sabiduría universal del acervo histórico de la humanidad, la sabiduría perenne. La sociedad, en resumidas cuentas, no es un referente válido para esto necesariamente.

Entonces, los invito a dejar a un lado el auto engaño, la negación o la justificación. Y ver con ojos más críticos que sustancias o actividades, o incluso emociones, los están esclavizando, están controlando su conducta, están haciendo que su vida gire alrededor de ellas, les hacen sentir ansias y deseos, que les dediquen sus pensamientos, que usen su tiempo, dinero y otros recursos en ellas. El reconocimiento es un primer paso muy importante. Escríbalo para que no lo olvide.

Una vez reconocido, decida un objeto del deseo del cual independizarse.  Es obvio que las cosas prohibidas hay que dejarlas de inmediato. Pero con aquellas que son permitidas, tal vez puede ser útil primero clasificarlas de acuerdo al nivel de dependencia. De algunas cosas dependemos más que de otras, así que un enfoque posible puede ser comenzar por lo más sencillo, lo que tiene menor nivel de dependencia. Otro abordaje puede ser comenzar por algo muy dañino y perjudicial. Cada quien debe decidir que escoger.

Tercer paso, que estrategia usar. Dejarlo del todo y prohibírselo? Solo disminuirlo? Está claro que las cosas no permitidas hay que dejarlas por completo. Pero con las cosas que son permitidas, ¿como hacer? Hacerlo progresivamente? mantener una cantidad de consumo? Eso tiene que determinarse en función de cada caso.

Solo resta intentarlo una y otra vez e ir aprendiendo en el camino. No hay soluciones mágicas ni universales. Solo la voluntad y la persistencia. Podemos inspirarnos en los pasos que recomienda la AA. Lo más importante es convertir esto en un objetivo personal. Tal vez parte de nuestra misión personal sea aprender a independizarnos de uno o varios de estos objetos.

 

 

Nota 1

No hay que olvidar un famoso dicho que dice: Si no actúo como pienso, término actuando como actúo. Esta frase de la Sabiduría Popular encaja perfectamente con los descubrimientos que hizo el Psicólogo Leon Festinger que le llevaron a postular su teoría de la Disonancia Cognitiva. Esta teoría plantea que las personas no pueden albergar dentro de sí una incongrencia. Entonces si actúan de una manera incongruente con sus principios van a experimentar una tensión que no ls va a dejar tranquilos hasta que hagan alguna de dos cosas posibles. Una, lamentarse de su comportamiento y tomar las medidas necesarias para corregirlo y asegurarse de que no vuelva a ocurrir. O, dos, dejar el principio que tenía a un lado, descartarlo, y en su lugar asumir, no necesariamente en forma explícita, otro principio que justifica su comportamiento.

Nota 2

He sabido de grupos ideológicos y de poder que usan las adicciones como una manera de debilitar las sociedades con la finalidad de quebrarlas. Algunos solo para obtener un beneficio. A estos les conviene mantenerlos como esclavos. Pero hay otros más radicales y racistas que lo hacen con la finalidad de destruir a las sociedades e imponerse en el mundo como la única ideología válida.

Nota 3

Hay adicciones más disimuladas, incluso para la persona misma, quien no sabe que padece de la adicción. Como es el caso de las adiciones asociadas a las relaciones con otras personas o con el mundo en general. Por ejemplo, personas “co-dependientes” que mantienen relaciones tóxicas, personas que siempre atraen el mismo tipo de pareja, sea que las engaña, sea que abusa de ellas, sea que las maltrata de alguna manera o que necesita ser salvada. También hay personas adictas a jugar ciertos roles en el mundo como “ser un perdedor”, “ser un incompetente”, “ser desdichado” o experimentar en forma crónica ciertos sentimientos, como el de victimizarse, quejarse, encolerizarse, decepcionarse o desesperanzarse. Estas adicciones son más sutiles porque las personas no se dan cuenta de su propio patrón y de cómo es que “atraen” hacia sí el tipo de situaciones que las hacen sentir de cierta forma que es típica a lo largo del tiempo.

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cerebro corazonAl enfrentarnos en nuestro día a día con noticias, situaciones, encuentros interpersonales, juicios, recuerdos o anticipación, podemos experimentar emociones de valencia negativa como miedo, sobresalto, rabia, dolor, tristeza, disgusto, vergüenza (o alguna combinación de ellas como resentimiento, odio, celos o envidia) afectando enormemente nuestro estado anímico. Este a su vez, afecta nuestra energía, nuestra atención, nuestra concentración, nuestros contenidos mentales, nuestro engagement con la situación y en nuestras relaciones, es decir, en nuestra actitud. Y nuestra actitud, a su vez, tiene un impacto en nuestro desempeño y en las realidades que construimos. Además, al probar el veneno de las emociones negativas muchas veces se activa nuestro lado oscuro y se instala una cierta inercia a permanecer allí que se hace creciente mientras más tiempo estemos bajo sus efectos. Esto no solo modifica nuestra percepción del mundo para ver todo más negro, perjudicando nuestra actuación y creando un efecto de profecía auto cumplida, sino que además nos debilita internamente; inhibe el sistema inmunológico haciéndonos más propensos a virus, bacterias, células cancerígenas, hongos y demás elementos patógenos. Además, pone al organismo a funcionar en un estado de crisis aumentando la probabilidad de deterioro de tejidos, órganos o sistemas. Es clave tener un plan de acción para salir de allí de inmediato y recuperarse lo más pronto posible de esta situación. En este artículo voy a dar algunas recomendaciones para recuperar el estado de ánimo una vez que se ha visto afectado.

1) Limitar el daño. Como expliqué en las primeras líneas, al experimentar emociones negativas liberamos ciertos aminoácidos, neurotransmisores y hormonas en nuestro organismo que tienen un efecto tóxico. Bajo los efectos de estos venenos se modifica nuestra atención y nuestra percepción, cambiando nuestras cogniciones (ideas, pensamientos, creencias, interpretaciones) y la forma como nos sentimos. Por ello, lo más perentorio es poner un límite a que esto no se propague. Estas moléculas tienen una vida finita en el organismo. Pero tienen una manera de perpetuarse. Al infiltrarse en la mente, los pensamientos y los sentimientos van a actuar como una caja de resonancia produciendo nuevas respuestas emocionales con nuevas descargas bioquímicas, generándose un círculo vicioso: emoción negativa induce pensamientos negativos, que crean sentimientos negativos, los cuales generan pensamientos negativos que intensifican las emociones negativas. Este cuadro produce rumiación y sesgo de atención. Lo que hay que hacer entonces primeramente es tomar conciencia de este proceso y limitar la rumiación. No creerse los pensamientos ni los sentimientos, al darse cuenta que estos son un subproducto de la emocionalidad negativa.

2) Salir de sí mismo. La emocionalidad negativa activa el Yoismo y los centros egocéntricos. Es necesario comprometerse con actividades orientadas al “exterior”, a la estimulación sensorial. Esto implica restar la atención proporcionada a la mente e incrementar la atención dedicada a los sentidos. Esto es, distraerse, hacer algo diferente, algo entretenido, alguna actividad física que reclame atención. Un pasatiempo, una caminata, una visita a un lugar especial, observar la naturaleza, hacer crucigramas, pintar, hacer ejercicio físico, dedicarse a los deberes del hogar o cocinar.

3) Evocar emociones positivas. Como he explicado en anteriores artículos, el estado de ánimo es el efecto acumulativo de las emociones diarias. Si las emociones negativas o perturbadoras predominan el estado de ánimo será disfuncional, pero si hay predominio de emociones positivas moderadas será funcional. Por ello ante un bombardeo de emociones negativas, es inminente contrarrestar con emociones positivas. Esto se puede lograr con pensamientos positivos, recuerdos positivos, visualizaciones positivas o con rituales (actividades tendientes a generar emociones positivas, como una baño sauna, aromaterapia o ejercicios físicos). Hay investigaciones que señalan que por cada emoción negativa hay que tener al menos tres positivas para compensar. La idea es que haya predominio de emociones positivas.

4) Compartir. Al comprometerse en actividades de servicio, de ayuda, de cuidado de otros, los centros cerebrales que se activan son los alocéntricos. Como el cerebro funciona de acuerdo con el principio de inhibición recíproca, según el cual cuando unos centros están activos otros están inhibidos, sucede que al activar los centros alocéntricos se inhiben los egocéntricos. Esto contribuye a dejar de pensar en sí mismo, en los propios problemas, en las cosas que nos faltan.

5) Procesamiento y comprensión. Para terminar de salir de estas caídas del estado de ánimo es importante entender por qué perdimos el balance. Para ello puede ser útil saber ¿en que otros momentos de nuestra vida hemos tenido sentimientos parecidos? ¿cuándo fue la primera vez? ¿Qué parecidos hay entre situaciones que han producido este mismo tipo de sentimiento? ¿cuáles son las condiciones disparadoras comunes? ¿cuál es el patrón de respuesta? ¿Qué podemos aprender de todo esto respecto a nosotros mismos? Si bien las situaciones disparadoras pueden justificar en cierta medida nuestras emociones, muy seguramente hay algo propio de nosotros que hace que las experimentemos con mayor intensidad y respondamos de una manera menos centrada. Por último, buscar otras formas de interpretación y de respuesta posibles ante las situaciones que dispararon las emociones negativas (reframing y reappraisal). Sacar lecciones de la experiencia.

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800px-Tallyho_(PSF)Las dificultades que vivimos, sean en carne propia o a través de nuestros familiares y amigos, suelen tener un efecto erosivo sobre nuestro ánimo, nuestra motivación y nuestra confianza en la vida. Desde pequeños sinsabores, disgustos y molestias, pasando por reveses, tropiezos y obstáculos. Con mucha más razón decepciones y rupturas, eventos traumáticos y tragedias. Tenemos muchas cosas en común todos los seres humanos, pese a nuestras diferencias ideológicas, políticas y culturales. Y una de las que compartimos todos es el sufrimiento.

Quisiéramos que así como las heridas que se producen en los tejidos se regeneran, sucediera otro tanto a nivel psicológico o espiritual. Pero lamentablemente, a veces las lesiones intangibles son más profundas, dolorosas y resistentes a la cura que los mismos daños físicos. Lamentablemente, a veces el daño logra socavar lo más profundo del espíritu de la persona, contaminando su núcleo vital.

Vi recientemente The horse whisperer (El hombre que susurraba a los caballos), un film de 1998, protagonizada por Robert Redford, acompañado de Scarlett Johansson y Kristin Scott Thomas. Me movió su trama, muy sutil. Una chica adolescente tuvo un accidente con su caballo. Perdió una pierna y el caballo quedó fuertemente herido. Pero las lesiones además de físicas tocaron sus espíritus. La chica no quería vivir y el caballo tenía un comportamiento muy agresivo. El padre de la chica pensó que esto pasaría con el tiempo. La madre se dio cuenta que esto más bien estaba empeorando y que habría que hacer algo. Entonces suspendió su vida temporalmente como exitosa editora, para buscar una forma de sanar a estos seres. En su búsqueda dio con un especializado “susurrador” de caballos que residía en un rancho internado en las montañas. Alguien que también tuvo sus heridas, pero que había sanado. Con su gentileza y su bondad logró rehabilitar al caballo, pero también a la niña, así como la relación madre-hija.

Como en el caso del animal y la chica de la película, muchos de nosotros tenemos una parte dentro de nosotros que ha sido maltratada por la vida o que ha tenido aprendizajes que luego resultan inconvenientes. Algunos guardan heridas más serias que otros. En algunos no hay un evento concreto, sino un aprendizaje continuo durante el proceso de crianza.

El tiempo no basta para cambiar. No sólo se trata de que se tenga algo en mente que no se quiere olvidar. O que hay que hacer catarsis de algo que está en el subconsciente. Nuestro aprendizaje emocional ha ocurrido en forma no verbal. No se trata de ideas o recuerdos necesariamente. Sino de un aprendizaje psiconeurofisiológico que abarca una respuesta bioquímica, unas rutas cerebrales específicas y un patrón de comportamiento, los cuales son activados por pequeñas señales. Este aprendizaje ha sido moldeado, cableado, grabado y almacenado en la memoria implícita, activado en presencia de signos disparadores detectados por la amígdala cerebral, quien toma el mando a través del “camino rápido” de la bifurcación de LeDoux (he explicado esto en otros artículos: es un atajo que activa el sistema nervioso autónomo antes que el estimulo llegue a la corteza cerebral).

La lectura o la conversación tienen una incidencia limitada en la modificación de este patrón de respuesta aprendido. Este programa no está en una carpeta del disco duro, sino que es “lanzado” ante ciertos estímulos y se coloca como residente en ejecución con en el “sistema operativo”, fuera de la intervención de la conciencia y la voluntad.

Para cambiar estos patrones y crear otros nuevos o restituir los que existían previamente, hay que realizar un proceso de “fisioterapia neurofisiológica” que rehabilite el comportamiento de sinapsis, hormonas y péptidos, y logre desensibilizar su conexión con el estímulo desencadenante, elevando el procesamiento de un nivel sub-cortical (cerebro medio) a uno cortical de tipo verbal (cerebro superior), de tal manera que se recupere la dirección del “alma” sobre el avatar (el cuerpo) y éste responda a sus designios y no actúe por cuenta propia.

La metáfora del carruaje nos ilustra cómo funcionan, cuerpo, mente y espíritu. Los caballos representan el cuerpo, el cochero representa la mente y el pasajero el espíritu. Para muchos efectos de nuestra vida, nuestro espíritu es quien define donde ir y que hacer, así como lo hace el pasajero. El cochero, es decir, la mente se encarga de direccionar a los caballos, es decir, al cuerpo para que siga determinado camino. Sin embargo, a veces, por las experiencias de sufrimiento vividas, los caballos quieren seguir su propio camino, o el cochero no escucha al pasajero. Entonces el pasajero está como ausente y pierde su majestad en el proceso.

En mi practica profesional he ido evolucionando de faciltador de talleres en organizaciones a coach y luego a psicoterapeuta. Me he dado cuenta que para aprender a conectar con los demás, comunicarse efectivamente, negociar, trabajar en equipo y ejercer el liderazgo, puede hacer falta algo más que un curso en algunos casos. La mayoría de las personas tienen características disposicionales, rasgos aprendidos durante su proceso de crianza o bloqueos personales, que obstaculizan el aprendizaje de estas competencias. Muchas empresas han optado por seleccionar a personas que ya las tengan, pero en muchos casos esto no es posible. Ya tienen las personas dentro o no consiguen las competencias en el mercado nacional.

En el medio laboral, las personas con emociones negativas intensas, que actúan en forma muy competitiva, no escuchan, son extremadamente ambiciosas, atropellan, están centradas en si mismas y orientadas al poder, suelen tener dificultades de relación y dañan el ambiente de trabajo, afectando el work engagment de sus colaboradores.

Para las personas que necesiten cambios en su forma de comportamiento, sea por requerimientos de su vida profesional o de su vida íntima, suele no bastar con aprender técnicas o modelos sobre cómo comportarse. Incluso, ni siquiera puede que baste con una intervención de tipo verbal (una charla, consejos o cualquier técnica basada en la conversación).

Las terapias exclusivamente verbales no necesariamente llegan a los niveles de restitución, sanación y curación que hay que alcanzar. Para ello hay que recurrir a técnicas cuyo uso deben estar en manos de un psicoterapeuta capaz de intervenir en varias modalidades y niveles con distintos tipos de técnicas.

A nivel de auto ayuda recomiendo el ejercicio continuado de emociones, sentimientos y motivaciones como la compasión, la serenidad, la esperanza y el agradecimiento, que permitan calmarnos de las presiones diarias, sentir y conectar con el sufrimiento humano, ver lo bueno que recibimos y desarrollar confianza en un futuro mejor.

También sugiero la práctica de ejercicio físico sistemático, paseos y descansos, recreación y pasatiempos sanos, actividades de integración cuerpo-mente como ejercicios psicofísicos, yoga, tai chi, chi kung o similares, el contacto con la naturaleza, rituales que evoquen las emociones, sentimientos y motivaciones mencionados. De particular beneficio resulta el entrenamiento de la respuesta cardíaca y su sincronización con la respiración (Coherencia).

Actividades contemplativas en general son muy beneficiosas para el entrenamiento de la atención. También es recomendable realizar visualizaciones guiadas como La Sonrisa Interior u otras que fomenten la bondad y el amor incondicional.

Hay prácticas especializadas para entrenar la mente o producir emociones específicas que es mejor realizar con el acompañamiento de un psicólogo. La terapia cognitiva conductual es una herramienta importante para reestructurar la forma de pensar y el ACT para aprender a relacionarse con la mente. El uso de EMDR es útil en el procesamiento de traumas. El entrenamiento en mindfulness es también de mucho provecho, entre otras cosas, para el entrenamiento de la atención. Esta práctica continuada permite primero desatender la conversación interna y con el tiempo, la disminución de la actividad cortical espontanea, es decir, de los juicios, de la comparación social, de los auto reproches, el pensamiento catastrófico y la rumiación. Además de sesiones dedicadas de meditación, incluye actividades como el saboreo y el “paseo sensorial”.

El profesional especializado es quien sabrá usar la combinación adecuada de técnicas de tipo cognitivo, conductual y espiritual. Es preferible siempre asistirse de alguien que tenga un enfoque multi-factorial y multi-causal y que sepa lo que hace y persigue, a verse con alguien que solo conoce y usa una técnica.

Saludos,

Víctor Calzadilla

 

 

 

Apuntes sobre motivación y regulación afectiva
El engagement a una situación (de vida o de trabajo) se produce cuando uno está motivado, porque 1) ve en la situación la posibilidad de ampliar sus recursos o porque 2) detecta una amenaza de perderlos, pero a la vez evalúa que puede lidiar con esta amenaza y alejarla o extinguirla (teoría COR).

Los recursos son importantes porque son nuestra divisa de intrecambio frente a las Demandas del entorno. Sin recursos las demandas simplemente hacen un caos en nuestra vida. Un recurso es todo aquello que permite disminuir o eliminar una demanda del entorno, que puede ser transformado en energía, o que es útil para conseguir o proteger otros recursos. Esto es muy importante ya que las demandas generan tensión y esta dispara emociones. Esto da como resultado un proceso de estrés, que en forma crónica tiene efectos muy perjudicales para la salud física y psicológica y eventualmente deriva en burnout (estos temas han sido tratados extensamente en este blog).

Para una explicación detallada de como se conectan engagement, recursos, estrés, motivación y afectos se sugiere revisar los artículos de la serie Transacciones Energéticas. Me ha parecido interesante, respetable y muy iluminadora esta visión del engagement y los recursos. Sin embargo, me pregunto si toda la amplitud de la motivación humana pueda ser explicada por este marco de referencia. He puesto a prueba este modelo y, visto que demuestra ser bien amplio. Sin embargo, últimamente he estado estudiando un modelo de otra “comunidad psicológica”, propuesto por el Psicólogo Paul Gilbert, que me ha despertado la curiosidad y el deseo de integrar estas ideas con las anteriores, lo cual esbozaré a continuación.

El modelo de Gilbert no es propuesto como uno de motivación, sino que él lo denomina Tipos de Regulación Afectiva. Y ya veremos cómo se compagina con la literatura sobre Engagement y Vigor. Este autor propone tres sistemas de auto regulación. Uno primero está basado en la Búsqueda y activación. Este sistema está enfocado en la búsqueda, detección y adquisición de recursos. Está relacionado con emociones positivas como el interés y la alegría. Este sistema está basado en la hormona Adrenalina y en el neurotransmisor Dopamina y está asociado con conductas de Emprendimiento e Innovación. Este sistema compagina con el modelo COR perfectamente; cuando el sistema de búsqueda y activación está en funcionamiento, lo que enciende y motiva a la persona es la posibilidad de ampliar su cartera de recursos, disponiéndose para ello.

Otro sistema es el de Amenaza y protección. Está enfocado en detectar amenazas y conseguir la protección respecto a ellas. Está relacionado con emociones como el miedo, la rabia, la tristeza y el asco. Está basado en la hormona Cortisol y el neurotransmisor Serotonina y está asociado con conductas disímiles como huir, pasar desapercibido o dar la pelea. Estas respuestas dependen de la evaluación situacional costo/beneficio de las opciones y de la comparación entre la magnitud de la amenaza y la auto evaluación de recursos disponibles. Este sistema compagina también con la teoría COR en lo que respecta a la posibilidad de proteger y defender la pérdida de recursos.

Para hacer un poco de historia de la psicología, Hans Eysenck propuso una teoría de rasgos psicológicos basada en la respuesta del Sistema Reticular. Este sistema tiene que ver con el nivel de excitación del cerebro que experimenta una persona. Para Eysenck la ansiedad y la impulsividad de una persona tienen que ver con este nivel de excitación. Estos rasgos psicológicos están asociados con las recompensas y castigos recibidos en su crianza.

Jeffrey Gray fue un poco más allá y propuso la existencia de dos sistemas independientes conocidos como BAS y BIS. El Biopsychological Activation System (BAS), está asociado con la percepción de recompensas y su búsqueda activa. Este sistema coincide con la teoría COR en cuanto a la motivación por adquirir recursos y con el sistema de búsqueda y activación de Gilbert. El Biopsychological Inhibition System (BIS), está asociado con la percepción de amenazas, su detección, protección y si es posible lucha. Este sistema también coincide con la teoría COR en cuanto a la motivación por detener la pérdida de recursos y con el sistema de amenaza y protección de Gilbert.

Estas teorías y modelos, nos ayudan a entender a un ser humano emprendedor, alegre, optimista, explorador e iniciador, por una parte. Y a un ser humano a la defensiva, buscando rankearse y combatir con el mundo, ya sea replegado sobre sí mismo o incluso bloqueado, o ya sea violento, agresivo o simplemente “competitivo”. Hay una adecuada compaginación entre el modelo COR y el modelo Gray que nos ayuda a comprender en buena medida trastornos y bloqueos que experimentan las personas. Sin embargo, hay algo que falta aquí y que atina Gilbert a tomar en cuenta.

Para Gilbert hay otro sistema afectivo de Calma y conexión. Está enfocado en sentirse tranquilo y confiado, en conectar con la gente alrededor y desarrollar vínculos “desinteresados”. Está relacionado con la serenidad y el amor, basado en la Oxitocina y las Endorfinas, asociado con comportamientos basados en el dar y recibir cuidado, apoyo y compañía.

Este sistema no es tomado en cuenta por los modelos anteriormente expuestos. En mi opinión suele ser minimizado y distorsionado. En algunos casos ha sido visto como como un comportamiento variante del sistema de amenaza y protección para cuidar recursos relacionales. En otros casos, ha sido visto como un comportamiento variante del sistema de búsqueda y activación, para adquirir nuevas relaciones de tipo instrumental y transaccional.

Un principio aceptable para la mayoría de los investigadores y científicos, es el de la Inhibición Recíproca. Este principio aplica en psicología y en fisiología. Lo que quiere decir es que dos actividades contrapuestas no se pueden realizar a la vez, y que, todo lo contrario, la activación de una implica necesariamente la inhibición de la contraria. Quizás esto les disgusta a los que evitan los extremos y piensan que todo es una cuestión de gradientes. Pero desde los músculos, pasando por el cerebro y el comportamiento, funcionan de esta forma. Y en el caso de este modelo el sistema de Calma y Afiliación no puede funcionar simultáneamente con los otros dos sistemas, sino que tiene con ellos una relación Antagónica o de inhibición recíproca.

La aplicación práctica de este principio es que si evocamos calma, inhibimos las emociones negativas del sistema de amenaza y protección, o los excesos del sistema de búsqueda y activación. Este sistema de regulación afectiva nos lleva a otra dimensión de la motivación y el comportamiento humano. Más allá del ser humano que lucha y compite, o del ser humano que emprende y se las ingenia, está un ser humano que edifica y construye vínculos. Un ser humano altruista, desinteresado, orientado al cuidado y ayuda de otros. Un ser humano motivado por la compasión, capaz de comportamientos pro-sociales.

Enlaces recomendados:








Añado a posteriori este testimonio personal de alguien que se ha enfrentado al sufrimiento con decisión y ha ido recuperando las chispas de su alma poco a poco, logrando cada día que prevalezca el amor sobre la muerte:

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cara_del_diaNo quiero dejar de pasar febrero sin escribir un artículo por lo que escribo hoy a final de mes algunas líneas que quiero compartir sobre mis reflexiones de estos días.  Estuve de viaje y a mi regreso al país me he encontrado con un ambiente bastante enrarecido, con el cual no es fácil, ni conveniente, hacerse el desententido. A la vez, me he propuesto aprovechar estas fechas de inicio de año para preparar materiales de trabajo producto de nuevas lecturas y estudios, por actualización y profundización en los temas que me interesan, que son por un lado, el manejo del estrés, de las emociones y de la motivación en cuanto al tema de desarrollo personal, por otra parte, la gerencia de las emociones positivas en el trabajo, la experiencias de flujo, el desarrollo de la inteligencia emocional, las herramientas de comunicación constructiva para crear conexión y dialogo, y el ejercicio del empowerment y del liderazgo transformacional, para el logro del engagement  y de un mejor ambiente de trabajo, en general, las prácticas exitosas para construir bienestar psicológico individual y organizacional.

Se trata de un trabajo creativo que implica alta concentración, lecturas especializadas en Inglés, contenidos de diversas “escuelas” de pensamiento, lo que implica buscar las similitudes, integrar con las experiencias como profesional del talento humano, como profesor, como coach, como consultor y como orientador, pero también experiencias de mi vida personal. Este trabajo implica muchas horas. Y estas horas las dedico en forma parcial obviamente. A un ritmo de dos o tres horas diarias, dos o tres días por semana, durante varias semanas, con muchas interrupciones para otros asuntos profesionales y personales. Mientras me siento y comienzo a leer y a retomar el hilo de lo que venía reflexionando y entro en “calor”, pueden pasar fácilmente dos horas. Y tal vez tengo que dejar todo allí para seguir en otro momento. Es un trabajo muy exigente. Requiere de una entrega total al momento de realizarlo. Porque no es una actividad rutinaria y que exige de mis más altas facultades y recursos.

Asi que, estuve de viaje cinco semanas fuera del país; he tenido muchas ocupaciones desde mi llegada para ponerme “al día”; he estado dedicandome a este trabajo creativo ahora en estos meses que tengo tiempo disponible; y, sobre todo, encuentro estas condiciones tan extrañas a mi alrededor; una situación tan insólita que solo ocurre en Venezuela! Pues se debate si el Presidente de la República ha fallecido o no, si los medios oficiales mienten sobre sus capacidades para gobernar y, en última instancia, sobre quien gobierna realemente en el país.

Pero para poder hacer este trabajo tan especial debo “abstraerme” de la realidad. Es decir, debo crear un espacio muy especial, pleno de inspiración y entusiasmo, de relax, de disfrute,justo en un momento en que la realidad a mi alrededor es tal, que se precisa de un gran esfuerzo para poder dejarla a un lado por un momento.

Por ejemplo, asistí a una presentación de una empresa, donde una persona me estaba comentando que en enero le hicieron un incremento del 45% de todos los insumos de determinado ramo esencial para su actividad. Y que en febrero, pasaron un nuevo aumento por 60%! Pero algo similar se encuentra uno en los supermercados y en las tiendas con respecto a los productos de consumo. A un pequerño empresario que importa ciertos productos le pregunté por uno que no consigo y me dijo que si lo tenía, pero que no sabía a como venderlo todavía, porque corre el riesgo de venderlo a un precio que no le permita recuperar el dinero necesario para reestablecer el inventario. Estuve buscando durante los meses de enero y febrero otro producto que consumo sin conseguirlo. Supe de alguien que salía a un viaje corto y le pedí por favor me lo comprara. Le tuve que pagar con un cambio de $22 el equivalente en bolívares, porque eso es lo que le cuesta a esa persona. Para mi sorpresa luego conseguí el producto, a “precio viejo” en Venezuela, a la mitad de ese precio! Y el comentario general en todas las conversaciones gira alrededor del tema económico, la inseguridad y la ausencia del Presidente.

Y luego de recorrer la ciudad para hacer mercado, mientras las cosas “arrancan” entre enero, el carnaval y la semana santa, quiero aprovechar el tiempo para actualizar mis materiales de trabajo, y eso implica dejar toda la situación a un lado y concentrarme en mi trabajo creativo.

Pero por más que trato de no atender “malas noticias”, ni runrunes, ni tweets, ni escuchar a la gente que se queja, ni a los trasmisores-de-todas-las noticias-malas, eventualmente tengo que lidiar con personas malhumoradas que intentan estoicamente de seguir adelante y pretenden dejar todo ese “clima” a un lado, pero que no pueden evitar drenar sus molestias y tratar en forma brusca e insensible a la gente a su alrededor (es decir, se les chisporrotea la amargura sin darse cuenta).

Y está demostrado, como he explicado en otros artículos, que las emociones se trasmiten. Hay investigaciones que han puesto en evidencia de forma objetiva que el contagio emocional es un hecho, es decir, que muy facilmente una persona puede sentir las emociones de otro con el que se relaciona en una transacción particular. Si esto es un hecho en el área comercial, imaginen lo fácil que es en relaciones de trabajo, compañeros de estudio, entre las amistades o familiares. Y rodeado de personas con diversas emociones negativas, algunos más concientes de ellas y otros menos, por más que uno no quiera, de alguna manera, termina uno tarde o temprano, recibiendo esa “mala vibra” que ronda en nuestro entorno.

Y a propósito de estos tiempos  que se viven en estos momentos en Venezuela, he escuchado mucho ultimamente, sobre todo de los de mejor humor, que “al mal tiempo, buena cara”. Y me quedé pensando en esta frase y justo revisaba algunos materiales que pueden ayudar a entender mejor si con esto es suficiente.

Uno de los temas que he estado revisando nuevamente en estas primeras semanas del 2013, es la literatura especializada en lo que se denomina “trabajo emocional”, que no es otra cosa que el manejo de las emociones que hay que hacer como parte de la realización de ciertas actividades laborales, como ser aeromoza, empleado de una cadena de comida rápida o abogado laboral. Hay ciertos trabajos que requieren, como parte de su “descripción de cargo”, la manifestación de ciertas emociones. En estas actividades, es necesario ocultar ciertas emociones, expresar o exagerar otras, o simplemente disimularlas y parecer neutro.

Estas emociones deben expresarse independientemente de lo que se esté sintiendo. O sea, si una aeromoza está nerviosa por las condiciones del vuelo o molesta por la indisciplina de los pasajeros, en una buena aerolínea, se espera que sea amable y tenga buen humor.

El trabajo de expresar las emociones requeridas (display rules) implica un esfuerzo especial y el uso de técnicas de regulación emocional. Ahora bien, hay dos niveles de calidad al hacer esto. Un primer nivel, implica ocultar la respuesta bioquímica de la emoción y mostrar conductas, posturas, apariencia facial y lenguaje cónsono con la emoción requerida. Esto se conoce como “surface acting” (equivalente al autocontrol).

Por mejor actuación que se haga, el “surface acting” tiene dos problemas. Primero, alguien muy observador puede darse cuenta de las “costuras” que produce esta disonancia emocional entre lo sentido y lo expresado, a través de algún elemento del lenguaje corporal. Esto en materia de servicios, puede ser suficiente para bajar una “estrella” de calidad. En comunicación interpersonal, puede ser suficiente para debilitar la confiabilidad del otro.

En segundo lugar, se ha  encontrado que si una persona muestra una emoción de la “cara para afuera” cuando de hecho está experimentando emociones negativas, los efectos de estas en la salud siguen siendo nocivos. O sea, no porque haya disimulo o supresión se elimina la respuesta fisiológica de la emoción negativa. Esto implica que todos los péptidos y hormonas se segregan “igualito” aunque por fuera se dé otra impresión. La rabia, así como la tristeza, en particular, está comprobado que producen altos niveles de cortisol. En otros artículos ya he expuesto en detalle los efectos en la salud de la bioquimica negativa.

Pero sin entrar en detalles bioquímicos en esta oportunidad, baste decir que el “faking” emocional produce tensión. Y las investigaciones han demostrado que la tensión prolongada produce burnout. He escrito en otros artñiculos sobre esto, y quien desee saber más sobre ello le recomiendo buscar estos otros artículos en el Blog. Solo comento muy brevemente que el Burnout, traducido como Sindrome de desgaste, produce alteraciones cognitivas y emocionales relativamente permanentes. Esto lo que quiere decir es que una persona sometida a una tensión en forma sistematica, termina por modificar su forma de pensar y sentir en función de esa experiencia. La persona toma distancia de ciertas experiencias, se forma unas opiniones negativas ante ciertos hechos, se predispone emocionalmente hacia ciertas personas o situaciones. Además, disminuye su vitalidad y su interés. En suma, queda afectada por la situación en forma relativamente permanente.

Una segunda manera de regular las emociones, de mayor calidad, consiste en generar nuevas emociones que contrarresten las emociones negativas. Esto se conoce como “deep acting” y va más allá del autocontrol pues exige transformar las emociones. Estas emociones deben ser coincidentes con la emoción expresada que es requerida por las display rules. Es decir, si debo estar contento al realizar una actividad, la idea es que evoque la alegría y al alegrarme de verdad cumplo con mi rol y salgo ganando.

La estrategia de regulación emocional de “deep acting” es equivalente al llamado método de actuación de Costantin Stanislavsky (http://www.teatro.meti2.com.ar/teatristas/notables/stani/stani.htm) y que sirvió de base al método de Lee Strasberg en el conocido Actor Studio (http://www.alternativateatral.com/nota298-informe-ii-el-metodo-de-lee-strasberg-stanislavski-y-despues). Estos métodos instan al actor a usar como pieza clave su “memoria afectiva” para evocar emociones y sentimientos específicos.

Un ejemplo de trabajo emocional que leí en uno de los artículos habla de una joven que quería ser cantante pero, para pagarse sus estudios, necesitaba emplearse un turno como camarera en un centro de comidas donde le exigían mostrar una sonrisa y trabajar con clientes que “siempre tienen la razón”, además de tener que hacer esto en patines. Si esta chica se sintiera molesta por tener que hacer esto y tener que “aguantar” las bromas de los clientes mientras anda en patines, cuando lo que realmente le motiva es el canto, y ocultara sus emociones para mostrarse “simpática”, la tensión le acarrearía problemas de salud a la larga, así como de calidad en su desempeño. Podría explotar un buen día ante un cliente, tener un altercado, pelearse con el jefe y finalmente perder el empleo con un gran costo de salud. En ese caso, estaría usando “surface acting“.

Pero la chica en el caso de la vida real citado usó la estrategia de “deep acting“; tarareaba las piezas que tenía que ensayar mientras patinaba y prestaba el servicio, y así estaba continuamente conectada con su propósito de convertirse en cantante. Esto le permitía experimentar alegría y entusiasmo auténticos, que le conducían a cumplir con las “display rules” establecidas en su trabajo y disfrutar por completo de éste. Al tararear sus tonadas de ensayo, lograba trasladarse a su “elemento”, que es la música. Es lo que le apasiona y entusiasma. Y al conectarse con eso, producía endorfinas y todos los péptidos asociados con la alegría.

Es la misma técnica que uso Victor Frankl en el campo de concentración. He hablado de esto en otros artículos. Frankl es un psiquiatra que estuvo en un campo de la muerte y perdió a sus padres y a su esposa alli. Fue un sobreviviente del Holocausto. Pero no salió de allí perdiendo la esperanza en el fenómeno de la vida  y lo que involucra. Por eso siempre me he interesado este caso particular de un nivel de sobrevivencia, que no es solo fisico, sino que tambien es emocional y espiritual. Victor Frankl logró reconstruir su vida justo alrededor de su herida. Creó una técnica que llamó Logoterapia, para ayudar a la gente a encontrar sentido a sus vidas. Insistía en la importancia de la Aceptación de las cosas que no podemos cambiar y fuera de nuestro control (Stephen Covey fue alumno de Frankl, y a partir de sus ideas, propuso la idea de ámbito de control y ámbito de preocupación. Escribo sobre esto en el artículo objetivos-claros/).

Tuve la buena fortuna de escuchar a Victor Frankl en persona. Vino a Venezuela cuando yo estudiaba en la Universidad y escuché su testimonio de lo que yo llamo un Sobreviviente de Nivel 4 (ver liberando-nuestro-potencial-interior/ donde hablo de la Resiliencia). He leido varios de sus libros, y varias veces he leído uno de sus más conocidos, Man in searh for meaning, donde narra como fue su vida en Auschwitz.

Lo que salvó a Victor Frankl en los campos de la muerte, es que el practicó diversas técnicas de la estrategia del “deep acting“. Una de ellas, la revaluación positiva (reappraisal), consiste en identificar las posibilidades positivas que ofrece una situación adversa. Esta la practicó el cuando visualizaba en sus escasos ratos libres, que una vez saliera de allí estaría ofreciendo charlas en las universidades hablando como un experto para superar situaciones como esa, sin permitir que se dañara su “nucleo sano, su nucleo no herido”, buscando la-raiz-sana-para-volver-a-comenzar/.

Al visualizar que escribiría un libro sobre todo esto, que le sacaría provecho a esta experiencia para formular una teoría, que recorrería el mundo dando charlas sobre este tema para entusiasmar a la gente sobre el hecho de que existe un self interno que puede salvarse del daño producido por las situaciones, estaba evocando emociones positivas, en pleno campo de concentración!!! También las generaba cuando decidió que usaría su experiencia como psicólogo para asistir a los enfermos y desesperados y disuadirlos de no suicidarse, ya que el suicidio era penalizado con la muerte de otros compañeros. Al hacer este trabajo voluntario, el se sobrepuso a la situación!! Comportarse como alguien que es capaz de ayudar en una situación donde la mayoría está dominado por emociones negativas, le permitía sentirse internamente muy bien, con satisfacción. Generaba endorfinas. Neutralizaba el cortisol.

Se que por sentido común el lector sabe que esto funciona así. Y entiende lo que digo y a lo que me refiero. Pero lamentablemente lo olvidamos al estar sometidos a la “mala vibra” de la sobrevivencia diaria. Y cuando baja nuestro-ratio-emocional/, se producen todas unas reacciones en cascada. Pero solo nosotros somos capaces de detener esto a tiempo!!

Entonces, traduciendo la teoría y los hallazgos sobre Trabajo Emocional a la vida diaria: si se permite que el arousal bioquímico suceda en el interior del organismo, mientras uno se nuestra externamente como si no lo afectara, está sometido una muerte lenta. La única manera de salir victorioso de este proceso de muerte, consiste en vivir con alegría de verdad-verdad. No se trata de fingir. Es necesario disfrutar la vida en sus pequeñas cosas. Aunque haya razones suficientes que atenten contra eso.

Una musica, un paseo, una pelicula, un libro, una frase de inspiración, un artículo, una investigación, una mirada al cielo, el disfrute de una paisaje, escuchar a alguien, brindar ayuda, son algunas técnicas. En mi artículo estrategias-de-afrontamiento-del-estres/, traté de ser exahustivo sobre las técnicas comprobadas. Cada quien seguro puede sentarse y hacer una lista de las cosas que lo hacen sentir bien. Hágalas!! Ya!!!! Todos los días!!! si en un día tenemos tres emociones negativas, cosa que no es descabellada, entonces para mantener nuestra Positividad superior a 3, como debe ser, trendríamos que tener nueve emociones positivas!!!!

A veces dicto el curso de comportamiento organizacional en los postgrados de la Ucab y otras veces, como ahora, dicto uno sobre Gerencia del recurso humano, específicamente en el postgrado de Gerencia de Proyectos. En este momento tengo 32 estudiantes y hace unos días se auto administraron el test de positividad (al que hago referencia en mi artículo sobre el ratio emocional mencionado en las líneas anteriores) en un día cualquiera y el 63% tuvo un indice inferior a 3. Y son unos jovenes super entusiastas. De hecho, estos jovenes también se auto administraron el test VIAS de fortalezas personales (hago referencia a este en el articulo trabajar-en-el-desarrollo-de-nuestras-virtudes/) y al tabular los resultados del grupo les puedo decir que una de sus cinco primeras fortalezas era el Humor!!!

De manera que si nuestro ratio emocional está “amenazado” continuamente “a la baja”, es necesario tener un plan para generar emociones positivas y mantener nuestra salud fisica y emocional. Si no, en el mejor de los casos solo estaríamos mostrando nuestra mejor sonrisa, pero ya sabemos que eso no basta!

Notas:

1) Quienes quieran profundizar un poco más en el proceso de appraisal pueden revisar http://en.wikipedia.org/wiki/Appraisal_theory).

2) Al salir del campo de concentración, Victor Frankl tuvo que enfrentar nuevos obstáculos, ahora con sus colegas y al parecer estuvo a punto de “tirar la toalla”. Pero recibió un mensaje positivo de alguien que le resultó clave para seguir adelante; http://thinkinginsights.blogspot.com/2009/10/victor-frankl-world-famous-psychiatrist.html.

Algunas recomendaciones prácticas en el artículo que publiqué relacionado con este tema en Inspirulina:http://www.inspirulina.com/manejo-de-las-emociones-en-momentos-dificiles.html#facebook-com

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vozinterior¿No les ha pasado que miran las cosas de una manera y sienten, incluso, una cierta convicción  respecto a este punto de vista, pero eventualmente, aparece en su mente una visión completamente distinta de la anterior, con implicaciones completamente diferentes? ¿Cuál es la verdadera? ¿Cuál de las dos seguir? Cualquiera de los dos puntos de vista al ser sometidos a un análisis minucioso, podría ser razonable. Si lo comentas con otros, de seguro vas a conseguir personas que comulgan con un punto de vista y aborrecen el contrario, así como personas que piensan completamente a revés.

Uno pudiera vivir días, semanas e incluso años, apegado a un cierto punto de vista que luego se desvanece, que pierde su intensidad. Mientras una voz muy débil al inicio, clama por ser escuchada con otra idea muy diferente. Acaso habría que resistirse a escuchar a esa voz que se pronuncia de una forma diferente? Escucharla implicaría aceptar que quizás uno estuvo equivocado. Como quedaría la auto estima de uno de seguir esa voz? Como quedaría el auto concepto?

Trataba en un taller recientemente sobre la importancia de conocer las competencias en las que uno sobresale, pero también aquellas de las que adolece. Este autoconocimiento es importante, entre otras cosas porque es obvio que las situaciones que reclaman las competencias que tenemos menos desarrolladas van a colocarnos en una situación de estrés. Bueno, el punto es que un participante compartió una reflexión, en la que entre otras cosas reconocía que le era muy difícil aceptar sus áreas menos desarrolladas, sobre todo porque “socialmente no se ve bien que uno acepte eso”. Existe una especie de condicionamiento o socialización, según la cual “macho que se respete” no tiene áreas a desarrollar. Desafortunadamente, este punto de vista plantea una distorsión e inflación del Yo que lo aleja de su verdadera realidad. Quizás este sesgo es el mismo que impide que seamos lo suficientemente humildes como para reconocer a una voz interior que hemos tratado de silenciar.

Un trabajador que  estaba en una sesión conmigo, me hablaba de algo de su vida donde sucedía exactamente lo que describo. Tenía cinco años por un camino que lo llevaba a la intranquilidad. Me dijo que se torturaba diariamente. Porque otra voz interior le quería mostrar otro camino completamente diferente. Esa segunda voz era muy débil comparada con la primera, que era mucho más intensa y convincente y lo mantenía atrapado dentro de rivalidades, celos y traiciones, restándole paz y conduciéndolo a la amargura y el resentimiento por haber perdido el control de su vida, maltratando y haciendo daño a los seres que le rodeaban en su entorno más intimo. Interesante que el aun así, defendía la voz más intensa y clara que lo había persuadido de seguir el camino de la intranquilidad, al presentarme su caso. E hizo la siguiente introducción: “antes me pareció convincente seguir aquel camino, pero será que ahora soy más cobarde que me siento intranquilo al respecto?”.

Pero lejos de cobardía, pensé, lo que se requiere es de mucho coraje para aceptar una nueva verdad  que proporcione la paz, aunque implique cierto sacrificio del ego. Quizás antes esta persona miraba las cosas más impulsivamente, satisfaciendo los anhelos de una parte de si. Una parte muy consciente y viva  de si. Pero hay otra parte de él, allí acallada, antes en su inconsciente, que ahora reclama ser escuchada. Es una parte de el también que se siente no satisfecha con aquellas acciones. Un nuevo Yo que está emergiendo, implica un dialogo entre estas partes psíquicas. No se trata de castigar a la anterior. No se trata  de acallar a la nueva, sino de producir una nueva integración.

Esto me recuerda un Film que quizás muchos de mis lectores han visto, protagonizada por Robert De Niro y Billy Crystal, llamada Analyze that, en la cual un Gánster, acostumbrado a matar a sangre fría y a tomar decisiones solo para el beneficio de su clan y para el perjuicio de todos los demás, acostumbrado a anteponer sus necesidades y deseos a los de los demás, a pasar por encima de todo el mundo y a dejar los sentimientos siempre subordinados a sus ambiciones personales, de pronto tiene una crisis nerviosa que se manifiesta en la forma de un síntoma: ataque de pánico. Entonces busca un analista que lo ayude a enfrentar esta situación. Al comienzo el no quiere ser “un cobarde”, pues esta nueva forma de “sentir” le colocaba en riesgo. Pero poco a poco fue aprendiendo, con la ayuda del analista, a integrar este nuevo aspecto de sí, y a tomar en cuenta estos sentimientos dentro de sus acciones y decisiones.

El trabajador que fue a sesión conmigo me hablaba de que a los criminales los mandaban a liquidar a cierta edad porque ya luego no actuaban en forma desencarnada, pues se enamoraban y tenían hijos, y ya miraban las cosas de otra manera y no solo en función del “negocio”.

Sería ideal poder ser un aguerrido hombre de negocios cuando hay que serlo, pero pasar el switch  interno cuando es necesario para compartir, colaborar y amar. No me gusta ver las cosas en extremos. Como en el Film Family Man (Hombre de Familia), protagonizado por Nicolas Cage y Tea Leoni. En el que se plantean dos vidas paralelas de un hombre. En una es una persona exitosa desde el punto de vista financiero pero con una vida muy vacía. En otra, es una persona con una vida realizada desde el punto de vista familiar, pero con alguna estrechez económica. En un comienzo solo conoce la primera versión de sí. Y está relativamente satisfecho. Luego conoce la segunda. Al principio se siente horrorizado, pero poco a poco le toma el gusto. Al final debe tomar una decisión, y se decide por la vida llena de amor.

Pero lo que planteo de fondo no tiene que ver con la dicotomía trabajo-familia. Sino con puntos de vista distorsionados que nos confunden y nos llevan por un camino equivocado. En el cual persistimos por orgullo. Y no queremos dar nuestro “brazo a torcer” para no sentirnos equivocados o ser considerados cobardes, cayendo presa de un proceso de “atrincheramiento” parecido al que vive en su dinámica un Jugador. El famoso escritor Ruso Fiódor Dostoievski, tiene una novela llamada El Jugador, en la que describe muy bien la psicología de este tipo de persona. Mientras más se ha invertido en un curso de acción, mayor insistencia en continuarlo. Mientras apuesta un mayor número de veces sin ganar, en lugar de dar la retirada para evitar continuar con la acumulación de la pérdida, es tomado por “la irracionalidad” y continúa apostando de manera inapropiada, pasando el límite. Un análisis muy interesante y actualizado sobre este tema lo pueden encontrar en un New York Time Bestseller llamado Sway: the irresistible pull of irrational behavior de Ori y Rom Brafman.

Hay evidencias que las emociones producen una importante distorsión en nuestras creencias, premisas, valores, y en general en nuestra forma de ver las cosas y, por ende, de comportarnos. Nuestra forma de pensar es muy diferente sometidos a la intensidad emocional tóxica de la ira, la decepción, de los celos, de la rivalidad, de la envidia, del deseo de venganza o de retaliación. En la media que una persona se enfrenta a las circunstancias de la vida, se agitan emociones que producen modificaciones profundas del Ser. Esta exposición continuada a las emociones, tiene propiedades adictivas y promueven un comportamiento reactivo y compulsivo.

Así como el experto en perfumes, el catador de vinos o el cheff, ven saturados sus sentidos a las propiedades organolépticas de las sustancias y materiales con las que trabajan, así nosotros en general saturamos nuestras facultades de juicio, sentimiento y volición, en el contacto continuado con las experiencias y las emociones producidas.

Por ello, he insistido en anteriores artículos, en la importancia de reposar la mente, de forma de alejarla de la estimulación y el efecto que produce. Esto es lo que llamo “desconectarse”.

Un cliente que dirige una empresa que le está yendo bien y promete hacia el futuro le comenté esta idea de “desconectarse” y me decía que ganas no le faltaban de darse una escapada a algún lugar paradisíaco y descansar, pero que necesitaba el impulso y la presión del día a día para anticiparse a todos los planes y proyectos del años que viene.

Sin lugar a dudas que hay proyectos que a veces demandan de nosotros un “extra mile” y que difícilmente lograríamos algo si le dedicamos sólo lo convencional. Sin embargo, mi idea de la “desconexión” no tiene que ver con trabajar mucho o poco, ni con la idea de ir de vacaciones.

En varios artículos de este año he insistido en la importancia de darle unas “vacaciones a la mente” tantas veces como podamos, con la práctica de la meditación o del mindful awareness.

Es importante aprender a descansar nuestra mente diariamente, semanalmente. No hablo de distracción, ni de reposo. Si no de alejarnos de la estimulación por unos minutos. Y desapegarnos de las ideas y sentimientos que producen las emociones generadas. Dejar ir todo eso y “resetear” nuestro Ser, volver a nuestra esencia. Escuchar esa voz silenciada. Lamentablemente la evitamos, porque quizás nos diga cosas muy diferentes a las que produce la turbulencia del día a día. Mientras más lo hagamos, estaremos en mejores condiciones de superar la represión, la negación y la proyección, y encarar nuestra voz interior.

Nota: Les invito a leer un artículo que escribí en Inspirulina relacionado con este tema: http://www.inspirulina.com/escuchando-nuestra-voz-interior.html

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Esta vez voy a dar una mirada nuevamente al tema del estrés, pero en esta oportunidad voy a recurrir a otros conceptos y modelos diferentes de los que he usado en artículos previos, en los que hice abordajes desde la psicología de la salud y desde la psicología organizacional.  En el lenguaje de la psicología el estrés se plantea como una tensión que se produce cuando las exigencias de una situación sobrepasan sus recursos personales. Los recursos incluyen cosas sus características personales, sus competencias y habilidades, su inteligencia emocional, su resiliencia.

Quiero encontrar nuevos ángulos ahora, que permitan un “reframing” del estrés; uno que lo ennoblezca y nos ayude a afrontarlo con más “disfrute”, que nos permita comprender que lo podemos usar para forjarnos en el crisol de la vida, de manera que salga a relucir nuestro potencial. Porque si no lo manejamos con esta óptica y no lo vivimos con alegría, como ya he destacado en otros artículos, representa un peligro mortal.

No hay que olvidar los efectos desastrosos que tiene un alto nivel de cortisol en forma permanente en el torrente sanguíneo (hormona liberado en el estrés). Si bien ciertos niveles de cortisol son necesarios para estar alertas y aprender de las situaciones, pasado ciertos niveles debilita las células nK , los linfocitos y otras células del sistema inmunitario, haciendo a la persona vulnerable a virus, bacterias y células cancerígenas. Eso por una parte, pero además, al estar el cuerpo en un estado de alarma por excitación del sistema nervioso simpático y bloqueo del sistema parasimpático, se produce un uso extremo de los órganos que saca a relucir cualquier deficiencia constitucional, apareciendo patologías y deficiencias funcionales o sistémicas.

Pero la idea no es huir del estrés, pues al enfrentarnos a situaciones exigentes y demandantes que desafían nuestros “recursos”, nos vemos presionados a sacar nuevas posibilidades “bajo la manga”, a crecer, a manifestar nuestro potencial, a lograr mayor armonía y mayor balance, a florecer, a cristalizar nuestras potencialidades. De manera que el problema a resolver es como “correr la ola” del estrés sin los efectos secundarios que ocasiona a nivel neuroquímico. Es decir, cómo lograr que sea un estrés funcional o eustress y no disfuncional o distress.

Usando el modelo de Csíkszentmihályi  podemos decir que lo que permite migrar de un estado a otro es el nivel de “habilidad” que es requerido por el desafío (un recurso), lo cual permitiría pasar del distres al Flujo (Flow), que vendría a ser el estado de conciencia que se experimenta bajo los efectos del eustress. Ahora, bien considero que estas ideas pueden ser muy útiles en el contexto organizacional para diseñar los cargos, para desarrollar a las personas, y para ofrecerles oportunidades precisas para que se encuentren en el Flujo y no el distress. Sin embargo, hablando ahora de la vida en general, si una persona está experimentando distress qué puede hacer? Lo digo porque muchos de mis participantes a talleres y de sesiones de coaching me lo expresan a diario, así como amigos y vecinos. Para una persona en esta situación no es una opción disminuir el nivel de estrés en el corto plazo, ni tampoco aumentar el nivel de habilidad asociado con el desafío. En muchos casos, ni conoce cuál es la esencia del desafío y la habilidad clave. Entonces, cómo hacer?

Cuando me enfrento al estrés hay una posibilidad de reducir sus efectos secundarios indeseables, que consiste en modificar mi actitud ante la situación. Si la vivo con alegría, disfrute, entusiasmo, regocijo, con plenitud, con seguridad y con satisfacción, afrontándola con gusto y como un desafío, y no como una calamidad, entonces, voy a modificar mi biología. Mi funcionamiento va a ser diferente. Voy a segregar vasopresina, enforfinas e incluso oxcitocina. Esta neuroquímica me libera de los efectos perniciosos de los elevados niveles de cortisol, proporcionándome coraje, satisfacción y cierta analgesia.

Al fin y al cabo, la diferencia viene dada por nuestra mente, por la forma como interpretamos la situación, cómo la enfocamos, por el “frame” que le colocamos a la figura. No hay que olvidar que, como dice Victor Frankl, esa actitud es la única libertad que al fin y al cabo nadie nos puede quitar. Representa la máxima expresión de nuestro libre albedrío. Tal vez no pueda controlar los acontecimientos como quisiera, pero lo que si puedo controlar es la forma como respondo frente a las situaciones que tengo por delante.  Es lo que Decy (quien formulo teoría de la motivación intrínseca) llamó locus de causación basado en la Auto Determinación, es decir: cuando siento que soy yo quien elije la forma de responder a una situación.

Esto va a marcar una gran diferencia. Los hechos continuarán siendo los mismos, pero al cambiar el significado que le doy a al situación de manera de desarrollar una actitud positiva, de coraje y una relación con la situación de  fulll engaged, esto va a materializarse de una forma muy diferente en el plano neurobiológico. Seguro que ha soñado alguna vez que estaba en un aprieto en el que le perseguían o sufría un gran peligro y justo en ese momento despierta y tiene el corazón dando saltos. O ha soñado algo estupendo y despierta viendo todo bello. Conclusión: la mente produce una realidad neurobiológica, del tipo que en ciencia se llama “robusta”, es decir, objetiva y medible.

La biología del desafío y la biología del miedo difieren básicamente, entre otras cosas, en cuanto a la capacidad del sistema cardiovascular para entregar más cantidad de sangre a través del cuerpo. Cuando la persona se siente en desafío, esto es, cuando se siente a si mismo que está por encima de la situación y que la puede enfrentar sin ningún temor, su corazón tiene un periodo de pre inyección mayor que permite cargar más sangre, el bombeo es más poderoso y permite una mayor salida, la musculatura esquelética está relajada y por tanto la sangre cuando es conducida por las arterias encuentra menor resistencia periférica pudiendo hacer en un menor tiempo un mayor recorrido. Igualmente, las venas encuentran también menor resistencia y pueden devolver más rápidamente de regreso.

Pero cuando una persona siente que no puede frente a una situación, esto se traduce en todo lo contrario. Se pone tenso y entonces hay mayor resistencia periférica de la musculatura y por tanto la sangre viaja más lentamente. El corazón, por su parte, bombea con menor potencia. El resultado es que para transportar la sangre hay que hacerlo con muchos más latidos por minuto.

La sensación entre una y otra es inconfundible y es percibida de inmediato por la persona, como una retroalimentación que le da su propio cuerpo y que le indica, y le muestra a los demás, cómo realmente está afrontando la situación. Además, el sistema nervioso propioceptivo capta internamente en el cuerpo que hay una alteración y envía información a los centros subcorticales que hay una estado de alarma, lo cual ocasiona toda una respuesta hormonal que termina de rematar la situación. Todo este cuadro neuroquímico influye en los procesos cognitivos y nos hace ver una película de terror o una de victoria. Y todo parte de nuestra mente.

En otros de mis artículos he llegado hasta aquí, proponiendo explicaciones y estrategias conductuales y cognitivas. Pero esta vez voy a recurrir a la psicología profunda para encontrar nuevas respuestas.

Para iniciar debo referirme al hecho de que el funcionamiento psicológico de una persona comprende varios procesos psicológicos, como la percepción, la memoria, el aprendizaje, el discernimiento, el manejo de la vida afectiva. Estos procesos son necesarios para establecer de donde obtenemos el input para nuestras acciones, como aprendemos y usamos lo aprendido, cuanto control ejercemos en el pensamiento, como nos expresamos y tomamos las relaciones para nuestro actuar, de donde proviene nuestra energía, cómo es nuestro afecto, como es nuestra expresión conductual.

Cada uno de estos procesos funciona dentro de dicotomías. Por ejemplo, la percepción puede fundamentarse en los sentidos o en la intuición, la vida afectiva por su parte puede ser más racional o más sentimental y, así sucesivamente.

Si bien todos los procesos psicológicos son necesarios para el funcionamiento de un individuo, y para todos es importante el uso equilibrado de las dicotomías asociadas con cada uno de ellos, en parte por predisposiciones naturales, en parte por las experiencias singulares del desarrollo de cada quien, nos vemos en la situación de conformar una configuración muy personal en la forma como usamos estos procesos, en el énfasis que le damos, en la proporcionalidad como los combinamos.

Seguro que conocen directamente dispositivos modernos que permiten que uno grabe su preferencia. Como en los ecualizadores de sonido, que cierta configuración particular de las diferentes frecuencias, algunas más altas y otras más bajas, coinciden con una combinación que se prefiere para el jazz, otra para la música clásica, etc. Algunos ecualizadores tienen estas combinaciones ya predeterminadas  y dejan espacio para que cada uno establezca su combinación de preferencia. Algunos procesadores permiten modificar los valores de diferentes variables, además de la frecuencia, tales como el dolby o el surround, de manera que una combinación más compleja da efectos de hall, de cine o lobby. Fuera del sonido, también es permitido hoy día en otros artefactos, como los asientos de ciertos automóviles que se les puede configurar una combinación de las posiciones de la parte horizontal y la vertical. También en la creación de perfiles para las impresoras en cuanto a tipo de papel, calidad de la impresión y uso del color.

En fin, varias variables, cada una de las cuales tiene dos posiciones, ofrecen la posibilidad de múltiples combinaciones. Cada combinación es una forma particular de funcionamiento. Esta idea general es aplicable a los procesos psicológicos. Y lo ideal es que una persona sea capaz de poder utilizar todas las combinaciones posibles a su gusto y que sea capaz de usar su inteligencia para poder elegir la configuración que mejor se adapte a una situación particular que le toca enfrentar. Las combinaciones vienen siendo recursos, o modalidades. En un tono gracioso, vendría siendo como Buzz Lightyear que tenía un botón que permite colocarlo en varias modalidades de comportamiento diferentes: una que viene por default, una como juguete de Andy, otra como hispánico apasionado.

Pero la posibilidad de usar todas las configuraciones posibles en forma efectiva de acuerdo con la situación es sólo teórica. En la práctica, las personas usamos algunos procesos y alguna de las dicotomías en forma preferente.

El psicólogo suizo Carl Jung, primero seguidor y luego disidente de Freud, estudioso del alma humana, de una prolífica y creativa obra, fue uno de los primeros en observar esto tan sutil. A los procesos los llamó funciones y a las configuraciones las llamó tipos. Sólo abarcó tres procesos y sus respectivas dicotomías: pensamiento-sentimiento, extraversión-introversión, intuición-sensación. Pero con este planteamiento aportó bastante material para introducir el tema. Luego Myerss y Briggs incluyeron un cuarto proceso que tiene que ver con la disposición de la persona a convivir con la situación tal cual es o extraer alguna conclusión de ella.

El uso de estos procesos tiende a polarizarse en mayor o menor medida en las personas según sus experiencias. Las personas tienden a usar temprano en su desarrollo alguno de los polos de estos procesos en combinación de pares. Por ejemplo, la percepción puede polarizarse en sensación o en intuición. Una persona podría desarrollar temprano en su vida la intuición. Por otro lado, en cuanto a su relación con el mundo podría ser introvertido. De manera que la combinación <<intuición intravertida>> sería lo que en la psicología jungiana se denomina función dominante.

La función dominante está constituida por el uso preferente de dos procesos  psicológicos, con alguna de sus respectivas polaridades y es una configuración que aparece temprano en la vida. Siendo que es la primera configuración usada, en la adultez es la que tiene más tiempo en funcionamiento y que por tanto, adquiere un mayor nivel de desarrollo. Por ello, la persona se siente cómoda con esta forma de actuar, se siente “él”, en su “elemento”, es lo que una persona define como su manera de ser. Es una forma de proceder que se le hace muy automática y sin ningún esfuerzo.

Muy pronto en el desarrollo suele aparecer una segunda configuración que también se pone en uso, y esa recibe el nombre en la psicología jungiana de función auxiliar. De manera que la persona se va valiendo de su función dominante y su función auxiliar para irse enfrentando a las diversas situaciones de la vida.

Resulta lógico que al ser estas las dos funciones de mayor uso, sean las que más se desarrollan. Por tanto es también lógico que tendamos a escoger situaciones y ocupaciones  que “coincidan” con esas dos funciones, es decir, donde ellas sea útiles y claves para el éxito.  Bajo la tutela y el protagonismo de estas tendencias personales, al escoger situaciones de formación, experiencias y personas, vamos desarrollando competencias que están asociadas con ellas. Aun nuestros talentos van a moldearse según estos estilos personales. A la final, habilidades, conocimientos, experiencias, competencias, valores y talentos, así como los roles que nos toca ocupar, poco a poco van encajando en cierta medida alrededor de estos ejes que proporcionan nuestras funciones preferentes.

La configuración de funciones y su respectiva dicotomía preferida denominada función, actúa como una llave que tiene un perfil muy especial. En esta metáfora la cerradura viene siendo la situación, es decir, la configuración particular de variables propias de la situación, la cual representa una “problemática” que hay que solucionar, una especie de desafío que plantea, para la cual hay una llave en concreto que la podría “abrir”. Si no se encuentra la llave, la situación nos cae encima y nos doblega. Si encontramos la llave, podemos abrir la cerradura y continuar el camino.

Por eso es que vamos escogiendo en la medida de lo posible eventos en nuestra vida para las cuales tenemos las llaves en nuestro llavero.  Y mientras más usamos esas llaves, más crece nuestra confianza. Pero también, más atrofiamos las funciones que menos usamos.

Las personas se diferencian en las funciones que usan más, pero eso sólo da cuenta de que tenemos diferentes especialidades. Pero además de la especialidad nos diferenciamos en función de la efectividad en nuestra adaptación al mundo. Y en este éxito interviene cuanto las personas desarrollan sus funciones de mayor uso y cuan atrofiadas tienen las de menor uso.

Las personas pueden desarrollar un fuerte “apego” por usar sus funciones dominante y auxiliar, desarrollando una identidad basada en sus cualidades, al estilo de: yo soy mis cualidades y patrones preferentes de relación con el mundo, así como los conocimientos, habilidades, competencias y roles asociados.

Según su desarrollo cada persona va a ser más abierta o va a tener más dificultades para desarrollar algunas de sus configuraciones. Tal vez mediante la “capacitación” que recibamos voluntariamente o que nos imponga la vida a través de las experiencias, las personas vamos desarrollando otras configuraciones. Tal vez su uso no sea espontaneo y no nos sintamos tan cómodos al funcionar bajo estas modalidades, quizás tengamos que hacer un esfuerzo especial y deliberado para usarlas, pero son configuraciones a las que al fin y al cabo podemos recurrir en caso de ser requeridas por la situación.

Digamos que nuestra forma dominante de relación con el mundo, así como las auxiliares y adicionales que aprendemos en el camino de la vida, son nuestros “recursos”.

Entre todas las configuraciones hay una que es la que menos desarrollada está, en cierta medida por que es antagónica de las preferidas. También por eventos ocurridos durante el desarrollo. Esta configuración fue llamada la función inferior, por una seguidora de Jung muy fascinante llamada Marie Louise Von Franz que fue especialista en el análisis y estudio de cuentos de hadas. De joven fue una colaboradora del ya reconocido y maduro Jung que le ayudó a traducir textos antiguos.

Cada quien tiene su función inferior, pero diferimos en la actitud que tenemos hacia ella. Algunos la aceptaran y tendrán conciencia de ella. Otros la tendrán reprimida. Otros la proyectaran en sus relacionados. Para todos en un momento dado forma parte de la Sombra, concepto Jungiano que reúne todo aquello que la persona no acepta de si mismo, es lo que no quiere ser o lo que ha visto de si que es reprochable o condenable.

Ahora bien, cuando nos enfrentamos a situaciones para las cuales precisamos usar nuestras cualidades “inferiores”, aparece el estrés disfucional. Entonces nos sentimos torpes, imperfectos, inseguros, o molestos, nos aislamos o evitamos o enfermamos, o echamos la culpa a otros, nos ponemos irónicos, agresivos y persecutorios, o caemos en el autoreproche, la autocondena, la autocritica y el autocastigo, o en la autocompasión y la vitctimización. Dependiendo de nuestra relación con nuestra sombra, es decir, con nuestra parte menos evolucionada, con nuestros errores y rasgos más reprochables, así será nuestra tolerancia para con nuestra función inferior. Tener que usar esta herramienta de relación con el mundo que es esta configuración particular que no hemos desarrollado suficientemente, podría llegar a ser engorroso, vergonzoso y podría hacernos jugarretas y trastadas como reflejo de la dinámica misma de nuestra vida psíquica profunda.

Después de pasar toda una vida identificándonos con nuestras cualidades y patrones de relación preferentes, es muy posible que en un momento dado pensemos como Ivan Ilich en la novela de Leon Tolstoi cuando dijo: “En la medida en que, en opinión de la gente, iba en ascenso, la vida se escapaba bajo mis pies”. A veces es necesario pasar quien sabe por cuantas pérdidas, humillaciones y sinsabores para darnos cuenta, sólo si somos afortunados, de  algo extremadamente sencillo, inocente y aparentemente trivial, pero a la vez muy profundo, sutil y escurridizo: que nuestra esencia, nuestro yo interior, está por encima de todo eso. Que no somos nuestros pensamientos, ni nuestras emociones, ni nuestras conductas. Que no somos nuestra función primaria, ni tampoco nuestra función inferior. Ni nuestra persona, ni nuestra sombra. Que todo eso son sólo recursos, pero no somos nosotros. Gracias a este giro, es que podemos ubicarnos en una perspectiva de conciencia plena (mindful awareness) y atestiguamento (witnessing).

Por habernos sobreidentificado con nuestros recursos usándolos como una identidad, y por esconder o repudiar otros de nuestros aspectos menos desarrollados, caímos en la construcción de un falso Yo. Pero al despertar de esa ensoñación, facilmente podríamos decir, como el personaje principal del Príncipe de las Mareas: “En algún lugar había perdido contacto con el tipo de hombre que yo tenía el potencial de ser. Necesitaba efectuar una reconciliación con ese hombre no nacido y tratar de conducirlo gentilmente hacia su madurez”.

Vivir desde un Yo Instrumental o vivir desde el Yo Interior, hace una gran diferencia. Al confundirnos con el Yo Instrumental entramos en una lucha en la que una parte nuestra quiere tomar el protagonismo o triunfar sobre otras. En cambio, vivir la vida desde el Yo Interior o verdadero Yo permite mirar con perspectiva y serenidad los acontecimientos, sabiendo que en cada uno de ellos y , sobre todo en las situaciones de estrés, hay una gran oportunidad para elevar nuestras áreas menos evolucionadas, para domesticarlas, con aceptación y humildad, en paz, sin angustia, ni aprehensión.

Así, desde esta libertad puedo decir, en forma casi descarada: a mi me tocó vivir en este cuerpo, con este determinismo ambiental específico, es el avatar que estoy entrenando, pero no soy el avatar, estoy por encima de -lo más grandioso y lo más bajo- de este traje biopsicológico. Así, cuando me toque tomar parte de las diferentes situaciones de la vida, podré estar en medio de una guerra en lo exterior, pero siempre conservando la paz y la serenidad en mi interior.

 

Nota:

Tres años después de haber escrito este artículo añado este comentario sobre su idea principal. El estrés es producido porque hay una situación objetiva que lo desencadena, que exige que usemos alguna estrategia para enfrentarlo. Pero además de ello, el estrés puede activar ciertas facetas nuestras, disparar patrones reactivos aprendidos, despertar las “introyecciones” que hicimos en nuestro proceso de crianza, poner en evidencia las deficiencias y heridas de nuestro “attachment”, poner en relieve experiencias traumáticas vividas. Es decir, que a la situación original que produce el estrés en nosotros, se le suma la “sazón” específica que nosotros le ponemos. O sea que muchas personas, en lugar de vivir estrés, viven estrés al cuadrado! Es decir, el estrés que les produce la situación, más el estrés que le produce el estrés! Y lo peor es que este factor adicional agregado puede complicar mucho más el desenlace final.

Las situaciones estresantes no se van a acabar. Siempre va a haber problemas y situaciones que van a producir en nosotros estrés (tensión). El problema es como manejamos el estrés. Para ello es importante que hagamos un trabajo personal, que comienza por el autoconocimiento y termina por desmontar los patrones reactivos instalados en nuestro proceso de crianza, que nos permitan dejar a un lado nuestras reacciones aprendidas, y nos permitan responder de un modo más estratégico, efectivo e inteligente, frente a los desafíos que se nos plantean.

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Recientemente estaba por entrar a la residencia donde vivo y había un niño en la puerta que me pidió le llamara al vigilante. El niño vestía muy desaliñado y tenía una escoba en la mano. Ante tantos intentos de abordaje de personas con dificultades día a día, no es descabellado que se desarrolle cierta saturación que conduce lamentablemente a minimizarlos o incluso verlos con suspicacia.

Pero algo en la mirada de este niño me indicó que necesitaba ayuda. Le pregunté por qué buscaba al vigilante, qué necesitaba. Me dijo que deseaba entrar al edificio para buscar un papagayo, mientras me señalaba el palo de escoba.

Lo dejé entrar y lo acompañé hasta medio camino del lugar donde estaba el papagayo atrapado entre alambres de púa que coronaban una de las rejas del edificio. Estaba intacto, se podía salvar, pero una púa estaba clavada en su material. El niño intentó halarlo por su cola, pero esta forma de recuperarlo era muy riesgosa porque podría hacer que la púa clavada en el material lo rasgara por completo. Le sugerí que se acercara y lo sacara cuidadosamente de donde estaba clavado.

El niño actuaba un poco extraño frente a esta maniobra y yo no comprendía hasta que me dijo entre afirmación y pregunta que la reja estaba electrificada. Sin saberlo ni pensarlo le dije que no, pero luego entré en cuenta que no me constaba. Hice un rastreo visual de la reja y en uno de sus extremos ubiqué un aviso que visto desde mi posición era imposible de leer, pues para hacerlo tendría que salir del edificio. Descarté esa posibilidad. Sinceramente no pensé que todo esto iba a tomarme tanto tiempo. Bien podía ser uno de esos carteles que advierte de electrificación o que simplemente informa del fabricante. Ante la duda, con un niño de por medio y yo como adulto responsable, le dije que mejor no la tocara por si acaso.

Aunque con mi comentario el niño se puso más nervioso, se acercó a la reja con cuidado e intento levantarlo de la púa hincada. Por alguna razón el papagayo no terminaba de soltarse y luego de intentarlo varias veces terminó por rasgarse un poco más y desanudarse uno de los hilos que amarraba sus varillas. El niño insistió con más fuerza y el papagayo terminó completamente destruido con el último y desesperado halón ya destructivo ante la frustración. El niño me miró triste y lo acompañé a la salida. Sólo atiné a decirle que lo sentía mucho y que hiciera otro.

Me quedé reflexionando sobre este incidente. El papagayo estaba originalmente bastante conservado y se podía salvar, pero finalmente quedó dañado de manera irreparable. Fue la forma de desprenderlo la que terminó de afectarlo de un modo irreversible.

Trasladado al campo humano, este mismo fenómeno ha intrigado a la humanidad desde milenios: de qué depende que nos podamos sobreponer de la adversidad y las crisis? Podemos aumentar nuestra capacidad para enfrentarlas sin dañar nuestra esencia y restituirnos luego integrando estas experiencias e incluso usándolas para potenciar nuestro desarrollo?

Sabemos que hay personas que parecen muy fuertes en apariencia, pero que al enfrentar una crisis se derrumban. En cambio, otras personas que no lucen en apariencia tan fuertes logran prevalecer.

El término resiliencia se ha usado para referirse a este proceso psicológico. Un término prestado de la física que tiene que ver originalmente con la capacidad de un material de recuperar su estado inicial una vez sometido a una presión externa. Se usa por extensión en la psicología para hacer referencia a la capacidad para enfrentar la adversidad, mantenerse mientras se enfrenta y sacar provecho de ella.

Las características humanas en general podrían verse en un continuo que van desde un extremo situacional a otro más estructural. En el extremo situacional nos encontraríamos con características como las emociones, que están asociadas a situaciones específicas. O los estados de ánimo incluso, que se originan de situaciones pero las trascienden y permanecen en forma relativamente autónoma durante un cierto periodo de tiempo. Mientras una característica es más autonoma de la situación, estaría más inclinada hacia el polo estructural. El temperamento, por ejemplo, sería una condición relativamente más estable. Incluso hay quienes dicen que no se puede modificar. El carácter en cambio, constituido por características aprendidas en el desarrollo, es más modificable que el temperamento, pero más estructural que las emociones.

Bueno, hay mucha controversia en la psicología respecto a lo que es mas estructural y lo que es mas específico a la situación, porque cualquier intento de ver algo como estructural parece restar espacio a la libertad y ganarlo a favor del determinismo. De manera que los defensores de la importancia de la libertad en su concepción de hombre, suelen estar alertas frente a cualquier intento de darle carácter estructural a alguna variable relevante del ser humano.

Estas ideas son muy debatibles, además hoy día, ya que características que antes se consideraban por definición estructurales, como el fenotipo (apariencia física), hoy día pueden ser relativamente modificables. Pero bueno, sin entrar en esa controversia creo que intuitivamente podemos aceptar que los valores de una persona son más difíciles de cambiar que su estado de ánimo. Y en ese sentido, la resiliencia es una característica más estructural que situacional.

Pudo haber sido un éxtasis para los investigadores que dan preponderancia a los factores constitucionales el descubrimiento de un gen de la resiliencia. En efecto, hay investigaciones que demuestran que el transporte de serotonina (un neurotransmisor usado por el tejido nervioso) es clave en la sensibilidad o vulnerabilidad de las personas en su enfrentamiento con situaciones de perdida.

A la final la vida se puede resumir en dos grandes tipos de interacción con el mundo (ver artículo Geometría del Bienestar sobre Spinoza https://excelenciapersonal.wordpress.com/2010/09/23/geometria-del-bienestar/); las interacciones que nos producen dicha y alegría, que nos hacen sentir más vivos, que son energizantes y gratificantes y, por otra parte, la experiencia con la muerte, con la extinción, con la nada, con la idea de que se es finito, con la pena y la tristeza, con la desdicha y la perdida, que pretende quitar la energía y disminuirle progresivamente hasta dejar al ser humano decrépito, es decir sin chispas vitales.

La serotonina, una monoamina producida por el cuerpo humano y que actúa como neurotransmisor, juega un papel en la disminución del enfado y la agresividad y el aumento del humor. En simples palabras, es un antidepresivo natural, es el neurotransmisor del placer, el humor y el bienestar.

Entonces decía que hay investigadores que afirman que hay un alelo en el genotipo que puede indicar la capacidad de producción y transporte de serotonina, de manera que hay personas que tienen una mayor predisposición a producir y transportar más altos niveles de serotonina (5-HTT largo) y personas con menor capacidad de producción y transporte (5-HTT cortos), con la implicación subsecuente, de que los primeros tendrían una mayor predisposición a la resiliencia que los segundos.

Por otra parte, se ha comprobado que las primeras experiencias constituyen un factor fundamental en el desarrollo del tipo de vínculo que establecemos con el mundo.  En un extremo tenemos a la persona que estuvo rodeada de un entorno estable, seguro y confortable, y en el otro la persona que estuvo sometida a privaciones, abandonos o incluso maltratos. Esto va a dejar una huella que luego va a explicar en buena medida la calidad y el tipo de relaciones con otras personas y con el mundo en general que cada quien tiene.

Todo esto para no desestimar la importancia de factores estructurales. Evidentemente, en el transcurso del desarrollo se van sumando experiencias que contribuyen a acrecentar la lista de cualidades que se han asociado con la resiliencia, tales como autoestima, locus de control interno, auto eficacia, humor, empatía, expresividad, iniciativa y pare Usted de contar.

Habiendo dando crédito suficiente a la relevancia de factores constitucionales y de las primeras experiencias, nos preguntamos si queda espacio para mejorar o aprender a ser más resilientes. Podemos mejorar nuestro nivel de resiliencia?

Responder esta última pregunta es muy útil no sólo para aumentar la probabilidad de sobrevivencia, sino para mantenerse fresco. He hablado en otros artículos que el estrés crónico produce un deterioro en la persona, un poco al estilo de lo que ocurre en el síndrome de desgaste profesional (burnout); la persona pierde la fe y la esperanza, se torna amargado y resentido, pierde los sueños, el entusiasmo y la confianza en la naturaleza humana. Yo lo llamaría el síndrome de Mr. Scrooge (protagonista de la novela Cuento de Navidad de Charles Dickens) que quedó atrapado en un dolor del pasado.

La buena noticia es que el cerebro humano es capaz de una enorme plasticidad. Podemos aprender. Pero para hacerlo hay que estar claro en lo que se quiere aprender y practicarlo hasta convertirlo en un hábito.

En un artículo anterior (Cultivando la capacidad de perdonar https://excelenciapersonal.wordpress.com/2010/09/01/cultivando-la-capacidad-de-perdonar/ ) usé la metáfora de un objeto que mantiene la trayectoria pese a ser impactado por una variable ajena a él, proponiendo por extensión a la experiencia humana, que recuperemos la trayectoria inicial ante eventos que pretenden distraernos. En ese artículo distinguí, en forma simplificada, dos tipos de patrón de ajuste posibles: recuperar la trayectoria o mantener la desviación. En este artículo voy a distinguir cuatro tipos de ajuste, basado en la literatura técnica sobre el tema. 

Un primer tipo implica que la persona se contamine del virus de la destructividad, sea cayendo en una espiral de auto destrucción, sea trasladando la destrucción hacia otros. Es decir, la persona recibe un daño y entonces causa daño a su alrededor. Un segundo nivel de ajuste ante la adversidad, implica una disminución de sí mismo, una especie de retirada. Esto implica pérdida de los intereses, disminución de la actividad social y de la energía vital. Un tercer tipo de ajuste más sano implica soportar el golpe y continuar adelante. Esto implica dejar pasar la situación adversa, sin muchas quejas, sin culpar a nadie, sin venganazas, sin rechistar, ni trasladarlo a otros y sin dejarse afectar por el en lo posible y luego continuar adelante, seguir con lo siguiente que tenga la vida que ofrecer. Pero hay un nivel más aún, quie implica una mayor elaboración, integración y salud. En este nivel la persona incorpora la experiencia en su vida y se crece a partir de ella.

Cuando trabajo este tema en mis talleres, suelo usar films como “En Busca de la Felicidad” o “Hombres de Honor” que muestran muy bien la característica de la resiliencia en los protagonistas de estas historias de la vida real. Hace poco vi uno muy interesante que también puede ser útil para reflexionar sobre este tema, llamado “Violines en el Cielo”.

Un joven que tocaba violonchelo perdió su trabajo en la orquesta donde trabajaba y vio muy pocas posibilidades de conseguir otro puesto similar. Decidió volver a su ciudad de origen y allí tomó sin planearlo y por necesidad un nuevo oficio, el cual era incluso despreciado. Hasta su esposa lo rechazó y le exigió dejarlo. Tuvo dudas, pero algo en su interior le condujo a mantenerse y encontrarle un sentido a este oficio, que terminó haciendo con dignidad. Los que antes lo despreciaron, terminaron por admirarle. Finalmente, el oficio le permitió replantear su relación con su padre, a quien tenía muchos resentimientos.

La persona de esta historia pudo experimentar su salida de la orquesta y su imposibilidad de mantenerse en Europa como un fracaso. Volver a su ciudad de origen en Japón y resignarse a vivir en la casa que su madre le había dejado, podía haber sido procesado muy mal luego de haber querido volar lejos del nido y soñar con la gloria de las giras orquestales por las capitales del mundo. Sin embargo, esta persona logró transformar esa experiencia potencialmente negativa, en una situación que le permitió crecer, integrando este evento en su vida y logrando una Vida con mayor  Sentido.

Para ejercitar y fortalecer la resiliencia, coloco a continuación algunas recomendaciones finales:

1)    Experimentar emociones positivas (perdón, gratitud, alegría, interés, serenidad, esperanza, orgullo, inspiración).

2)    Procesar emociones negativas. Hacer un esfuerzo deliberado por elaborar y decantar la rabia, el miedo, la tristeza y el disgusto. No animarlas, sino más bien drenarlas y elaborarlas.

3)    Buscar apoyo, ya sea un grupo o algunas personas individuales que experimenten emociones positivas y procesen emociones negativas.

4)    Fortalecer relaciones enriquecedoras y nutritivas.

5)    Colocarse y perseguir metas prácticas, que se puedan cumplir y que favorezcan el desarrollo de la auto eficacia, del locus de control interno y de la auto estima. Preferiblemente, desarrollar un Proyecto de Vida.

6)    Tener balance personal dedicando energía a diferentes áreas; trabajo, comunidad, espiritualidad, condición cardiovascular, distracción y familia.

7)    Cultivar hábitos de pensamiento sanos y positivos. Desarrollar una Cosmovisión que proporcione bienestar duradero.

Si aumentamos nuestra resiliencia podremos superar los obstáculos y desarrollar al máximo nuestro potencial. Esto implica trabajar en nuestra Auto Trascendencia, que es la capacidad de erigirnos por encima de las circunstancias, manteniendo siempre protegido dentro de nosotros un núcleo no herido que prevalezca sobre la fuerza natural de la entropía. Esta fuerza natural no se va a superar en forma automática; hay que ejercitarse, “sacar músculo”, para poder liberarnos de lo que impide el desarrollo de nuestro potencial.

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